La investigadora que recoge historias de niños nacidos por óvulos y espermios donados: “Les pregunto ‘¿qué es para ti una mamá y un papá?’ y me dicen ‘es la persona que me quiere y cuida’”
Huevitos mágicos, pociones y semillas que se buscan lejos: así cuentan los niños su llegada al mundo cuando hay donación de gametos. La sicóloga Javiera Navarro Marshall investigó cómo estas nuevas y diversas familias -que son cada vez más- hablan de su origen, escuchando esta vez a los mismos niños. "Los niños tienen una capacidad increíble muy tempranamente de poder no solo entender, sino que elaborar estas historias y armar sus propias teorías, preguntar. Y en esa capacidad fantasiosa empiezan a armar su memoria autobiográfica", explica la investigadora.
Por Isabel Plant 29 de Noviembre de 2025
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Florencia tiene tres años y una sola mamá, que usó óvulos y espermios donados para concebirla. Su madre le pregunta qué cuento quiere escuchar.
“El de la mamá osa y el huevito mágico”, responde la niña.
Su madre se embarca en la narración: “Esta era una mamá osa que vivía en el bosque y quería tener un bebé. ¡Un bebé osito! Pero necesitaba un huevito mágico y no lo podía encontrar. Y buscaba y buscaba al huevito y fue al mar y nadó en la playa y nadó hasta lo profundo. Y buscó el huevito en lo profundo del mar y no lo encontró. ¡Después, subió la montaña! Buscando el huevito mágico”.
La historia sigue con la búsqueda por el bosque, en los árboles, sin éxito. “La madre osa está muy triste, cuando se queda dormida y recibe un huevo de regalo. “Dijo ‘¡Este huevito es el más lindo que yo he visto en la vida!’. ¡Es para mí! (…) No sabían quién le dejó el huevito. Nunca supo. Y se puso el huevito dentro de la guatita y el huevito empezó a crecer, a crecer, a crecer y la guatita le empezó a crecer, a crecer, a crecer y mamá osa estaba muy feliz. ¡Hasta que nació el bebé osito! Salió de la guatita y era una bebé hermosa. ¡Preciosa! ¡Una princesa, qué bebé tan lindo!”.
Florencia dice que le gusta esa historia.
Elena tiene cuatro años y dos mamás; fue concebida por donación de espermios. Es la niña la que le está contando un cuento a su mamá: “El corazón se une a guatita y después se empieza a inflar, inflar, inflar, inflar”, dice la niña.
“¿Y por qué se infla la guatita”, pregunta la madre.
“Es que el corazón se une a la guatita y, cuando la guatita, se ‘estúcula’ y ‘estúcula significa que ahí está, el corazón. Y se infla el corazón, infla el corazón, y ahí aparece el bebé”, cuenta Elena.
La mamá le pregunta qué es “estucúla”. La niña contesta: “Es cuando aparece el corazón en la guatita”.
Lorenzo tiene 5 años, fue concebido con donación de espermios en una familia heteroparental. Quiere saber quién lo creó. Le explican que trajeron espermios de un donante de Estados Unidos, que unieron con el óvulo. El contesta: “¿Hicieron como una poción?”.
A Álvaro, a los cuatro años, lo que más le gusta de su cuento es que su madre -es fruto de maternidad singular con donación de espermios- fue lejos a buscar “la semillita” para su nacimiento. Cuando se le vuelve a entrevistar, a los 9 años, dice que le gusta su historia, se “siente feliz” con ella. Pero que no la comparte con más niños, porque cuando alguna vez la comentó con sus compañeros “decían que era una semilla de una planta”, explica él.
Marco, de 7 años, dice que no le gusta el señor que dio “las semillitas” porque lo encuentra feo y dice que a su mamá le gusta hablar de eso pero a él no. A Ariel, de 8 años, no le gustó saber que venía de otra “dama” y se sintió raro la primera vez que escuchó el relato. Dice que no tiene parte favorita de su propio cuento.
Los nombres de los niños han sido cambiados, pero todos son parte de conversaciones reales entre familias que han pasado por Tratamientos de Reproducción Asistida (TRA): familias homoparentales, monoparentales y heteroparentales, que usaron gametos donados -óvulos y espermios- para traerlos al mundo.
Las conversaciones fueron registradas para la investigación de la sicóloga Javiera Navarro Marshall, académica de la Universidad Alberto Hurtado y directora del Magíster en Clínica Relacional; ha estado estudiando cómo se construyen los relatos de origen en familias diversas.
Cuando en Chile -al igual que en buena parte del mundo- se discute sobre baja de natalidad y los TRA se usan cada vez más, Navarro le ha puesto el micrófono a los niños y niñas, protagonistas de esta revolución de la reproducción, para ver cómo ellos viven y sienten su origen.
