Opinión
23 de Marzo de 2025
Natalidad en picada: ¿Deberían pagarnos por tener hijos?
Por Gabriela Villalobos
Gabriela Villalobos aborda las últimas estadísticas sobre baja natalidad en Chile y las posibilidades de entregar bonos a quienes tengan hijos. "Es un tema urgente y, desde la ciencia, nos han enseñado que los incentivos correctos podrían llevarnos a solucionar ciertos problemas. En otras palabras, se podría crear un bono por hijo. No es una idea descabellada; hay países que han implementado beneficios económicos para aumentar la tasa de fertilidad", escribe la columnista, quien de todas formas, pone dudas en la efectividad de las medidas. "Los argumentos para tener hijos por lo general se quedan cortos cuando los vemos puramente por el lado de la razón. Difícilmente entonces reaccionaremos a incentivos económicos", analiza.
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Dejemos algo en claro: los chilenos no nos estamos extinguiendo, pero sí disminuyendo. Según las últimas cifras del INE, en 2023 las mujeres tuvimos, en promedio, 1,16 hijos o hijas. Esto significa que no logramos tener la descendencia suficiente para reemplazarnos cuando fallezcamos. Así de simple. La inmigración ha ayudado a amortiguar esta tendencia, pero no logra compensar el hecho de que cada vez somos menos los que optamos por tener hijos y menos aún los que tenemos más de uno.
La población chilena está cambiando. Vivimos más tiempo: según los últimos números, nuestra esperanza de vida subió de 79,8 años en 2022 a 81,4 en 2023. En un par de años, la población estará más concentrada en la tercera edad que en la juventud, en los jubilados que en la población trabajadora. Tenemos un sistema con un componente de ahorro individual, donde cada uno vela por su propio futuro, pero con la reforma hay ciertos componentes de ahorro colectivo que requerirán aportes de los trabajadores a los pensionados. Es decir, se necesita una población joven y laboralmente activa. Además, contamos con la PGU, que se entrega con recursos públicos, los cuales dependen de los ingresos fiscales. Estos, a su vez, provienen principalmente de impuestos. Con menos personas, se genera menos producción y, por ende, menor recaudación.
Es un imperativo para nuestras finanzas públicas reproducirnos más. Ni hablar del tema social y de la soledad de los adultos mayores, quienes también requieren cuidados por parte de una población más joven.
Es un tema urgente y, desde la ciencia, nos han enseñado que los incentivos correctos podrían llevarnos a solucionar ciertos problemas. En otras palabras, se podría crear un bono por hijo. No es una idea descabellada; hay países que han implementado beneficios económicos para aumentar la tasa de fertilidad. Desde Singapur hasta Italia, pasando por Luxemburgo, Australia, Lituania e incluso Argentina, se otorgan incentivos económicos por tener descendencia.
Hay que entender que no estamos solos en este desafío. El 53% de los países en el mundo tienen una tasa de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo, al igual que Chile. Por lo tanto, desde las Naciones Unidas proyectan que la población mundial alcanzará un pico en 2080, pero luego comenzará a disminuir.
Un caso extremo ha sido el de Corea del Sur, donde, en promedio, las mujeres tienen 0,7 hijos, lo que ha llevado al gobierno a cerrar alrededor de 50 colegios por falta de alumnos. Desde el 2001, el Estado ha entregado bonos por cada hijo: 2 millones de wones para el primero (aproximadamente $1,2 millones) y 3 millones de wones para el segundo. A esto se suman otras ayudas significativas en materia de cuidados postnatales y beneficios educativos. Aunque a inicios de la década de los 2000 efectivamente hubo un aumento en la tasa de fertilidad, la tendencia ha sido a la baja desde 2010.
Hay quienes señalan que, más allá del pago efectivo, existe un problema de género. Corea del Sur tiene la mayor brecha de ingresos entre hombres y mujeres de la OCDE. El sueldo de una trabajadora alcanza apenas dos tercios del de su par masculino.
Movámonos más al norte, entonces, a los países nórdicos que han avanzado en esta materia. Suecia es el país con la menor brecha de género. Existe una, pero es considerablemente menor al resto del mundo desarrollado: una mujer gana, en promedio, el 90% de lo que gana un hombre. Según el economista experto en demografía Gunnar Andersson, de la Universidad de Estocolmo, estos números han sido posibles gracias a los esfuerzos por fomentar el empleo femenino como una manera de incentivar nuevos nacimientos. Estas iniciativas han sido exitosas para transformar a la sociedad en una más igualitaria (aunque aún no se ha logrado en su totalidad), pero no han conseguido su principal objetivo. Aunque la brecha se ha reducido en las últimas décadas, la tasa de natalidad también ha disminuido de manera persistente en la última década.
Puede que existan factores laborales que hayan cambiado nuestras decisiones reproductivas. En Chile, las mujeres postergamos cada vez más la maternidad. En 1992, la mayoría de los nacimientos se producían en mujeres de entre 25 y 29 años, mientras que ahora, la mayoría se concentra en el grupo de 30 a 34 años. Sociólogos y expertos laborales han indicado que esto se debe a nuestro deseo de hacer carrera en el mundo laboral, ya que se espera tener mayor estabilidad en el trabajo antes de ausentarse por meses para dedicarse a los primeros meses de un recién nacido.
Hay desafíos gigantescos en el mercado laboral en materia de género. La sociedad está perdiendo talento por no considerar el trabajo no remunerado y de cuidado que asumen millones de mujeres en el mundo. La flexibilidad evidentemente es clave para aumentar la participación laboral femenina, pero este es un acto para aprovechar las capacidades de nuestra población y, de paso, hacer justicia. No implicará necesariamente un aumento en la natalidad. ¿Por qué?
Acá una reflexión personal: tener hijos no es necesariamente un acto racional. Tiene que ver con concepciones culturales. Incluso para algunos es una decisión absolutamente emocional. Evidentemente, la planificación familiar muchas veces pasa por determinantes económicos. Pero los argumentos para tener hijos por lo general se quedan cortos cuando los vemos puramente por el lado de la razón. Difícilmente entonces reaccionaremos a incentivos económicos.
¿Significa esto que las políticas públicas para apoyar a quienes tienen hijos no sirven? Ciertamente no. Pero reconozcamos que el puro hecho de establecer incentivos económicos no nos ayudará a llevar la tasa de natalidad por sobre el nivel de reemplazo. No somos tan racionales.



