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14 de Mayo de 2025

Soy voluntaria de la Fundación Abrázame para acompañar a bebés abandonados en hospitales: “Le entrego amor, pero él también me entrega a mí”

María José Flores (46) es madre y voluntaria de la Fundación Abrázame. Es psicóloga y decidió pasar por el proceso para estimular y dar amor a bebés en situación de abandono.

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“Cuando era guagua, mis papás no me podían cuidar. Así que a los seis meses llegué al hogar. Crecí con muchos niños y niñas. Teníamos varias tías que como pulpos nos trataban de tomar en brazos, pero éramos demasiados. Nadie me acurrucaba para dormir ni me abrazaba cuando lloraba.  Aprendí a cuidarme solo…” 

Esas fueron las primeras palabras que escuché, en una publicación de redes sociales, de la Fundación Abrázame. En ella contaban la historia de un pequeño niño que creció sin abrazos. Que se convirtió en piedra al no recibir afecto, pero todo cambió cuando conoció “a la tía Daniela”. Ella iba a contarle cuentos y a darle abrazos al hogar en donde estaba. Desde ese entonces supe que quería ayudar, que quería convertirme en la “tía María José” y ayudar a esos pequeñitos. A llenarlos de amor. 

El 12 de abril recibimos a nuestra primera guagua. No se movía, no me miraba. A pesar de que había luz en la habitación, no brillaba. Pero me estoy adelantando un poco. El proceso para llegar a ese momento, para conocer a ese niño que necesitaba amor comenzó el año pasado. 

Pasé por reuniones informativas donde nos explicaron lo más general. Cuánto iba a durar el programa, el tiempo que tenía que dedicar. Se trataba de visitas que se debían concretar todos los días de la semana. Pero yo estaba completamente decidida. Dentro del proceso también se incluye una reunión donde se nos explica qué pasa con aquellos bebés y niños que no son estimulados a temprana edad. Cómo influye la carencia afectiva, cómo afecta en su crecimiento. Y yo quería detener eso. Yo quería ser una pared entre las consecuencias de no tener apego. Yo no quería más niños de piedra.

Los últimos pasos para la selección estaban cerca. Era una entrevista psicológica y otra psiquiátrica. Las pasé. A inicios de noviembre me dijeron que estaba seleccionada. Ya era una voluntaria de la Fundación Abrázame. Todos los días lunes tenemos que asistir a una reunión, una suerte de seminario que dura lo que dura el acompañamiento. Para enfrentar las consecuencias, las emociones desbordantes. Apoyarnos entre todos. 

“¿Por qué ser voluntaria de la Fundación Abrázame?

Ya era hora de conocer a mi primera guagua, a quien iba a acompañar hasta que se concrete su adopción o hasta que sea integrado a un hogar de acogida. Es una hora de viaje hasta la residencia que queda en la comuna de Providencia. No lo voy a negar, al principio fue difícil, pero ya forma parte de mi rutina. Como respirar. Como trabajar. Es algo que hago con gusto. Ese bebé tiene seis meses. Trabajamos en duplas, así que alguien lo ve por la mañana y por la tarde. Me asomo a su cuna. Ahí está mi bebé de piedra. No se mueve. Lo tomo y no me mira. Le hablo y no pasa nada. No me rindo. Sigo viniendo con la misma esperanza. 

¿Por qué ser voluntaria de Fundación Abrázame? Supe que se trataba de niños a los que nadie iba a ver. Ni siquiera un tío, una abuela, nadie. Fue algo que me movió entera a poder postular y entregarme a esto. Si puedo ayudar con esto, a un bebé, y poder acompañarlo para sacarlo de su estado, tengo que poner todas las ganas. Recuerdo que me entregaron al bebé cuando estaba hospitalizado. Estaba con un cuadro de bronquitis, que no había sido el primero. Se necesitaba urgentemente que fuera acompañado. 

Lo estuvimos acompañando en el hospital, allí estuvo como por una semana. Era de piedra, pero esa piedra se empezó a quebrar. La luz empezó a salir por esas grietas. Le hablo, lo saludo. Antes no pasaba nada, pero ahora  él me conoce. Empieza a aletear, mueve sus patitas, le canto canciones y responde al estímulo. Comienza a balbucear. Tiene seis meses y todavía no se sienta, hemos trabajado en eso, en estimularlo harto y el niño ya se está sentando. Ya no es un bebé de piedra.

Intento llegar justo a la hora de su papa. Lo mudamos, le damos su leche. Jugamos harto. Nos reímos y me emociono. Lo estimulamos y después el tutito. A dormir contento. Lo miro y me doy cuenta que estoy enamorada de este bebé. Que va a ser difícil separarme y por eso es el grupo que nos sostiene. Pero es tanto el amor que se recibe. Yo le entrego amor a él, pero él también me entrega a mi. Yo también estoy creciendo con él.

Hoy llego nuevamente a la visita y las tías me dicen: ‘tu niño está muy mañoso. Es el primero al que le tenemos que dar la leche porque no sabes como ha llorado por la leche”. Pongo cara de ‘chuta, perdón’. Pero por dentro estoy tan contenta. Porque ese bebé ya llora, ya sabe que si llora alguien lo va a ayudar. Sabe que alguien irá a su rescate. Que rico que estás llorando. Eso mi bebé, llora, pide todo lo que tu quieras. 

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#apego#Fundación Abrázame

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