Gonzalo Winter: “Derrotas como la de la primaria me han hecho mirar el mundo de otra forma y tengo la responsabilidad de volcar eso al Congreso”
El diputado del Frente Amplio hace su primer análisis en profundidad sobre la debacle de su candidatura presidencial que culminó el pasado 29 de junio, en las primarias del oficialismo. Dice no arrepentirse en ningún caso de su postulación y reconoce que en su resultado pudo pesar su "excesiva identificación con el Gobierno". También da sus motivos para continuar en la Cámara por cuatro años más y señala: "Al Gobierno le faltó la fuerza y energía para dar batallas en la sociedad".
Por Jorge Palacios 14 de Septiembre de 2025
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Un cielo celeste, con las curvas del Cerro San Cristóbal anteponiéndose, son las vistas que ofrece uno de los ventanales del departamento en el que vive el diputado Gonzalo Winter (Frente Amplio), a un costado del Parque Forestal.
El parlamentario es vecino de Carolina Tohá, con quien compartió papeleta el pasado 29 de junio en las elecciones primarias del oficialismo. Ninguno de los dos, eso sí, se impuso en esa elección, en la que la exministra Jeannette Jara (PC) ganó ampliamente, con un 63% de las preferencias.
Su resultado, como lo reconoció él, fue decepcionante, al solo alcanzar un 9% de los votos.
El abogado de la U. de Chile optó desde ahí por reducir casi al mínimo sus apariciones en prensa. De hecho, su decisión de repostular a la Cámara por el distrito 10 se dio casi sin mayores anuncios.
A dos meses y medio de las primarias, Winter decide dar su primera entrevista con The Clinic para abordar su derrota, pero también para ahondar en los motivos detrás de su intento por mantenerse otros cuatro años más en el Congreso.
Al respecto, el diputado, que viste camisa blanca, pantalón azul marino y una corbata de la que se desprenderá después, habla de la guerra contra las drogas, la educación en tiempos de inteligencia artificial, el cambio climático y la sequía, la baja natalidad y el fin del orden mundial post Segunda Guerra, que es “al cual Chile se había abrazado para diseñar su institucionalidad política económica”.
Toda su experiencia, con triunfos y derrotas, dice, debe ponerla a disposición.

—¿Está más cómodo siendo hoy candidato a diputado que siendo candidato presidencial?
—La política no se trata de comodidad. No es del todo positivo para quienes somos representantes populares leerla en esa clave. En mi candidatura presidencial representé ideas en las que creo, intenté representar valores que derivan en propuestas, en el proyecto país en el que creo. Eso también tiene algo de cómodo o de gratificante. Lo que no quita que tiene sus durezas, como la hiperexposición.
Hoy como candidato a diputado creo que tengo una responsabilidad de poner la serenidad, aprendizaje, los errores y la experiencia a disposición del mejoramiento de una política que cuya capacidad de procesar los anhelos y necesidades de la sociedad chilena se encuentra en crisis. Sigo creyendo que ser parlamentario no es un asunto de comodidad, sino que una tremenda responsabilidad y tremendo honor.
—Pero antes de ser buscar su reelección como diputado quiso ser candidato presidencial.
—Porque creía en un conjunto de principios y valores que derivan en propuestas, que derivan en un proyecto país que mi partido quería representarlas. Sin embargo, el progresismo chileno y la gente en las urnas tuvo un veredicto ese día y la izquierda encontró un candidata potente, como lo es Jeannette Jara.
Winter: “Me pesó la excesiva identificación con el Gobierno”
El diputado y candidato por el distrito 10 no da muchas vueltas en decir que Jara le superó en todos los aspectos medibles de una candidatura presidencial. Sin embargo, no se queda sólo en eso. “Fuimos ineficientes en transmitir esas ideas y esas propuestas que estábamos haciéndole al país. Eso es una negligencia inexcusable para una campaña”, dice Winter.
—¿Se desgastó el Frente Amplio o se desgastó su figura?
