Opinión
12 de Mayo de 2024
Columna de Gloria Hutt: Elecciones municipales 2024, la oportunidad del gobierno local
Lejos de ser un eslogan, la calidad de vida se mide a través de variables objetivas, lo que permite comparar casos y fijar metas. Estas elecciones abren el espacio para el protagonismo ciudadano a través de la demanda por propuestas realistas y viables", dice la presidenta de Evópoli.
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Este viernes 10 de mayo partió el despliegue electoral de 2024, que culminará con las elecciones de gobiernos municipales y regionales en octubre próximo. Elegiremos autoridades que determinarán en gran medida nuestro nivel de bienestar durante los próximos cuatro años.
La gestión municipal resulta clave para resolver los problemas ciudadanos propios de la vida diaria: la seguridad, la calidad de los espacios públicos, la provisión de servicios, la disponibilidad de lugares de esparcimiento y recreación, la conectividad, la oferta de educación y salud primaria, el aseo y la calidad ambiental, la cobertura de seguridad y la disponibilidad de redes de contacto cercanas para los adultos mayores, en conjunto, son los principales determinantes de nuestra calidad de vida.
A diferencia de otras elecciones, el componente ideológico aquí reduce su protagonismo frente a contenidos más próximos y concretos. Nuestro rol como electores será clave para asegurar que las personas más competentes y capaces lleguen a liderar los municipios.
Lejos de ser un eslogan, la calidad de vida se mide a través de variables objetivas, lo que permite comparar casos y fijar metas. Estas elecciones abren el espacio para el protagonismo ciudadano a través de la demanda por propuestas realistas y viables.
El Informe de Calidad de Vida Urbana elaborado por el Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica, ICVU, evalúa condiciones en 99 comunas de las 346 existentes en Chile, específicamente en aquellas cuya población supera los 50.000 habitantes, en las que se concentra el 79,3% de la población del país. Allí se define la calidad de vida urbana a través de 44 variables agrupadas en 6 dimensiones, todas las que inciden de manera directa en la experiencia de vida ciudadana.
Dicho documento revela que en resumen, de las 99 comunas del estudio, 39 se encuentran bajo el nivel promedio, afectando a más de 4 millones de personas; otras 23, en que viven sobre 3 millones de habitantes, se clasifican en calidad media-baja. 18 comunas quedan en la categoría media-alta, lo que favorece a poco menos de 4 millones y finalmente 19 comunas, que albergan a 2,7 millones de ciudadanos, cumplen con el estándar alto del índice de calidad de vida urbana.
Por otra parte, algunas organizaciones en el mundo se dedican a pensar más allá de la contingencia, y a anticipar las tendencias que marcarán el futuro y se transformarán en las demandas sociales respecto de las cuales los gobiernos deberán responder.
Un informe de PWC indica que hacia 2050, habrá cinco tendencias dominantes en el mundo: la concentración de la población en áreas urbanas, la irrupción acelerada de nuevas tecnologías, el cambio climático y su impacto sobre los recursos naturales, los cambios en los equilibrios de poder mundial con mayor peso en Asia, y los cambios demográficos que afectarán demandas por servicios de una población que envejece. Aunque 2050 suena lejano, hagamos el ejercicio sencillo de recordar que 25 años atrás era 1999, es decir, un pasado muy reciente para las dinámicas sociales.

La concentración de población en áreas urbanas tiene múltiples consecuencias: en 25 años habrá 2 mil millones más de habitantes en nuestro planeta, la mayor parte de ellos concentrados en ciudades. La movilidad aumentará. El suelo urbano será escaso y en consecuencia, caro. Entonces posiblemente las viviendas serán más pequeñas y el espacio público será clave para contar con lugares de paseo y tranquilidad, puesto que un patio propio será un lujo al alcance de pocos.
Es allí cuando el ámbito municipal alcanza su mayor relevancia, a través de una gestión local que priorice la calidad y disponibilidad del espacio público en todas sus dimensiones. Para efectos prácticos, ese espacio compartido será el nuevo patio en que conviviremos de manera habitual, y donde deberán aplicarse las medidas relacionadas con todos los demás aspectos indicados al comienzo.
Cuando vemos que las demandas ciudadanas a las autoridades locales apuntan –justificadamente- a mayor seguridad y transparencia, es oportuno agregar necesidades que surgen más allá de la contingencia. Además de preparar el camino para resolverlas, surge el imperativo de priorizar una mirada compartida e integradora de las áreas urbanas para lograr igualdad de condiciones en el espacio público. El concepto de ciudad justa busca precisamente cerrar brechas de calidad entre zonas: en lo público no debiese haber diferencias. Las zonas comunes reflejan la identidad de la ciudad completa, y las diferencias son una muestra de la distorsión regulatoria que requiere atención urgente.
Por todo lo anterior, antes de votar asegurémonos de la idoneidad y visión de los candidatos en estos temas. La postura ideológica que podamos compartir no basta para asegurar que nuestros gobiernos locales serán capaces de resolver las nuevas demandas que se aproximan. Es la oportunidad de poner a prueba a nuestros candidatos y usar el poder que nos da el voto. Es la oportunidad de subir el nivel de los gobiernos más cercanos.



