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Francisco Paredes/The Clinic

Ciudad

18 de Octubre de 2025

Dasic Fernández, el artista que pintó de colores la renovación peatonal del Paseo Bandera: “El hacerlo vehicular nuevamente es quitarle un regalo a la gente”

El muralista que lideró la intervención en el Paseo Bandera asegura que es un "crimen" que vuelvan a transitar micros por el lugar. En conversación con The Clinic, recuerda el trabajo que implicó su realización, y cómo se transformó el barrio y la capital con el paseo. En ese sentido, apunta a que, de no ser por el abandono de las autoridades, se podría haber mantenido peatonal, defendiendo que no entiende por qué si estuvo siete años de esa forma, no se pudo evitar que volviera a tener tránsito vehicular.

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Cualquiera que haya transitado por las calles del centro de Santiago o por avenidas como Irarrázaval, podrán haberse encontrado con uno de los icónicos murales del artista Dasic Fernández (39).

Llenos de colores neón o con gotas que van contra la gravedad, sus diseños se caracterizan por brindarle vida a la ciudad con intervenciones urbanas que destacan y resaltan entre los colores grises que suelen caracterizar la ciudad. Cada una de estas intervenciones pensada detalladamente y con un íntimo significado que solo Fernández sabe cómo reflejar y cuál es la verdadera intención.

Como se refleja en su hogar, donde recibe a The Clinic junto a su perrita Venus al mismo tiempo que suena de fondo un vinilo de Kanye West, es un artista que ha experimentado con diferentes formatos y que se dedica hace más de veinte años a esta línea creativa. 

Aún así, sabe reconocer las obras de arte que hace su hija de diez años, las cuales expone orgulloso, como se ve en el gran lienzo de varios metros en el centro del living de su casa. 

De toda la trayectoria del artista, que va desde obras internacionales y gran magnitud, destaca y recuerda con enorme cariño lo que fue el desafío de pintar el Paseo Bandera, para el cual tuvo que aprender incluso de distintas técnicas para asegurarse que la pintura del suelo, por ejemplo, perdurara en el tiempo y no se saliera con el uso.

Recuerda, además, que ha sido de las pocas veces que un hito fue portada de siete diarios de circulación nacional al mismo tiempo. Por ello, asegura que es un “crimen” que vuelva a ser transitable por micros.

El adiós a un hito peatonal de Santiago

—¿Qué le pasa ahora que van a volver a pasar las micros por el Paseo Bandera? ¿Se pierde un poco el motivo o la iniciativa que había de que el paseo fuera peatonal con todo el trabajo que hicieron?

—Yo tengo varias maneras de verlo, porque Paseo Bandera era un proyecto que en un inicio debía estar ahí por ocho o nueve meses. La primera gran victoria que se tuvo fue que se mantuviera como paseo peatonal, que se cambiara el uso completo de la calle. Todo esto fue una victoria del arte en el espacio público. Y luego se dejó ahí, se dejó deteriorar (…). O sea, imposible que un mueble de madera que estuvo hecho para que durara ocho meses se le pueda haber dejado por nueve años. El nivel de irresponsabilidad para dejar eso en el espacio público, lo peligroso que eso es… Que alguien fuera, por ejemplo, y lo quisiera incendiar. Yo no sé cómo no se incendiaron para el estallido social. Ahí hay un abandono completo desde la gobernación metropolitana y la alcaldía. Y claro, se quiso seguir obteniendo estos beneficios que trajo el Paseo Bandera hasta que no se pudo exprimir más la naranja.

—¿Te hubiera gustado que se siguiera manteniendo el paseo?

—A mí me hubiese gustado que pasara de ser un proyecto de urbanismo táctico a ser un proyecto de urbanismo, o de paisajismo, arquitectura. Un proyecto con buenos fondos para poder haber desarrollado esto.

—Entonces te habría gustado que lo hubieran mantenido bien y dejarlo como el paseo que es. 

—En este momento, el hacerlo vehicular nuevamente es quitarle un regalo a la gente, a la población. Quitarle un regalo de las manos. Algo que no se hace. Todos sabemos que no se pueden quitar los regalos. Y es exactamente lo que se está haciendo en este momento. Paseo Bandera fue un regalo para la comunidad, fue un regalo para la ciudad, fue un regalo para el país.

