El quiebre de La Higuera: la trama que terminó con la comunidad dividida por Dominga
En La Higuera hay una fisura. Desde que el Proyecto Minero-Portuario Dominga se instauró en la región, dos equipos se formaron. El “Sí” y el “No” ante el “megaproyecto” que pretende instalar un puerto y una de las minas a tajo abierto más grandes del mundo, ha manifestado una división en la comunidad desde hace más de una década. Y es que el tercer rechazo al proyecto por parte del Comité de Ministros otra vez caló hondo en el convivir de los lugareños. La esperanza sobre un futuro próspero a través del desarrollo de empleos que promete el proyecto confluye en paralelo con el miedo a la destrucción de la flora y fauna nativa, como también, a convertirse en otra zona de sacrificio más de Chile. Algo es evidente: la incertidumbre habita en un mismo espacio ante una historia que se aleja de tener un punto final.
Por Juan Oportot Campillay 19 de Enero de 2025
Compartir
—Dominga llegó y acabó con la comunidad. También con las familias. Yo tuve varias discusiones con un hermano con el que éramos muy unidos. Llegamos al punto de no llamarnos, ni saludarnos, por lo que tuve que un día decirle que “no podíamos alejarnos por esta estupidez”—, rememora Juana Araya (75).
—Le dije que “nosotros nacimos como familia, y vamos a morir como familia”, independiente de que pensemos distinto. Ahora, obviamente tuvimos que llegar a un acuerdo, que fue que ni en su casa, ni en la mía, íbamos a nombrar esa palabra. En la mesa Dominga es un tema vetado entre nosotros—, agrega.
Una década de apoyos y rechazos. La disyuntiva entre quienes defienden a rajatabla el territorio que les pertenece, su flora y su fauna, contra la de quienes anhelan un desarrollo industrial mediante nuevos empleos y el surgimiento de una comunidad “mirada en menos”. Durante once años la comuna de La Higuera, ubicada en la región de Coquimbo, ha marcado su pauta con una lucha sin fin.
—Estamos divididos. Como pueblo y comunidad estamos muy divididos. Y todo esto por el temita de Dominga—, relata Sonia Araya a The Clinic. Agricultora del poblado de Los Choros, con un dejo de angustia recuerda lo que alguna vez fue La Higuera.
—Hay familias distanciadas, hermanos que no se hablan y vecinos que ya ni se miran. Éramos una comunidad muy unida, pero ahora las diferencias de opinión te aíslan—, agrega.
Dos equipos. Dos barras. El “Sí” y el “No” del Proyecto Minero-Portuario Dominga, de la empresa chilena Andes Iron. Opiniones que no solo se han consignado entre quienes frecuentan las manifestaciones en las plazas, o frente al edificio municipal, y que tampoco se ha reducido a una lucha de redes sociales. Al contrario, ha internalizado la división de una pequeña comunidad que comparte un mismo espacio. Una zona que espera, de alguna u otra manera, prosperar y cuidar su futuro.
—Esta es la única solución a la falta de empleos y de oportunidades para las familias—, dice Óscar Trigo Barraza, miembro del movimiento No + Desempleo, que apoya el proyecto.
—No queremos convertirnos en otra zona de sacrificio, como lo son Quintero y Puchuncaví. No aceptaremos que vengan a destrozar nuestra fauna, a nuestros animales, a los que consideramos nuestros hermanos. Tenemos que cuidarlos y protegerlos—, dice Juana Araya, agricultora de la zona que rechaza la instauración de la minera en La Higuera.
Y es que el nuevo rechazo del Proyecto Minero-Portuario Dominga abrió las cicatrices de una herida que nunca cierra. La polarización de los puntos de vista, la poca tolerancia a las opiniones y la variopinta mezcla de emociones que confluyen en el hogar de los habitantes de La Higuera han marcado la pauta de una historia que, por el momento, se aleja de tener un punto final.

El tercer acto de Dominga
La sesión del miércoles 8 de enero duró una hora y 50 minutos. El Comité de Ministros —en donde no había ministros, sino subrogantes— llegaba a las dependencias del Ministerio de Medio Ambiente por una puerta distinta a la principal. La idea era sesionar en silencio, ocultos, sin ser vistos y evitando a la prensa y las declaraciones. Lo mismo fue con su retirada.
