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Opinión

15 de Febrero de 2025
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Por qué seguimos amando a Bridget Jones 30 años después

Foto autor Isabel Plant Por Isabel Plant

La columnista Isabel Plant analiza la nueva entrega de Bridget Jones, que ya se encuentra en cartelera. "Después de treinta años de existencia, infinitas discusiones sobre su impacto cultural y sobre su talla de ropa, Bridget Jones es parte de la familia y pareciera inevitable alegrarse por sus triunfos y acompañarla en sus derrotas", postula. Y agrega: "Aunque la magia de la cinta original no está del todo ahí y la historia se desarma en el último tercio, hay algo satisfactorio en poder seguir a un personaje femenino por tanto tiempo".

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Por unos minutos parecía hinchada de fútbol: era una función de preestreno de la nueva película de Bridget Jones y durante las dos horas en el cine la audiencia aplaudió, se rió a carcajadas, gritó de júbilo y hasta se soltaron lágrimas (incluidas las mías, siendo sincera). No es una película perfecta, ni excelente, pero es encantadora por un buen rato; quizás lo mismo que podemos decir de su protagonista. Después de treinta años de existencia, infinitas discusiones sobre su impacto cultural y sobre su talla de ropa, Bridget Jones es parte de la familia y pareciera inevitable alegrarse por sus triunfos y acompañarla en sus derrotas. 

He escrito antes en este espacio sobre Bridget Jones y Carrie Bradshaw y cómo los íconos de los 2000 se ven hoy, a la distancia, con otra oleada feminista en el cuerpo; yo soy defensora de ambas, no solo por darle una voz y protagonismo a mujeres en el cine y televisión, sino porque en sus imperfecciones también hay libertad y rupturismo, aunque hoy se vea añejo. 

En el caso de Bridget Jones era más fácil encariñarse: los cigarros, el vino, los kilos de más, ver tele comiendo helado, el caer con el tipo que sabes que no es bueno para ti, el querer amar, el amarse a una misma, el reírse con los amigos; complementado con las inseguridades, dudas y autoflagelamiento a las que nos sometemos las mujeres cuando nos miramos frente al espejo.

Mucho se ha discutido si Bridget y su autora eran gordofóbicas, pero resulta que cuando apareció la película en el 2000, su cuerpo era todo de lo que se hablaba y discutía, y hasta a Renée Zellweger la bajaron de la portada de una revista por no estar flaca para la ocasión. Entonces, ¿era el personaje o era el mundo real el problema?

Lo que fue una icónica soltera a los 30, pasó a ser una madre de 40 (con una tercera película que haremos que no existe, por mala, porque no tiene a Hugh Grant y porque no estaba basada en libros) y, ahora, una viuda de 50. Aunque la magia de la cinta original no está del todo ahí y la historia se desarma en el último tercio, hay algo satisfactorio en poder seguir a un personaje femenino por tanto tiempo. El mundo masculino tiene sus sagas: podemos ver a Anakin convertirse en Darth y luego a Luke pasar de joven aprendiz a viejo maestro. Y aunque Bridget nunca deja de ser esa torpe adorable que enamoró al mundo, ya vemos crecimiento.

La sociedad le sigue exigiendo -volver a tener sexo, volver a trabajar, no seguir de luto-, pero sabemos que Bridget lo hará a su manera. El mensaje no va solo por encontrar el amor otra vez – el tradicional, el gran pecado feminista con que suele cargar en sus detractoras-, sino que saber ser feliz con lo que te toca, lo bueno y lo malo. Bridget sigue siendo caótica y lo es como madre, pero ahí están también sus mejores facetas, la espontaneidad, el cariño, la risa y el juego.

Puedo imaginar cómo las mujeres que tanto se identificaron con ella a los 30, proyectan ahora sus propias maternidades, sus casas desordenadas pero acogedoras, sus refrigeradores que a veces se quedan sin verduras. Más allá del cansancio y búsqueda de silencio, la de Bridget no es una visión de los horrores de la maternidad que hoy está más de moda entre las jóvenes, a veces camuflada de excesiva franqueza. Bridget siempre ha sabido brillar en el caos, ¿y qué puede ser mejor espacio para eso que el doméstico cuando se es madre sola de dos niños?

Este retorno se une a la oleada de películas donde actrices de 50 se enganchan con jovencitos. Y en eso Bridget Jones cae sorprendentemente de pie, y esa es quizás la mayor hazaña de la película. Era muy fácil convertirlo en un cliché, en humillar a la mujer mayor o convertirla en la MILF superficial. Pero el romance con Leo Woodall (que da perfecto en el tono) no solo conecta con la Bridget original, sino que la muestra distinta por las heridas adquiridas en el camino, pero lo suficientemente valiente para entregarse a disfrutar, pero no perder la cabeza (o no por tanto rato). 

Quizás está en el aire, nuevamente, el triunfo de las cincuentonas. Hace unas semanas, la revista de fin de semana del New York Times traía en su portada un ensayo vivencial que exponía que las mujeres de la Generación X son las que más están teniendo y gozando del sexo en estos tiempos poco libidinosos. Mientras los estudios dicen que los jóvenes tienen cada día menos relaciones sexuales, las mujeres mayores de 50 -que tienen buen pasar económico, etc- que se hicieron adultas en los hipersexualizados años 90, liberadas ya de las presiones de la maternidad, de los hombres, de tantas cosas que nos agobian en las primeras cuatro décadas de la vida, están encamándose y gozando. Muchas con jóvenes, a quienes les atrae esta seguridad en sí mismas y la ausencia de dramas.

Bridget carga con lo suyo y esta vez no tiene nada que ver con tallas de pantalón. Carga con penas, con obligaciones de la maternidad y con los sueños que se hizo en el camino y que ya no fueron, por diversos que sean. Y no importa que las películas sean ridículas, abusen de sus tropezones torpes o de los clips musicales emotivos. Después de décadas de exigirle a Bridget que sea todo -un ícono, una referente, feminista, no feminista, gorda o flaca, más joven, menos torpe o más chistosa- pareciera ser que a los 50, con su fanaticada consolidada, puede ahora sí ser querida, a nivel de cultura pop, tal como es. 

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