—En las elecciones primarias, donde quienes compiten tienen un marco común, es difícil saber en los votos cuánto hay de rechazo a los candidatos no votados y cuánta adhesión hay en los más votados. Yo nunca sentí un especial rechazo en mi rol como parlamentario. Lo que sentí fue cómo la candidata Jara generó una propuesta contundente, con elementos que ella tiene, y que yo no, que fueron tomados de gran forma por el electorado. Hablo de su experiencia como subsecretaria y como ministra.
—¿Pero cómo explica su derrota?
—El Frente Amplio representó en este periodo al oficialismo más que otros partidos por tener la figura del Presidente. Se ha dado un fenómeno en donde se vuelve muy difícil que quienes representan de forma más apegada al actual gobierno, sean electos. No imposible, pero sí difícil.
Ahora bien, los partidos políticos deben siempre proponerse goberna. Eso es una ambición correcta, necesaria y legítima, porque si no, no son partidos políticos. ¿Qué significa esto? Que el Frente Amplio perdió el elemento de la novedad, pero lo que adquirió es experiencia. Eso me parece mucho más potente y valioso que el elemento de la novedad.
Un Frente Amplio, con cuadros que han pasado por la experiencia de ser parlamentarios, ministros, subsecretarios, que han puesto su energía y dedicación en sacar adelante un escenario económico y socialmente adverso, es algo que a mí me genera más admiración que un Frente Amplio simplemente novedoso. Y me parece más auspicioso para el futuro. Prefiero a este Frente Amplio que tiene razones para hacer autocrítica que uno al cual se le otorga la juventud como un valor.
—¿Cuál es esa autocrítica? ¿Notó un fallo programático o político en su candidatura?
—Programático no. Lo más relevante del fracaso de mi candidatura fue que Jeannette Jara fue una mejor candidata en casi todos los aspectos medibles. Es ese el elemento más determinante. Eso puede implicar un dolor para mí, pero como militante de la izquierda chilena no deja de ser una buena noticia que esa noche el progresismo chileno haya encontrado una candidata capaz de unificar a la coalición e incluir a la DC.
—¿Cuáles fueron los aciertos de Jeannette Jara?
—Su experiencia como ministra y subsecretaria fue considerado un valor por el electorado y, por el contraste, mi falta de experiencia en el Ejecutivo también fue considerado como algo que faltaba. Jara tuvo cualidades comunicacionales como candidata para llegar más directamente con sus ideas que yo no tuve.
—¿Habla de su franja, de sus debates?
—Todo lo anterior. Por eso fui drástico al decir que Jara fue mejor candidata que yo, en todos los aspectos medibles. Adquirió un lenguaje muy concreto, muy llano, muy directo, del que quizá yo carecí. También me pesó la excesiva identificación con el Gobierno. Otras candidatas habían sido ministras, pero lo manejaron muy bien.

“No me arrepiento en ningún caso de haber sido candidato presidencial”
—¿Las candidatas fueron más críticas que usted con el Gobierno?
—No quiero ser patudo: ese no fue el único motivo por el cual perdí. Pero creo en los proyectos colectivos y en estos tiempos los gobiernos requieren cierta coordinación entre los actores para ejecutar las ideas necesarias para Chile. No me arrepiento de decir que soy adherente de algo que soy adherente. Y uno tampoco puede cambiar tanto por una candidatura.
—¿Y habría cambiado algo de su campaña?
—Estoy tremendamente orgulloso de las ideas que mi campaña intentó poner sobre la mesa. Creemos que nuestra versión de Chile es más eficiente, pero fuimos ineficientes en transmitir esas ideas y esas propuestas que estábamos haciéndole al país. Eso es una negligencia inexcusable para una campaña.
—En debates se jactó de nunca haber dicho alguna palabra en contra de la Concertación. ¿Por qué, entonces, hizo una referencia crítica hacia ellos en la franja?