Investigar a partir de la propia experiencia
Javiera Navarro se interesó en la investigación de los niños y niños nacidos con TRA, porque es también la historia de su propia familia. “Yo soy lo que se llama en Chile una madre singular, que es una mujer que decide tener hija o hijo, sin estar con pareja”, cuenta a The Clinic.

“Mi decisión no fue no tener pareja, sino que no tenía pareja, fue una decisión más bien de circunstancias de la vida. Yo siempre pensé que quería tener un hijo estando emparejada, pero las circunstancias no se dieron y estaba muy cercana al final de mi edad fértil. Y para mí la experiencia de ser mamá era algo que no quería dejar pasar”, recuerda.
“Como soy psicóloga infantil, creía que yo tenía elementos para pensar que mi hija o mi hijo iban a poder tener una buena vida, en la medida que tuvieran una mamá altamente motivada y que no iba a ser algo muy doloroso ni muy difícil venir a este mundo con solo una mamá”
Navarro -quien es cofundadora del grupo Maternidades Singulares, junto a Soledad Cartagena- tuvo a su hija, quien hoy tiene casi 13 años, cuando tenía 38. Se hizo el tratamiento de reproducción en el año 2012, cuando aún no era tan usual que las mujeres solas tomaran esa opción, y ellas, o para las parejas heterosexuales que usaban gametos donados, la sugerencia era que no le contaran a nadie; lo que primaba era el secreto.
“Los comités de ética de la gran mayoría de las clínicas no aceptaban que mujeres solas se inseminaran con donantes de espermios, y los médicos todavía aconsejaban no contar. La psicología se había metido muy poco en el tema. Y yo creo que eso es una de las cosas que yo intento hacer”, dice Navarro. “Que la psicología entre a este mundo de la medicina reproductiva. Yo le pregunté a mi doctor, en ese entonces qué hacía, si le contaba a mi hija, cómo lo manejaba, y me contestó: ‘No, no le cuentes’. No tenía por qué darme una respuesta psicológicamente informada”.
—¿Cómo manejas la duda de si tu experiencia personal puede interferir en tus conclusiones?
—Yo me posiciono en mi investigación desde un lugar de la subjetividad, no tengo ninguna pretensión de decir yo soy absolutamente objetiva, por eso también he optado por una mirada de la investigación mucho más cualitativa. Lo declaro muy abiertamente para que el otro me escuche también desde ahí, esta es una mujer que optó por este camino y que se ha dedicado a investigar.
“Ahora, en mi dedicación como investigadora, saqué un doctorado en el tema, he publicado en revistas importantes. La validación viene también desde afuera, de otros que viendo lo que yo he hecho, sabiendo mi experiencia personal, sí han valorado que esa es una información que es relevante a ser atendida”.
Navarro ya estudiaba primera infancia y vínculos tempranos. Y su maternidad la llevó a lanzarse por el camino de diversidades familiares, en un panorama reproductivo que cambiaba aceleradamente. Las cifras oficiales son escasas, pero según estimaciones del doctor chileno Fernando Zegers, experto en reproducción, desde 1978 -cuando comenzaron los TRA- hasta 2018, han nacido entre 9 y 13 millones de niños con estas técnicas.
En Chile, el mismo Zegers ha estimado que desde 1990 -cuando creó la Red Lationamericana de reproducción asistida, o Redlara- hasta 2022, han existido alrededor de 22 mil nacimientos que usaron TRA; 4.500 serían niños concebidos con donación de gametos. La tasa de crecimiento de estos tratamientos, se acelera día a día.
Óvulos y espermios donados: nacer de huevos mágicos o semillitas
El saber de dónde venimos, contar nuestra propia historia, es parte de la construcción de nuestra identidad. Según estudios sobre adopción, el conocer la procedencia genética no es determinante, pero ayuda a entenderse o a bajar la ansiedad del ¿quién soy? y ¿de dónde vengo?
El conversar con sus hijos la historia de su concepción es algo a lo que se han tenido que enfrentar con más intensidad las familias homoparentales y monoparentales, ante la curiosidad de los niños. Y en el caso de gametos donados, dice Navarro, el secreto aún prima en muchas familias heteroparentales, y son las familias no tradicionales las que más han comenzado a abrir estas conversaciones con los niños.
No hay demasiados estudios al respecto, pero la experiencia internacional dice que, hasta el momento, los niños concebidos con ovodonación o espermios donados, parecen estar en paz con su historia, priman sentimientos de neutralidad. Las investigaciones apuntan a que, aunque muchas veces se les empiece narrando cómo llegaron al mundo de manera más temprana con metáforas y cuentos adecuados a su edad, recién entre los 7 a 10 años logran comprender de manera más profunda lo informado, a lo que responden con curiosidad.
