Tiempo Libre
28 de Octubre de 2025Las reflexiones de Héctor Noguera en su autobiografía: la dictadura, las primeras teleseries y un manifiesto sobre cómo vivir sus últimos días
Héctor Noguera, uno de los rostros más emblemáticos de la televisión chilena, falleció a los 88 años dejando un legado que abarca teleseries, teatro y cine. Su autobiografía, escrita por su hijo Damián Noguera, reúne recuerdos de sus primeros pasos en la pantalla, reflexiones sobre la dictadura, su carrera teatral y su visión sobre cómo vivir los últimos días, consolidando la memoria de una vida dedicada a las artes escénicas.
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Héctor Noguera falleció a los 88 años. Fue su familia quien informó, la noche del lunes, sobre su delicado estado de salud, que lo mantenía alejado de su trabajo como actor y director, labor que ejerció hasta sus últimos días. Con su partida, también ha sido momento de recordar su legado en las teleseries, el teatro y el cine, así como en sus propias palabras.
“Autobiografía de mi padre” son las memorias actorales escritas por su hijo Damián Noguera, un libro en el que intentó encauzar la memoria de Héctor Noguera, transformándola en un relato de ficción. El libro, publicado por Editorial Catatonia, recupera distintos pasajes de su vida profesional y personal.
En el texto, Noguera recuerda su paso por Los días jóvenes, la llamada primera teleserie nacional, presentada por el canal como “la historia de una familia de clase media acomodada frente a los diarios problemas humanos”.
Sobre su papel, el actor cuenta que “uno de esos diarios problemas humanos involucró mi muerte recién en el tercer capítulo”. Según Noguera, eso fue suficiente para que el director nacional Miguel Littin lo llamara para participar en El chacal de Nahueltoro.
De sus primeras grabaciones relata: “No hay registro en cinta a la manera en que lo hacen las teleseries mexicanas o argentinas que dan a la una de la tarde. Tampoco hay edición. No se pueden retomar escenas en caso de que uno de los actores se equivoque. No existe posibilidad de error y, como no la hay, no nos equivocamos. Siento la misma tensión del teatro, solo que con cámaras y técnicos en vez de público. Los actores tenemos que lograr escondernos debajo de una cámara para pasar a hurtadillas al set siguiente, o aprovechar la emisión de algún raro exterior ya grabado, en el caso de que haya financiamiento, para cambiarnos de vestuario y volver a la transmisión”.
Y agrega: “Las teleseries no son en realidad teleseries. Son más bien teleteatros seriados, a veces intercalados por pequeñas grabaciones. Cada capítulo es un enredo y equívoco nuevo. Los estudiantes de la Chile juegan con sus sables con un entusiasmo guerrero que estoy empezando a temer”, recuerda sobre sus inicios en la pantalla chica.
Años después, también relató el inicio de la dictadura militar: “Isidora y yo no nos hemos hablado desde que escuchamos la primera transmisión de Allende por la radio, cerca de las ocho de la mañana. Existe la posibilidad de que me vengan a buscar. Tercer Mundo está en la etapa de posproducción de una película sobre el gobierno comunista de Marmaduke, la cual está en pleno proceso de importación, y es dirigida por Miguel, ahora presidente de la muy socialista”.
“Tampoco tuvimos que hablarnos para decidir que este día —y probablemente varios días más— las niñitas no van a ir al colegio, o que tampoco voy a tener funciones por un tiempo y tendremos que sobrevivir a esta nueva convivencia impuesta. Tampoco le pregunto por qué está triste hace ya tanto tiempo. O por qué está enojada”.
En el texto también aborda su prolífica carrera teatral: “Toda mi vida he actuado dentro de los márgenes de una institución: el Colegio San Ignacio, la Academia de Teatro, la Universidad Católica… y ahora es la primera vez que me siento dueño de un proyecto propio que no está al servicio de nadie más que de mí. Pepe renunció al Ictus. Yo renuncié a la Universidad Católica. Las constantes funciones para colegiales me quitaron la poca energía que me quedaba. Los dos nos formamos en esos teatros. Aún sentimos el vértigo de este nuevo paso. Sacamos las siglas H. N. del baúl y Teatro Camino es ahora nuestro principal proyecto teatral”.
En sus memorias también narra su encuentro con el presidente Patricio Aylwin, el cual se concretó a través de una amiga en común: “Aylwin entra a la casa de Miguel. Saluda a Ana María. Le da un abrazo largo y afectuoso. ‘¿Cómo está, Anita María? ¿Cómo está, Miguel hijo?’ Me presenta. Le dice al presidente que soy actor y director. Un saludo formal, pragmático. Nos sentamos en el living. Intento hablar de cultura, pero el mandatario le pregunta a Anita María cómo ha sido vivir en Nueva York. La mirada disimulada de Ana mientras el presidente la invade en preguntas. Intento hablar de cultura otra vez. No sé qué decir. Las risas de Miguel. El entusiasmo de Aylwin. La inmensidad de los edificios de Manhattan. La posibilidad de que Chile sea Manhattan. La promesa de que Chile, efectivamente, va a ser como Manhattan. Todavía no sé qué decir. Busco su mirada. Digo: ‘Presidente, soy actor, y como soy actor, me ha tocado hacer muchas giras internacionales’. Me tiemblan las rodillas. El tintineo chillón de las tazas de porcelana. ‘Y cada vez que salgo del país, me preguntan por Pinochet y no por usted’. Silencio”.
El texto de la autobiografía de Héctor Noguera, también aborda lo que significó ganar relevancia en la opinión pública a través de las teleseries de TVN. “Las teleseries me han transformado en un rostro de la televisión abierta chilena. Le decimos televisión abierta a las transmisiones no cifradas que no requieren ni de una suscripción ni de un proveedor para ser emitidas por los televisores del país. Llamamos teleseries a las ficciones seriales que se transmiten en los horarios estelares de los canales nacionales, entre los programas de competencia juvenil de la tarde y el noticiario central de la noche. Le decimos rostro a una persona cuya exposición pública ha sido tan alta que su cara puede ser tomada como una metáfora que resume toda la extensión de su cuerpo, como un nombre propio frente a la dureza del vidrio de un espejo.”
El libro también contiene una reflexión sobre cómo le gustaría vivir sus últimos días:
“El final debería ser como esa obra que hice con César Brié en Teatro Camino. Esa obra que se llamaba Todos los ausentes y que contaba la historia de un actor. Un actor que era yo. Deberíamos armar una escena en donde se acerque algún hijo o algún nieto y me diga: ‘Papá, o abuelo o bisabuelo…, quiero estudiar Teatro’.
Y entonces deberías poner que eso me hace feliz, que en un inicio era un niño solitario que perdió a su papá y que, por imitarlo, quiso estudiar Teatro, y que ahora tengo una gran familia. Deberías decir que esa familia hace lo mismo que hago yo, o que quizás hacen lo mismo que yo para saber dónde estuve yo durante todo este tiempo. Eso deberías escribir. Que yo imité a mi padre y que luego mis hijos me imitaron a mí. Y así se arma el círculo completo. Cada uno actúa como si fuera el otro. Y creo que es necesario que se arme un círculo completo. Sí. Es lindo decir que mi familia se dedica a lo mismo que me dediqué yo. Decir que mis sueños y los suyos siempre van a ser los mismos”.



