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La historia de Luciano Ferroni, el influencer gastronómico que dejó la ingeniería por cocinar en TikTok con su hijo y que hoy enfrenta el cierre de su primer restaurante

Un millón de seguidores en Instagram y casi otro millón en TikTok son las credenciales digitales de Luciano Ferroni, creador de contenido y cocinero por hobby, que ha logrado conquistar a la audiencia local con preparaciones caseras de comida chilena y de otras latitudes. Su enorme popularidad es solo la vitrina de una trayectoria más amplia, que incluye varios años de trabajo como ingeniero comercial y la fallida apuesta de un restaurante en Quilpué. Ferroni acusa haber sido engañado, pero tras la caída logró reconvertir ese proyecto en una productora de eventos.

Por 21 de Septiembre de 2025
Felipe Figueroa - The Clinic
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El día en que Luciano Ferroni fue a renunciar a su trabajo de ingeniero comercial, se tuvo que sentar: “Se me fue el aire. Solamente de la emoción… a los 42 años encontré mi verdadera pasión”, recuerda.

Llevaba entonces dos años creando contenido en TikTok, donde se había convertido en un cocinero viral, en parte gracias a la interacción de su hijo “Franquito”, un niño de seis años no siempre impresionado con las preparaciones de su padre.

Su popularidad explotó durante la pandemia, como ocurrió con muchos creadores de contenido, mientras en paralelo seguía con su carrera de 25 años como ingeniero comercial en el área de recursos humanos. Un día le confesó a su esposa que, gracias a la creación de videos de cocina, su próximo paso era renunciar a su trabajo estable.

La arriesgada apuesta resultó en una primera etapa. Sus videos comenzaron a viralizarse y la relación con su hijo a través de la cocina logró cautivar a un público que, en tiempos de encierro, absorbía como esponja este tipo de contenidos. “Yo conté una historia, no hablé de la receta en sí. Y la historia es que yo le cocino los fines de semana a mi familia, pero mi hijo es regodión, y mis tres hijos son así. Normalmente les cocinaba algo y terminaba modificando la receta, haciéndoles algo aparte, yendo a comprar otra cosa. Eso lo mostré y a la gente le encantó”, cuenta desde Peñablanca, Quinta Región, donde vive.

El aumento de popularidad le abrió el apetito y en febrero de este año anunció a través de sus redes sociales la apertura de su primer restaurante en Quilpué: Pastrami Nostro, con la comida italiana como línea central. Lamentablemente, el proyecto fracasó. Ferroni asegura que fue engañado por un socio cuyo pasado no investigó, y ahora está próximo a iniciar un proceso judicial en busca de recuperar parte de la inversión perdida: “Tengo fuerza, ánimo y mucha gente que me apoya”, dice.

Cocinero a los 40

Felipe Figueroa – The Clinic

—¿Fue la pandemia un detonante para cambiar de rubro?

—Tuve que tomar algunas decisiones: venirme a la casa (Peñablanca), porque llevaba mucho tiempo trabajando en Santiago, en la oficina. Además, estaba lejos de mi familia. Varias cosas que ocurrieron en la pandemia de cierta forma me favorecieron, porque tenía a mi hijo muy pequeño y pasaba de lunes a viernes en Santiago. Replegarme fue algo muy maravilloso, porque a veces, cuando uno está en esta máquina del trabajo, ve poco crecer a los niños.

Ferroni cuenta que siempre estuvo interesado en marketing y había comenzado a hacer un diplomado en el tema para especializarse y ponerse al día con las tendencias. “Y un profesor me dijo: ‘Luciano, ojo con el marketing por influencer, que eso la va a llevar en el futuro'”, recuerda.

—¿Así conoció TikTok?

—Los negocios necesitaban el carrusel en Instagram para vender y empezamos a trabajar en eso. Pero un día mi hijo me dijo: “Oye papá, ¿tú sabes algo de esta aplicación TikTok?”. Yo le respondí: “¿Qué es TikTok?”. Vi a la gente común y corriente haciendo videos, dando recomendaciones, mostrando productos, y pensé: si voy a hacer marketing digital, alguien tiene que meterse en esto. Así que llevé la idea a la oficina.