El Comité fue conformado por distintos y nuevos representantes de las carteras ministeriales, donde se encontraba Ariel Espinoza, jefe de la División Jurídica del Ministerio de Medio Ambiente; Alan Espinoza, jefe de gabinete de la Subsecretaría de Agricultura; Julio Salas, subsecretario de Pesca y Acuicultura del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo; Suina Chahuán, subsecretaria de Minería; Andrea Albagli, subsecretaria de Salud Pública, del Ministerio de Salud; y Luis Felipe Ramos, subsecretario de Energía.
La razón de la sesión era discutir la sentencia del 9 de diciembre de 2024 que emitió el Primer Tribunal Ambiental. En este fallo el organismo jurídico dictaminó que la resolución del Comité pasado —que se reunió en 2023— era “ilegal”. Entre las diferentes razones, una de ellas fue la “falta sustantiva al principio de imparcialidad” por parte de los representantes del Comité. Producto de esto, para la sesión del pasado 8 de enero se declaró la inhabilidad de los participantes de la sesión de 2023, bajo el argumento de que los nuevos miembros “no se encuentren afectos a situaciones que comprometan su imparcialidad y probidad administrativa”.


A eso de las 19.00 de la tarde, el nuevo Comité de Ministros ya tenía una respuesta. El rechazo fue por unánime. Otra vez Andes Iron y el Proyecto Minera Dominga perdieron la batalla.
Sin embargo, no es la primera vez que la derrota irrumpe en la empresa chilena controlada por la familia Délano. La iniciativa que busca instalar una de las minas a tajo abierto más grandes del mundo, y que está valorada en 2.500 millones de dólares, ha sido rechazada en dos oportunidades.
Según los propios datos e informes de la empresa que tiene disponible en su sitio web, este “megaproyecto” ubicado a 16 kilómetros al norponiente de la comuna de La Higuera sería capaz de producir aproximadamente 12 millones de toneladas de concentrado de hierro y 150 mil toneladas de concentrado de cobre, lo que equivale a un aporte de entre 2 y 4 millones de dólares anuales en apoyo al que llaman “progreso humano, productivo y ambiental de la comunidad”.
Varios años antes, en 2017, durante el segundo periodo presidencial de Michelle Bachelet, se produjo el primer rechazo. Este no estuvo exento de polémica, pues la decisión se llevó a dos ministros: Rodrigo Valdés y Felipe Céspedes, de Hacienda y Economía respectivamente, presentaron su renuncia al gabinete de Bachelet.
Luego vino el segundo rechazo, en enero de 2023, que posteriormente fue desestimado por el Tribunal Ambiental en diciembre de 2024.
A tres vetos, Andes Iron parece lejos de terminar con su pelea y negar su derrota. Horas después de conocer la decisión del Comité de Ministros, el conglomerado minero emitió una declaración pública donde dejaban en claro su molestia.
“La actuación del Comité de Ministros marca un nefasto precedente nunca visto en la historia de Chile en materia de tramitación ambiental (…) Resulta inadmisible que el Poder Ejecutivo incumpla por segunda vez una sentencia judicial en el mismo caso”, establece la declaración de Andes Iron.
“Lo resuelto por el Comité de Ministros violenta en forma y fondo la sentencia dictada el pasado 9 de diciembre por el Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta, al ignorar sus directrices, además de contener vicios profundos”, agrega.
A 24 horas de conocerse los resultados del Comité sesionó la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Cámara de Diputados en la Municipalidad de Coquimbo. Sin embargo, la jornada tuvo un final abrupto y tenso, pues un piño del Sindicado de Faeneros de Chile (Fadechi) que apoya a Dominga se subió al escenario con pancartas, bombos y banderas. El resultado: la jornada que tenía como objetivo escuchar las opiniones de los habitantes concluyó a punta de gritos y una gresca a combos entre el personal de seguridad de la municipalidad y los manifestantes.
—Fue una pelea entre los guardias de la muni, faeneros de afuera y lugareños afines al proyecto. Sí, suena raro, pero es que los mineros dijeron “que no les importaba si Dominga les daba trabajo o no a los habitantes”, porque ellos que trabajan bajo un contratista igual iban a tener pega—, dice una fuente consultada por The Clinic que decidió mantener su identidad anónima.
