Entrevistas
14 de Junio de 2025Romina Pistolas, escritora éxito de ventas y stripper: “Siempre va a haber gente que va a decir: ¿Cómo que no le da vergüenza?”
En esta entrevista, Romina Pistolas comenta sus inicios como stripper en Australia y cómo esa experiencia la llevó a crear contenido en plataformas como TikTok, podcast Too Pretty to Work Here y el libro Carmen o cómo me inicié en el negocio de bailar sin ropa que ya va en su cuarta edición. Además, habla sobre sus nuevos proyectos, entre ellos un libro que profundiza en su infancia en Calbuco y la relación con su madre, un relato que busca explorar sus raíces y desentrañar cómo éstas influenciaron en su llegada al mundo del trabajo sexual.
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“Dios escribe recto con renglones torcidos” es un maravilloso dicho de señora que más encima puede resultar cierto. Por ejemplo, el tres de mayo del año 2023, cuando Romina Pistolas, criada en Calbuco bajo el nombre Romina Gómez, subió su primer video a TikTok:
“Hola. Me llamo Romina, soy chilena y vivo en Australia hace diez años. Vivo en Melbourne, ahora, frente a la policía, y llevo trabajando de stripper diez años. Aquí está mi casita y mis bolsitos. Como subí de peso, me echaron del club y tuve que buscar otro”.
El plan era que un tumulto de hombres llegara a su cuenta de TikTok @quequemalo y terminaran en su Onlyfans para así lograr poder juntar la plata que ganaba en el club.
Pero, el plan no resultó cómo esperaba: empezaron a llegar mujeres.
Un tumulto de ellas que querían a escuchar las historias que Romina empezó a desplegar en distintos formatos de un mismo diario de vida:
En la cuenta de TikTok, con videos con miles de reproducciones. En su podcast Too pretty to work here, uno de los que se encuentra en tendencia en Chile, donde participa junto a Gabriela Rivas, sexóloga, socióloga y también stripper en Australia. En su corto documental Refracciones del deseo, donde muestra la relación que trasciende lo económico con algunos clientes del club y se termina transformando en un modo de afecto y empatía. En un libro de fotos de la vida cotidiana de la noche de las strippers. En un fanzine que aún no se publica en colaboración con la ilustradora Cata Bu. En un blog para su Patreon. O en su libro Carmen, o como me inicié en el negocio de bailar sin ropa, publicado por editorial Cuneta en 2021, pero ya con una cuarta edición, gracias al nuevo aire que le dio TikTok.
Esta enumeración es un intento de mostrar algo nada cuantificable: la fidelidad y fervor de quienes la siguen. Un fervor que se parece a la veneración a una celebridad, pero también a la admiración a alguien que quieres –de todo corazón– que sea tu amiga porque es una versión más divertida y con mejores historias que las que una puede tener, pero que al mismo tiempo te pueden identificar. Sube y baja y sube de peso. No oculta la felicidad que le da ganar plata. Cuenta qué cosas la ponen ansiosa. Responde de manera rápida y divertida a comentarios sobre su físico, por ejemplo cuando alguien le dice que por qué con toda esa plata no se arregla sus dientes separados. Y la respuesta es: “porque me encanta”.

Romina Pistolas y su relación con los hombres por su trabajo de stripper: “Me ha hecho estar más empática”
En una clasificación breve de los comentarios en sus redes sociales, están los elogiosos, los insultantes, los derechamente raros y los curiosos: ¿cómo empezaste?, es uno que se repite, a veces donde se intuyen las ganas de sus seguidoras por imitarla.
Romina creció en Calbuco, un pueblo-isla al sur de Chile de menos de 35 mil habitantes, estudió Traducción en Santiago y partió a Sydney con una visa Working Holiday. Trabajó limpiando casas y luego en una óptica. En esos días, cuenta en su libro, salió de fiesta, escuchó un acento chileno en la fila al baño y se hizo amiga de la chiquilla del acento, Karla, que le dijo que se estaba perdiendo en Sydney, que se fuera con ella y siguiera sus pasos: ser stripper.
Romina lo había pensado antes de conocer a Karla, pero se desanimó rápido. Fue a un club a tantear y sólo vio cuerpos perfectos y, todavía más intimidante, vaginas perfectas.
Pero el ánimo le volvió por dos cosas. La primera, muy importante, es que Karla era como ella. Bajita, sin un cuerpo hentai. La segunda, urgente, es que se quedó sin trabajo. Entonces se fue de Sydney a Perth, una pequeña ciudad minera de Australia a probarse a un club. Pésima suerte, no ni contratando. Pero se quedó a mirar y volvió a encontrar la calma que le dio ver a Karla. Eran mujeres como ella –ninguna fantasía salida del porno más estereotípico– y hasta había una que se parecía a Anabelle –pelo quemado incluido– y que no dejaba de facturar.
