Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Reportajes

El reservado mundo de Kast: la vida privada del presidente electo en su religioso y disciplinado enclave de Buin y Paine

Desde el Colegio Campanario, donde educación, hogar y fe conviven en un mismo espacio, hasta la fábrica de cecinas Bavaria —fundada por sus padres en Paine—, y los recuerdos de sus años universitarios, el mundo privado de José Antonio Kast ofrece claves para entender al presidente que Chile acaba de elegir, y los hechos que han marcado su vida previo a su desembarco en La Moneda en marzo de 2026.

Por Ignacia Munita y Sebastián Palma 21 de Diciembre de 2025
Sandro Baeza/The Clinic
Compartir

El correo electrónico llegó al buzón de los apoderados del Colegio Campanario de Buin —establecimiento donde José Antonio Kast y su familia figuran como principales sostenedores— el pasado 12 de diciembre. Faltaban aún dos días para la elección presidencial, pero en el ambiente ya se daba por descontado que Kast se alzaría como el próximo presidente de Chile. Esa expectativa comenzaba a traducirse en efectos concretos al interior del colegio.

La misiva respondía al creciente interés público en la figura del entonces candidato y eventual mandatario. En ese contexto, el mensaje buscaba preparar a la comunidad educativa ante posibles acercamientos de la prensa y fijar un marco de actuación común frente a eventuales solicitudes de entrevistas o declaraciones.

“Los últimos días hemos visto la presencia de algunos medios de comunicación cerca del colegio, motivada por las votaciones programadas para este domingo 14 de diciembre. Debido a esto, es posible que periodistas se acerquen solicitando entrevistas o comentarios tanto a trabajadores como a alumnos o familias de nuestra comunidad”, señalaba la carta.

A continuación, el correo subrayaba que no existía obligación alguna de entregar declaraciones y recalcaba los límites respecto de los estudiantes. “Queremos enfatizar que no es obligatorio entregar declaraciones; cada persona tiene derecho a no responder preguntas. En cuanto a nuestros estudiantes, recordamos que ninguno puede ser grabado ni entrevistado, dado que la mayoría son menores de edad”, añadía.

Si bien la carta no impartía una orden explícita de guardar silencio, sí delimitaba una forma. Un modo de relación con quienes preguntan por el presidente electo. La invitación era clara: optar por la reserva, asumir que lo que ocurre en la intimidad del establecimiento pertenece a un espacio protegido, casi doméstico.

Y esa idea de reserva hogareña no es una exageración. La casa donde vive José Antonio Kast junto a su esposa, María Pía Adriasola —y también las viviendas de varios de sus hijos, todas de diseño idéntico— se ubican al interior del mismo recinto del colegio.

La disposición del lugar es difícil de entender sin recorrerlo. Al fondo del establecimiento educativo, un portón da paso a un camino interior que conduce a una decena de casas. Allí no solo viven los Kast, sino que también la familia Palomer, otro núcleo histórico del colegio y parte del grupo de accionistas del proyecto educativo.

Colegio, hogar y comunidad se superponen en un mismo espacio físico, reforzando una lógica de cercanía difícil de disociar: es imposible llegar a la casa de Kast sin atravesar la institución.

El corazón del Colegio Campanario de Kast

El Colegio Campanario de Buin se ubica en el sector de Alto Jahuel y solo se puede acceder a él a través de un ingreso vehicular por Camino Linderos. Una amplia vía de tierra estructura el recinto y marca su primera división: hacia la izquierda se levanta un gimnasio moderno, destinado a actos masivos, actividades deportivas y celebraciones religiosas.

Hacia la derecha se concentran las edificaciones principales del establecimiento. Las salas de clases están cubiertas por una malla que incorpora jardineras con flores coloradas, y la recepción —por donde ingresan diariamente estudiantes y profesores— desemboca de manera inmediata en una capilla. Allí se ofician misas todos los días. Los cursos se las distribuyen por turnos y cada uno asiste, al menos, a una eucaristía semanal de una hora. La liturgia no es un complemento: forma parte del calendario regular de los estudiantes.

El patrono del colegio es San José, figura tradicionalmente descrita como el más silencioso y devoto de los santos, símbolo de obediencia y entrega a Dios. El recinto, de hecho, estuvo a punto de llevar su nombre, pero la idea fue descartada al existir otro colegio San José en la zona.

Más allá de su impronta religiosa, el Colegio Campanario ha destacado por sus resultados académicos. En diversos años, la institución ha figurado en rankings nacionales por su rendimiento en las pruebas de ingreso a la universidad, ubicándose entre los recintos educacionales con mejores puntajes del país. 

