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Opinión

11 de Enero de 2025
Sandro Baeza / The Clinic

Demi Moore y la jubilación de las sex symbol

Foto autor Isabel Plant Por Isabel Plant

La columnista Isabel Plant reflexiona sobre las lecciones que dejó el Globo de Oro para Demi Moore a sus 62 años por la película "La sustancia". "Cuando tu carrera se erige en tu belleza o en tu cuerpo, el éxito tiene fecha de expiración. Está también el menosprecio a las mujeres, el encasillamiento, la sexualidad y el deseo como herramienta de triunfo, pero con doble filo a largo plazo. Es bonito ver que alguien que sabía tenía algo más para ofrecer, pueda abrirse el espacio para mostrarlo con más de seis décadas", escribe Plant, quien pone ejemplos como Jennifer Aniston y Madonna. Pero también abre una interrogante: "Con cirugías y bótox, y pómulos que se sacan y se ponen, refinamiento de nariz, corte de párpados, levantamiento de cejas y aumento de labios, peligrosamente han creado un nuevo estándar de eterna belleza completamente irreal (¡otro más!). El que tengamos que googlear '¿qué edad tiene ella?' y sorprendernos con la respuesta porque se ven como de dos décadas menos, es un fenómeno nuevo y es también curioso".

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“Llevo mucho tiempo haciendo esto – como unos 45 años- y es la primera vez que gano algo como actriz”. Demi Moore se llevó el Globo de Oro por La sustancia a los 62 años y su discurso de agradecimiento se volvió inmediatamente viral. A todos nos gustan las historias de redención, los regresos triunfales, las risas que ríen mejor al último. Las venganzas que se sirven frías. En el caso de Moore, una de las actrices más famosas, amadas y deseadas de los años 80 y 90, se sentía como una validación y una revancha. Suma, además, que se haya arriesgado a hacer un papel donde justamente expone todos los flancos a los que se enfrenta una actriz, o una mujer hermosa, cuando envejece. 

Una de las miles de personas que compartió en sus historias de Instagram el triunfo tardío de Moore, reposteando un texto que destacaba que era un éxito el burlar la edad de jubilación artificial de Hollywood para las mujeres sobre 35, fue Jennifer Aniston. Otra reina de nuestros corazones, otro ícono de una era, que también pareciera haber sido relegada a ser “actriz popcorn” y a mantenerse eternamente hermosa. 

En la misma ceremonia donde Moore era consagrada -¿cambiará esto la próxima década de su carrera?- estaba Pamela Anderson, en su nueva era de cara lavada, ropa simple, blanca o negra, y sin escote. La sencillez personificada, la “antimina”, cuando alguna vez fue el sinónimo de sexo en la pantalla chica. Ha revivido gracias a un estupendo documental que cuestiona el uso y abuso que se le dio popularmente a su figura, y a una película donde también interpreta a una belleza jubilada contra su voluntad. 

¿Pueden envejecer las sex symbol?  

Antes no. Las mujeres en el ojo público eran consideradas atractivas hasta los 30, con suerte hasta los 40. A menos que fueran Meryl Streep, podían pasar de hacer el papel de joven a interpretar madres, dígase el secundario con una blusa bien abotonada. Si no cimentaron una carrera como actriz de carácter, explorando roles arriesgados, transformaciones dramáticas, difícilmente pueden encontrar papeles llegada cierta edad. El mensaje era que las mujeres, una vez expirada su capacidad de generar deseo sexual colectivo, no tenían nada que ofrecer. 

Marilyn Monroe, quizás el ícono de la sexualidad en la gran pantalla durante el siglo XX, murió a los 36, ya con dificultades para encontrar películas que pudieran emplear lo que ella creía era un mayor rango de talentos. Brigitte Bardot, imagen de la liberación sexual de los 60, se autojubiló a los 40, aburrida del cine, para enfocarse en el activismo. “Le di mi belleza y mi juventud a los hombres”, dijo alguna vez. “Le daré mi sabiduría y mi experiencia a los animales”. 

Miren a Madonna. Una reina. Una rupturista. Una genia. Una que abrió camino, que permitió a las mujeres ser sexuales y ser inteligentes a la vez, que hizo unos temazos pop que pasarán a la historia y sobrevivirán su legado, que se reinventó una y otra vez, de bomba sexi a mujer recatada a reina de la disco. Hoy, a los 66 años, sus redes sociales la muestran rebelde ante el envejecimiento, indemne ante las críticas sobre su apariencia con exceso de bisturí o su edad, concentrada en seguir siendo Madonna. ¿Por qué Mick Jagger puede seguir siendo Mick Jagger, arrugas mediante, y Madonna no? Incomoda, pero también siempre ese fue su rol: empujarnos e incomodarnos. 

Yo recuerdo el primer “gran regreso” de Demi Moore. Tenía 41 años y el hito que se informaba como noticia en E! Entertainment es que a esa edad podía aparecer en un bikini blanco, emergiendo del agua, perfecta, flaca y tonificada, como la villana de Los Ángeles de Charlie. Era una novedad que una madre de tres siguiera siendo deseable. Ella ya había sido la estrella juvenil de los 80, la protagonista de moda gracias a Ghost, la actriz mejor pagada de Hollywood por sacarse la ropa en un filme tan débil como Striptease. GI Jane, una película que a mí me encanta, fue un fracaso de taquilla y la llevó a un pequeño retiro hasta el regreso como mujer de 40. Durante las siguientes dos décadas tuvo roles secundarios, ocupando el espacio de la memoria de lo que fue alguna vez. 

Cuando tu carrera se erige en tu belleza o en tu cuerpo, el éxito tiene fecha de expiración. Está también el menosprecio a las mujeres, el encasillamiento, la sexualidad y el deseo como herramienta de triunfo, pero con doble filo a largo plazo. Es bonito ver que alguien que sabía tenía algo más para ofrecer, pueda abrirse el espacio para mostrarlo con más de seis décadas. 

Ahora: Moore, Aniston, también Kidman y más, están creando sendas paralelas. Una es la de mujeres maduras que tienen algo que decir y aportar -en su caso desde el entretenimiento- y siguen ocupando un sitio social que antes se les estaba prohibido por el simple hecho de envejecer. Viva aquello. 

Pero también con cirugías y bótox, y pómulos que se sacan y se ponen, refinamiento de nariz, corte de párpados, levantamiento de cejas y aumento de labios, peligrosamente han creado un nuevo estándar de eterna belleza completamente irreal (¡otro más!). El que tengamos que googlear “¿qué edad tiene ella” y sorprendernos con la respuesta porque se ven como de dos décadas menos, es un fenómeno nuevo y es también curioso. Las arrugas y canas han sido desterradas. La forma de sobrevivir es prácticamente embalsamada. ¿Triunfaron ellas? ¿Quiénes somos las derrotadas?

En fin, volvamos a la fiesta. Esperando ver a Demi, y a todas a las que han reducido a ser simplemente un cuerpo, brillando como ser humano y como profesional, a la edad que sea. Que la jubilación para las mujeres sea, como no, elegida y deseada.

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#demi moore#hollywood

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