El deseo es inatajable, va por otro lado, entendió, y a los dos días estaba en una audición para otro club, donde sí quedó, fue bautizada como Carmen y ganó 400 dólares en apenas un rato. Con una suerte nueva y desconocida, siguió entendiendo cosas sobre el deseo y el ego que al resto del mundo le toman la vida entera. Por ejemplo, cuando un asistente al club la miraba, pero pasaba de largo y bookeaba a otra stripper.
“Eso no quiere decir que yo sea menos, sino que quiere algo diferente. Y que quiera algo diferente no quiere decir mejor”, reconoce.
–A la pregunta del cómo empezaste, se suele sumar el por qué. A veces, desde la curiosidad. A veces desde el juicio…
-La Gabi, el otro día decía en el podcast algo muy acertado: dejemos de hablar de por qué las mujeres trabajan en estas hueás y empecemos a investigar qué pasa en estos lugares. ¿Quién va? ¿Por qué van? ¿Qué dinámicas se están dando? Es un lugar increíble para estudiar a las personas porque nadie tiene ningún motivo para mentir. Entonces toda la gente que va, va a ser increíblemente honesta. Las bailarinas y los hombres. Nadie tiene nada que perder…deberíamos empezar a aprovechar el acceso a la información que tenemos del comportamiento de los hombres en este momento.
–El otro día te preguntaron en esas preguntas de stories de Instagram si, por tu trabajo, odiabas más a los hombres. Dijiste que no…
–No. Y todo lo contrario. Me ha hecho estar más empática y pararme en círculos de amistades, y dar la opinión controversial de que cuando se ríen de que “jajajá, miren los hombres que están sufriendo, miren que son hueones”. Y yo como, ¿real? Mientras más nos burlamos de eso, mientras más los dejamos como ahueonaos y más los dejamos fuera, más polarizamos los géneros. Porque nos tenís un lado del Internet a nosotras, diciendo: “Los hombres son inherentemente violentos, son una mierda”. Y del otro lado tienes a este hombre que te dice: “los hombres somos poderosos y debemos retomar el poder que tuvimos alguna vez”. Yo vivía en una ciudad chica y veía cómo los mineros se gastaban todo el sueldo de una semana en una noche de ir a llorar al club, en una noche de abrazar, en una noche de que los escucharan.

La garza dándole combate al río
Yo vi de una garza mora/
Dándole combate a un río
Son los dos primeros versos de “Tonada de luna llena”, una canción de mediados de los años 50`que Romina escuchó en voz de Caetano Veloso. Y aunque quizás, como la mayoría de las canciones, habla de amor; Romina la leyó como alguien que da la pelea contra algo impuesto y tremendo.
Por su libro Carmen, salió del clóset del trabajo sexual, un anonimato común incluso en Australia, que es harto menos hostil que Chile, con clubes mejor regulados, mayor protección a sus trabajadoras y donde una mujer no corre el peligro que conlleva la calle. Por eso marcha y habla. “Proud sex worker”, se lee en un letrero que sostiene Romina en una manifestación.
La foto del orgullo ilustró una entrevista que le hicieron en Fast Check, donde el titular fue: “Las trabajadoras sexuales somos la primera línea de la salud mental masculina” Por una casualidad mala, la entrevista se publicó el día de su cumpleaños. Demasiada densidad emocional para además recibir troleos de gente que no sabía y seguro ni le interesaba que Romina y sus compañeras viven bien seguido escenas como ésta:
“El otro día un hombre me dijo que no había tenido sexo en como cinco años porque ya no se le paraba. Había tenido cáncer de próstata y se la sacaron. Y por eso ya no tenía citas, ni aspiraba a encontrar una compañera. Me decía que sin pene no era un hombre. Yo le decía: “¿pero y la boca? ¿Y las manos? ¿Y los juguetes? Las lesbianas no tienen pene y según estudios tienen vida sexual más satisfactoria que las personas que salen con personas con pene”. Y mientras yo le decía esas cosas, se le iluminaba la cara, como si nunca hubiera pensado en que existía esa posibilidad. Terminamos hablando por horas”.
Entonces, dolida, se enfrentó a los comentarios a la entrevista.
