Opinión
19 de Octubre de 2025
Perfil de Dorothy Pérez: Lo bueno y lo malo de ser la estrella
Por Kike Mujica
La contralora debe ser uno de los personajes más valorados en Chile. En la Enade 2025 tuvo un tratamiento de rockstar. Algunos ven ahí el riesgo de mareo de altura; otros creen que su visibilidad es provechosa para el país.
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Dorothy Pérez, vestida completa de azul, con aplomo se despliega en el escenario gigante de Enade, pantallas full, y expone con un power point: propone, argumenta, bromea, sentencia, explica. Cada cuatro minutos, la concurrencia la ovaciona. Ella, como si fuese un tic, dice “muchas gracias”. Cuando termina su exposición, final largo, se despide en medio de la gloria. El público ya lo tiene pensado: levantarse de las sillas y aplaudir hasta que las manos duelan. Si pudieran, le pedirían un bis.
Comentario de pasillo: “Si se presenta a presidenta, gana”. Cuentan que debió abandonar el recinto por la cocina, como si fuese una rockstar.
Un hecho que pasó inadvertido: algunos candidatos aprovecharon el tumulto para tratar de sacarse una selfie con ella.
Hábilmente, logró zafar.

Los recatados
Los contralores, históricamente, son personas que persiguen sombras y evitan luces. Desde 1927, cuando se creó la institución, ha habido 18.
Pérez es la primera mujer en dicho cargo.
Desde el mando de Ramiro Mendoza que el contralor tiene mayor visibilidad mediática. Por coyuntura -han aumentadolos casos de corrupción y su cobertura mediática- y por la personalidad de los últimos tres.
Jorge Bermúdez se vio enfrascado en varias polémicas públicas. No las evitaba; muchos creen que las buscaba. Inventó a Contralorito, una especie de corpóreo virtual, un loro, que se convirtió en un influencer en las redes sociales (cuando llegó Pérez, el pájaro pasó a mejor vida: en broma, dicen que Dorothy lo encerró en el subterráneo).
Pero ni Mendoza ni Bermúdez lograron la reputación y visibilidad de Pérez. Tal como lo que ocurrió con Bielsa. Los personajes mutan en una especie de estándar moral.
El origen de la historia se remonta a mayo de este año. La Contraloría divulgó un informe que denunció que más de 25 mil funcionarios viajaron al extranjero mientras estaban con licencia médica.
¿Quién es Dorothy?
El periodista Sebastián Palma escribió de su vida en The Clinic. La contralora nació en 1976. Su nombre es herencia de su madre y es homenajea a una antigua estrella de Hollywood: Dorothy Lamour.
El padre era obrero de la construcción y su madre profesora normalista. La familia vivió en Las Cruces hasta que Dorothy pasó a la enseñanza media: era hora de volver a Santiago en busca de una mejor educación. Vivieron en Conchalí y ella estudió en el Liceo Miguel Cervantes.
Los esfuerzos de la familia -para engrosar el sueldo, su madre trabajaba en la feria Zapadores- no fueron en vano: Dorothy entró a Derecho en la U. de Chile. Sus compañeros la recuerdan como una excelente alumna.
Su memoria fue sobre la jurisprudencia de la Contraloría (nota 7.0). Al egresar, entró a trabajar ahí.
Ha pasado toda su vida en dicho organismo, salvo un paréntesis: fue jefa jurídica del Ministerio de Educación bajo el mando de Nicolás Eyzaguirre.
Cuenta Palma que el 18 de octubre de 2024, cuando Pérez compareció frente al Senado que debía votar su candidatura, enunció que luego de egresar “comenzó en el grado 17, correspondiente a la planta técnica. Añadió que luego dio el salto a la planta profesional. Les dijo que trabajó en las contralorías regionales de Magallanes y Valparaíso. Que conocía la institución desde abajo y desde arriba; como subalterna y como jefa. Que había dirigido equipos pequeños y grandes”.
—La vida me ha preparado para afrontar el enorme desafío de asumir la conducción de esta señera institución—, dijo”.

