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Opinión

19 de Enero de 2025
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

La reforma de presiones

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

Obviemos lo técnico: vamos a la política. Esta es una crónica de cómo las derechas entraron en una batalla campal a raíz del futuro previsional. El oficialismo toma palco con cabritas a ver la disputa. Las derechas presionan para imponerse con un marco de fondo que contamina: la elección presidencial.

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Hace un mes conversé con un senador de Chile Vamos que participaba en las negociaciones por la reforma previsional. Por esos días, por estos también, se vivía dentro del mundo político un “modo” ciclotímico: parece que sí, parece que no. La cocina estaba a mil.

—¿Y qué opina el Presidente Boric de todo esto?, le pregunté.

Lo pensó unos segundos.

—Que para avanzar, la reforma debe dejar contento tanto a la ministra Jara, como al ministro Marcel.

Luego le pregunté por las presiones de los republicanos que asolaban a la derecha, sobre todo a la UDI.

—Creo que las presiones sobre la UDI no necesariamente vienen de los republicanos. Por lo menos la que les importan. Esas provienen de Libertad y Desarrollo, respondió.

El jueves, en el programa Sin filtros, se vivió una contienda entre las derechas, muy ilustrativa de cómo la reforma se ha convertido en una batalla de presiones y hegemonía con la carrera presidencial como marco de fondo.

Por un lado, el diputado Guillermo Ramírez, presidente de la UDI, defendiendo el acuerdo: la cotización -el 6%- va a la cuenta individual y no hay asomo alguno de reparto, y quien diga que lo hay, miente. 

“Reparto” es para las derechas como “neoliberalismo” para las izquierdas.

Al otro lado -a esas alturas un ring de boxeo-, el candidato de moda Johannes Kaiser, furibundo detractor del acuerdo, aseguró: “Esto es reparto, un robo a la billetera de los ciudadanos, cayeron en el juego de la izquierda”.

Al frente, los cuatro panelistas de izquierda, que apenas hablaron. Uno le pidió a la producción del programa que trajera cabritas. En algún momento, medio en serio, medio en broma, hicieron amago de retirarse.

La calurosa discusión sobre la reforma hoy se vive en barrio de derechas. Y eso que las AFP no morirán en esta pasada, pese a que es el sueño erótico del PC y el frenteamplismo.

Es pensiones, pero es más que pensiones

Obviemos lo técnico. Vamos a la política. Hernán Larraín Matte esta semana en Mesa Central, de Tele13 Radio, sinceró posiciones: “Hoy existe al interior de las derechas una batalla política, ideológica y electoral, por la hegemonía entre las derechas. ¿Hay que defender las convicciones a ultranza, con purismo, aunque eso implique inmovilismo? O, sin traicionar tus principios, ¿buscas políticamente acuerdos para solucionar los problemas pendientes? 

Un influyente dirigente republicano refuta las cuentas alegres de Chile Vamos: “Guillermo Ramírez dice que ganamos 6 a 0. Las pinzas. ¡Acaban de abrirle una puerta a la izquierda para salirse con la suya! Por eso ellos están callados y apurados por cerrar el trato lo más rápido posible”.

El análisis de los republicanos es que:

1) El electorado del sector cree fervientemente en el ahorro individual y le indigna que su plata no vaya a sus cuentas. ¿Cómo se entiende que los mismos que defendieron el “Con mi plata, no”, ahora digan “Con mi plata, sí”.

2) Chile Vamos se creyó el cuento de que están comprando paz social.

3) Obtengamos mayoría en el Congreso y en ese momento hagamos una buena reforma.

“Nos conviene el fuego republicano. Así queda la sensación para la izquierda que entregamos mucho, no poco, aunque no sea cierto”, dicen en Chile Vamos.

Con La Moneda a la vista, el que diga que la carrera presidencial no influye en la discusión previsional, miente. Kast y Kaiser tomaron tempranamente posiciones rotundas y definitivas: no apoyar ni una línea del proyecto. Esta intrabatalla de los más duros obliga a los candidatos K a doblar la apuesta para ser el más “no acuerdista” dentro de los “no acuerdistas”. Y el punching-ball es Chile Vamos.

Matthei ha sido cauta en su adhesión. “Más de los que nos gustaría”, me dice un “acuerdista” de Chile Vamos.

Desde el entorno UDI de la candidata argumentan que las encuestas demuestran que la sociedad chilena hoy premia el diálogo y el acuerdo: “Piñera ganó en ese tono. Los talibanes tienen techo y vocación de minoría”.

¿Esta discusión podría afectar la llegada de la oposición al poder?

Nadie lo cree. Igual los ojos se posarán con lupa en las encuestas futuras. Sobre todo, en el rendimiento de Matthei. Si le pega o no le pega estar al lado de los “acuerdistas”.

“No solo republicanos están en contra. Buena parte de Chile Vamos también. Y eso divide políticamente, en un momento en que necesitamos la unidad del sector tras Matthei, quien aún no se ha pronunciado en específico sobre el proyecto. Pero la división del sector es patente y eso la pone en una situación muy compleja”, dice la abogada Natalia González, académica de Faro UDD.

Ella cree que los problemas de Matthei podrían favorecer a Kaiser. “Sin contar que el acuerdo levanta la candidatura de la ministra Jeannette Jara”.

Hay un chat por WhatsApp de viejos amigos. Son militantes UDI y republicanos que crecieron bajo las banderas del gremialismo, pero luego vino el cisma. El chat revela que los lazos no se han cortado. Pese a todo. Eso sí: “Hace rato que un tema no nos dividía tanto y a tantos”, dice un diputado derechista.

“El Gobierno nunca pensó que nos iba a dividir de esta forma”, dice la diputada RN, Camila Flores. Ella votará en contra del proyecto, pese a que su partido forma parte del trato.

Cuán dañadas quedarán las relaciones es un enigma. Vienen votaciones por delante. “Este hito confirma que somos distintos. No puede ser que votemos diferente para este proyecto y luego nos olvidemos y vayamos en un pacto parlamentario conjunto”, advierte un republicano.

Más que repercutir en las presidenciales -Kast ya dijo no a las primarias y “después de esto, no creo que invitemos a Kaiser, ni que él quiera ir a nuestras primarias”, me dice un dirigente de Chile Vamos-, la negociación por la parlamentaria podría enredarse.

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