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21 de Octubre de 2024El riesgo de los endulzantes: cómo estos alimentos influyen negativamente en la salud del intestino, el cerebro y la microbiota
Las autoridades internacionales han denunciado varios peligros a la salud producto del consumo de endulzantes para reemplazar el azúcar. El más conocido, es el potencial cancerígeno que tendrían edulcorantes como el aspartamo, la sucralosa o derivados de la estevia, según la OMS. Pero hay un riesgo que puede ser igual de letal. Hay endulzantes capaces de destruir la barrera epitetal del intestino, esa que evita que las bacterias escapen al cuerpo y puedan llegar al cerebro.
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Mucho se ha dicho sobre el peligro de los endulzantes durante los últimos años. La OMS declaró en 2023 que varios de ellos son “posibilemente cancerígeno” para los seres humanos. Esta indicación, incluyó a todos los edulcorantes no nutritivos sintéticos y naturales o modificados que no están clasificados como azúcares. El acesulfamo-K, el aspartamo, el advantamo, los ciclamatos, la sacarina, la sucralosa, la estevia y los derivados de la estevia. O sea, prácticamente todos los endulzantes disponibles en el mercado.
Son varios los compuestos químicos bajo la lupa. Por lo mismo, en el mercado se empezó a desarrollar nuevos endulzantes para tratar de evitar los posibles problemas de salud. Uno de ellos, es el neotamo. Se trata de un edulcorante 13.000 veces más dulce que el azúcar según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Como no tiene calorías ni retrogusto, se utiliza en bebidas y chicles como una opción para reemplazar el aspartamo.
Pero según un estudio publicado en 2024 por la revista Frontiers in Nutrition, el neotamo no está exento de peligros y de hecho, puede significar uno tan complejo como otras enfermedades crónicas vinculadas a la alimentación. Este endulzante provocaría la muerte de las células epitetales intestinales. Eso significa, que haría más débil la barrera que recubre la superficie del intestino.
En este lugar, se ubica la interfaz entre el sistema inmunitario y la microbiota intestinal. Un lugar clave en el que se establece la comunicación entre la inmunidad del cuerpo a las bacterias que se desarrollan en el intestino.
Que las bacterias escapen del intestino producto de la debilitación de la barrera, se ha asociado incluso hasta con enfermedades de la mente como el Parkinson y el Alzheimer. Por ejemplo, los estudios epidemiológicos del Parkinson han informado una mayor prevalencia de infección de una bacteria llamada H pylori. Antes, ya se ha probado el papel de la bacteria en dejar pasar patógenos malignos a través de la barrera intestinal.
El neotamo, provoca la muerte de las células de la barrera que permitiría a bacterias como H pylori salir del intestino, viajar por los conductos sanguíneos y llegar hasta la cabeza. Por eso, los científicos han utilizado el concepto de “segundo cerebro” para referirse al intestino, ya su conexión con éste, influye directamente en la seguridad y funcionamiento de las neuronas.
Además, el estudio vinculó el neotamo con la invasión de bacterias como Escherichia coli y Enterococcus faecalis, protagonistas de los problemas causados por infecciones gastrointestinales y urinarias.
También sucede con el infame aspartamo
El primer endulzante o edulcorante fue descubierto por accidente en 1879. Un estudiante ruso llamado Constantin Fahlberg estaba comiéndose un pan cuando se percató de que la corteza sabía más dulce de lo habitual. En ese momento, descubrió que había olvidad lavarse las manos después haber estado haciendo experimentos en el laboratorio. Lo más probable, era que alguno de los compuestos se haya quedado en sus manos, provocando el cambio del sabor en el pan.
Fahlberg lo confirmó. Había estando trabajando con alquitrán de hulla. Éste tipo de carbón había reaccionado el ácido o-sulfobenzoico con cloruro de fósforo y amoníaco, produciendo sulfóxido benzoico. Esa fórmula química dio origen a la sacarina. El primer edulcorante sintético en ser comercializado.
Después de eso, pasó casi un siglo para que nacieran y aprobaran nuevas opciones de edulcorantes. Fue en 1980 que la Unión Europea aprobó el aspartamo, un endulzante que prometía reemplazar el azúcar y la sacarina.
Hasta hoy, el aspartamo es utilizado de forma habitual en productos que son catalogados como ‘light’ en la industria de los alimentos. De hecho, es uno de los edulcorantes más utilizados y está presente en más de 6.000 productos como bebidas, cervezas sin alcohol, bollería o cereales.
Este endulzante también tendría un efecto en la microbiota intestinal. Según un estudio realizado por la Universidad de Calgary en Canadá, el aspartamo se metaboliza rápidamente y se asocia con elevaciones en el “propionato de ácido graso de cadena corta” en el intestino. Esto, crearía una bacteria que afectaría negativamente la tolerancia a la insulina, la hormona necesaria para llevar la glucosa desde la sangre hasta las células.