—O sea, independiente de que acá se apoye o no, hay una especie de territorialidad y sentido de pertenencia. Los que quieren a Dominga no van a aceptar que vengan faeneros de afuera traídos por contratistas a invadir su territorio. No, quieren que el trabajo sea para ellos y sus familias—, agrega.
Tras la pelea, que marcó la pauta mediática al ser difundida por noticieros y redes sociales, los diputados presentes condenaron la violencia. El alcalde de Coquimbo, Alí Manouchehri, anunció que tomaría medidas legales por la agresión a los guardias municipales, mientras que la alcaldesa de La Higuera, Uberlinda Aquea Barraza argumentó que esa gente no era de la comuna. Lo cierto es que dicha violencia, dicha división entre quienes apoyan o no el proyecto, viene marcada desde hace más de una década.
La Higuera partida en dos
—Nosotros éramos un pueblo muy unido. Aquí los compadres, los amigos y los familiares se querían mucho. Hoy hay una división. Soy una persona que ha sufrido mucho por eso, porque pese a que no pensamos igual, son mis hermanos y vecinos—, relata Juana Araya a The Clinic.
Juana lleva casi toda su vida viviendo en Los Choros, uno de los pueblos que integran la comuna de La Higuera. A sus 75 años dedica su tiempo a la agricultura, mientras que su esposo, de 80 años, es pescador. Trabaja en varios cultivos, pero el que más destaca es el olivo, el fruto estrella del Valle de Elqui.
—Tengo mi huertecito con mi esposo. De aquí saco aceitunas, hago empanadas, mermeladas de higo, de damasco. Acá nos gusta trabajar la tierra. Con esto vivo y me sustento—, dice Juana Araya.
Entre los años 2007 y 2010 luchó contra la instalación de tres termoeléctricas de Barrancones integrando el Movimiento en Defensa del Medio Ambiente (Modema), las que fueron finalmente relocalizadas por el acuerdo que el expresidente Sebastián Piñera acordó con la empresa franco-belga Suez Energy. Sus motivos de manifestación se fundan desde lo medioambiental, hasta por conservar la tradición cultural, histórica y costumbrista. “El regalo que Dios nos dio”, dice Juana cuando se le pregunta sobre qué es La Higuera para ella.
—Cuando el presidente Piñera acordó la relocalización de las termoeléctricas celebramos harto en la plaza de acá. Me acuerdo que también fuimos a festejar a La Serena, donde me acompañaron mis hijos. Luego nos dimos cuenta que también estaba metido en el tema de Dominga y eso nos decepcionó. Nosotros queremos conservar esta vida que tenemos, que es sana y tranquila. Defendemos el agua que tenemos, más aún porque es un recurso que se está acabando. Tenemos que defender lo que por décadas nos dejó el trabajo de nuestros ancestros—, agrega Juana Araya.

Óscar Trigo (59), por otra parte, integra el movimiento No + Desempleo. Su lucha ha sido la de buscar el progreso económico y el desarrollo de la infraestructura local. Con un índice de pobreza del 22,2%, y con un promedio del 50,9% de personas carentes de servicios básicos —según datos de 2020—, cree férreamente que el Proyecto Minero-Portuario Dominga es la única solución a los problemas de la comuna. También, una forma de darle una imagen a un pueblo que, según él, se encuentra menospreciado.
—Este es un proyecto bastante bueno que cumple con todos los instrumentos técnicos y legales. Estamos cansados de la falta de trabajo y de la precariedad que hay en este pueblo. Es lo mejor que le puede pasar a la Región de Coquimbo para salir adelante y dejar de ser el patio trasero de Santiago—, dice Óscar Trigo a The Clinic.
Su molestia radica en que las decisiones se piensan, se trabajan y se concluyen en Santiago. Con su movimiento busca que en La Higuera se desarrollen oportunidades laborales. Sin embargo, pese a estar de acuerdo con Dominga, Óscar Trigo es consciente de algo: los beneficios deben ser por y para su pueblo.
—Nosotros vamos a luchar porque se parta por casa. Vamos a estar encima de ellos para que se cumpla lo que determinamos en el Acuerdo Marco. Eso te lo aseguro. Vamos a insistir porque las decisiones se tomen acá, porque la descentralización que tanto predican desde el Gobierno no es real—, comenta Óscar Trigo.

