Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Reportajes

Ellos bailan solos: los hombres y mujeres que se cansaron de esperar compañía y decidieron ir en solitario a discotecas y conciertos

Cada vez más chilenos y chilenas van a discotecas y conciertos solos, movidos por las ganas de disfrutar sin depender de nadie. Lo que antes podía parecer raro o triste hoy se asocia a libertad e independencia. Aunque algunos todavía se sienten juzgados, para muchos es simplemente una forma de disfrutar y pasarlo bien a su ritmo, sin que nadie moleste. "Me parece una experiencia muy liberadora ir sola", cuenta una de las entrevistadas. "Son momentos sociales, pero no hay necesidad de tener una compañía".

Por Ronit Bortnick y Colomba Bolognesi 2 de Noviembre de 2025
Sandro Baeza / The Clinic
Compartir

Nicolás Fernández (34) suele ir a bares y discos solo. “Siempre ha sido una buena experiencia”, relata. El joven cuenta que no tiene problema con “carretear” sin compañía, y que muchas veces se encuentra a conocidos al llegar al lugar o simplemente se hace amigos nuevos. “Me encuentro con alguien, o si no, siempre hay gente buena onda. He tenido hasta citas”, asegura.

Normalmente a Nicolás le dan ganas de ir a la disco después de haber estado tomando con sus amigos. Si ellos están demasiado cansados para acompañarlo, no se complica: pide un Uber y llega solo a Illuminati, una disco ubicada en Bellavista. A estas alturas, el lugar se ha vuelto tan familiar para él que no tiene problema en ir por su cuenta y disfrutar la noche.

Otras veces, mientras pasea solo por las calles cercanas a su casa, termina entrando al Foxy Bar, en Providencia. Todavía recuerda muy bien la primera vez que fue al bar: aquella noche estaba con sus amigos y notó que muchas personas llegaban sin compañía, sentándose tranquilamente en la barra. “Pensé que igual era interesante, como que la gente estaba sola, pasándolo bien, conversando”, relata. Así que, “me aventuré y fui solo, los primeros dos tragos fueron incómodos, pero después fue muy agradable”, agrega.

Nicolás cree que “igual existe un poco de prejuicio” sobre hacer este tipo de panoramas en solitario. La mayoría de las veces no tiene problema en decir que fue a la disco por su cuenta, pero aún así, “depende de la persona que me lo pregunte”, asegura. “Si una persona que estoy conociendo por primera vez me pregunta si estoy solo, siento que me va a encontrar como medio psycho“, relata. “Ahí digo, no, estoy con estos amigos que están más allá”, admite.

La forma de carretear de Nicolás no es única. En Chile, cada vez más personas deciden ir solas a discos, conciertos o festivales, rompiendo con la idea de que la diversión depende de estar acompañado. Lo que antes podía verse como un prejuicio, hoy se asocia a independencia, búsqueda de conexión y libertad para disfrutar sin depender de terceros.

Salir solo ya no es un sinónimo de ser un freak.

Según la Encuesta Nacional de Participación Cultural y Comportamiento Lector 2024 (ENPCCL), un 38,2% de las personas afirmó haber asistido a un concierto al menos una vez en los últimos doce meses. De ellos un 8,6% de los encuestados aseguró haberlo hecho sin compañía.

La experiencia de vivir un concierto sin compañía

El panorama favorito de Esperanza Gatica (27) es ir a conciertos. De hecho, siempre destina cierta cantidad de su dinero para comprar entradas. Como no todos sus amigos tienen esa prioridad o los mismos gustos en artistas, suele ir sola. “Es un lujo al final del día, porque los conciertos no son baratos. Termino yendo sola porque nadie más de mis cercanos va, y no por eso me voy a privar de escuchar a uno de mis artistas favoritos“, dice la joven. “Yo creo que en lo que más he gastado plata en mi vida ha sido en conciertos”, admite.

Me parece una experiencia muy liberadora ir sola. Puede ser mucho más provechosa y relajada. Es un momento de confiar en una misma, de que puedes hacer lo que quieras sola. Son momentos sociales, pero no hay necesidad de tener una compañía”, cuenta Esperanza.

Sofía Pais (22) lleva seis años yendo a conciertos sola. Si bien disfruta de ir a este tipo de eventos masivos con familia o amigos, a medida que fue creciendo se dio cuenta de que no le gustaban los mismos artistas que a ellos. La joven explica que “otro factor grande es que estoy dispuesta a pagar bastante por una buena entrada, lo que yo sé que no todos están dispuestos a hacer”.