Antes, la humillación
Llegaba a la cima después de un episodio surrealista. Palma lo relata: “En 2016, fue llamada por el contralor Jorge Bermúdez —con quien había trabajado de cerca— para asumir como jefa de gabinete y, poco después, como subcontralora general de la República. Durante un tiempo, la relación entre ambos fue de confianza y colaboración. Pero en 2018, esa cercanía se quebró. Bermúdez fue informado de que Pérez había sido citada a declarar en la investigación por el fraude en Carabineros”.
Bermudez se irritó y la despidió por “pérdida irreversible de la confianza”. Pérez recurrió a tribunales y se defendió: dijo que “se había negado a firmar seis sumarios administrativos que pretendían cerrarse mediante sobreseimiento por prescripción. Según la postura de Pérez, aquello era jurídicamente improcedente: según la actual contralora los casos debían investigarse a fondo antes de concluir que no había responsabilidad administrativa”.
La Corte de Apelaciones y luego la Corte Suprema calificaron la remoción de arbitraria e ilegal y ordenaron su reintegro.
Lo que vino después cuesta creerlo. Bermúdez la envió por al congelador: la utilizaba por trámites menores y no le hablaba.
Una humillación que duró cinco años.
¿Es la persona o el cargo?
El 24 de septiembre pasado el CEP organizó un seminario: «Empleo público: el Estado en su laberinto». En la conversación estaba la contralora y el profesor e investigador del CEP, Sebastián Soto.
A la hora de las preguntas del público, Aldo Mascareño -investigador senior del CEP- entró en un tema del que pocos hablaban, quizá por el temor a ser considerados iconoclastas. La denuncia de los enfermos imaginarios y sus licencias médicas había consagrado a “Dorothy” como el símbolo del “sí se puede” e intocable.
Mascareño argumentó que “uno de los principios del Estado moderno es la separación del cargo y la persona”. Apelando al estilo de Pérez, le dijo que percibía en su gestión “un movimiento hacía una desdiferenciación entre la persona y el estilo personal y la ejecución del cargo, lo que denota el discurso de cómo usted describe su propio trabajo… eso me parece que puede ser sentido común, pero no me parece un principio aplicable a todos los cargos públicos que tienen que justamente diferenciar entre el cargo mismo y el ejercicio personal que uno hace en el cargo”
Agregó: “Si usted llegó ahí es porque hay algo bueno en la organización del Estado que permite que usted haga su trabajo de la manera en que lo está haciendo… Yo quería preguntarle qué es lo bueno que permite que usted haga su trabajo de la manera en que lo hace y cómo usted transforma ese estilo personal en una institucionalización de método de trabajo de la Contraloría, que quede más allá después de que usted deje el cargo”.
La contralora respondió:
“La mayoría de las cosas que he dicho las estoy diciendo como expositor en este momento. Por eso digo “yo pienso”, “yo creo”. ¿Por qué se dio la posibilidad de tomar las decisiones que he descrito en la Contraloría? Fundamentalmente porque las normas y el diseño institucional permiten que uno tome esas decisiones. Pero hay decisiones que se tomaron en mi calidad de subrogante. O sea, ahí había un riesgo y se tomaron igual. Es ineludible de que el estilo de trabajo que tenga una jefatura impacta. Lo que tenemos que tratar, y concuerdo plenamente con usted, es que más allá del estilo de quien sirve el cargo hoy día, las normas y los protocolos de funcionamiento sean lo más eficiente posible para que quien llegue al cargo pueda seguir en una gestión rápida y eficiente, más allá de su estilo personal”.
Le pregunto a Mascareño qué lo animó a plantear el tema.
“Es evidente que aquí existe una tensión entre la formación de un personaje y la institución misma. Hay algo nuevo y distinto: “El personaje Dorothy”. Que la llamemos “Dorothy”, o el “huracán Dorothy” lo demuestra”.
Mascareño dice que no se trata de criticar el trabajo de Pérez. Para nada. Al contrario: los elogios están totalmente merecidos.