Camino al norte desde La Serena por la Ruta 5, a partir del kilómetro 503 y tomando el puente Juan Soldado, se encuentra La Higuera. Su historia, que se remonta desde el siglo XVII, atraviesa la minería, la agricultura, el pastoreo y la pesca. Se trata de una comuna de carácter rural emplazada desde las copas de la Cordillera de Los Andes, hasta culminar en la costa del Pacífico. En los once poblados que la componen habitan aproximadamente cuatro mil personas, y en sus atractivos turísticos destaca la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt —perteneciente al Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas administrado por la Corporación Nacional Forestal (Conaf)—, Punta de Choros, Chungungo, Totoralillo Norte, entre otros.
Según los crónicas de aquellos tiempos de los siglos XVII y XVIII, el nombre de la comuna se le atribuye a la familia que poseía la mina más importante de la zona. También, fue la casa de una de las minas de hierro más importantes de Chile: El Tofo, descubierta en un principio por el fundador de la mineralogía en Chile, Ignacio Domeyko, y que funcionó durante más de un siglo.
Se trata de una comunidad muy unida, o por lo menos eso dicen los habitantes del lugar. Hablan de lazos fuertes entre los lugareños, pero en tiempo pasado. Un vínculo forjado por el sentido de pertenencia y el pasado en común. El pasado minero, obrero, agricultor y pesquero.

Óscar Trigo también reconoce que hay una cierta división entre los lugareños, pero apela a que solo se trata de un pequeño sector. Reconoce dos hitos importantes desde la instauración del proyecto Dominga en el territorio. El primero, el Acuerdo Marco firmado en 2017 con Andes Iron, en donde el documento revela el apoyo de alguno de los habitantes de La Higuera a la minera. El segundo, la consulta ciudadana realizada en 2022 en donde un 96% de los vecinos apoyaba la construcción de Dominga. La iniciativa, llevada a cabo por el exalcalde Yerko Galleguillos (UDI), contó con la participación de 827 vecinos.
—La división que hay es por culpa del populismo y parte de la izquierda. Acá las ONG’s se llenan la boca con la lucha medioambiental, pero al final son personas de buenas familias que no le han trabajado un día a alguien—, dice Óscar Trigo.
Al ser consultada por The Clinic, la alcaldesa Uberlinda Aquea Barraza (PS) no quiso opinar sobre el tema, al igual que los integrantes del concejo municipal.
Sin embargo, sí quiso manifestar su posición Yerko Galleguillos, exalcalde de la comuna durante doce años y quien vio su salida del municipio marcada por la polémica mediática. En 2022 le presentó una carta a Mario Marcel, actual ministro de Hacienda, pidiendo que se avance en el mega proyecto, pues según el exedil este constituía una oportunidad vital para La Higuera. Sin embargo, pese a dar declaraciones a la prensa, no tuvo respuesta.
—Aquí el gran problema es el temita del puerto y las divisiones se dan porque la gente no sabe respetar las opiniones del otro. Por el lado del puerto, te digo altiro, los animales no son tontos, y ya sabemos por la experiencia internacional, en países que mueven miles y miles de barcos, que no le pasará nada a la reserva de los pingüinos, ni a las ballenas—, dijo Yerko Galleguillos a The Clinic.
—Lo encuentro una pelea un poco innecesaria. No creo que un proyecto deba aprobarse por quienes muevan más o menos banderitas. Para eso tenemos a las instituciones que se encargan de ver estas iniciativas—, agrega.

Hay una situación ha sido denunciada en reiteradas ocasiones. Quienes rechazan a la minera reclaman e insinúan que desde Andes Iron se está “comprando a la gente”. Aportes a eventos, regalías monetarias, cajones con mercadería, son algunas de las cosas que denuncia Óscar Avilez a The Clinic. Pescador y presidente de la Asociación Gremial de Trabajadores del Mar Independientes de Caleta Punta de Choros, denuncia que desde el Proyecto Minero-Portuario Dominga buscan apoyo de la gente pasándoles obsequios, adornos y dinero.
—Dominga anda engatusando a la población. O sea, pagan fiestas, cosas sociales, hasta la Fiesta del Loco del año pasado, que se hace en Totoralillo Norte, la pagaron. Es lógico que la gente se va a dejar llevar si te andan pagando treinta lucas por participar en algunas reuniones. Por suerte, la mayoría de los pescadores del gremio han aguantado, pero es difícil. La gente cae fácil—, dice Óscar Avilez.