–Eran como, no sé, ochocientos mensajes y sí: los empecé a leer. Igual siento que el titular fue súper sensacionalista…
–A mí me gustó el titular, lo que pasa es que quizás a nadie le interesa leer una entrevista ahora. Hay más ganas de descargarse nomás…
–Es que no entienden, no les cabe en la cabeza. “No te vamos a dejar salir de donde tú deberías pertenecer, que es al margen social”. “No se te ocurra hacer ruido, no se te ocurra mostrarte, no se te ocurra hablar de tu experiencia, no se te ocurra estar presente en la sociedad, porque podemos pagar, podemos masturbarnos con porno, podemos disfrutarlo a morir, podemos disfrazarlo de arte. Pero el trabajo en sí, no me lo digas, no existe”.
Entonces tú tienes razón. Independiente del titular, de lo que yo diga, siempre va a haber gente que no le compute, que va a decir “¿Cómo que no le da vergüenza? ¿Por qué va a estar orgullosa?” “Ah pero cómo te ganaste esa plata y qué tuviste que hacer y lalala”. Ellos ya tienen en su cabeza qué debe ser una. Por eso nuestro podcast con la Gaby se llama Too Pretty to Work Here.
Porque cuando nos ven como alguien que podría ser sus hermanas o sus mujeres, capaces de tener una conversación, siendo simpáticas y bonitas accesibles, no bonitas como de Hollywood, sino que simplemente como la girl next door, te dicen “tú eres demasiado bonita para trabajar acá”. Pero lo que realmente están diciendo es “tú eres demasiado normal”. Y bajo eso está el juicio de cómo esa va a ser tu primera opción de trabajo y no la última.
–Yo ahí me preguntaba ¿por qué la Romina quiere dar esta entrevista? Someterse a los comentarios y todo eso.
–¿Te doy la respuesta real o la respuesta para la entrevista?
–Jajajaja.
–Cuando salió Carmen, me di cuenta de lo importante que era que hubiera un testimonio en primera persona de una trabajadora sexual. De lo importante de que nosotras nos tomemos espacios que en verdad, históricamente se nos han negado. Y luego también pensé que quizás puedo vivir de mis talentos, de lo que me hace feliz.
Yo sé que el camino de la literatura es difícil y que, no sé, hay que ser Mariana Enríquez para vivir de esto y ¡todavía Mariana Enríquez hace talleres!, pero bueno. Ahora que soy una trabajadora sexual, a viva voz, se me cerraron las puertas para otros trabajos. Antes pensaba: “Si yo fallo en todo: si me va mal en el amor, en Australia, si extraño mucho, si cualquier hueá, siempre puedo terminar, irme, hacer una pedagogía y enseñar inglés en Calbuco”. ¿Cachái? Ese sueño se murió. Ahora me di cuenta de a qué nivel me casé con un camino y si no lo logro hacer en el arte, entonces yo no sé qué voy a hacer.

Romina Pistolas: “Le dije a mi psicóloga: tengo miedo de que tú pienses que yo soy una mala persona”
El próximo libro de Romina, sin título confeso pero ya en proceso de edición, no es la continuación de Carmen, sino su precuela: la vida en Calbuco, la infancia, la figura de su mamá, que en un inicio le había prohibido escribir sobre ella.
–Le dije a mi psicóloga: “yo tengo miedo de que tú pienses que yo soy una mala persona”.
–¿Por qué?
–Estoy hablando de mi madre y estoy exponiendo una historia como por ser una buena escritora. Como por ser esa persona que no tiene complejo en compartir absolutamente todo, incluso algo que pueda ser como demasiado privado. Yo no sabía cuán protagonista iba a ser mi madre cuando empecé a escribir y de pronto empecé a develar un misterio: ¿quién es ella?
–¿Pero le vas a mandar el borrador?
–Sí.
–¿Y si no quiere que lo publiques?
–Voy a ser una mala hija… o una buena hija. Y ella tendrá que decidir si va a ser una buena madre…
Antes de Carmen, nadie de su familia sabía de qué vivía en Australia. Cuando ya llevaba buena parte de la novela escrita, Romina les contó esperando el fin del mundo y recibiendo otra reacción de vuelta. Su papá no sólo se lo tomó bien, sino que también ha leído el libro unas diez veces y le regala copias a todo el mundo. Su mamá, le dijo que estaba orgullosa de ella, pero no se ha animado a leerlo aún.
–¿Te gustaría que lo leyera? ¿O es más bien una calma que no lo lea?
–En parte, me gustaría que lo lea porque hay momentos canónicos en mi vida en los que ella es responsable directa y que me han permitido ser una mujer segura y libre. Pero ahí también leería otras partes. Tal vez tendría que mandarle una selección- dice Romina y se ríe con sus hermosos dientes separados.



