Secciones

Más en The Clinic

The Clinic Newsletters
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Opinión

17 de Mayo de 2024

Columna de cine de Cristián Briones | El Planeta de los Simios: No hay retroceso más grande que perder la capacidad de decir algo

El "Planeta de los simios: Nuevo Reino" llegó a los cines el pasado 9 de mayo. Cristián Briones, columnista de cine de The Clinic, la define como una película que "no se esfuerza en lo más mínimo en poner una idea sobre la mesa". Y añade: "Curioso que la más reciente trilogía versara sobre cómo la ambición corporativa provoca que finalmente la especie humana perdiera la habilidad del lenguaje. No hay retroceso más grande que perder la capacidad de decir algo".

Por Cristián Briones

“¡Malditos! ¡Volaron todo! Malditos… ¡Váyanse al diablo, malditos, váyanse al diablo!”

El grito de absoluto horror de Charlton Heston en el cierre de “El Planeta de los Simios” se convertiría en uno de los finales más impactantes y trascendentales de la historia de Hollywood y su éxito daría el puntapié inicial a una de las franquicias más longevas, de relativo éxito y sostenido impacto cultural por ya casi seis décadas.

Dirigida por Franklin Schaffner, y con la colaboración en el guion del legendario autor de “La Dimensión Desconocida”, Rod Serling, es una obra completamente de su época. Un tiempo en dónde las películas buscaban llenar la pantalla con narraciones excepcionales, las salas con una audiencia dispuesta a verlas y que, al encenderse las luces quedara una idea que hiciera sentido a todos. En este caso, una declaración anti-belicista representada en un mundo arrasado por el terror nuclear que acechaba a la sociedad de la época.

Y este punto es necesario reforzarlo. En los 56 años que lleva la franquicia del “Planeta de los Simios” ha habido mucha imaginación para contar sus historias. Mucho y variado fondo que abordar con ellas. Y más allá de los factores presupuestarios, formas ingeniosas para plasmarlas en la pantalla. Viajes en el tiempo, humanos mutantes, cultos, magia, profecías, revoluciones, coexistencia, etc.

Todos y cada uno de los aportes a la saga, han tenido algo que decir. Del mundo. De nuestra sociedad. Advertencias, reflexiones sobre la historia y su tozudez cíclica. Con sus personajes. Llevándolos a algún lugar no geográfico, sino más bien dramático. Por sobre el maquillaje o los efectos digitales, “El Planeta de los Simios” siempre ha tenido una propuesta. Un “mensaje”, si así lo prefieren.

Y no es que pretendieran tener un punto político con el que el público concordara, que fueran progresistas, diversas, etc. (más allá del hecho de que en su momento hasta se hacían cargo, con modesto presupuesto, del clamor por los derechos civiles en la sociedad norteamericana de los ‘70), pero sí estaba la intención de instalar un punto a debatir.

Cuando después de casi 35 años de ausencia en sus creaciones originales, 20th Century Fox se decidió a relanzar la franquicia, lo hizo sin dejar de lado este aspecto, y el año 2011 se estrenaría “Rise Of The Planet Of The Apes”. Traducida en Latinoamérica como “Planeta de los Simios: (R)Evolución”, su campaña de marketing fue concebida principalmente con iconografías contestatarias.

Porque sí, hoy puede parecer un tanto difícil de creer, pero hubo un momento por allá por la década pasada en que la idea de que una nueva generación finalmente se alzara en contra de los abusos de la clase dominante, era una buena forma de promocionar un producto.

Claro, la película sí trataba sobre cómo la avaricia corporativa y su continuo desprecio por la ética nos podría llevar perfectamente a una pandemia que nos diezmara, pero el guion de Rick Jaffa y Amanda Silver tenía como corazón la conexión emotiva del chimpancé César (aquella figura mítica del “Dador de Ley”) con los humanos con quienes crece, y las dificultades en liderar a sus pares hacia una nueva sociedad.

Luego en “Dawn of the Planet of The Apes” (“El Planeta de los Simios: Confrontación”), ya no hay necesidad de esa revolución y el ahora director Matt Reeves deja el punto y va a los clásicos cuasi shakesperianos: “Pesada es la cabeza que porta la corona” bien puede definir esa película, más allá de algún enfrentamiento con los humanos restantes.

La clave acá es el error de César de confiar en la utopía que predica. Tarde entenderá que no se gobierna con buenos deseos. Y con “War for the Planet of the Apes” (“El Planeta de los Simios: La Guerra”), Reeves fuerza todavía más la mano y convierte a César en Moisés, el líder que llevará a su pueblo a la Tierra Prometida, pero que no podrá entrar. Y de fondo el último estertor de la especie humana, que no es más que violencia autodestructiva. Es difícil negar que la anterior trilogía carecía de planteamientos. Pero 20th Century Fox ya no existe más. Y la franquicia tiene nuevo dueño.

“Kingdom of the Planet of the Apes” (“El planeta de los Simios: Nuevo Reino”) no dice nada. Son 145 minutos de total silencio temático. No me malinterpreten, es un gran espectáculo. O lo que hoy por hoy se define como tal. Los efectos especiales son impresionantes, la música de Joe Paesano funciona (en el caso de esta franquicia, esto es un factor importante), las secuencias de acción son trepidantes, etc. Pero llegado un punto, es imposible no preguntarse por qué.

Por supuesto que los personajes viajan de un lugar a otro y se supone que aprenden cosas en el camino, ¿pero para qué? No hay objetivo alguno en la narración más que ir del punto A al punto B, no hay una búsqueda de un compromiso emocional o racional. Una reflexión, exposición o justificación. Nada. 

La historia transcurre muchas generaciones después de la muerte de César, y se centra en Noa, un jóven perteneciente a una tribu de chimpancés que han conseguido domar aves de presa. El encuentro con una humana, que ellos denominan “ecos”, dispara la trama a un enfrentamiento con otra tribu costera regida por un despiadado gobernante autodenominado “Próximo César”. Y eso es todo.

Wes Ball (director de las “Maze Runner”) parece no tener otra intención con lo que está poniendo en pantalla. Ninguna de las interacciones entre los personajes, los aprendizajes en la apertura del mundo o los desenlaces de cada hebra de la historia busca trascender. Es una película que no se esfuerza en lo más mínimo en poner una idea sobre la mesa.

Y aunque en lo personal esto me pueda parecer el peor de los pecados, lo cierto es que pareciera que no es así. “Se deja con frecuencia de lado el entretenimiento en pos de lanzar mensajes positivos para el mundo, que pueden ser geniales, pero que no deberían ser el trabajo principal”, decía hace un tiempo Bob Iger, el retornado en gloria director ejecutivo de Disney.

“El trabajo principal es entretener”. Y generar valor a la compañía, obvio. ¿Hacer cine para ello? ¿Para qué? Al fin y al cabo, más o menos en la misma época desde que se relanzó la franquicia de “Los Simios”, Disney demostró que se pueden construir universos cohesionados de “pura entretención” y excelentes resultados económicos, teniendo poco y nada que decir.

Y los números aparentemente acompañan a este (nuevo vacío de fondo, pero con suficiente pirotecnia en la forma) primer paso para una nueva trilogía, poniéndola en el primer lugar de la taquilla desde su estreno. Con lo cual es muy probable que esta sea la dirección que se tome ahora.

Curioso que la más reciente trilogía versara sobre cómo la ambición corporativa provoca que finalmente la especie humana perdiera la habilidad del lenguaje. No hay retroceso más grande que perder la capacidad de decir algo.

Notas relacionadas

Deja tu comentario