—Acá siempre compartimos, pero con esta tonterita la minera vino a meterse en las partes más sensibles de nuestro pueblo. A los adultos mayores se los ganan regalándoles tortas para sus cumpleaños y otras cosas. Un regalito por aquí, otro por allá. Es una porquería—, agrega.
Esta situación no solo ha sido vivida por el gremio al que pertenece Óscar Avilez. Según Teresa Reyes, dirigenta local de Agua Potable Rural (APR) de La Higuera, ella relata que también ha vivido las mismas experiencias.
—Por culpa de Dominga y sus regalitos es que se ha roto el tejido social. Cuando vinieron —desde Andes Iron— a conocer el territorio nos trajeron cajitas con comida y hacían que la gente se inscribiera para asegurar la pega que prometían. Así se querían comprar a la gente. Y con muchos lo lograron. Así durante más de diez años—, dice Teresa Reyes.
No obstante, no todos los habitantes consideran que exista una división social producto de Dominga. Al menos eso comenta Sergio Álvarez, quien es miembro de la Asociación Comunal de La Higuera.
—Eso de las divisiones es una de las mentiras más grandes que se ha difundido. O sea, ¿cómo va a ser eso verdad si firmamos un Acuerdo Marco y hubo un plebiscito en donde más del 90% dijo que estaba de acuerdo?—, dice Álvarez.
Junto a él, su compañero y miembro de la asociación, Jonathan Rojas, también comparte su visión en torno al tema. Su molestia se funda en que los que rechazan Dominga consideran que ellos, los dirigentes a favor, están ganando plata a costa de la situación.
—Oye si la plata es para el desarrollo de la comuna. Piensan que nosotros estamos comprados, y no. Por nosotros no va a pasar nada, sino que se va a utilizar en la comunidad y el desarrollo de La Higuera. Necesitamos progreso de manera urgente. Eso es lo que no entienden estos activistas de las famosas ONG ‘s—, dice Jonathan Rojas (60).
—Somos una comunidad muy precaria, de cuatro mil 200 habitantes por lo bajo. Tenemos que salir de este hoyo en el que llevamos metidos muchos años—, agrega.

Miedos y esperanzas
En el pueblo de Los Choros vive Sonia Araya (63). Agricultora al igual que Juana, también luchó contra las termoeléctricas. También se alegró cuando las rechazaron, y también celebró en las plazas. Por desgracia, también se lamentó cuando se anunció Dominga.
Su huerto es su negocio familiar, en el que trabaja con su esposo y cuatro hijos. Para ella, La Higuera significa un tesoro y un “regalo divino”. Además de su parcela, de agosto a marzo atiende una pequeña verdulería llamada “El Tatán”. En ella vende sus productos vegetales y aceite de oliva artesanal, además de queso de cabra y mote con huesillos para capear el verano.
En el local, entre decoraciones y estantes un cartel reza “No a Dominga” en la entrada.
—Dominga compró la conciencia y dividió a la gente—, dice Sonia Araya.

En La Higuera hay una palabra que habita en la mente de sus locatarios. Un sentimiento que representa la ambigüedad y la falta de certeza ante lo venidero: la incertidumbre. Y es que el miedo y la esperanza habitan en un mismo espacio, más aún cuando un tercer rechazo del proyecto Dominga no significa una alegría, ni una pena.
La insistencia de Andes Iron por llevar a cabo su proyecto funda una diversidad de emociones en los habitantes. Los que apoyan el proyecto ven en él una esperanza, una oportunidad para que La Higuera recupere un respeto alguna vez obtenido. Los que lo rechazan ven un miedo, un temor a que la gran industria arrase con décadas trabajo, con la flora del Valle del Elqui y con la fauna protegida.
—Tenemos miedo que se instaure la delincuencia, la prostitución y que foráneos indeseables vengan a destruir todo lo bonito que tenemos. O sea, acá nos despiertan los pájaros. No es como en la ciudad que te levantan a punta de ruidos y balazos—, dice la agricultora Juana Araya.
—No queremos que vengan a cambiar nuestros hábitos y nuestra vida tranquila—, agrega.