En 2024, de hecho, se situó en el lugar 44 a nivel nacional en la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES), con un puntaje promedio de 810.

Ese rendimiento ha sido presentado por la propia entidad como una consecuencia directa de su modelo formativo, con jornadas exigentes, disciplina interna y una comunidad escolar cohesionada, en la que la vida académica, espiritual y familiar coexisten en un mismo espacio.

En el recinto, los pocos alumnos presentes prefieren no hablar sobre el hecho de que uno de sus sostenedores se haya convertido en presidente de Chile. “Nos pueden sacar de contexto y llegó un correo orientando a no hablar“, comenta una estudiante que camina con una guitarra en su estuche, antes de apurar el paso.

Entre profesores y administrativos, la actitud es similar: la opción mayoritaria es el silencio. Solo un apoderado —exalumno del colegio— accede a extenderse un poco más. Se encuentra en el establecimiento para matricular a uno de sus hijos.

“Yo tengo la mejor impresión de José Antonio Kast como persona. Me tocó compartir harto con él porque era compañero de Antonio —quien hoy es diputado—. Fui a su casa y la verdad es que todo bien”, dice. “Yo lo conozco en un plano personal, no como político. No creo que sea una persona autoritaria ni que esos miedos a retrocesos tengan fundamento. Es alguien prudente y va a optar por el bien del país”, añade.

En el Colegio Campanario estudiaron los nueve hijos de José Antonio Kast. El menor de ellos, Benjamín Kast, egresó este año de cuarto medio. Dentro de la comunidad escolar, los hijos del presidente eran reconocidos: Matías Kast y Josefina Kast participaron del centro de estudiantes, y la mayoría formó parte activa de las instancias religiosas del establecimiento.

La formación espiritual convivía con otros espacios obligatorios. María Pía Adriasola, madre de los estudiantes y esposa de Kast, realizó talleres de sexualidad y afectividad dirigidos exclusivamente a las alumnas, mientras que un profesor varón se hacía cargo del mismo contenido para los hombres.

“Íbamos en cuarto medio cuando María Pía Adriasola nos hizo clases de sexualidad en el colegio. Fueron pocas sesiones, pero recuerdo haberme sentido, de alguna manera, culpable porque yo ya había tenido mi primera vez”, relata una exalumna del colegio. 

“Hablaba de cómo se ‘ensuciaba’ lo que uno tenía dentro, de que nada volvía a ser igual. Usaba la metáfora de la flor: si aprietas una flor, queda dañada, no vuelve a ser la misma. Eso era lo que significaba perder la virginidad”, señala. 

Ese clima de reserva —y la crítica valórica que suele proyectarse sobre él— encuentra un contrapunto en los propios archivos del colegio. En los anuarios de varios de los hijos de José Antonio Kast, el tono es otro. 

El de José Antonio Kast Adriasola, hoy diputado electo, sus compañeros lo describen como “una gran persona, un líder, un gran amigo, un luchador por sus ideales”, alguien cuya “tranquilidad para ver las cosas” marcaba al curso y que era visto como un aporte para la sociedad.

En el anuario de Josefina Kast, el retrato es distinto, pero igualmente afectuoso. Sus pares destacan que “ha usado su entusiasmo y liderazgo para participar en todo lo que se le pusiera por delante”: CALCA (Centro de Alumnos del Colegio Campanario), Schoenstatt —donde ya llevaba dos años en el Consejo—, coro, teatro y, más tarde, el hockey”.

El perfil de Nicolás José Kast pone el acento en una vida campestre inseparable del apellido. “En vacaciones pasabas el tiempo con tus grandes amigos, los caballos”, recuerdan sus compañeros, “paseando, contando vacas, corriendo, cerrando potreros y engordando novillos”. Incluso en Santiago, anotan, “se mantuvo fiel al campo”, reconocible por la camisa, el cinturón de huaso, el acento acampado, las conversaciones sobre caballos, la música country y el rito de hacer fuego.

En esas páginas —escritas por compañeros y no por adultos— el apellido Kast no opera como consigna ni como frontera ideológica. Es, simplemente, parte de una comunidad que se cuenta desde dentro, con códigos propios y una cercanía que contrasta con la distancia y la suspicacia, –justificada o no— con que ese mismo mundo suele ser observado desde fuera.

Los dos mundos de José Antonio Kast

Además del colegio Campanario, hay otra institución que resulta inseparable de la figura de José Antonio Kast: el restaurante y fábrica de cecinas Bavaria, ubicado en la caletera de la Ruta Panamericana Sur, a la altura del kilómetro 40, en la comuna de Paine, y fundado por sus padres Michael Kast y Olga Rist. 