—Tengo una discrepancia, pero entiendo que si la pieza me ha hecho dar tantas explicaciones, evidentemente no funcionó. Pero creo que es que el Estado de Chile fue demasiado generoso con los bancos, con las AFP y con las autopistas. Otra cosa es el análisis político que yo tenga, de por qué fue así. Y es tan evidente que la misma gente de la Concertación me encuentra razón cuando han concurrido con sus votos a reformar el poder de las AFP, a poner fin al CAE respecto de la banca y también para limitar la generosidad que Chile tiene con las autopistas.
Entonces, la polémica tiene algo de artificial, porque yo no hecho un señalamiento con el dedo diciendo “mire, usted es el culpable”, sino que lo que he dicho es que el Estado fue demasiado generoso con las AFP y contrario al interés del jubilado. Hay reflexiones mías sobre la Concertación, pero son sobre una época, sobre circunstancias de un país, constitucionales, correlación de fuerzas, que incluía a los militares, al empresariado, a países extranjeros, pero nunca he señalado a nadie con el dedo. Ese es el asunto.
—¿Se arrepiente de haber sido candidato presidencial?
—En ningún caso.
—¿Volvería a serlo en el futuro?
—Eso es un asunto del futuro. Estoy demasiado lejos de que esa conversación vuelva a ocurrir. Pero no me arrepiento en ningún caso, y eso es lo que me sale de alma. Que tu partido te nomine como candidato presidencial es el mayor honor que alguien puede tener. Además, a nivel personal el aprendizaje es tremendo. La derrota también es un lugar que es tremendamente generoso para entregarnos aprendizaje. Las derrotas nos traen cierta tristeza, y la tristeza también otorga lucidez.
“Veo un Congreso al que no se va con la voluntad de parlamentar”
Desde inicios de agosto hasta mediados de ese mes la sede del Partido Socialista fue punto de encuentro con el oficialismo con motivo de la negociación parlamentaria.
Si bien varios nombres estaban arriba de la mesa con bastante antelación, el de Winter no se ratificó públicamente hasta último momento. Y es que en su entorno algunos creían que optaría por retirarse del Congreso.
—¿Qué ocurrió que pareció que su repostulación tardó en zanjarse?
—Siempre me doy tiempo para pensar las cosas. En un Estado de Derecho uno nunca puede dar por sentado que va o no va. Nunca se puede sentir uno dueño de un escaño, sino que tiene que dudar y pensar el porqué se hacen las cosas, si los motivos son correctos, si se ajustan a mis exigencias éticas. Entonces, sí, hubo un examen: ¿Es el lugar donde más puedo aportar? ¿Soy la persona más adecuada? Hubo una reflexión y hoy estoy con mucha fuerza detrás de la convicción que me arrojó ese examen. Llegué a la conclusión de que no sólo quería ir, sino que tenía una cierta responsabilidad.
—¿Con qué?
—Con poner mi aprendizaje, que no ha sido puro júbilo. Ser parlamentario en el estallido, ser parlamentario en la pandemia, ser un parlamentario oficialista, ser un parlamentario que va por el Apruebo y que triunfe el Rechazo. Ser un candidato presidencial y perder la elección. Ver como diputado, cómo los jóvenes y niños chilenos, empiezan a quedar esclavizados por algoritmos. Es todo algo que me otorga ciertas reflexiones, que no puedo negar que cambian mi conducta, mi visión del país, mi visión del cargo. Y esos cambios creo que deben estar en el próximo Congreso.
—¿Y sobre quién sentía esa responsabilidad?
—Sobre el Congreso mismo. Eso da a poner tu experiencia como diputado al servicio de un mejor Congreso. Es algo que creo que le hace bien al país. Eso no significa que yo esté a cargo, si no que significa que yo tengo un granito de arena importante que poner, porque represento cierto liderazgo en cierto sector y porque también derrotas, como la del 4 de septiembre o de la primaria, me han hecho mirar el mundo de otra forma. Tengo cierta responsabilidad de volcar eso al Congreso.

—¿Qué es lo que ve en el Congreso?