Sofía prioriza “la experiencia del artista, lo que él me puede ofrecer que sea distinto a lo normal, me interesa mucho concentrarme en eso. Muchas veces, cuando una va acompañada, creo que eso se pierde”. También explica que “uno siempre conoce gente en los conciertos (…) En cuanto más under o indie el artista, más cuenta te das de que algo compartes con los otros fans”.

Fernanda Arancibia (23) también lleva varios años asistiendo a conciertos sola. “Me gusta ir en grupo y gozarlo, pero igual me gusta ir a mi propio ritmo, yo manejar mis tiempos, demorarme lo que yo quiera en ver la merch o comer. Ha sido increíble”.

“Como soy mujer, siempre tengo que buscar alternativas que sean Uber mujeres o que solo lleven mujeres y la verdad es que ahora las idas y vueltas son muy seguras”, añade Fernanda.

Salir a la disco solo: un impulso que se disfruta

Ángel Guarello (27) disfruta ir solo a las discos. “Es una decisión más impulsiva. A la disco voy cuando estoy motivado, con ganas de bailar y me pido un Uber y me voy”. El joven asegura que suele encontrarse con conocidos porque las discos de Santiago son grandes y es fácil toparse con alguien.

A Nicolás Villagra (25) también le gusta ir a las discos solo. Su casa le queda cerca de su discoteca favorita, la Blondie, en el centro de Santiago. “Me gusta ir cuando tengo tiempo y plata para sacar la energía y todo eso”, dice.

El joven suele ir solo a la disco porque trabaja los fines de semana y después está “muy cansado”. Nicolás añade que “voy normalmente los miércoles o jueves, entonces ahí nadie te puede apañar porque todo el mundo trabaja en la semana”.

“Si necesito distraerme o quiero ir a algún panorama que me gusta y nadie me puede acompañar, no tengo problema en ir sola y pasarlo bien”, relata María Jesús Benavente (23). Ha ido a discos y conciertos sola y asegura que “al final todos están con el ánimo de pasarlo bien, entonces yo llegaba y conocía gente, o me encontraba con gente que ya conocía y terminaba pasándolo muy bien”.

“El año pasado iba harto a la disco sola porque me ayudaba a distraerme, estaba con mucho estrés. Entonces, cuando alguien no me podía acompañar partía sola nomás. Al final siento que tú tienes que estar dispuesta a pasarlo bien sin depender de otros”, relata la joven.

María Jesús igual piensa en los riesgos de salir sola de noche. Por eso, siempre pide un Uber para ir a su disco de costumbre: Club Subterráneo, ubicada en Providencia. Ella prefiere lugares no tan grandes, con gente de su edad y que queden cerca de su casa.

Una forma distinta de conectar con otros

La psicóloga de la Universidad Diego Portales, Denisse Dukes, asegura que esta tendencia es “un fenómeno actual que se ha ido poniendo en la escena los últimos años. Tiene que ver, sobre todo, con estas nuevas generaciones, la generación Z o los millennials, donde hay un intento por priorizarse a uno mismo”. Explica que hoy “la gente joven quiere seguir sus pasiones y consideran muy importante el equilibrio entre la vida personal y la vida educacional o laboral”, asegura.

Además, asegura que la conducta tiene que ver con que las personas “buscamos vincularnos con quienes tienen intereses comunes a nosotros. Entonces, es un espacio como bien propicio para ir generando este tipo de vínculos”.

Por su parte, el psicólogo de la Universidad Central, Mladen Matulic, añade que las generaciones más adultas —como los millennials— podrían estar replanteándose esta nueva forma de vincularse: “Voy solo a un concierto, pero con la expectativa de que me podría vincular y conocer a otra persona en un lugar con gente que comparte mi gusto por la música o la danza”.

Sin embargo, Matulic advierte que “eso no significa que efectivamente sea una estrategia que de por sí me propicie vínculos positivos y estables en el tiempo”.

Así, cada vez más personas optan por disfrutar de conciertos, festivales o discos a su propio ritmo. Para muchos esto dejó de ser una excepción y se transformó en una forma legítima de pasarlo bien sin depender de otros. Esta práctica, lejos de ser marginal, empezó a consolidarse como parte de las nuevas formas de socializar.

Notas relacionadas