Opinión
4 de Octubre de 2025
¿Qué hacemos con Jorge Valdivia?
Por Isabel Plant
El caso Valdivia ha estado lleno de hitos acaparadores de titulares. Pero quizás lo más llamativo, es cómo mientras la justicia sigue investigando dos acusaciones de violación, ha existido una especie de relajo de la opinión pública o ciertas instituciones con respecto al jugador. ¿No que el Me Too era lapidario? ¿Qué cambió?
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Jorge Valdivia es acusado de violación.
Mi reacción: qué grave, qué desazón. Pareciera que el Me Too no cambió nada.
La ex pareja de Valdivia, la diputada de la nación Maite Orsini, se contacta telefónicamente con la denunciante. el mensaje es curioso, a lo menos.
Mi reacción: no me da el cuerpo para seguir explicando lo grave que es esto. Ni me da la cabeza para entender por qué una diputada feminista podría hacer algo así.
Valdivia es detenido y llevado a la cárcel en prisión preventiva.
Mi reacción: ah, quizás sí cambiaron las cosas. Quizás sí ahora le creemos a denunciantes, e incluso los poderosos pueden ser investigados.
Jorge Valdivia fue liberado, con arresto domiciliario nocturno.
Mi reacción: parte de un proceso judicial justo con todas las partes.
Jorge Valdivia fue nuevamente puesto en prisión preventiva, por una segunda acusación.
Mi reacción: el horror.
Jorge Valdivia fue nuevamente liberado, pasando a arresto domiciliario otra vez, con arraigo nacional y prohibición de acercarse a la denunciante.
Mi reacción: la justicia sigue su curso y si la corte determina que lo justo es que esté en su casa durante la investigación, hay que acatar.
Era de noche cuando lo soltaron, esa segunda vez, del penal de Rancagua. Rodeado de focos, periodistas y caos, se sentó en las bolsas que traía y se agarró la cabeza con la mano, esperando.
Mi reacción: un hombre derrotado.
Unos meses después, reapareció públicamente, corriendo 10K en la Maratón de Santiago.
Mi reacción: no tan derrotado, parece.
Llegó al Monumental a un evento por el Centenario de Colo Colo: de impecable negro con chaqueta gris, anteojos de sol, energética en mano, recibió saludos, estrechó manos, dio abrazos y se sacó hasta selfies con los presentes. Dentro de la ceremonia, selfie con Arturo Vidal y compañía.
Mi reacción: ah, chuta. Toda persona tiene derecho a circular mientras es investigado, y no ser condenado ni pública ni judicialmente mientras no se atraviese el proceso completo. ¿Pero en qué minuto a un acusado de violación lo glorificamos? ¿Y si sale culpable? ¿Qué hace Colo Colo ahí? ¿Podemos juzgar a sus amigos por ser sus amigos? ¿O a quienes siguen mirándolo solamente como el mejor diez de la historia de un club?
¿Y no que era que el Me Too tenía a todos funados, arruinados, lapidados?
Valdivia pidió alzamiento temporal de sus medidas cautelares para acompañar a su hija a España, a la graduación de una amiga.
Mi reacción: definitivamente se relajó este hombre.
Luego desistió.
Mi reacción: al fin, prudencia. O a lo menos seriedad ante estar acusado de violación.
Jorge Valdivia llega a Juan Pinto Durán, junto a las grandes estrellas de la Roja dorada. Es de los invitados por la ANFP a un almuerzo de honor, a diez años de la Copa América. Se sienta a conversar con sus amigos, recibe una medalla, se saca foto con el trofeo y los dirigentes más importantes del fútbol chileno, pasa a camarines y se retrata sonriente con una camiseta que lleva su nombre, el número diez, y donde se lee: “BiCampeones”.
Mi reacción: Ya, chao. Todos se relajaron. ¿Y qué hacen la ANFP, Claudio Bravo, Gary Medel y todos los que sonríen a su lado, si llega a salir culpable?
Valdivia va a un evento público, como es su derecho, durante el día, en el centro de Santiago. Se topó casualmente con una de sus denunciantes.
En vez de alejarse, o irse, se quedó. Ella tampoco se fue. Horas después, volvieron a cruzarse: el gesticuló, cerca de ella, diciendo: “Esa es la hueona”. Hay un video.
Mi reacción viendo el video: ¿Será suficiente para volver a prisión? Quizás no. Pero, francamente, esa gesticulación: qué diablos puede llegar a pasar por la cabeza de Jorge Valdivia.
Fueron revisadas sus cautelares. La corte decidió que no vuelve a prisión preventiva.
Mi reacción: habrá que esperar y ver el fin de este proceso.
¿Y por mientras? ¿Qué hacemos con Jorge Valdivia si nos lo topamos en la calle?
¿Hay que pedirle un saludo en video o hay que ignorarlo? ¿Hay que gritarle ‘¡Campeón!’, darle el pésame o repudiarlo?
Mi reacción, con todo esto: no tengo respuestas a todas las preguntas aquí planteadas. Solo asombro ante la falta de prudencia. Y fatiga, mucha fatiga feminista.



