Opinión
21 de Diciembre de 2024
El postnatal del Presidente
Por Isabel Plant
"Boric no será el primer presidente en Chile en ser padre durante su mandato, pero nos podríamos aventurar y apostar que podría ser el primero en activamente cambiar pañales mientras trabaja en La Moneda", escribe Isabel Plant en su columna de hoy. "No se ha anunciado todavía cuál es su plan de licencia, pero esa decisión será aún más vital en un país donde el cambio cultural de los cuidados no ha alcanzado aún a los varones, según demuestran las cifras, más allá de los cinco días de ausencia legal tras el parto. Y con suerte", complementa.
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Se tomó seis semanas de postnatal y volvió a su trabajo. La niña la acompañaría en algunas labores, pero el cuidado recaería principalmente en su marido. “Tengo mucha suerte”, dijo. “Tengo una pareja que puede acompañarme, que está tomando una parte enorme de la responsabilidad conjunta, porque es su padre, no la niñera”.
Y así, en 2018, Jacinda Ardern regresó a su oficina de Primera Ministra de Nueva Zelandia tras su postnatal, convertida en la segunda mujer democráticamente electa en haber parido mientras estaba al mando de una nación (le habrían correspondido 26 semanas, pero bueno, se hizo lo que se pudo). La primera había sido Benazir Bhutto, quien en 1990 tuvo a su hijo en secreto en medio de oleajes y conflictos internos en Pakistán; pocos se enteraron de que estaba embarazada -por motivos de seguridad- y volvió al trabajo a días de la cesárea.
La decisión de Ardern de ser madre y de tomarse permiso parental mientras lideraba fue un hito para las mujeres en el mundo laboral: probaba empíricamente que teniendo corresponsabilidad se podía conciliar trabajo y cuidados, y hasta gobernar. La reemplazaron por seis semanas y el país no colapsó. Se fue, volvió, y su puesto la estaba esperando.
Cuántas mujeres no pueden decir lo mismo.
Ardern tuvo los ojos del mundo puestos sobre ella. Así como los miembros del baby boom de La Moneda tendrán los ojos país muy atentos ante tanto nacimiento. La ministra vocera de Gobierno, Camila Vallejo, parte el lunes 23 de prenatal y dijo que el Presidente le ha pedido regresar el próximo año, finalizada su licencia legal; los recuerdos de ella llevando a su primera guagua al Congreso refrescándose en la memoria popular. Qué importante sería verla ir y volver a su mismo puesto, salud de la nueva criatura mediante, ya que probaría -como Ardern- que el postnatal no significa perder la pega.
Boric no será el primer presidente en Chile en ser padre durante su mandato, pero nos podríamos aventurar y apostar que podría ser el primero en activamente cambiar pañales mientras trabaja en La Moneda. No se ha anunciado todavía cuál es su plan de licencia, pero esa decisión será aún más vital en un país donde el cambio cultural de los cuidados no ha alcanzado aún a los varones, según demuestran las cifras, más allá de los cinco días de ausencia legal tras el parto. Y con suerte.
Se van a cumplir quince años desde que cambió la ley que hoy le permite 24 semanas de permiso pagado a las madres, con la posibilidad de “traspasar” parte de este tiempo a los padres: en 2023 solo fueron 62 hombres los que solicitaron el postnatal masculino y 86.785 mujeres, siguiendo la tendencia de años anteriores donde es menos del 1 por ciento de los padres los que usan esa licencia.
Las cifras paupérrimas de postnatal masculino tienen múltiples explicaciones, que van desde no querer “quitarle” ese tiempo de unión a madres con hijos, o tener que priorizar el sueldo del hombre que normalmente es mayor al de la mujer. Pero sobre todo tiene que ver con una cultura donde las madres cuidan y los padres proveen – o las madres hacen ambos como pueden-. Revisamos las cifras con una periodista que cubre el área de economía y me citaba a un importante abogado nacional que alguna vez le dijo a uno más joven: “Es como de roto tomarse el postnatal”.
Por esto es casi obligatorio que un hombre millennial y aparentemente deconstruido como Gabriel Boric ponga el ejemplo, en el cargo más visible posible, y se tome a lo menos sus cinco días; si se le ocurre pisar La Moneda inmediatamente tras el nacimiento nuevamente aportillaría la idea del gobierno feminista. Esto va más allá de su vida privada. Es influir en cambios de paradigma. Igualmente, lo van a criticar si lo hace, lo van a criticar si no lo hace. El paradigma de estar al mando.
Ahora, ¿podría el presidente y su pareja decidir que él reciba semanas en traspaso? En teoría, si la guagua es para junio, podría su Excelencia recibir tiempo de cuidado de su hijo, para que su pareja vuelva a trabajar, en septiembre… sería bastante icónico, pero hasta a esta feminista y fiera vociferadora de la necesidad de compartir cuidados tiene risa nerviosa de solo pensarlo. Pero si empezamos a instaurar que unos trabajos son irreemplazables, le quitamos la urgencia a la equidad y así nos comenzamos a enredar con la maraña de lo complejo que es a veces aterrizar nuestro feminismo.
Hablando de postnatales, hace unos meses algunos parlamentarios comenzaron la discusión sobre alargar el postnatal femenino hasta un año, en la Comisión de Economía de la Cámara. En la propuesta las madres tendrían 52 semanas, con la opción de traspasar las últimas 24 al padre o renunciar a ellas. Los días “libres” de los padres pasarían de 5 a 30. La Ministra del Trabajo, Jeannette Jara, explicó que el Ejecutivo no patrocinará el proyecto porque no hay plata y porque sería un castigo más al empleo femenino. Tiene toda la razón, porque si hay algo que no necesita más recargos es la empleabilidad de las mujeres; no nos hemos transformado en Suecia de un día para otro, no podemos asumir que las empresas van a contratar mujeres en edad fértil si se les pueden ausentar un año completo.
Vamos mejor por los realismos: en mi calidad de madre de criatura de poco más de 365 días de vida, tratando de empujar vida y trabajo independiente, abusando de mi círculo familiar para compatibilizar cuidados con una jibarización de lo que fue una carrera profesional, urge mucho más sacar adelante el proyecto de sala cuna universal para madres y padres. Desde ¡1997! que se está discutiendo en el Congreso en más de una veintena de propuestas. Quizás llegue a puerto en 2025. Se aplicaría a hombres y mujeres, dejando atrás la maldita barrera de las 20 empleadas creada en el famoso artículo 203 del Código del Trabajo.
Quizás ese milagro ocurra el próximo año, y hombres y mujeres que quieran salir a trabajar puedan tener dónde dejar a los menores de dos años. Hasta el presidente y la vocera podrían aplicarlo en Palacio (¿sala cuna salón Montt Varas?). Eso sí que sería legado.



