Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Reportajes

El apagón de Chile: la cada vez más inevitable dependencia a la electricidad 

Un apagón masivo dejó a oscuras a Chile el martes 25 de febrero. De un momento a otro, los ciudadanos vieron comprometido su acceso a los dispositivos y a las comunicaciones. En Santiago fueron muchos que tuvieron que irse apretados en las micros o caminando a sus casas producto de la paralización del Metro. Las redes de internet también se cayeron, lo que fundó la incertidumbre al no saber qué estaba pasando. Una falla en el Sistema Eléctrico Nacional dejó sin electricidad a más del 90% de la población chilena desde Arica hasta Los Lagos. Con este corte de luz masivo —y comparable con el ocurrido en el terremoto del 27F de 2010— surgieron diversas dudas y cuestionamientos. Entre ellos, la dependencia inevitable hacia la electricidad para los quehaceres diarios como transportarse y comunicarse, y el sobre uso de los dispositivos móviles.

Por Juan Oportot Campillay y Manuel José Montes 1 de Marzo de 2025
Compartir

Diariamente, son muchos los que que se transportan en el Metro de Santiago. Este corresponde a uno de los principales sistemas de movilización de la región Metropolitana. Según datos oficiales de la empresa de trenes, en un día laboral común y corriente se movilizan aproximadamente 2,3 millones de habitantes. Incluso, solo en diciembre del año 2024 el uso de esta red llegó a 53,9 millones personas. Sin embargo, este se vio afectado el pasado martes 25 de febrero, cuando por un falla en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN), hubo un corte de luz en Chile.

En Santiago el caos fue una postal de calendario. Fueron miles y miles de personas tuvieron que comenzar a caminar para volver a sus casas producto del apagón luego de sus jornadas laborales.

Los paraderos se vieron atestados de personas, por lo que tomar una micro se veía como algo imposible. Los precios de los servicios de transporte como Uber, Didi y Cabify se dispararon por la demanda, así como también el de los taxis. Los pocos que contaron con la suerte de subirse a una micro lo hicieron a costa de ir apretados, llenos y sorteando los tacos de las grandes avenidas. En las caras de los habitantes se veía la preocupación y el cansancio después de la jornada.

Entre ellos se encontraba Enrique Suazo. Adulto mayor en situación de discapacidad, se encontraba en el Serviu de la calle Arturo Prat realizando trámites rutinario. Eran las 16:30 horas cuando terminó, por lo que se retiró en su silla de ruedas para tomar una micro hacia su domicilio, en Pudahuel. Pero ante la situación, no pudo volver a su casa como lo realiza en la normalidad.

Pasaron largas horas, en las que el sofocante calor no cesó. Micro tras micro tuvo que dejar pasar, pues para Enrique era imposible subir con su silla de ruedas un bus repleto. Un recorrido que generalmente le toma 30 minutos se ha convertido en una espera de más del triple.

Historias como estas se multiplicaron por miles en todo el país. También la incertidumbre y el hecho de no saber qué estaba pasando, cómo, cuándo y qué cosas uno podía hacer. La angustia sumió a las ciudades durante las horas que duró el corte de luz. Además de los inconvenientes en el transporte, los servicios de telecomunicación colapsaron. Encontrar conexión a internet o lograr llamar a alguien era un milagro: Chile estaba desconectado y aquello se reflejó en angustia.

El corte de luz dejó sin energía a 14 de las 16 regiones del país. Desde Arica hasta Los Lagos, fueron aproximadamente 19 millones los habitantes que se quedaron sin suministro eléctrico. Esto significó más del 90% de la población a nivel nacional. 

corte de luz
Locales comerciales en el subcentro de la estación Escuela Militar son afectados por un corte masivo de luz en el país. Foto: Francisco Paredes/The Clinic.

La incertidumbre nubló el paisaje social a minutos del apagón. De los que más sufrieron fueron aquellos que en ese momento se encontraban utilizando o dependiendo de algo que requiere de la electricidad. Muchas personas quedaron atrapadas en los ascensores, entre ellos el senador Matías Walker (DC).

“Nos quedamos atrapados con mi señora durante diez minutos en un edificio de Santiago. El problema es que no funcionan los teléfonos de emergencia de los ascensores y debió haber estado todo colapsado, con toda la gente llamando al mismo tiempo. Gracias a Dios nos rescató el conserje y ya estamos bien. No se lo doy a nadie”, fueron sus palabras para The Clinic.

