Tiempo Libre
20 de Diciembre de 2025El director Tomás Alzamora y “Denominación de origen” como el fenómeno del cine chileno: “Vas en el metro, en la micro, caminando por la calle y te dicen ‘¡buena, mansa película!'”
Tomás Alzamora logró conquistar a las audiencias de cine en 2025 con su exitosa "Denominación de Origen", la película del año. Además, aborda sus proyecciones para lo que viene: "Me gustaría tratar de filmar otra película, no tener que volver a esperar seis, siete años. Y nada, ser cada día más feliz, cada día estar mejor, más tranquilo, que mi gente esté bien también".
Compartir
¿Quién habría pensado que un documental falso sobre la pelea por la longaniza entre Chillán y San Carlos iba a ser la película del año? No solo logró el aplauso de la crítica, sino que conquistó al siempre esquivo público a ir a ver cine chileno a las salas, con más de cien mil espectadores.
“Denominación de origen”, el segundo largometraje de Tomás Alzamora, sancarlino de nacimiento, supo cristalizar los orgullos patrios y las penurias tragicómicas de la chilenidad, con humor y con una edición dinámica. Es, quizás, la mejor película sobre el proceso constituyente, de alguna manera. Personajes entrañables como Luisa, DJ Fuego, el Tío Lelo, se convirtieron en celebridades que recibieron el amor de los espectadores en cada función que visitaron.
La cinta se llevó premio por su guion en el Festival de Cine de Lima, y el galardón a dirección en el influyente Bafici de Argentina.

—Si tuvieras que resumir tu 2025 en un solo momento, ¿cuál elegirías y por qué?
—Creo que estrenar la peli. Pero así, en momento específico, era cuando nos íbamos con la Lucha, con el tío Lelo, a la salida de las salas los fines de semana, y nos encontrábamos de frente con la gente saliendo del cine. Ver sus caras llenas de alegría, llenas de sorpresa, de emoción, gente llorando, gente riendo, que las 200 personas que estaban en la sala, se quedaban a sacarse fotos con los personajes.
Me quedo con ese momento, que fue muy enriquecedor, me llenó el alma de alegría, de felicidad, de ver a los personajes, de ver a la gente.
—¿Cómo se aprende a lidiar con la exposición? ¿Qué cambia?
—No ha habido tanta exposición. A ver: igual, me pasó este año, a diferencia de los otros, que vas en el metro, en la micro, caminando por la calle, y te dicen ‘¡buena, mansa película!’, y todo. Pero nada, lo disfruté.
Tampoco soy famoso, ni nada, pero he sentido más el cariño en la gente. No cambia nada mucho. Yo sigo normal, yo no hago cine para ser famoso, hago cine para poder estar bien conmigo mismo, para estar feliz, para liberar mis demonios.
—Para ti: ¿qué es lo mejor de este año en cultura o espectáculos?
—Lo del Tiny Desk de 31 minutos. Lo vi, me llenó de orgullo y dije ‘qué referentes, qué grande cabros’. Siendo amigos, con sus ideas, con su propia metodología, con su propio sistema, llegaron tan lejos y todo el mundo amándolo. Me parecen un ejemplo, ellos perseveraron tanto haciendo su locura y lo lograron. Se pueden hacer cosas independientes, originales, de calidad, con sentido. Me gustaría llegar ahí a algún lugar, sobre todo como la gente los ama, como los adora, eso es muy lindo.
—¿Cuáles son tus planes -o resoluciones o metas- para 2026?
—Creo que fue un buen año. Un lindo año que me regaló la vida, siento que se están cosechando todo lo que hemos sembrado. Y nada, creo que tratar de encontrar estabilidad en la inestabilidad del arte y de la cultura en Chile, que es muy duro. Nunca sabes si va a llegar a fin de mes. Me gustaría tratar de filmar otra película, no tener que volver a esperar seis, siete años. Y nada, ser cada día más feliz, cada día estar mejor, más tranquilo, que mi gente esté bien también.
También qué la cultura chilena esté bien. Lo merecemos no solamente los artistas, sino que todos sus beneficiarios.