La reflexión que el investigador del CEP manifiesta se refiere a que la institución no parte y no termina con ella
“Sus declaraciones me dan la sensación de que ahora la Contraloría está haciendo lo que siempre debió haber hecho, que era fácil hacerlo, que las leyes existían. Es como “ahora sí, ahora lo vamos a hacer bien”. ¿Y dónde queda la historia de la institución?”.
Mascareño sostiene que el Estado Moderno, según Weber, debe tener promover un liderazgo legal-racional: La autoridad proviene de la ley o de normas racionalmente establecidas, y quien manda lo hace en virtud de un cargo, no por cualidades personales: el funcionario es “sirviente de la norma”.
“No está mal que contralores o contraloras quieran imprimirun sello distinto, y que por tanto promuevan un liderazgo más carismático. Eso puede ser positivo. El problema es cuando ese liderazgo carismático comienza a apropiarse de la función misma: “la Contraloría soy yo”. No digo que esté aconteciendo con Dorothy Pérez, pero es pertinente la reflexión, porque siempre está el riesgo presente”.
El diario El País de España tituló esta semana: “Las aprensiones a la ‘Dorothy-mania’. Tras la ovación recibida por los empresarios y políticos en Enade, ya hay quienes ponen paños fríos a darle tanto protagonismo a la líder de la Contraloría”.
Carlos Peña, en su columna en El Mercurio, fue particularmente duro tras la Enade: “Ella comienza a verse a sí misma, o la están convenciendo para que se vea, como una salvadora providencial en un escenario que se presenta como de una corrupción reinante. Lo preocupante es que el arrullo que los empresarios y los medios le han dado a la contralora, y que tuvo un momento culminante en esta reunión, está arriesgando que ella crea efectivamente ser lo que le dicen que es (el faro moral, la única capaz, que si ella lo hizo, ¿por qué los políticos no?, etcétera) y que, convencida de eso, pierda la sobriedad y la contención que se espera de su cargo”.
Una funcionaria como pocas
En el encuentro CEP antes mencionado, luego de que Mascareño reflexionara sobre la frontera entre el cargo y la personalidad, intervino el abogado Sebastián Soto.
“¿Quién quieres que te gobierne? ¿La mejor de las personas o la mejor de las leyes? De Aristóteles que la filosofía política giraba en torno a ese dilema. Bobbio alguna vez escribió que esto no es así: nosotros queremos a la mejor de las personas y a la mejor de las leyes. Sí, hay que institucionalizar la función pública, pero necesitamos que lleguen a esa función pública los mejores”, dijo.
Detrás de esa reflexión se inscriben quienes ven con buenos ojos la performance de Pérez. “La gracia de tener personas competentes como ella es que fijan un estándar sobre el nivel”, me dice un experto en derecho administrativo.
Hablo con gente que conoce a Pérez. Me dicen que al asumir el cargo se propuso dar a conocer el rol de la Contraloría. Ha viajado por todo Chile, sin medios de comunicación, para socializarlo.
Aceptó la invitación de Enade, aseveran, porque quería reivindicar el rol del sector público en un mundo -empresarios y ejecutivos- que en general mira con desconfianza al Estado.
“No es cierto que busque figuración mediática: nunca ha dado una entrevista. Y le han pedido mil veces”, agregan.
Una persona que la conoce me dice, a modo de hipótesis, que el conflicto que tuvo con Bermúdez quizá influye en suactuar público. “Se trata de reivindicar su nombre después de una humillación”, agrega.
Final
Según su entorno, Pérez, después de esta acontecida Enade, hibernará comunicacionalmente por lo menos seis meses, salvo que críticas a la Contraloría la obliguen a responder en los medios.
También aceptan que muchos se están tratando de apropiar de su figura. “Yo no dependo del gobierno que pasó, ni del que está, ni del que vendrá”, dijo Pérez en la Enade.
Le pregunto a alguien que la conoce sobre esta manía tan chilena que tiende a situar a personajes que ganan relevancia pública -por diversos motivos- en la pole position de las presidenciales.
“Jajaja… Olvídense de Dorothy 2030”, dice.
En 2030 hablamos.



