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¿Cómo nació tu interés para dedicarte a la ilustración?
– Primero estudié diseño industrial durante dos años, en Concepción. Las clases me gustaban pero tenía otras que eran de dibujo y las disfrutaba más. Me gustaba mucho más la concentración, los detalles y todo el proceso que involucra ser dibujante. Cuando chica siempre tuve harta energía creativa pero la fui canalizando de a poco y después me vine a Santiago a estudiar ilustración.

¿Por qué decidiste venir a estudiar a Santiago?
– Porque en Concepción no hay escuelas de ilustración, en cambio acá hay tres. Elegí ARCOS porque quedaba cerca de donde me vine vivir y porque mi primo, que es pintor, me recomendó ese lugar y en verdad fue entretenido. Creo que la ilustración tiene mucho de autodidacta, entonces mientras estudiaba empecé a hacer mis primeras pegas, mis primeros proyectos personales, siempre tratando de mantenerme dibujando y consciente de las cosas que se estaban haciendo en Chile y en el resto del mundo en cuanto a la ilustración. Gracias a Internet empecé a moverme un montón.

¿Actualmente te dedicas cien por ciento a la ilustración?
– Trabajo freelance para prensa, libros de editoriales, agencias, marcas y de todo en realidad. Incluso a veces hago pedidos personales. Trato de ir limitando lo que hago a las cosas que corresponden más con mi trabajo y mi trazo.

¿Cómo es la relación que tienes con las marcas con las que trabajas?
– Las marcas se están moviendo mucho con el tema de la imagen, están cambiando su modelo de trabajo y buscan como rostro a personas más normales o a profesionales que tengan seguidores en sus redes sociales. Cuando las empresas me ofrecen algunas cosas, trato de limitarme a mi trabajo y que este hable por sí solo. Está súper de moda que las empresas tengan embajadores, pero a veces el trato que ofrecen es un poco injusto. Por ejemplo, una vez me ofrecieron un whisky pero yo no tomo eso, y otra vez me ofrecieron manejar un auto para una marca y yo ando en bicicleta. Entonces trato de ser fiel a lo que soy y no nublarme con los regalos que no me sirven, sino aceptar colaboraciones que corresponden con mi estilo de vida.

¿Decidiste ser freelance o fue algo que se dio en el camino?
– Cuando estaba en la universidad nunca me proyecté a qué iba a hacer cuando terminara, entonces se fue dando en el camino. Como estaba estudiando, no podía trabajar de forma fija en una agencia. En un momento lo pensé y después me di cuenta que en verdad no lo necesitaba, que podía mantenerme siendo freelance. Mientras estudiaba, fue un proceso largo aprender a manejar mis tiempos, mis lucas y un montón de cosas que se deben saber para ser independiente.

En ese sentido ¿Cómo es tu rutina laboral?
– Cambia todo los días pero trato de levantarme temprano y ahora tengo un taller en mi casa. Estuve en una oficina pero no me funcionaba porque soy súper distraída y cuando comparto taller con otra persona termino haciendo nada. Mi rendimiento baja un montón porque tengo muchos problemas de concentración. En tres segundos ya estoy en una página viendo gifs de perros. Me desconcentro súper rápido.

Ahora que tengo mi taller siento que puedo ocupar mucho más el tiempo y no estoy con nadie más que conmigo, con mis materiales y mi computador. Tengo una pizarra donde voy anotando lo que tengo que hacer en el mes y en el día. Trato de organizarme lo máximo posible porque, en el fondo, soy mi propio jefe y eso tiene un montón de responsabilidad. Es como una pelea o una dualidad entre querer ser responsable y querer hacer nada.

¿Cumples con un horario laboral o tu rutina es más flexible?
– Trato de tener un horario y mantenerme respondiendo correos de nueve a ocho de la tarde. Después de eso me doy la libertad de parar de trabajar. Muchas veces también trabajo en la noche porque ocupo la mañana en otras cosas. Voy haciendo malabares con mis fragmentos de tiempo pero, en general, intento separar bien las cosas.

