En una semana, el cantante se presentó en el Festival de Viña, publicó su nuevo disco y alcanzó un récord al agotar siete conciertos en el Movistar Arena. Sus colaboradores más cercanos explican a The Clinic las razones de su éxito mientras que él aborda los aprendizajes de su explosiva carrera, sus dudas en torno a dejar de hacer reggaetón y su búsqueda por encontrar una nueva forma de expresarse.
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¿Cómo celebra un joven de 24 años que agotó siete conciertos en el Movistar Arena en menos de un día? Kidd Voodoo lo hizo yéndose a la casa de sus papás en Maipú, donde todavía vive, y comprando McDonald’s para toda su familia. Llegó tarde, cerca de la medianoche, después de un intenso día donde se convirtió en el artista chileno que hará más shows consecutivos en el recinto del Parque O’Higgins, superando el récord de cuatro noches que tenían Los Tres y solo quedando atrás de los registros de Luis Miguel, Romeo Santos y Chayanne.
David León, el verdadero nombre de Kidd Voodoo, cuenta a The Clinic que la noche del miércoles fue “súper rara”. “Lo de los Movistar me dejó pensando toda la noche. Además, salía el disco al otro día, entonces estaba con una ansiedad horrible. Me puse a pelear con toda mi familia por mi ansiedad. Fue catastrófico, pero terminó muy bien. Ellos entienden muy bien las cosas que vivo y las cosas que estoy pasando. Es algo desconocido para nosotros y estamos tratando de tomarlo de la mejor manera”.
Unos días atrás, su amigo y colega Easykid también había agotado su primer Movistar Arena, por lo que temió que parte de su potencial público no iba a tener dinero para comprar una segunda entrada en tan poco tiempo. “Tuvo mucha inseguridad en ese momento, aunque me dijo que igual tenía reservada una segunda fecha por si acaso. Si le iba bien, esa es la expectativa máxima que tenía”, cuenta Cristóbal Urbina, su primo y compañero de banda en Resonancia Etérea.
Si en algo coinciden quienes lo conocen es que David es “buena persona” y “quitado de bulla”. DrefQuila, otro de sus colaboradores más cercanos y uno de los primeros en apostar por él destaca su voz y sus letras pero, sobre todo, su forma de ser. “Cuando supe que era un cabro súper humilde y sencillo fue más genial todavía. Sentí que aún no sabía que ya era una superestrella”, dice.
Princesa Alba, que colaboró con Kidd Voodoo hace un par de años en la canción “Winter love”, lo complementa: “Da la impresión a primera vista que el hueón es súper normal, como que podría ser tu vecino, podría ser tu primo. Entonces eso hace también que el fenómeno sea mucho más lindo y sea mucho más chileno. Él es demasiado piola y siento que eso se transmite en su imagen como artista. Es muy genio, pero muy piola”.
A pesar de eso, el mismo Kidd Voodoo admite que tuvo un período en que le costó lidiar con la fama. Fue el año pasado, después de haber participado en la obertura del Festival de Viña y luego como invitado estelar del show de Los Bunkers en el mismo certamen. Según él mismo ha contado, primero se expuso socialmente en exceso y luego, como un péndulo que vuelve, se aisló casi por completo.
Ahora que es el hombre récord, dice que se siente listo para enfrentarlo. “Yo quería que mi música se hiciera conocida, pero no había pensado en las consecuencias, que para mí al principio fueron muy malas. Porque soy una persona súper para adentro, me cuesta mucho sociabilizar, entonces viví un proceso donde tuve que mutar un poco mi persona. Hoy en día ese proceso está completado y ahora que vino este strike de más fama, que es mucho más fuerte que el anterior, estoy preparado”, señala.
Luego agrega: “Sé las cosas que no quiero hacer para no pasarla mal. No quiero abrumar mi cabeza saliendo a un lugar tan público y tener esa información en la cabeza que después me daña mi creación. Yo prefiero estar en mi casa, con mi amigos, con mi pareja, salir con mi mamá, irme a la playa, a una playa escondida y no decirle a nadie, para que mi cabeza siga siendo un lugar sano para la creación de más canciones. Así tiene que ser, sino voy a caer de nuevo en eso y la voy a pasar mal”.

Una propuesta para todos los gustos
Resonancia Etérea, la banda que integra Kidd Voodoo, junto a su primo Cristóbal Urbina, Ignacio Terrazas y Dhali Poblete, se formó en 2016. En ese momento, la voz de “Enrolar” ya había tenido otras bandas pero nunca se había aventurado a componer, algo que comenzó a hacer junto a su primo. “Ambos estábamos pasando por cosas y también queríamos expresarlas. Y encontramos la música como un camino también para poder desahogarse con las cosas que estaban pasando emocionalmente, sentimentalmente”, recuerda Urbina.
