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Opinión

18 de Octubre de 2024
Sandro Baeza / The Clinic

Lecciones compartidas: cómo el NotNobel de Economía se unió a los cinco años del estallido

Foto autor Gabriela Villalobos Por Gabriela Villalobos

Gabriela Villalobos, columnista de The Clinic, hace un análisis entre los nuevos Premio Nobel de Economía y los cinco años del estallido social. "Robinson, Johnson y Acemoglu han declarado tener un gran interés por Chile, dedicando parte de sus estudios a nuestra historia, siguiendo los hechos que partieron el 18 de octubre de 2019 y también nuestros dos procesos constitucionales", dice Villalobos.

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“El dominio de los colegios de élite, demuestra que existen instituciones informales que llevan a que las instituciones políticas chilenas sean mucho menos inclusivas de lo que aparentan ser en el papel”. La frase podría ser fácilmente atribuible a un dirigente oficialista. Pero no. Es de uno de los tres economistas galardonados por el banco central de Suecia en memoria de Alfred Nobel. La pronunció James Robinson en su última visita a Chile. Junto con Daron Acemoglu y Simon Johnson, los economistas fueron premiados esta semana porque han resaltado la importancia que tiene las instituciones sociales para la prosperidad de un país. Recibieron un millón de dólares junto al reconocimiento mundial. Una especie de NotNobel de Economía, porque no es parte de los premios originales que se otorgan hace más de un siglo, sino nació recién en 1969 por mandato del banco central sueco. 

El dato no es trivial: hasta esa fecha la economía no era vista como una ciencia. Era más cercana a la política que al mundo técnico. Los bancos centrales sufrían en ese debate: para controlar la estabilidad de los precios era necesario ser independiente de los ciclos políticos y la presión por imprimir más billetes para financiar gastos era potente. Según el economista Philip Mirowski, fue en esta lucha por la independencia que Suecia introdujo el premio Nobel. Lo habría hecho para demostrar que la economía es una ciencia y que por lo mismo debía independizarse de la política. 

En Chile la autonomía llegó el ’89 y en los últimos años no han existido suficientes alabanzas por ella. Fue la que permitió que pasáramos de una inflación del 14% a 4% en un año y medio. Mientras en el Congreso se aprobaban varios retiros, nuestro Banco Central alertaba sobre el efecto que esto tendría en los precios. La respuesta fue la técnica frente a la política, lo que mostró la fortaleza de las instituciones. Esta última palabra nos lleva nuevamente a los tres galardonados: a Robinson, Johnson y Acemoglu. 

Ellos han dedicado gran parte de su carrera a demostrar por qué unos países son más prósperos que otros. Una, o tal vez la más trascendental de las preguntas que ocupa a la economía moderna. En el caso de este trío la respuesta estaría en las instituciones, las estructuras que forman las interacciones de las personas en una determinada sociedad. Es decir desde su gobierno hasta las relaciones familiares, pasando también por la cultura y las reglas sociales. 

Robinson, Johnson y Acemoglu han declarado tener un gran interés por Chile, dedicando parte de sus estudios a nuestra historia, siguiendo los hechos que partieron el 18 de octubre de 2019 y también nuestros dos procesos constitucionales. Y es una coincidencia maravillosa que hayan recibido el premio justo durante la semana en la que se cumplen cinco años del estallido social, que nos ha tenido debatiendo si estamos mejor o peor en relación a esa fecha. La discusión parece estar dividida (como siempre) en dos polos. Los que se mueven hacia la derecha citan cifras económicas para demostrar que estamos peor, mientras que los que se inclinan hacia la izquierda advierten que seguimos arrastrando desafíos en materia de equidad. Uno podría ironizar y decir que ambas posturas dicen básicamente lo mismo, pero hay matices. 

¿Estamos mejor o peor? Lamentablemente la respuesta no está en los números. Hubo una pandemia y varias crisis geopolíticas de por medio. Es verdad que uno podría comparar la recuperación de Chile con la de otros países y concluir que debido a que otras economías han recuperado el empleo y nosotros no, estamos peor. Pero a la vez logramos controlar más rápidamente la inflación con un proceso de alzas de tasas que ciertamente tiene impacto en la actividad. Lamentablemente en esta ocasión, la economía tiene más de política que de ciencia. 

Volvamos entonces al trío de ganadores y el énfasis en las instituciones. Esta semana tuvimos los resultados de un examen en ese ámbito. La calificadora de deuda S&P mejoró las perspectivas para nuestra calificación de negativa a estable. No voy a entrar en el debate en torno al impacto que puede tener esta acción, sino en el argumento que usó.

“Aunque llegar a consensos políticos está tardando más que en el pasado, creemos que las fuertes instituciones democráticas de Chile son un ancla que han absorbido shocks internos y externos en los últimos cinco años”, dijo S&P esta semana. ¿Con los cinco años se referirán al estallido específicamente? No lo dijeron. Pero el Nobel Robinson sí lo hizo. “Ha habido un progreso enorme en Chile”, dijo esta semana en una entrevista con Diario Financiero. Anteriormente también se había referido a nuestros intentos por reformar la Carta Magna: “Todo este proceso suyo de reescribir la Constitución y rechazar la Constitución, en realidad es muy saludable. Es un proceso de deliberación y una especie de discusión social”, dijo en un diálogo organizado por el centro de estudios Pivotes. 

Efectivamente salimos del estallido por la vía institucional. Pero esas mismas instituciones también necesitan algunas reformas según Robinson. La buena noticia es que los llamados también han venido desde nuestro país y de diferentes lados del espectro político. Tanto el exministro de Hacienda Ignacio Briones como el presidente de Espacio Público Eduardo Engel han dicho que la prioridad para reactivar el crecimiento es reformar el sistema político, una de nuestras principales instituciones. Esta discusión lamentablemente no ha estado en la agenda política. Es tal vez demasiado técnica y por lo mismo poco masiva. A cinco años del estallido conviene tenerla. A ver si esto también prende.

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