—¿Cómo comenzó a grabar?

—Empecé grabando con mis hijos en la casa. Me compré un aro de luz, comencé a hablar a la cámara, a estudiar cómo editar, cómo grabar, cómo hacer planos y habilitar espacios de grabación. Y fíjate que en esas pruebas —aquí viene lo interesante— se me ocurrió hacer varios videos y subirlos a TikTok. De hecho, todavía tengo algunos de esos primeros. Pero un día se me ocurrió hacer una receta.

—¿Por qué empezó a crear contenidos gastronómicos?

—Porque cuando llegaba de Santiago los fines de semana a mi casa, yo cocinaba para mi familia. Tengo una habilidad, de verdad me gusta demasiado cocinar. Mi señora dice que me quedan ricos los platos, así que preparaba mucho carbonada, sopitas, de pollo, de carne, osobuco y varias cositas. Un día se me ocurrió grabar una de esas recetas que hacía para ellos. Y en ese formato registré toda la historia: desde que empezaba a cocinar hasta que servía el plato en la mesa.

Luciano Ferroni intentó compatibilizar ambos mundos: por un lado el trabajo en su oficina y su incipiente carrera como creador de contenidos. La viralización y las cientos miles de reproducciones le produjeron algo que no había experimentado en las más de dos décadas como ingeniero comercial. Era un llamado desde lo más adentro para seguir su instinto por este nuevo mundo, la cocina y las redes sociales. 

—¿Quién le enseñó a cocinar?

—Te diría que en un ochenta por ciento fue mi madre, porque era capaz de hacer un platillo con una papa, una cebolla y un ajo. Claro. Y mi papá, por otro lado, era más práctico: tiraba una carne y el resultado igual tenía sabor, sabor en la cocina.

https://www.tiktok.com/@luciano_renzo/video/7429370307112160518?lang=en

—¿Se empezó a viralizar su contenido?

—Los videos tuvieron un millón, dos millones de visitas, y dije: qué locura. Es increíble porque en ese momento no entendía el impacto de las redes sociales, y mi celular no paraba de sonar con notificaciones. Entonces pensé: aquí hay algo. Le dije a Franquito: “Oye, mira lo que dice la gente en el video, cómete toda la comida”. Y también le pregunté: “¿Te tinca seguir haciendo videos de este estilo, en que yo te cocino a ti?”. Porque material tenía de sobra. Imagínate cuántas veces yo me quedaba con el plato hecho y Franquito decía: “No, es que no me gusta el tomate cocido, más que el pollo prefiero la pechuga”. Tenía cien mil historias de esas.

Con los números solo en alza y pasando más tiempo con su familia —uno de sus anhelos—, Luciano pensó por primera vez que dedicarse a crear contenido en redes sociales era una opción viable.

—Empecé en una dinámica de hacer contenido en redes sociales y, al mismo tiempo, trabajar en la oficina, hasta que llegué al punto en que dije: o hago una cosa o hago la otra, pero no puedo hacer las dos juntas. Ya llevaba dos años en esa dinámica y tuve que hablar en la oficina para renunciar.

Para profesionalizar este hobby, Luciano se matriculó en la carrera de Gastronomía, que está cerca de finalizar. Además, en este tiempo quiso aprovechar su salto a la fama digital para abrir su primer restaurante, un sueño que buscó cumplir en Quilpué.

La partida falsa de Luciano Ferroni

—Te arriesgaste con un local propio. ¿De dónde nació eso?

—Porque aprendí la técnica del ahumado y empecé a hacer pastrami, brisket, pulled pork y muchas preparaciones de cocción lenta con humo. Y en base a esa experiencia, más la que ya tenía con pastas frescas, armé una propuesta gastronómica y abrí un restaurante en Quilpué. El tema es que me equivoqué de socio.

—¿Cómo fue eso?

—Estoy recién terminando este proceso, que ha sido súper desgastante y que me afectó emocionalmente, porque le puse demasiado corazón a este proyecto. Armé la propuesta gastronómica, los protocolos de servicio y de cocina, la carta junto al chef Yerko Rendić… fue todo demasiado lindo al principio. El restaurante estuvo lleno los primeros tres meses.