Se hizo 100% con el objetivo de levantar la calidad de vida de las personas que transitan por el centro de Santiago. O sea, no hubo ningún objetivo comercial, no hubo ningún objetivo de ningún otro tipo que no fuera levantar la calidad de vida y el espíritu de las personas que transitan por el centro de Santiago. Y creo que eso se dio, o sea, las personas que estuvieron en la inauguración, los primeros años que estuvo Paseo Bandera, un proyecto que funcionó muy pero muy bien y se dejó, se abandonó y ahora lo van a destruir. Va a volver a ser transitado por micros en una calle que es de doble vía y que tiene 7 metros de ancho. Para mí es un crimen.

—¿Qué esperabas lograr con esta intervención? Hablas de que fue un regalo, de que trajo turismo, ¿fue lo que esperabas? 

—Mira, yo no tenía mucha expectativa. No se había hecho un proyecto de este tipo antes (…). Había que partir de cero, sin referencia. Entonces difícilmente podría haber tenido una expectativa. Mi expectativa era poder hacer un proyecto de arte que se transformara en arquitectura y viceversa. Un proyecto de arte que fuera habitable, transitable. Que la calle se transformara en un escenario en sí, como lo terminó haciendo Paseo Banda.

—¿Es esto una señal de que finalmente quizás no valoramos tanto intervenciones urbanas como el Paseo Banderas? Más allá de entender el tema técnico de la necesidad que pasen las micros…

—Yo eso no lo comparto. Si funcionó bien por siete años, no sé por qué dicen que es necesario que pasen por ahí las micros.

—¿Cree que es un retroceso?

—Sí, completamente. Para mí fue una victoria cuando decidieron mantener Bandera como un paseo peatonal, y es una derrota el que lo devuelvan a los vehículos. 

Dasic Fernández, pintor chileno, es autor de reconocidos murales y de la intervención del hasta ahora paseo peatonal Bandera. En la foto, en el taller que está armando en su nueva casa.
(Francisco Paredes / The Clinic)

La incultura de la elite

—Y como sociedad, ¿cree que se está valorando menos este tipo de intervenciones?

—Yo creo que no es un tema de la sociedad, yo creo que las personas, el transeúnte, el ciudadano a pie, como dicen, valora mucho este tipo de intervenciones. Los ocupa bien, Bandera fue defendido mucho por la misma gente que pasaba por ahí (…). Entonces yo creo que no es un tema de las personas, es un tema netamente de las administraciones. Las administraciones son deficientes y es un problema que creo que tiene nuestro país, lamentablemente, desde la gente más educada, incluso, que tiene más acceso a la educación, desde las élites que son muy incultas.

Puede sonar una crítica fuerte pero creo que la gente que tiene más acceso a la educación en Chile, que está en la administración, que está en los puestos de poder, debe ser de las más incultas que yo conozco en el mundo. Y por eso es que cuesta tanto que el arte surja, que más gente pueda vivir del arte, que se valore más el arte, que se entienda la importancia que tiene el arte, que se entienda que es algo vital (…). Me parece que las élites chilenas, la gente que tiene acceso a consumir arte lamentablemente es muy inculta. No así con la clase media, media-baja, que valora mucho este tipo de intervenciones, valora mucho el arte, valora que se le entregue cultura.

—Al final mejoran los barrios también.

—Es cosa de ver cuando hay cualquier evento cultural gratuito en Santiago, cómo se llena de gente. Cómo Bandera estaba llena de gente cuando se inauguró también. Pero al parecer, no sé si por intereses económicos, también por esta cuestión de la falta de cultura, no se puede mantener este tipo de proyectos. Lo veo, hay gente que prefiere pagar un par de millones de pesos por una copia de un cuadro, que ir y pagar la mitad de eso por un artista emergente, pun pintor de 20 o 25 años. Entonces eso es súper lamentable.

—Entonces encuentras que la administración fue deficiente para mantener el paseo.

—Sí, totalmente

—¿Y crees que eso es lo que lo transformó al estado deplorable en el que ha estado estos últimos años?