El padre de José Antonio Kast fue un veterano de la Segunda Guerra Mundial que, tras el término del conflicto bélico, emigró a Sudamérica. Como muchos otros ciudadanos alemanes, abandonó su país junto a su esposa en busca de un nuevo comienzo. La pareja se instaló finalmente en la comuna de Paine, donde formaron una familia de diez hijos. 

Cecinas Bavaria es una empresa familiar que comenzó en 1964, en una pequeña parcela ubicada en el sector de Linderos, a unos 40 kilómetros al sur de Santiago. Tras varios emprendimientos previos, Michael (o Miguel) Kast decidió incursionar en la fabricación de cecinas, mientras que Olga Rist comenzó a vender sándwiches de lomito en un quiosco de la ciudad de Buin, sentando así las bases de la empresa que con el tiempo se consolidaría en la zona.

Lo que alguna vez fue un negocio familiar de origen sencillo, hoy está inserto en un entorno completamente distinto. El terreno que albergó al histórico local fue reconvertido en un strip center —bautizado como El Cruce— donde conviven el restaurante y el punto de venta de cecinas con cafeterías, farmacias, peluquerías e incluso una oficina de Correos.

Pese a ese golpe de modernidad, el Bavaria conserva una estética y un funcionamiento que remiten a otra época. Los garzones siguen atendiendo con camisa y corbata; las vendedoras de la tienda de cecinas usan delantal y gorro blanco.

La impronta alemana se percibe en la organización, el trato y la sobriedad del lugar, una disciplina que recuerda a la estética y al servicio estandarizado de supermercados como Jumbo, levantado por el también inmigrante alemán Horst Paulmann. El Bavaria opera como una extensión del mundo familiar de Kast: ordenado. 

Allí, en medio de paininos y conductores que hacen una pausa en la ruta para comer completos con generosa mayonesa y sándwiches al paso, el administrador y los trabajadores de Bavaria tampoco entregan declaraciones. Dicen que existe una instrucción de no hablar con la prensa, aunque aclaran que se pueden tomar fotografías de la fachada.

Solo un trabajador, con más de 30 años en el lugar, accede a referirse escuetamente a su jefe y futuro presidente. “No ha venido y no creo que vaya a venir. Para eso lo elegimos presidente: para que trabaje y solucione los problemas que tenemos en el país”, comenta.

Para encontrar personas dispuestas a hablar de su vida con mayor profundidad, es necesario salir de Paine y Buin y ampliar el radio de búsqueda. Las voces aparecen fuera de su entorno inmediato y del círculo que hoy lo acompaña. Se trata de personas que lo conocieron en otras etapas, principalmente durante sus años como estudiante de Derecho en la Universidad Católica. Compañeros de universidad que lo visitaron en Paine y Buin, que compartieron con él antes de la lógica política actual y que, desde esa distancia, pueden aportar una mirada distinta sobre su trayectoria, su vida personal y su origen.

“Lo que te puedo decir es que con José Antonio nunca hubo un quiebre entre su vida en Paine y la que hizo en Santiago”, recuerda Francisco Pinochet, excompañero de la carrera de Derecho en la Universidad Católica. “La familia Kast, por el tema del colegio, siempre estuvo integrada con Santiago. Había una casa donde vivía toda la familia cuando eran muchos y, después, cuando ya quedaban solo tres —José Antonio, Rita y Hans— ese departamento quedó para los hermanos que estudiaban acá”, explica.

Durante esos años, según Pinochet, los tres pasaban la semana en Santiago y regresaban los fines de semana a Paine para estar con su familia. Hans, el hermano menor, había optado entonces por el sacerdocio, una decisión que marcó la dinámica familiar y reforzó el vínculo con el mundo católico. Su vida transcurría entre el seminario, la casa compartida en Santiago y las visitas de fin de semana, en un entorno donde la fe tenía un peso cotidiano y visible. Años más tarde, Hans dejaría el sacerdocio, pero ese período formó parte del clima familiar que acompañó la juventud de José Antonio Kast.

Antes de ingresar al Campus Oriente y formarse con profesores como José Luis Cea o Jaime Guzmán, Kast había estudiado en el Colegio Alemán, lo que le permitió manejar con fluidez el idioma de sus padres.

“No podríamos decir que era un tipo provinciano”, agrega Pinochet. “Pero sí había una diferencia importante, que yo noté desde el primer año: esa dualidad entre dos realidades —la de Paine y la de Santiago— se traducía en un fuerte espíritu de compañerismo y generosidad”, asevera.

