Opinión
11 de Julio de 2025
La nueva Superman de James Gunn: nada más rebelde que ser humano
Por Cristián Briones
El crítico cinematográfico Cristián Briones analiza el estreno de Superman de James Gunn. "Un personaje que antes encarnara la 'Verdad, Justicia, a la manera de EEUU' hoy es contracultural. Porque es un producto, de una franquicia, y sin embargo, se rebela a ser sólo eso. Porque en realidad, es más grande que eso", asegura.
Compartir
Suscríbete al newsletter
Nos guste o no, Superman es el evento hollywoodense de lo que va del año. Es verano en EEUU, y sus estrenos dominan la cartelera, la taquilla y la conversación. Por mucho que se hable del agotamiento del cine de superhéroes, lo cierto es que todavía quedan muchas capas que colgar y mucho dinero que invertir en superproducciones y marketing, a la espera de ganancias millonarias. Y este también es un hecho a estas alturas, son sólo un puñado de películas en el ya definido como un género en este siglo, que en realidad exceden los límites de su propio material y se convierten en obras mayores.
Bueno, la Superman de James Gunn no es una de ellas. No es Batman: El caballero de la noche (The Dark Knight), Logan o Spider-Man: Un nuevo universo (Into the Spider-verse). No empuja la narrativa, no supera las fronteras de sus propios fundamentos originales ni nada por el estilo. Es un ejercicio completamente distinto. Uno que no se había hecho antes:
Es una película de Superman. En toda su dimensión.

Lo primero que van a pensar es que hay muchas películas con Superman. Y es cierto, el esfuerzo inicial en la pantalla grande data de 1978, y no solo es recordada y reverenciada, sino que además, ayudó a construir la mitología del personaje cuando sólo estaba en la medianía de su edad. Pero han pasado más de cuatro décadas y cada iteración posterior en el cine ha tenido sus propios problemas para despegar. No así en televisión, en donde más ha mantenido su popularidad con las nuevas generaciones. Pero son las butacas las que no se llenan, y las miradas que intentan adaptarlo a este nuevo siglo las que no terminan por hacerle sentido ni a los aficionados ni a especialistas. O quizás es que Superman está anticuado y el mundo demasiado cínico para él. Una lectura que el canoso cineasta no estuvo dispuesto a aceptar.
Cuando a James Gunn le fueron entregadas las llaves del reino del Universo DC, el objetivo era uno sólo. Tenía una película sobre la mesa y debía ampliarla lo más posible para recuperar una marca que, desde el éxito de Christopher Nolan a cargo del murciélago, sólo había tenido erráticos destellos. El Joker de Todd Phillips triunfó en taquilla y preseas, Aquaman de James Wan es la única otra cercana en recaudación. Para el director detrás de las Guardianes de la Galaxia, el desafío era muchísimo mayor que simplemente llevar al último hijo de Krypton de vuelta a las proyecciones, tenía que hacer que a la gente que va al cine, le volviera a interesar Superman, y todo el resto de su universo. Esta es la razón más pura de la existencia de esta película. Es una marca, y debe volverse rentable.
Y Gunn se tomó en serio hacer al Hombre del Mañana. Más en serio de lo que se lo había tomado nadie en todo este tiempo. No es que Bryan Singer no quisiera hacer Superman, es que quería continuar la obra de Donner. No es que Zack Snyder no quisiera hacer Superman, es que quiso dar una firme mirada de por qué el personaje no sería aceptado por la sociedad hoy, y en ese camino, extravió al personaje. James Gunn renunció a una visión más personal en su película, en aras de poner el material base en pantalla. Un pecado y una virtud al mismo tiempo. Lo primero porque le restó a sus habilidades como narrador cinematográfico, y lo segundo porque por fin hemos visto al kryptoniano criado en el Kansas de los cómics, de la forma más pura posible. Este es el Superman de las viñetas sin un ápice de vergüenza por serlo. Es el reportero con menor talento que su interés amoroso, es el héroe bondadoso que cree en la humanidad.

