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Opinión

19 de Octubre de 2024
Sandro Baeza

Irreversible: Rotonda Plaza Baquedano y el fin de muchas postales

Foto autor Rita Cox F. Por Rita Cox F.

En su columna, Rita Cox, reflexiona sobre las cicatrices visibles e invisibles que dejó el estallido social en el país, representadas en el vacío simbólico de la rotonda Baquedano. Para Cox, a cinco años del 18 de octubre de 2019, la violencia y el desgaste de las principales ciudades, especialmente Santiago, siguen presentes en el paisaje urbano, mientras el proyecto de rediseño del eje Alameda-Providencia avanza. "El fin de esta rotonda tal como la conocemos será una puesta al día con las necesidades de movilidad y de bienestar urbano de ese eje de Santiago", escribe.

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Desigualdad económica, social, cultural y de acceso a lo que la ciudad debe ofrecer para todos, desde seguridad hasta sombra. Un grito desesperado frente al ninguneo a la dignidad de las personas y ese clasismo hiriente y ridículo. Es lo que en principio reclamó el estallido que se inició de manera violenta e incendiaria la tarde del 18 de octubre de 2019, pero que tuvo un día esperanzador, uno, el 25 de noviembre, con la marcha del millón. “La multitudinaria, alegre y pacífica marcha hoy, donde los chilenos piden un Chile más justo y solidario, abre grandes caminos de futuro y esperanza”, dijo Sebastián Piñera. Si lo decía el presidente-empresario-a quien se le reclamaba, el mensaje masivo no podía ser antojadizo ni extremo, pensamos varios. Esa muchedumbre entorno a Plaza Italia, en plena primavera, manchó de color el gris del pavimento hacia arriba, hacia abajo y a los lados.  

Cinco años después, no desaparecen los recuerdos emocionantes de ese día, pero sí se diluye la convicción respecto de la fuerza de lo colectivo que ahí estaba depositado y que debiese haber sido cuidado. La violencia espantosa lo devoró todo. La destrucción del metro, del espacio público, del comercio y de las fuentes laborales, más los dos intentos de nuevos textos constitucionales (con el showcito de algunos redactores) nos dejaron agotados. 

Lo dice la Criteria del domingo 13 de octubre pasado: el 44% de los encuestados consideró que el movimiento fue positivo para el país; un 56% lo evaluó de forma negativa. En 2019, la encuesta marcaba un 33% para una visión desfavorable y un 67% para una valoración positiva.

Nadie podría apuntar con el dedo de la superioridad moral a quien haya cambiado de opinión. A la ola de violencia que nos sacudió en 2019, la sucedió la del Covid. Ahora surfeamos la de una ciudad deprimida, con buenos intentos por brillar, pero opacada por la pobreza y la inseguridad. No hay que militar en ningún partido para sacar la foto. Basta salir a la calle. 

Desde el estallido, los sectores céntricos de Antofagasta, Valparaíso, Concepción y Santiago no logran sacar la cabeza de debajo del agua turbia. La Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Chile (CNC) maneja un total de novecientos locales cerrados sólo en la zona cero y casco histórico capitalinos. La pandemia, la falta de gestión estatal para abordar la migración, la crisis de la vivienda, las personas en situación de calle y la crisis de seguridad han perpetuado la tensión que hace cinco años viven las principales ciudades del país en su día a día.

Pero lo que causa particular impresión, por el sinsentido, es ese plinto vacío de la rotonda Baquedano. Luego de haber sido pintarrajeado, quemado y ninguneado de todas las maneras posibles, el monumento del General Baquedano terminó, tras el trabajo de recuperación y restauración del Consejo de Monumentos Nacionales, en las dependencias del Museo Histórico Militar. Vale la pena pensar, una vez más, en las razones de tanto encono contra ese hito que estuvo durante 93 años en el mismo lugar sin generar pasión alguna. Cuando durante la dictadura de Pinochet Plaza Italia comenzó a ser punto de manifestaciones (antes se realizaban en Plaza Bulnes), nadie vio en la figura de Baquedano un símbolo de algo a derribar. Como santiaguina que ha circulado por ese lugar billones de veces, jamás reparé en su existencia hasta el estallido. Sólo me generó real curiosidad cuando un operativo lo sacó de la “zona cero”, en marzo de 2021. La secuencia entre cinematográfica, publicitaria y pop es imborrable.  