—Veo un Congreso en donde mucha gente no va con la voluntad de parlamentar, sino a que sus verdades choquen con las verdades de otros. ¿Para deleite de quién? De los algoritmos de sus redes sociales, de programas de televisión que tienen la necesidad de capturar la atención de la gente. La experiencia me ha dicho que si el Congreso se convierte meramente en el escenario para grabar videos, Reels, responder más a la industria de la polémica, de la polarización, lo que terminará pasando es que los profesionales de la polarización convertirán a sus adversarios en monstruos a ojos de sus seguidores. Y con los monstruos no se dialoga.
—Cuando hace esa crítica, ¿también se refiere a los suyos?
—Cualquier persona puede tentarse con esa droga.
—¿Sus compañeros de bancada se han tentado con esa droga?
—No mis compañeros de bancada, pero sí diversos sectores del progresismo chileno y de las izquierdas. De mi bancada no, pero hay una tentación. La derecha está embriagada en esas mieles, pero no creo que nosotros seamos inmunes, para nada. Pero sí tenemos la condición de darle dignidad y altura al diálogo.
—Competirá en la papeleta con Francisco Orrego, Gino Lorenzini…
—Los que menciona son personas que se caracterizan por la estridencia de sus frases, por el abuso de los adjetivos, por la polarización como método de trabajo, por la incapacidad total de reconocerle un punto al adversario, la demonización de este. En mis años como parlamentario me he ido haciendo la convicción de que esto no es un asunto de buenos modales, sino que es crucial para el funcionamiento de la democracia.
Creo en el Congreso como cuna y lugar defensa de la democracia, pero sólo es posible si en el Parlamento real y sinceramente se va a parlamentar. El Congreso no puede estar conversando sobre la altura moral de lo que dijo mi adversario, o si es mentira o es verdad un hecho disparado por alguien para regocijo de sus redes sociales. No puede perder el tiempo en eso.
Winter y su reelección: “No sentí durante la campaña un rechazo hacia mi rol como parlamentario”
—Su partido tuvo la opción de fichar a Gustavo Gatica como candidato parlamentario. Su posición fue apoyarlo.
—Tengo una mirada muy positiva sobre la persona que Gustavo Gatica ha elegido ser. A veces hay quienes creen que por el hecho de encarnar un testimonio potente, que insensibiliza a todos, por el solo hecho de encarnarlo son un liderazgo político. Gustavo Gatica fue víctima de violación a sus DD.HH., pero lo que ha decidido hacer con su condición de víctima es lo que me parece fascinante. Lo veo sin odio, sin resentimiento, sin ánimo de revancha, con ganas de construir el Chile más justo y solidario por el cual he luchado. Por eso me formé la idea de que él sería un gran diputado. Ahora bien, el comité central votó por una posición que ganó por sobre la mía. Yo acato y respeto a la institución de la que soy parte.
—¿Puso a disposición su cupo en el distrito 10 para llevar a Gatica?
—Tuve conversaciones con el entorno de Gustavo Gatica para ver formas en que él fuera candidato, pero son conversaciones privadas.
—¿Cree que su baja votación en la primaria podría repercutir en su reelección?
—No.
—¿Son parámetros distintos?
—Como decía, no sentí durante la campaña un rechazo hacia mi rol como parlamentario, más bien sentí el crecimiento abrumador de la figura de Jeannette Jara. De hecho, durante mi campaña presidencial vi mucha valoración por mi trabajo como parlamentario. Y la sigo sintiendo de parte de los sectores del distrito en los cuales trabajo habitualmente.
“Al Gobierno le faltó la fuerza y energía para dar batallas en la sociedad, para ganarlas”
—Es la última etapa del Gobierno. ¿Está conforme con lo que ha sido el primer mandato del Frente Amplio?
—Gobernar ha sido difícil. No quiero caer en las excusas, pero sí creo que la política requiere lecturas del escenario, y a este gobierno le tocó ingresar con una crisis política y social muy fuerte. El gobierno llega a La Moneda con una crisis migratoria y de seguridad desatada, y pienso que este gobierno ha sentado las bases de un Chile del futuro, de un país capaz dialogar, que intenta gobernar con criterios de justicia y equidad.