Cuando eres independiente y te dedicas a la ilustración, las cosas siempre se van a ir mezclando. Nunca dejo de ser ilustradora y no se da esa transición de las personas que salen a las seis de su oficina y pasan a ser una persona libre. Yo no tengo esa raya en la cancha, pero trato de hacerla porque sino me volvería loca.

¿Cómo desarrollaste tu estilo de ilustración?
– Me pasó que empecé a disfrutar más de un tipo de ilustración que, en el fondo, era mi estilo, con mucha menos técnica clásica, no tenía buenas proporciones ni perspectiva, pero la disfrutaba mucho. Significó aprender a aceptar la manera en que yo dibujaba. Me imagino que la búsqueda del estilo debe ser súper frustrante, por suerte no la tuve. Fue más un proceso de aceptación que de búsqueda.

¿Esa aceptación se dio cuando estudiabas ilustración o antes?
– Cuando chica dibujaba más como ahora, porque no tenía la presión de querer ser una ilustradora. Después, en el instituto de ilustración, empecé a soltarme de a poquito y al publicar en las redes sociales mis dibujos más ridículos, por así decirlo, sentí que funcionaban.

¿Fue ahí cuando nace la idea de crear el “Diario de un Solo”?
– Nació el 2013, cuando estaba aceptando mi estilo. Empecé a disfrutarlo y a entender que en la escuela no tenía que solamente agradar a mis profesores, porque ese era el error que estaba cometiendo con mi trabajo. En un momento agarré seguridad y como quería trabajar haciendo comics me dije “ok, voy a intentar hacerlo y voy a hablar de mi propia vida o de cosas que me den risa”. Fue súper interesante porque fue justo durante ese proceso en que estaba saliendo de la universidad y estaba disfrutando lo que me gustaba hacer, fue liberador. También fue mi proyecto de título.

¿Cuándo aparece la opción de publicar tus viñetas en una editorial?
– Mientras estaba pensado en mi proyecto de título, ya había comenzado a publicar la historieta, a través de un webcomic que empezó a difundirse por Internet. En un momento me junté con Alberto Montt y me dijo que debía imprimirlo, que la gente que lo leía también pensaba eso y que podría ser un libro.

Me dieron ganas y comencé a ver la posibilidad con una editorial que no me pescó mucho, pero después Catalonia me buscó y me dijo que lo querían imprimir. Todo se dio naturalmente.

Al momento de escribir las viñetas, ¿Qué tanto tiene tu personaje de Catalina Bu?
– De todas maneras el “Solo” soy yo en gran parte, pero no siempre, es ficción igual. El mono se parece a mí, pero parece ser una cosa rara o un hombre que tampoco es tan hombre. Fui jugando con esos elementos. A mi proyecto de título le puse “semi-autobiográfico” porque no soy yo, pero son cosas que pienso, que veo y que me dan risa. Cosas que vi en Internet o escuché de mis amigos y pensé “esto vale la pena usarlo”. A pesar de que no aparezco dibujada en el libro, siento que estoy igual. Creo que la identidad del autor se cuela por las páginas de cada libro, es como imposible escapar.

¿Cómo es el proceso para armar una viñeta y para escribir el guión que aparece?
– Yo no escribo, solo anoto ideas en un papel y después se transforman en un guión. No tengo un proceso de escritura, pero sí voy dibujando a medida que se me van ocurriendo cosas. También tengo un Word donde escribo ideas y ahí me voy imaginando las seis viñetas.

En tu segundo libro, el “Solo” presenta algunos cambios en comparación con el primero. ¿Eso fue intencional?
– Se dio. Creo que el segundo libro no quiere tanto hacer reír desesperadamente, sino que hay un tema interior distinto. El “Solo” está viviendo la soledad mucho más tranquilamente, sin quejarse tanto, menos mañoso, creo que evolucionó. Al principio recién estaba solo y ahora ya lleva unos años solo.

¿Tuvo algo así como una maduración?
– Claro, muy leve. También quise seguir haciendo lo mismo porque el libro no es una novela gráfica, entonces es como “Condorito”, es infinito.