Junto a ellos, comenzó a foguearse en el mundo de la música. Tocaban rock, canciones largas y complejas, que más de alguna vez presentaron en bares con distintos resultados. A veces los felicitaban. A veces no. A veces incluso los echaban por lo chicos que eran.
“Mi frustración de los 15, de los 16, de los 17, era que nadie entendía la música que hacía porque me dedicaba a hacer rock. Y todo el mundo me decía: ‘¿Para qué haces eso si eso no se escucha?’ Y para mí era una desmotivación súper fuerte porque yo había estudiado un poquito. Había aprendido de manera autodidacta todo lo que sabía. Sabía tocar batería, bajo, guitarra, estaba aprendido a tocar piano y nadie me escuchaba. Todos como que tenían un prejuicio muy grande de mi música rock porque yo era el único que lo hacía”.
Con esas influencias dando vueltas, el David adolescente estaba en la vereda opuesta al incipiente fenómeno urbano y jamás prestó mucha atención a esos géneros. Hasta que escuchó “Hookah & Sheridan’s”, de Tommy Boysen, y descubrió que había una forma distinta de aproximarse a esos ritmos. De a poco empezó a incursionar como solista, ya bajo el nombre de Kidd Voodoo, y en 2019 subió las primeras canciones a plataformas de streaming.
A medida que agarraba vuelo, se alejaba cada vez más de su rol en Resonancia Etérea -que estará en Lollapalooza Chile- y de las demandantes rutinas de ensayo que tenía la banda. Eso sí, en julio de 2021 se volvió a reunir con sus compañeros del grupo para tocar.
Ignacio llevaba meses tocando un riff de guitarra que quería que fuera la intro de una canción pero no sabía cómo desarrollarla. Cuando David la escuchó, conectó rápidamente con la idea y empezó a crear a partir de ella. En un par de horas, tenían lista “Confortas pero dañas”, el mayor éxito de la banda hasta la fecha.
“Ese momento yo me acuerdo que me sorprendió porque el David por primera vez nos dirigió”, recuerda Ignacio Terrazas sobre la creación del tema y agrega: “Nos dijo: ‘Esto es lo que puede funcionar’. Era la primera vez que intentábamos una canción un poco más ligera, entre comillas. Nuestros temas igual eran largos, con muchos acordes y esto era como muy básico, muy sencillo”.
A partir de ahí, las dos facetas creativas de Kidd Voodoo comenzaron a avanzar paralelamente y a complementarse. El reconocimiento que empezó a ganar Resonancia Etérea permitió que en su ascendente camino urbano también se le viera como alguien distinto y capaz de abarcar otros sonidos, lo que también fue puesto en evidencia en parte de su repertorio solista.
El mayor reflejo de esa diversidad se vio en su reciente show en el Festival de Viña, donde Kidd Voddoo dedicó la primera mitad a interpretar sus éxitos bailables y la segunda a explotar su faceta más melódica, con un celebrado cover de “Angel para un final” incluido.
Hoy, “Confortas pero dañas” está viviendo un nuevo impulso gracias a la visibilidad que le dio el festival y está encabezando los primeros puestos del Top 50 de Spotify en Chile, un espacio que en el 99% de los casos es para canciones urbanas.
“Es bueno que la gente esté generando está amplitud de escuchar un perreo y después pasar a una canción como ‘Confortas’, que es para escucharla completamente sólo en tu pieza llorando. Es bacán y qué bacán ser el artista que le tocó vivir esto. Nunca esperé que fuera yo, la verdad. Siento que han salido tantos discos. El disco de la Mon Laferte está increíble, y también merecía meter una canción así al Top 50 pero tocó que nos pasara a nosotros como Resonancia porque tuvimos esa vitrina del festival. Me gustaría mucho que los artistas chilenos también se atrevieran a eso o que se abra un poco el espectro”, asegura.
Precisamente, los cercanos a Kidd Voddoo piensan que esa capacidad de tocar distintas teclas es una de las grandes explicaciones de los siete Movistar Arena agotados, además de la plataforma de difusión que implicó su paso por Viña 2025.
Princesa Alba lo explica así: “No es solamente un hombre que hace trap y reggaetón, sino que es alguien mucho más multifacético y mucho más músico y siento que eso cautiva a la gente. En lo particular, a mí me conmueve mucho que efectivamente el hueón sea buen compositor y que escriba canciones, también que tenga su proyecto paralelo lo encuentro muy bacán. Se nota que es muy melómano y cuando lo conocí también sentí mucho eso”.