Eso sí, creo que el Presidente dice algo que es cierto: que fue un error haber postergado las reformas estructurales para después del plebiscito. El Gobierno se encontró en una situación incómoda respecto a la Convención. El Presidente hizo un llamado, cuando asumen, a no construir una Constitución partisana.
—¿Y qué piensa de la Convención?
—Si se me permite hacer una crítica, creo que los sentimientos que movilizaron a mayorías sociales se mezclaron con posiciones que eran de vanguardias intelectuales o académicas que no tuvieron capacidad alguna de flexibilizar sus posiciones para no alimentar los temores que azuzaba el adversario. Es cierto que hubo fake news, pero vaya cómo también hubo de parte de sectores de la Convención alimento para que eso fuera posible. Esa es una crítica que el progresismo chileno tuvo que hacer, el resultado es muy grave.
El Gobierno se vio envuelto en esta situación y no debió haber postergado las reformas estructurales que eran necesarias y que luego se hicieron difíciles en pos del triunfo del Rechazo. Y al Gobierno también le faltó la fuerza y energía para dar batallas en la sociedad, para ganarlas.

—En el Partido Nacional Libertario han dicho querer dar esa batalla cultural en la presidencial, “cueste lo que cueste”, dijo Vanessa Kaiser.
—Ser capaz de transmitirle a la sociedad por qué crees que una reforma de pensiones es buena para sus pensiones, no significa ser intransigente, no significa que yo no pueda llegar a un acuerdo en el cual mis pretensiones en una reforma bajen. Yo siempre he sido pro acuerdos. Nunca vas a ganar en democracia si la mayoría de la sociedad no te encuentra razón. Y si la mayoría de la sociedad no te encuentra razón y no haces un esfuerzo importante, organizado, con energía para transmitir tus principios y valores a la sociedad, entonces nunca te va a encontrar razón.
Mi punto es que, y aquí tengo una diferencia con la forma del Partido Nacional Libertario, yo no estoy diciendo que no vaya a ceder. Yo quiero dialogar, quiero parlamentar, quiero llegar a acuerdos. Eso no quita que tenga la responsabilidad de dialogar con la sociedad acerca de mis ideas y de ser activo en la transmisión de ellas. Porque, si no, lo van a hacer solamente nuestros adversarios.
—El aborto legal es una batalla que ha dado el Frente Amplio. Sin embargo, esta propuesta no se incluye en el programa de gobierno de Jeannette Jara.
—Yo soy partidario de la regularización del aborto legal porque considero que es un problema de salud pública. Las mujeres ya abortan. Lo que queremos es que eso se haga sin morir, que se haga en condiciones sanitarias, que no pongan en riesgo la vida de las mujeres. Pero la vida en coalición hace que uno tenga que empujar sus ideas siempre dentro de su partido, de su coalición y dentro de la sociedad nacional de la que es parte.
—¿No es una forma de inhibirse?
—Es la forma, al parecer, de ampliar la base de apoyo. Yo la seguiré impulsando.
—A propósito de Jeannette Jara, ¿se incorporará a su comando de campaña?
—Estoy involucrado. Obviamente de la forma que le corresponde a alguien que además es candidato y que compite con otros candidatos de una lista que también apoyan a Jeannette Jara, pero estoy ahí, tengo diálogo con Jeannette con cierta cotidianidad. No todos los días, pero de repente hablamos con gente de su equipo. Hay gente muy cercana a mí en el equipo programático, en el equipo económico y, por lo tanto, de algún modo, estoy en un diálogo permanente con la campaña.
—¿Lo veremos en la franja con ella?
—No sé.
—Si lo invitan, ¿iría?
—Sí, claro. Pero eso es un asunto de estrategia muy fina. Lo tienen que ver los expertos en marketing.