Con toda la situación vivida, el corte de luz despertó una interrogante que durante mucho tiempo estuvo dormida. Y es que hasta el apagón masivo del 25 de febrero, pocos se habían cuestionado sobre la inevitable dependencia que existe hacia la electricidad, la luz, la energía y los dispositivos tecnológicos. También, sobre cómo actuar frente a estos sucesos.

“Hay que comprender que las emergencias son un componente de la seguridad pública. Sin embargo , cuando se produce un corte de energía de esta magnitud nacional sin que podamos proyectar su duración, se transforma directamente en un elemento de seguridad nacional“, dice Michel De L’Herbe, experto en gestión de emergencias.

corte de luz
Foto: Francisco Paredes/The Clinic.

Dependientes de que no se corte la luz

Hay un hecho indudable. La llegada de la electricidad al mundo dio un giro total a la vida de las personas. Los alcances de la Revolución Industrial dejaron varios aciertos. Uno de estos fue la iluminación, pues los días comenzaron a alargarse. Hubo notorios cambios en la organización social, en la producción económica y otros elementos que influyeron en los aspectos más básicos de la vida cotidiana.

Sumada a la seguidilla de revoluciones tecnológicas, comenzaron a llegar a Chile los alumbrados públicos, los equipos de comunicación, los electrodomésticos, la instantaneidad de la información, los teléfonos celulares. Miles de dispositivos se volvían parte de la cotidianidad y, si bien en la actualidad se perciben como objetos normales, en su momento eran impensados. 

Son muchos los objetos y servicios que dependen de la energía, y que se relacionan con la cotidianidad. El celular necesita ser cargado vía corriente eléctrica y el internet depende de la señal disponible. Muchas familias están comenzando a optar por las cocinas eléctricas, así como también el transporte. Para pagar, sea vía tarjetas o transferencias, se necesita estar conectado a una red, y así en una infinidad de elementos. 

Sin embargo, con la tecnologización de la sociedad no solo se facilitaron aspectos de la cotidianidad, sino que también se comenzó a desarrollar una dependencia a la energía eléctrica y los dispositivos tecnológicos. Y es que todos los cambios que trajo consigo este sistema cambiaron los paradigmas sociales, políticos y económicos. Contar con “luz y energía” para el quehacer diario se volvió un elemento innato, por lo que un corte o una falla comenzó a ser visto como algo malo. O peor, inhumano e impensable.

corte de luz
Calles en el centro de Santiago colapsadas tras un corte de luz que afectó a gran parte del país. Foto: Francisco Paredes/The Clinic)

Jaime Silva, director del Instituto de Bienestar Socioemocional de la Universidad del Desarrollo (UDD), comenta que la dependencia a la electricidad tiene raíces psicológicas variadas. Una de ellas corresponde al fenómeno de adaptación hedónica.

“Las personas se acostumbran rápidamente a mejoras en su entorno y las incorporan como parte de su normalidad, dejando de percibirlas como extraordinarias. En el contexto tecnológico, esto significa que la disponibilidad constante de luz, internet y dispositivos ha dejado de ser vista como un privilegio y se ha convertido en una expectativa mínima”, dice el académico. 

Lo anterior se fundamenta al hecho de que, según datos de la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel) junto a CADEM, la encuesta de Acceso, Usos y Usuarios de Internet en Chile, realizada en 2024, arrojó que un 94,3% de los hogares encuestados declara tener acceso propio y pagado a internet

Hoy en día el acceso a las herramientas digitales y electricidad está constituido como un servicio básico tan importante como la salud, la educación y el trabajo. Sin embargo, al producirse cortes de luz como el vivido el pasado martes 25 de febrero, la incertidumbre y ansiedad puede afectar con creces a la población.

Cuando se interrumpe (la luz), genera malestar, ansiedad e irritabilidad, porque hemos perdido la capacidad de funcionar sin ellas”, agrega Jaime Silva, quien sostiene que un corte de luz afecta de sobremanera a la forma de vivir actual de las personas.

Otro factor relevante para entender la dependencia que existe hacia los sistemas eléctricos y los dispositivos tecnológicos tiene que ver con la sensación de control que otorga. En la actualidad existen un sinfín de aplicaciones que permiten manejar diversos aspectos de la vida cotidiana. Estas van desde los bancos, la organización del dinero, la rutina, el calendario, las memorias, las comunicaciones, el acceso a la información, entre otras.

“La imposibilidad de usar dichas herramientas deja a muchas personas con la sensación de ignorancia o la incapacidad para manejar el mundo sin ellas, lo que genera angustia y malestar”, comenta Jaime Silva.