—¿Cuándo se abrió el local?

—El siete de febrero de este año. Y claro, después me fui dando cuenta —como yo había delegado la administración en mi socio— de que estaban pasando cosas que no correspondían: no se cumplían compromisos con proveedores y, sobre todo, con los trabajadores. Y dije: no, no es lo que yo buscaba, no es lo que quería. Yo no ando por la vida perjudicando a la gente. Como ya tenía un equipo de cocina muy fidelizado, de chicos muy profesionales, tampoco podía dejarlos en el aire.

—¿Y qué hiciste?

—Entonces armé un derivado del proyecto Pastrami. Tengo muchas historias con clientes que fueron al restaurante, porque mi función ahí era resguardar la propuesta gastronómica y estar con la gente. Eso fue lo bonito: yo era el anfitrión junto a mi señora, llegaba la gente, se tomaban fotos, incluso viajaban desde otras ciudades de Chile solo para verme.

—Además del costo emocional, ¿hubo un costo económico como en cualquier proyecto?

—Claro que sí. Estoy súper tranquilo porque siento que he hecho las cosas bien, no me arrepiento de nada. Para mí, al igual que la propuesta gastronómica, los trabajadores son igual de importantes, y no podía darles la espalda. Aunque me quede solo y tenga que pagar los platos rotos, lo voy a hacer. En ese sentido, sé que me puedo volver a levantar. Sí, hubo un costo financiero, lo estoy asumiendo, pero la plata va y viene, amigo. Estas cosas son así. También tengo que reconocer que no investigué lo suficiente a mi exsocio. Y bueno, sé de muchas personas que han pasado por lo mismo que yo. Así que tampoco saco nada con seguir dándole vueltas: lo importante es pensar en seguir adelante.

A pesar del traspié, decidió seguir con su afán emprendedor, esta vez a menor escala. Con parte del equipo de cocina del fallido restaurante abrió una banquetera y, el día de esta entrevista previa al 18, se encontraba en medio de su primer evento.

La exposición de Franquito

Parte central de los videos de Luciano Ferroni ha sido su hijo Franco —o, como le dice, el Franquito—, un niño que ha crecido en la pantalla chica de los celulares de miles de chilenos. Un riesgo que el influencer reconoce y sopesa, pero que al mismo tiempo procura cuidar para evitar que su hijo, por ejemplo, sufra bullying en el colegio o simplemente no quiera aparecer más.

—¿Cómo ha sido la decisión de mostrar a tu hijo ante un millón de personas? Me imagino que esa conversación también la tuviste con tu señora.

—Sí. Una de las cosas que es súper importante en este tema es: si Franquito no quiere, no se hace. He sido muy respetuoso con eso. Él ha tenido cambios: pasó de ser un niño de seis años haciendo videos conmigo a ser un preadolescente de doce o trece años, así que hay transformaciones importantes en su personalidad. Lo que me gusta de Franco —y yo también lo siento así— es que lo que hacemos los fines de semana cuando grabamos ocurre en un ambiente familiar. Siempre le digo a Franquito que, si le pasa algo en el colegio o si aparecen comentarios malos, yo soy el primero en cortar eso.

https://www.tiktok.com/@luciano_renzo/video/7550868305645456645?lang=en

—¿Y la gente hoy lo saluda en la calle?

—Sí. Cuando voy al colegio, lo reciben con cariño: lo abrazan, se toman fotos con él. No lo abruma; al contrario, comparte con la gente. Los niños le preguntan cosas. Por ejemplo, este fin de semana le escribieron mensajes como “Franquito, te quiero mucho, muchas bendiciones para ti y tu familia”. Esas muestras de cariño me hacen sentir pagado; qué más puedo pedir. A mí lo único que me queda es seguir entreteniendo.

—¿Ese es su objetivo?

—Mi objetivo es buscar recetas y contenidos que la gente comente y comparta. Ahora siento que, después de recibir tanto cariño, también tengo una responsabilidad mayor.

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