—Por supuesto (…). Yo me cansé, porque al principio hice todo lo posible, yo quería ponerle hasta guardias con trajes especiales, como artísticos. En el Paseo Bandera yo me imaginaba una cuestión como la Capilla Sixtina del centro de Santiago, pero no. Es muy agotador. Yo hago mi tarea de artista y más allá no se puede hacer. Es muy agotador tratar de defender un proyecto como ese por tanto rato.

—Tú has hecho muchas obras, en Irarrázaval, en Santo Domingo, Paseo Bandera. ¿Cuál es la que más te ha costado o la que más valoras por lo que implicó en el trabajo o la que crees que retribuye también más a la ciudad?

—Definitivamente el impacto que tuvo Paseo Bandera es difícil de compararlo con algún otro proyecto. Por el impacto multidimensional que tuvo y también a nivel de las personas que trabajaron. La gente no sabe, pero por Paseo Bandera trabajaron más de 250 personas (…). Se hizo con ese espíritu de respeto por la gente, de regalarles un proyecto que se iba a quedar para ellos, para que lo disfrutaran, para que levantara la calidad de vida y el espíritu. Entonces, sin lugar a dudas, el impacto que tuvo Paseo Bandera es difícil de comparar.

— En el estilo de tus cuadros, las gotas tienen un significado, los colores tienen un significado. La forma, todo tiene un significado. ¿Cuál es el significado que tienen los elementos del Paseo Bandera y cuál es el significado que le das tú?

—El significado que le doy al Paseo Bandera trasciende lo artístico. Yo creo que el significado es la experiencia social que viene desde una obra de arte. Yo creo que esa es la trascendencia que tiene Paseo Bandera, que se transformó en esto, en la experiencia humana (…). El significado de que mientras el transeúnte se estuviera desplazando, fuera una experiencia de principio a fin, que fuera pasando por etapas, por colores, por formas. Hay desde elementos gráficos súper reconocibles, como los que están al frente del Museo de Arte Precolombino.

Después hay una forma súper orgánica. Con líneas de todos los tipos de colores. Después pasa un anamorfismo donde aparecían estos muebles que se confundían con el diseño gráfico del piso. Después llegas a otro lugar donde hay un matiz de colores de casi 150 metros. Como es un centro histórico no podíamos tocar las fachadas de los edificios, entonces cuando hicimos el Museo de Arte Precolombino yo puse unas chacanas de color rojo y cuando a las 12 del día llega el sol, la pintura que es súper brillante, se reflejaba el sol y rebotaba en el Museo de Arte Público Colombino. Y si tú lo vas a ver, el museo a las 12 del día es rojo. 

Y descubrí que en la parte donde estaban las líneas de colores no pasaba lo mismo porque había muchos colores, entonces se neutralizaba. Entonces, después en la parte donde está la gobernación hice un matiz de colores de como 150 metros y a cada color le dejé como 30 metros. Así, los edificios que están al frente de esos colores se tiñen también de los colores del piso. Tiene hartas capas de desarrollo y de significado.

También pinté varios murales en el paso bajo nivel, que esos murales fueron absolutamente donados. Lamentablemente después fui directamente engañado por la gobernación de la administración actual porque los borraron. Me pidieron permiso, con el compromiso de que los iba a volver a pintar, los borraron porque habían varios que estaban rayados y venían los Panamericanos, pero me engañaron, así directamente. Muy lamentable, más que por cualquier otra cosa, porque tenía ganas de que se hicieran murales ahí bien hechos y que se mantuvieran y que, no sé… Siempre tuve la esperanza de que Paseo Bandera funcionara y se mantuviera en el tiempo.

El taller del artista sigue en preparación, puesto que se cambió de casa recientemente. En la foto, Dasic Fernández posa junto a su perrita “Venus”, a quien su hija nombró en honor a la tenista Venus Williams.
(Francisco Paredes / The Clinic)

“El graffiti es un juego de niños, para mí al menos, que empiezan a desarrollar su estilo tratando de buscar su identidad”

Dasic ha realizado decenas de obras, de todos los portes imaginables, y en este minuto se encuentra planeando un par de proyectos más en Santiago y en el extranjero. Dice que no tiene una fórmula exacta para cada desafío al que se enfrenta.