Una de estas situaciones se vivió cuando se anunció el toque de queda entre las 22:00 de la noche del martes 25 de febrero, hasta las 6:00 de la mañana del siguiente día. Al verse interrumpidas las comunicaciones, fueron muchas las personas quienes dudaron sobre la certeza de esta comunicación pues las señales de internet y los teléfonos descargados contribuyeron a la incertidumbre.

Frente a esto, el experto en gestión de emergencias, Michel De L’Herbe, comenta a The Clinic que la incertidumbre provocada frente a la falta de información y el corte de luz se debe a “serios problemas estructurales e institucionales a la hora de enfrentar situaciones de esta índole”.

“Existen desde los organismos oficiales varios errores comunicacionales a la hora de informar catástrofes. Pasó hace 15 años con el 27F, y también hace poco con los incendios que se han provocado”, dice el experto en gestión de emergencias.

La información debe ser simple, de alcance masivo y debe ser debidamente diseminada por los canales que corresponde de la forma que corresponde. Pero acá eso no se da de la manera correcta“, agrega.

Metro cierra sus puertas a partir de un corte masivo de luz en el país. Foto: Francisco Paredes/The Clinic.

Los dispositivos como “un órgano más”

Durante la década del 2010 se comenzó a instalar una idea: los smartphones corresponden a una extensión del cuerpo humano. Hoy en día, y frente al apagón que sumió en la oscuridad a gran parte de Chile, la idea ha generado una amplia discusión.

¿Qué tan dependientes somos de nuestros teléfonos y de la electricidad?”, es la pregunta que se difundió en redes sociales. Y es que en la actualidad hasta las necesidades más básicas son realizadas con el celular en la mano: comer, dormir, estudiar, comprar, informarse, orientarse. Todo.

El psicólogo y académico de la Universidad Central, Daniel Sánchez, comenta sobre los efectos que conlleva el corte masivo de luz que se vivió el pasado martes 25 de febrero. Sumada la falta de internet y carga en los teléfonos, la sensación que se difunde rápidamente por la sociedad es la de una angustia remarcada.

Existe una idea de que ‘si no estoy conectado, me muero’. Una angustia total producida por un estado de alerta constante en que nos encontramos las personas (…) Imagínate te deja de funcionar un órgano, así de grave es esta situación con el celular. Si una extensión de nosotros es vista como un órgano de nuestro cuerpo, y si el órgano no puede funcionar, es como si dejara de funcionar cualquier órgano interno, como los pulmones o el hígado. En este caso, estamos tan necesitados de estar conectados con el mundo, que lamentablemente es sólo a través del celular”, dice el psicólogo. 

Bajo estas situaciones, la incertidumbre juega un papel muy importante como desencadenante de problemas de salud mental, especialmente la ansiedad. Jorge Silva, académico de la UDD, comenta que, a medida que tarda en volver la electricidad, la sensación de incertidumbre y las experiencias emocionales al estrés se exacerban y se pueden correlacionar con aparición de desórdenes o problemas emocionales.

“No saber cuándo volverá la electricidad, cómo resolver problemas sin dispositivos o cómo acceder a información relevante activa respuestas de estrés y ansiedad, ya que el cerebro humano tiende a buscar certeza y estabilidad en su entorno. Además de afectar lo funcional, la falta de tecnología rompe expectativas y hábitos, lo que suele traducirse en ira, irritabilidad y frustración”, agrega Silva.

Sin embargo, no todo representa algo negativo. Para algunas personas, como los psicólogos Daniel Sánchez o Jorge Silva, la desconexión forzada representa una oportunidad para estar más presentes, fomentar relaciones cara a cara y fortalecer el sentido de la comunidad.

“Cuando estás en un encuentro con otra persona de manera presencial, las capacidades/perspectivas que tenemos los seres humanos son mucho mayores que de manera digital porque nos permite mostrarnos como somos genuinamente”, dice Daniel Sánchez.

“En ausencia de la distracción digital, pueden surgir conversaciones más significativas y una mayor conciencia del entorno inmediato, recordándonos que, aunque la tecnología es una herramienta poderosa, no debe ser el único sostén de nuestra vida cotidiana”, agrega Jorge Silva.

Esta situación también se reflejó con claridad con el apagón del 25 de febrero. Las plazas de Chile que generalmente estarían vacías la tarde de un martes, estaban repletas de gente, particularmente familias conviviendo al aire libre.

Comentarios

Notas relacionadas