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17 de Julio de 2025La ciencia detrás del bostezo: las neuronas espejo y el origen del por qué es tan contagioso
¿Por qué no podemos escapar de un bostezo? Incluso muchas veces, las personas aseguran no tener sueño, sin embargo, bostezan sin tener ganas porque vieron a otro haciéndolo. "Una de las teorías más aceptadas es que los bostezos contagiosos están relacionados con las neuronas espejo", explicó a The Clinic el académico del Centro de Biología Integrativa de la Universidad Mayor, René Vidal.
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En una sala de clases, donde todos están algo cansados. Uno comienza, pero luego los otros van cayendo en el mismo comportamiento como una ficha de dominó. No estaban realmente tan cansados, pero al verlo no pudieron evitar no contagiarse. Ojos llorosos y tapándose la boca con la mano, así comienza la pandemia contagiosa del bostezo.
Pero, ¿por qué no podemos escapar de un bostezo? Incluso muchas veces, las personas aseguran no tener sueño, sin embargo, bostezan sin tener ganas y solo porque vieron a alguien hacerlo. Bueno, esa respuesta está en la ciencia.
El kinesiólogo y académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Central, David López, explicó a The Clinic que “los bostezos casi siempre se contagian entre personas que son cercanas. Pero a veces uno puede observar esto en reuniones y es porque en nuestro cerebro, en la parte anterior, en una región que se llama corteza prefrontal hay unas neuronas que son de imitación y que permiten el aprendizaje. Como por ejemplo, vemos a alguien hacer un gesto y automáticamente nosotros somos capaces de reproducir ese gesto”.
Por otro lado, el académico del Centro de Biología Integrativa de la Universidad Mayor, René Vidal, apunta a que “una de las teorías más aceptadas es que los bostezos contagiosos están relacionados con las neuronas espejo, un tipo de célula cerebral que se activa tanto cuando realizamos una acción, o cuando vemos a alguien más realizarla dicha acción. Estas neuronas juegan un papel crucial en la empatía y la imitación, lo que podría explicar por qué ver a alguien bostezar nos induce a hacer lo mismo”.
La empatía del bostezo
Vidal añade que “además de las neuronas espejo, la empatía también juega un papel importante en el contagio de bostezos. Se sugiere que la empatía podría estar relacionada con este fenómeno, ya que es posible que prestemos más atención a los bostezos de nuestros seres queridos. Lo que aumenta la probabilidad de que los imitemos. Estudios demuestran que mientras más cercano es el vínculo social aumenta la frecuencia de contagiar el bostezo”.
“Otro aspecto interesante del contagio de bostezos es su relación con el estrés y la ansiedad. Algunos estudios sugieren que los bostezos pueden ser una forma de aliviar el estrés y la tensión acumulada. En este sentido, el bostezo podría funcionar como un mecanismo de regulación emocional, ayudándonos a mantener la calma en situaciones de alta presión”, recalca el académico. En tanto, López comenta que “se ha llegado a la conclusión que nosotros somos capaces de aprender por imitación, precisamente porque existen neuronas que son capaces de activarse, como lo está haciendo la persona que está ejecutando el movimiento en nosotros cuando somos simplemente los observadores. Eso permite un aprendizaje de actividades y por eso también se produce esta imitación”.
¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando bostezamos?
El académico de la Universidad Mayor precisó que “bostezar es una acción muy antigua que no solo hacemos los humanos, sino también muchos animales, desde reptiles hasta aves y mamíferos. A veces viene acompañado de estiramientos o incluso de otras reacciones físicas. Si bien, no se sabe con certeza para qué sirve el bostezo, sí se ha descubierto que está relacionado con muchas sustancias químicas en el cerebro. Algunas de estas sustancias, como la dopamina, la serotonina y la oxitocina, pueden hacer que bostecemos más, mientras que otras, como ciertos opioides naturales del cuerpo, pueden detener el bostezo. Una zona del cerebro llamada “núcleo paraventricular del hipotálamo” parece tener un papel importante, ya que coordina señales entre distintas partes del cerebro cuando bostezamos”.
“Además, hay otras sustancias y conexiones cerebrales que también participan, lo que hace que el bostezo sea una acción más compleja de lo que parece. Sin embargo, todavía falta mucho por descubrir sobre cómo funciona exactamente este comportamiento tan común”, apuntó.
La misión de las neuronas espejo
Vidal señaló que “las neuronas espejo nos permiten imitar y comprender lo que otros sienten o hacen, como una especie de reflejo social. La participación de estas neuronas en el contagio del bostezo fue demostrada en 2013, en un estudio en el que voluntarios sanos se les pidió que vieran una serie de vídeos conectados a una resonancia magnética funcional (RMf) que permite ver la actividad cerebral en tiempo real. Los videos mostraban rostros humanos bostezando, riendo o con expresiones neutras. Como preveían los investigadores, los sujetos bostezaron en respuesta a los vídeos de bostezos más de la mitad de las veces. Asimismo, los participantes no reaccionaron de forma similar a las caras riendo o neutras”.
“Interesantemente, los resultados de la RMf fueron reveladores. A medida que los sujetos experimentaban un bostezo contagioso, la señal de la RMf iluminó la circunvolución frontal inferior. Una zona que forma parte de la red de neuronas espejo, cuya función es ayudar a crear representaciones mentales de la acción. En cambio, el sistema espejo permanecía inactivo mientras los sujetos veían las caras neutras o riendo. Este hallazgo sugiere que cuando vemos a alguien bostezar, no solo imitamos el gesto, sino que también conectamos con su estado emocional”, recalcó el académico.
En ese sentido, reiteró que “la empatía desempeña un papel clave en la susceptibilidad al bostezo contagioso. Las personas con ciertos trastornos sociales, como el autismo o la esquizofrenia, suelen ser menos propensas a ‘contagiarse’ cuando ven a alguien bostezar. Se ha mostrado que factores físicos, como la respiración o la temperatura corporal, también influyen. Respirar más profundamente puede reducir los bostezos, mientras que el calor podría aumentarlos. Estos hallazgos sugieren que la idea de que el bostezo es altamente contagioso podría estar algo exagerada. Es posible que no sea solo ver a alguien bostezar lo que provoca nuestra reacción, sino el ambiente compartido y las interacciones dentro del grupo. Por ejemplo, si después del almuerzo bostezas justo cuando tu compañero también lo hace, quizás no sea su bostezo el que te contagió. Puede que simplemente sea el contexto común, como haber comido bien juntos, lo que genera esa respuesta sincronizada. En otras palabras, el bostezo contagioso podría ser una forma sencilla en la que nuestro cerebro muestra empatía“.