Los desafíos emergen muchas veces en la adolescencia. Los adolescentes estudiados que saben que vienen de material genético donado, reportan diversos sentimientos: se sentían indiferentes, positivos o a veces ambivalentes frente a la información. Y son los adultos que se enteraron tardíamente de su historia de origen, donde la investigación describe que la experiencia es de ”disrupción de la identidad”.
Navarro acaba de publicar un paper en el Journal Family Process, con un estudio hecho con 19 niños y niñas, pertenecientes a familias hetero, homo y monoparentales en Chile. La petición a madres y padres fue que si ya estaban compartiendo con sus hijos el relato de origen, o planeaban hacerlo, se grabaran mientras lo hacían. Luego Navarro hizo un análisis exhaustivo de qué tipo de relatos se construyen.
“Mi primera pregunta era ¿qué pasa con estos niños? ¿Cómo van a criarse? ¿Van a ser niños infelices?
¿Van a ser niños que van a sufrir? Pero la evidencia internacional ya era bastante categórica para saber que estos niños estaban bien“, dice la académica. “No hemos hecho hasta la fecha estudios longitudinales sobre desarrollo infantil con estos niños creciendo en Chile, pero hay buenas razones para pensar que no van a tener grandes problemas psicológicos”.
Ahí aparecen los cuentos del inicio del texto: encuentros íntimos, algunos emocionantes, otros difíciles, donde los niños y niñas absorben de distintas maneras su historia de origen.
“Las conclusiones más importantes, son que estas conversaciones existen, son complejas, son muy íntimas y la psicología tiene que de alguna manera apoyarlas”, dice Navarro. “No son conversaciones sencillas. Los niños tienen una capacidad increíble muy tempranamente de poder no solo entender, sino que elaborar estas historias y poder armar sus propias teorías, preguntar. Y en esa capacidad fantasiosa empiezan a armar su memoria autobiográfica. Y las memorias autobiográficas son muy importantes porque van constituyendo las bases de tu identidad”.
En el estudio, a muchos niños les gusta su historia, la encuentran bonita, pero hay otros que sienten pena, o demuestran otros sentimientos frente a la información. Para la investigadora, eso es parte fundamental, acercarse de manera realista a lo que los niños experimentan. “Los niños en sus experiencias emocionales pueden dar cuenta de muchos sentimientos distintos y eso también es muy bonito. Aparecen matices y capacidad para pensar en sentimientos más difíciles, eso es muy relevante porque permite elaborar“, dice Navarro.
“Hay niños que dicen me da un poco de pena no tener papá, o no me gusta tanto esta señora que donó sus huevos ya que por eso soy más chico que mis compañeros. Eso también es muy interesante, que ellos pueden a tan temprana edad, cuatro o cinco años, manifestar las cosas que son difíciles. Eso permite ir integrándolas, porque todos tenemos cosas que son difíciles en nuestras vidas y sabemos que poder hablarlas es la solución”, dice la académica.
El estudio de Navarro analiza los modelos de conversación de las familias, y luego agrupa el tipo de narrativa, desde sus elementos mágicos, a versiones más realistas con metáforas clásicas, de manera exhaustiva. Las conclusiones y discusión propuestas a partir de los datos, buscan dar orientación y comenzar a armar un mapa de navegación para padres y madres de estas nuevas familias, que cada vez son más en nuestro país y el mundo.
“Estas familias ya existen y no es sólo responsabilidad de madres, padres y la psicología proveer las mejores condiciones para el crecimiento y desarrollo de éstos niños”, agrega Navaro, “sino una responsabilidad de la sociedad completa, ya que nos jugamos el futuro en el reconocimiento de cada uno de sus integrantes, independiente de cómo hayan nacido”.
—Hay una pregunta que engloba tu investigación, que tiene que ver con qué es ser papá y mamá.
O con la noción de que la filiación no va determinada por biología, lo que estaría comprobado por múltiples estudios.
—Mira, ahí para mí la respuesta más maravillosa me la han dado los niños. Yo ahora voy en una segunda ronda de entrevistas, donde ya los niños no son tan chiquititos; las primeras entrevistas de hace unos años se las hacía a la mamá o el papá, y ahora se las hago a los mismos niños.
“Y cuando yo les pregunto ‘¿qué es para ti una mamá? ¿qué es para ti un papá? Todos me dicen la misma respuesta: es la persona que me quiere y me cuida. Nadie me ha dicho es la persona que me dio su ADN.
Además les pregunto cuál es la diferencia entonces como con un amigo, que también te quiere, también te cuida. Sí, me dicen, pero la familia o los papás, las mamás, están contigo siempre. Y a veces, además tienen que llevarme al doctor y tiene que llevarme al dentista.
La gente que te cuida de manera permanente, incondicional; esa es la definición para los niños de una mamá o de un papá”.