Pero los que apoyan el proyecto tienen otra visión. Ante las tasas de desempleo de La Higuera, muchos adultos y jóvenes se ven obligados a buscar trabajo en las afueras de la comuna. Unos se van a La Serena, otros a Coquimbo y, una gran mayoría, se va de la región.
—Llevo más de 25 años trabajando de faenero. 25 años en los que veo a mis hijos después de quince días y donde no he podido pasar vacaciones o veranos con ellos. Y no soy el único, te lo aseguro. Uno no ve crecer a sus hijos y casi todos los cabros jóvenes se van a trabajar o a estudiar para afuera. Queremos pega acá, en nuestra casa—, dice Óscar Alvarez.

Según el Acuerdo Marco que formaliza y regula la relación entre el proyecto Dominga y la comunidad de La Higuera, el propósito de la minera es contribuir al desarrollo integral de la comuna. Entre sus compromisos, este dice que “Dominga proporcionará un recurso económico proveniente de las ganancias de la explotación del mineral”, así como también, que “la comunidad organizada junto a Dominga, trabajarán en el diseño y gestión de proyectos de desarrollo orientados al bien común”.
Dichos recursos económicos que varían entre los 1.341 y los 2.683 millones de pesos al año serían utilizados, según el documento, para el diseño, planificación y gestión de proyectos referentes al agua, a la educación, capacitación, empleo y el apoyo a los sectores productivos.
—Acá no tenemos supermercados, ni hospitales, ni un banco. Con Dominga te aseguro que va a haber agua, trabajo, y todo bajo el cuidado del medioambiente, porque es algo que determinamos en el Acuerdo Marco. Vamos a potenciar la enseñanza media, las becas, y muchas cosas—, dice Óscar Trigo.
—Hay mucha pobreza y desastre en esta comuna, y sabemos que es un lugar muy pequeño. Si se aprueba Dominga muchas personas van a poder tener un trabajo aquí, junto a su familia. Yo creo que es bonito que cada trabajador salga a trabajar y llegue a su casa todos los días a ver a sus hijos. Y no cada dos semanas—, agrega.

Pero los acuerdos entre la comunidad y Dominga, y el plebiscito que reunió a menos de mil personas de manera voluntaria, no tienen mucho peso para los que rechazan el proyecto. Pese a que la batalla de los divididos por Dominga está lejos de tener un cierre, Óscar Avilez niega dar su brazo a torcer.
—¿Qué va a pasar después de los veinte años que promete Dominga? Claro, nosotros los pescadores en un año hacemos cuatro mil millones de pesos. Es obvio que no podemos competir con una minera que va hacer dos mil millones de dólares. Acá preferimos mil veces tener algo que va a quedar sustentable para que lo puedan explotar las nuevas generaciones, a dejar que se instaure una empresa que viene con fecha de vencimiento.—, dice Óscar Avilez.
—O sea, hay que tener memoria nomás. ¿Qué nos dejó el Tofo?, ¿hay alguna cosa de la que nos podamos acordar?. Prefiero luchar como un buen chileno y no venderme a esta minera, como lo hicieron otros. He sido pescador de la zona toda mi vida y voy a morir con las botas bien puestas—, agrega.
A sus 75 años Juana Araya sigue arando la tierra. A lo largo de su vida ha cosechado muchos frutos y verduras, como olivos, brócolis, duraznos, entre otras cosas. También ha visto muchos cambios, pues el pueblo de Los Choros y La Higuera la vieron crecer y formarse. A través de un té caliente, la pesca que le trae su esposo pescador para la tarde y las características churrasca del Valle del Elqui, recuerda “un tiempo que fue hermoso”.
—Extraño la unión que teníamos acá en la comunidad. Me acuerdo cuando todos íbamos a la Iglesia y nos dábamos la paz. Era lindo. Me acuerdo cuando con mi familia nos pasábamos cocinando, felices. Se echa de hemos compartir la miel, los huevos de mis gallinas, los tomates. Este era un pueblo muy cariñoso y bondadoso—, recuerda Juana Araya.
—Todo eso se ha ido perdiendo con Dominga. Yo entiendo que uno puede estar a favor o en contra. Entiendo también que hay miedo, que no hay plata, que faltan cosas. Pero lamentablemente la palabra Dominga se ha convertido en algo impronunciable. La famosa palabrita que provoca la división inmediata, cosa que a estas alturas ya me tiene más que cansada—, agrega.