¿Cuál es la diferencia entre lo que haces y la novela gráfica?
– Esta es una historieta, no tiene el ritmo de una novela gráfica, como lo que hace Gay Gigante, por ejemplo. En cierta medida hay dibujantes que creen que decirle novela gráfica a los comics es para que la gente los lea.

¿Crees que en la percepción colectiva existe ese prejuicio hacia el comic?
– Un poco, puede ser. La gente es súper buena para presumir, para hacer todo con prejuicios, les gusta encasillar todo o poner estereotipos. Algunas personas tienen la percepción de que la gente que lee comics juega videojuegos y usan poleras metaleras.

¿Tienes referentes chilenos?
– Malaimagen me gusta mucho. Es un genio, me encanta su sencillez y que al mismo tiempo sea súper irreverente. Me gusta que sea políticamente incorrecto. Alberto Montt también, porque creo que tiene un humor…soy muy fanática del humor. Algo que admiro infinitamente es a la gente que puede tirar una buena talla sin herir, aunque en el 2016 es imposible tirar una talla sin pasar a llevar a alguien. Cuando la irreverencia pasa a ser buen sentido del humor me parece admirable. Lo que hace la Paloma Valdivia también me gusta, encuentro que es súper profesional.

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¿Crees que el “Solo” tiene algo de esa irreverencia de la que hablas?
– Sí, de todas maneras. Hacia otro tipo de cosas, más sociales y no tan políticas.

¿A por ejemplo estar en un carrete y querer irse temprano a la casa?
– Claro, a esas tonteras. La escritora que prologó mi libro, Constanza Gutiérrez, lo definió muy bien porque dijo: “La vida social a veces es como una penitencia infinita, una rendición de cuentas sin sentido”. Entonces al “Solito” le dan lo mismo esas cosas, uno se estresa pero tenemos todo el derecho a hacer lo que queramos si estamos cansados y queremos dormir. El “Solito”, en ese sentido, tiene esa irreverencia que me gusta mucho. Me gustaría ser así.

La ilustradora Frannerd, en entrevista con este medio, dijo que tenía elementos en común contigo porque las dos ilustraban lo cotidiano, ¿Lo sientes también como un punto de encuentro?
– Sí, creo que las dos tenemos ese punto en común, de encontrar humor en las cosas más sencillas. Siempre veo los videos que hacer la Frannerd, donde muestra su día a día y son muy chistosos. Sus monos también son así. Ella es más autobiográfica, pero nos une la simpleza del contenido, aunque no por eso no logramos tocar fibras de otras personas. Por eso creo que nuestros trabajos han funcionado, porque la gente se identifica con nosotras.

¿Cómo crees que recibimos el humor los chilenos?
– Creo que se están dando espacios nuevos para que la gente haga más humor, desde el stand up comedy hasta las gráficas. Creo que el universo del meme y las cosas tipo “Por la Puta”, han hecho que Chile disfrute un montón. Hay un buen panorama en el humor en Chile.

¿Crees que ha existido un boom de la escena gráfica chilena durante los últimos años?
Me cuesta decir que es un boom, porque creo que ya está establecido. Para la gente sí lo puede parecer porque las redes sociales se están llenando de gráficas y eso está bueno. Las revistas están contratando a más ilustradores y están volviendo a utilizar ilustraciones por sobre fotos en redes, revistas, agencias y en marcas.

¿Crees que en Chile existen espacios de encuentro para los ilustradores?
– Sí, se está armando porque es algo más o menos nuevo, pero sí. La Galería PLOP! es como el epicentro de todo esto y están haciendo un montón de actividades para los ilustradores. También hay festivales, ferias de fanzines y hasta en el Palacio de La Moneda se han dado estas instancias. Lo bueno de la ilustración es que tiene mucho underground, todo ilustrador partió desde abajo, imprimiendo en la esquina de su casa y eso es súper interesante porque todos empezamos a autogestionarnos y hay mucha camaradería entre nosotros.