Nadie puede culpar a esta Superman de no ser honesta. No hay motivos ulteriores en ella, todo está en la pantalla. Cada tema, cada intención. Narrativa e industrialmente. Gunn decidió llevar al Superman cargado de globos de texto y la ropa interior por fuera y cumplir con el largo listado de exigencias necesarias para lanzar una franquicia completa. Armó y desarmó tanto el esquema, que la cohesión y el desarrollo de personajes queda al debe, en aras de instalar la historia necesaria para aquel relanzamiento.
Y no, no la historia de la película propiamente tal. Aunque algunas de las debilidades acá pasan por la trama. Que no puede ser más sencilla, directa y salida de páginas de dibujos coloridos. Un malvado villano intenta destruir al héroe. El héroe, con entereza y la ayuda de sus amigos, intentará desbaratar sus planes. Y quizás por eso mismo, uno esperaría que los escasos recovecos de la historia permitieran un poco más de desarrollo de los personajes.
Pero no parece haber sido una persecución tampoco. Quizás porque la sobrecarga de ellos no es menor: Es el Daily Planet casi al completo, Pa y Ma Kent, la Justice Gang, Lex Luthor y su equipo. Cada uno requiere al menos un momento de atención y para ello, quizás se debió dar un poco más de holgura. Uno debe concentrarse en pequeños detalles y digerirlos para que tengan sentido. Y eso es muy reprochable teniendo un reparto talentosísimo y con un nivel de compromiso por los personajes que deben construir, como pocas veces se logra en estos cometidos. Especialmente Nicholas Hoult quien ve sobreexpuesto un personaje que ya tenía todos sus tics bien ganados. Este es uno de los escollos más molestos en Superman: el nivel de sobreexposición. Lo de “mostrar, no decir” no tiene mucha cabida acá.

Curiosamente, es donde mejor brilla el protagonista, David Corenswet, como Clark Kent. Interpreta tan bien al personaje de los cómics, que es imposible achacarle que su personaje hable como en los cómics. Y sea sincero e insoportablemente cándido. Muchos verán en esa ingenuidad, una debilidad. Como si en realidad tener fe en las personas fuese algo malo. Como si seguir creyendo en lo que la humanidad puede ser, lo que puede alcanzar, después de cuánto nos fallamos a nosotros mismos, fuera una estupidez. Y quienes lo creen, unos idiotas. Vivimos tanto en tiempos de mentalidad de tiburón, culto al aspecto físico, apatía y desesperación por la pertenencia a un grupo reconocible, que nos cuesta ver como un héroe a alguien que está dispuesto a levantarse una y otra vez y no perder un ápice de cariño por sus pares. Y que considera a todos sus pares. Y es esto lo que hace contracultural a Superman.
No puedo creer que esto tenga sentido. Pero sí. Un personaje que antes encarnara la “Verdad, Justicia, a la manera de EEUU” hoy es contracultural. Porque es un producto, de una franquicia, y sin embargo, se rebela a ser sólo eso. Porque en realidad, es más grande que eso.
Es muy probable que eso fuera lo que le pasó a James Gunn cuando se sumergió en esto. Y por eso tomó un camino que parece directo, pero es sinuoso. Decidió ir a la fuente y acercarla al público. Apelar a la profunda humanidad de su protagonista, y llevarla de la manera más humana de todas, el fallar. Porque esa fuente no podía estar llena de sus playlists como las de Star Lord, así que renunció todo lo que pudo a ellas. Excepto esa canción que te dice que puedes escuchar la música si eres sincero.
¿Le falta épica a la película? Así es. Pero no le falta emoción. ¿Le falta acción de calidad? Sí, la mejor pelea es entre la pareja protagonista. Pero no le falta entretención. ¿Krypto el Superperro aparece mucho? Sí, pero no sé a quién podría molestar eso.

Es casi un mandato para los aficionados el apreciar lo que James Gunn ha hecho. Quien suscribe, de hecho, lo hace a regañadientes, porque es un atrevimiento el tratar de una vez por todas de poner cómics en su tono y peculiaridad en el cine. Es un mérito en sí mismo. Más todavía en tiempos de fórmulas desabridas, de películas con nada de aprecio por su material de origen y que siendo reconocidos como productos de baja calidad, todavía triunfan en la taquilla. El mayor riesgo acá es ese, que aún habiendo sacrificado la construcción de un buen relato en pos de la introducción a un nuevo mundo, no se logre abrir la puerta a un universo todavía más fascinante.
Si en realidad prestamos atención, esta es la película de Superman que necesitamos.
O es la película de Superman que nos merecemos, en tiempos en donde nadie presta atención porque incluso al frente de una pantalla gigante, están siempre en otra pantalla.
No creo que pueda ser ambas cosas.