“Hay distintos procesos para la ocurrencia, para la visualización de una nueva obra, a veces son imágenes que me han estado dando vueltas en la cabeza, otras veces me concentro en un concepto y de ese concepto aparece alguna imagen. Otras veces también a través de un proceso un poquito más intelectual, más que espontáneo, pero generalmente trato de cuidar mucho la espontaneidad de la idea”, dice quien comenzó como desempeñándose como un humilde graffitero.

—Viviste en Estados Unidos mucho tiempo, viajabas cada dos semanas para allá, ¿la inspiración es muy de Nueva York también?

—Sí, lo que pasa es que Nueva York es una ciudad muy estimulante, sobre estimulante quizás incluso, hay muchos personajes, mucha gente muy distinta, muchos idiomas, gente de todas las culturas, entonces, para un artista es como estar en una juguetería. Los estímulos, las ideas, las imágenes aparecen y bueno aquí también, la calidad y la cantidad de museos que hay. Para mí los museos son una fuente de inspiración súper potente también.

—¿Y cómo comparas Santiago con Nueva York? Es una ciudad más de artistas que acá, ¿no?

—Yo creo que Santiago es una ciudad en que hay harto artista, solo que el respeto, la consideración que se tiene por el artista en Nueva York es distinta. Cuando uno se presenta como un artista, la gente te trata como un profesional, acá no tanto. Acá es otra la percepción que se tiene, a no ser que ya el artista sea un consagrado, exitoso esa palabra que se ocupa mucho, aunque no me gusta. Acá está lleno de artistas, o sea, eso es un hecho, sólo que lamentablemente es mucho más difícil acá vivir del arte.

—¿Cómo has visto la evolución de la integración del arte en Santiago? Por ejemplo, como lo han sido tus murales y las intervenciones urbanas que se hacen ¿Crees que son más o menos valoradas que antes?

—De todas maneras hay más. Siempre han habido. De hecho, acabamos de tener nuestro Premio Nacional de Arte, el Mono González, que viene pintando desde antes de los tiempos de la Unidad Popular. Entonces, siempre han existido los murales acá, siempre ha existido el arte callejero, solo que en un momento, a los finales de la dictadura llega a Chile la cultura hip hop y con eso llega llega al graffiti. Y ahí se crea una revolución no sólo en Chile sino que en el mundo entero, una revolución del arte callejero. Un movimiento gráfico pictórico que no responde a un movimiento político, que no responde a una cuestión religiosa, se abre el arte a las calles. Se dice mucho una frase que a mí me gusta mucho, que en el graffiti el estilo es el mensaje, y eso es fantástico.

Porque el graffiti es un juego de niños, para mí al menos, que empiezan a desarrollar su estilo tratando de buscar su identidad, y se llenó de estilos distintos provenientes de todas partes del mundo, que está alejado de lo que es la academia. Y entonces esto empieza a proliferar (…). Cuando yo me fui de Chile en el año 2009, éramos muy poquitos los que nos dedicábamos 100% a esto. O sea, de los que vivíamos de la pintura. Dos o tres. Y ahora ya no te podría decir, ahora son hartos. Entonces, de todas maneras que ha proliferado.

—¿Y crees que son valoradas este tipo de intervenciones urbanas? Por ejemplo, hay algunas que se convierten finalmente en plazas de bolsillos, en paseos.

—Es que de a poco yo creo que la gente se ha ido dando cuenta del efecto que tiene la pintura callejera. Por un lado en la parte comercial, de hecho en los seminarios de negocio, de marketing, se le aconseja a los locatarios que tienen que pintar su fachada, que tienen que ponerle un poco de arte porque es una manera de llamar la atención, no se ve tan atractivo un negocio que no está pintado, que no tiene algo gráfico, algo expresivo en su fachada. Entonces ya desde ese lado obviamente que se empezó a valorar, empezó a ser necesario, y desde el espacio público también.

El efecto que tuvo Paseo de Bandera es difícil de explicar. Cuando lo inauguramos, fue primera vez en la historia de la Municipalidad de Santiago que tuvieron siete portadas en los periódicos del país, por ejemplo (…). El impacto que tiene el arte público yo creo que es muy amplio, es muy potente y lamentablemente no siempre es valorado como se debiese valorar. Pero sí hay una inclinación a que se tenga en cuenta cómo afecta de manera positiva al espacio público el arte en los murales, por ejemplo o el arte en el espacio público en general.

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