Es interesante lo que genera el plinto vacío. Esa ausencia-presencia, ese punto suspensivo parece ser el reflejo, o la metáfora que entrega Plaza Baquedano, para recordarnos que del estallido no quedó nada más que una enorme cicatriz que no sana en la ciudad y sus ciudadanos. El empeño de Evelyn Matthei por mantener el pasto verde de la rotonda, donde el estallido dejó un terral, también es dramático. A fines de noviembre de 2022 la alcaldesa hizo ese jardín, en lo que pareció un guiño a “Fitzcarraldo”, esa película de Herzog donde un loco por la música decide lo imposible: construir un teatro de ópera en la Amazonía. Desde entonces el pasto sigue ahí, el más verde de la zona, el más cuidado, jamás vandalizado. Como si Matthei hubiese olorosado hace tres años ya el desgaste de la violencia. 

Hay que ser muy obstinado para hacer ciudad. Lo fue Benjamín Vicuña Mackenna y el gobernador de Santiago, Claudio Orrego, como Matthei, también lo sabe. A pocos días de que se extingan los debates en torno al aniversario del estallido, y tras las elecciones del 26 y 27 de octubre, debieran iniciarse los trabajos de rediseño del eje Alameda-Providencia. El proyecto matriz, que cumple diez años en 2025, nació de la propuesta de los arquitectos Alejandra Bosch, Arturo Lyon, Danilo Martic, Clara Oloriz y Alfredo Ramírez, quienes ganaron un concurso internacional convocado por la Intendencia Metropolitana, liderada entonces por Orrego. Bajo el título  Paseo Cívico Metropolitano, Rediseño del eje Alameda-Providencia, planteaba como objetivo “renovar la avenida más emblemática de la capital de Chile” y  “también transformarla en una experiencia urbana excepcional donde el espacio público, en vez de competir con los distintos sistemas de transporte, sea el que los define y reordena”. 

En ese primer proyecto se abordaba la rotonda. “Esta rotonda, que comienza como varios jardines donde la gente paseaba, cuando a principios del siglo XX no había auto y eso funcionaba, hoy no funciona. Solo se puede llegar a la Plaza Baquedano infringiendo las normas del tránsito, ya que no hay por dónde cruzar. La conexión entre los parques es mala, las salidas del metro hacia Bellavista son malas y los monumentos han quedado sin lugar”, me contaba Lyon en 2020.

Pero en marzo de 2019 todo quedó detenido. “Se asimila más al humo que a la realidad”, dijo entonces la nueva intendenta, Karla Rubilar. Una vez en el Gobierno Regional Metropolitano, donde Claudio Orrego arribó en julio de 2021, el rediseño de la espina dorsal de Santiago volvió a tomar fuerza. En definitiva, la fase 4 y final de los trabajos, que implicará la reconstrucción de la rotonda y del Parque Balmaceda, y la construcción de una nueva plaza cívica, se realizará entre julio y septiembre de 2025, según cronograma.

El fin de esta rotonda tal como la conocemos será una puesta al día con las necesidades de movilidad y de bienestar urbano de ese eje de Santiago. 140 años antes, con el proyecto iniciático de plaza-rotonda y el trazado de los canales de la zona es que nace la frase “aguas arriba y aguas abajo” y que derivaría en el “Plaza Italia para arriba, Plaza Italia para abajo”. “El barrio alto se movió desde la ciudad decimonónica de Vicuña Mackenna hasta la moderna “ciudad jardín” de Providencia, y la Plaza Italia se transformó en la frontera a cruzar para acceder a la modernidad de aguas arriba y al dolor y la crisis aguas abajo”, ha reflexionado la arquitecta Caroline Iribarne. 

El fin de la rotonda dejará también atrás una evolución de formas y nombres: En 1882 comienza a tomar forma la plaza La Serena que luego pasa a llamarse Colón, Italia y Baquedano, este último a partir de la inauguración de la estación de metro, en 1977, a pesar de que fue en 1928 que se instaló el monumento.  El de “Plaza de la Dignidad” quedó ahí dando bote desde octubre de 2019 y de solo ser mencionado define de qué lado de la vereda se está.

La nueva plaza cívica que reemplazará a la rotonda será un cambio de fisonomía enorme para el corazón de Santiago. Quedarán las fotografías (habrá que sacarse la selfie antes del inicio de las obras), los registros audiovisuales, los recuerdos nostálgicos, celebrativos, convocantes y dramáticos. El incomprensible “el que baila pasa”. La feroz agresión que sufrió Gustavo Gatica. El fuego. El papelón que protagonizó gran parte de la clase política.

Frente a tantas imágenes que no podremos olvidar jamás, esta esa otra que la contrasta con fuerza. Esa que pone de manifiesto lo absurdo de nuestras decisiones históricas. Esa que se ríe de nosotros en nuestra cara: una rotonda a punto de desaparecer, con el pasto más verde y cuidado de la ciudad, coronada por un plinto vacío, ridículamente blanco y solitario.

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