Su hermano, Felipe, que trabaja como corista en sus shows, opina parecido. “El David, con la música que hace, siento que llega de otra forma a la gente y les toca de otra forma el corazón con la guitarra y con los sentimientos que él entrega”, apunta. Y Cristóbal Urbina, su primo, lo complementa. “Él agarra mucho rango etario. Entra por los niños, por la juventud, por el reggaetón, pero al final, yo creo que en muchas casas, sobre todo con el festival, se sentaron con la familia a verlo y a todos les terminó gustando”.

Buscando un nueva forma de comunicarse
En siete días Kidd Voddoo ganó dos Gaviotas en el Festival de Viña, agotó siete conciertos en el Movistar Arena y publicó su nuevo álbum, “Satirología, Vol. 3”. El trabajo, compuesto de 13 tracks, cierra una celebrada trilogía de discos y pone en evidencia las múltiples influencias del cantante, explorando en diversos sonidos y enlistado a una improbable lista de colaboradores, donde figuran los puertorriqueños De La Ghetto y Álvaro Díaz, Resonancia Etérea y Los Bunkers.
En el caso del grupo penquista, las primeras líneas de la canción fueron trabajadas a distancia aunque luego se reunieron a grabar. “Nos juntamos todos en un estudio. Éramos muchas personas en el estudio y se dio súper bien. En el momento que ya los chiquillos se fueron a sus casas, yo me fui a la mía y teníamos la canción lista , yo estaba freakeando, no podía creer que se hubiera dado realmente. Estoy súper feliz y siento que es un gran avance para la música chilena que se crucen esos mundos. Debería suceder un poco más seguido”, opina.
Entre enérgicos reggaetones, canciones de sensibilidad más rockera e incluso un acercamiento a la balada como “La verdad” o una aproximación al synth pop con “Dándole, dándole”, también aparece un interludio titulado “La explicación”. Ahí Voodoo envía un sentido mensaje a sus seguidores. Les agradece pero también dice, entre otras cosas “mi vida nunca se trató de que pasaran cosas buenas”, “en estos momentos me encuentro un poco cansado, siento que he dejado mi persona muy de lado” y “necesito volver a ser yo”.
Conversando con The Clinic, Kidd Voddoo aclara el significado detrás de ese texto. “Han pasado 18 horas del disco y es por lo que más me escriben. La gente se asustó un poco porque pensaron que me refería a irme de la música y no. Sí lo voy a dejar un momento porque necesito descansar, necesito crecer como persona para contar una historia nueva pero esa historia no sé si comunicarla en reggaetón. He pensado mucho en comunicarla en un disco de rock, pero de ahí a que pase, hay que esperar”, dice.
—Ahora que ya superaste esa frustración adolescente que comentabas, de no sentirte escuchado, ¿no piensas a veces en dejar la música urbana y darle más espacio a tus otras inquietudes?
—Sí. Es la pregunta con la que me duermo hoy en día, a ver si me atrevo, a ver qué pasa si me voy al rock. Es una jugada súper arriesgada, no te voy a mentir. comercialmente no es una buena idea pero a veces hay que atreverse. Yo no sé si lo voy a hacer. No te puedo dar una respuesta pero sí, la duda está sembrada en mi cabeza.
—¿Sientes que a veces el lenguaje de lo urbano se queda corto?
—No sé si corto, pero está muy encasillado. Los niños que empezamos a hacer música urbana tenemos ya el chip de que tenemos que vernos bien, de que tenemos que usar ciertas marcas, de que tenemos que andar con las pistolas. Y son cosas en las que yo también caí en un momento y mis amigos cayeron y hoy en día no. Eso te encasilla más. Yo siento que es mejor encasillarse con la palabra artista, de mirar para todos lados. Lo mismo que sucede con este disco que salió ayer, que la gente lo está catalogando como un disco experimental más que urbano. Eso me tiene muy contento.
—¿Y a veces te has sentido aburrido de tu propio repertorio urbano?
—Sí, me pasa caleta. De hecho lo primero que dijimos con los niños cuando salió el disco nuevo fue: “¡Vamos! Ahora vamos a cambiar algunas canciones del concierto”. Por mí que se peguen “Debo aterrizar”, “Frío”, “La verdad” (las canciones con Los Bunkers y Resonancia Etérea) y “Dándole”, para tener un show más experimental y no pasar de reggaetón en reggaetón. Como que igual uno se aburre de que sea tan monótono. Yo que vengo de escuchar discos de bandas muy antiguas, donde las cosas no son para nada monótonas, me gustaría mucho que mi show empiece con una canción de rock y termine con una canción de rock. No es por no valorar lo urbano, es solo que me tiene un poco cansado mi propia música urbana”.