“Yo lo conocí la primera semana y me acuerdo que me dijo que subiera a su auto, era un Suzuki Fronte, esos chiquitos, de dos puertas que ya no existen. Yo tenía un Fiat 147 a medias y cargabamos los dos autos con compañeros de curso y los salíamos a repartir después de clases. En esa época era más difícil la movilización”, recuerda Pinochet.

“Una vez, en segundo año recorrimos todo Santiago para recopilar elementos para la bienvenida de los novatos. Fuimos a buscar un arco de fútbol para tirar penales y también fuimos a buscar uva a un campo cerca de su casa, para venderlas(…) nuestro curso era bien particular. Estaba Daniel Stingo, Mauricio Zapata, Rodrigo Álvarez”, por nombrar algunos.

La relación entre José Antonio Kast y Francisco Pinochet se extendió más allá de la universidad. Antes de egresar, cuando tenían 24 años, abrieron juntos el estudio jurídico Kast, Pinochet y Cía. Abogados. José Antonio Kast se retiró del proyecto a comienzos de los años 2000, cuando inició sus primeras campañas parlamentarias. El estudio continúa funcionando hoy bajo el nombre Berríos & Palavecino | Pinochet Abogados.

Sobre anécdotas con su compañero, Pinochet destaca particularmente una, la que se dio luego de que dieran su examen de grado, el que prepararon juntos en una casa en Santo Domingo. Se trató de una manda para aprobar, una extensa caminata a Santa Teresa de los Andes. 

“Esta fue una cuestión de mutuo acuerdo. Hicimos la caminata y acá hay un detalle importante, debieron ser unos 30 kilómetros por el camino antiguo al santuario de Santa Teresa y eso suponía una dificultad física grande. Recuerdo que José Antonio llevó un par de zapatos extra y me explicó que cuando uno caminaba mucho, los pies se resentían y que había que cambiarlos. Él terminó intacto y yo estuve cojeando como una semana”, relata.

El recuerdo juvenil de Francisco Pinochet tiene, para él, un doble significado.

“A mí me gustaría decirte esto porque ha habido una injusticia muy grande. Lo de los zapatos, José Antonio lo sabía porque su papá, que fue soldado del Ejército alemán, había terminado la guerra y caminó desde Italia hasta Alemania porque necesitaba regresar”, cuenta.

“Yo conocí personalmente a don Miguel Kast y era como un santo. Era una persona afectuosa, trabajadora. Lo conocí mucho, conocí su historia, y que vengan a decir que era un oficial nazi es de un nivel de injuria atroz”, añade.

Pinochet insiste en que incluso existen antecedentes que desmienten esas versiones. Dice que el padre de José Antonio combatió en Italia y que, por su ubicación, no tenía cómo saber lo que ocurría en Alemania con el Holocausto. Recuerda, además, que el propio Kast ha relatado que una mujer que ayudaba a su familia fue víctima del nazismo. “Más allá de eso, su padre estaba lejos de tener un carácter autoritario. Era muy tranquilo, muy bueno”, concluye.

Otro compañero y amigo de José Antonio Kast, lo recuerda con una personalidad divertida y bueno para las bromas. También la de un joven muy dispuesto a participar en actividades sociales.

“Hace 40 años atrás había una vida universitaria muy intensa. Estaba la semana novata, luego la semana universitaria que era muy competitiva. La vida era especialmente intensa en esos juegos. Hay un video de un toro mecánico que está dando vueltas, pero yo me acuerdo de otro momento muy bueno de José Antonio”, menciona. 

“Él participó del Pepsi Challenge, esta competencia que hacía Pepsi contra Coca-Cola y donde la Katherine Salosny preguntaba cuál te gustaba más con las bebidas tapadas. Me acuerdo estar en el patio de la universidad para esa competencia. Él participaba mucho en la vida universitaria, organizó trabajos de invierno, estuvo en el centro de alumnos donde fue secretario, era muy participativo en eso”, agrega.  

Respecto de su desempeño académico, el mismo excompañero lo recuerda sin épica. “Era normalito. No era un gran orador ni nada por el estilo. En una escuela de Derecho hay mucha gente que habla muy bien, pero justamente por eso él destacaba por otra cosa: era extremadamente perseverante”, desliza.

Al teléfono, otro compañero de la universidad, amigo y aliado histórico durante su paso por la UDI, Rodrigo Álvarez Zenteno, refuerza esa idea al describir los atributos que, a su juicio, han marcado su trayectoria. “Creo que su principal virtud es la tenacidad, y eso se refleja en toda su carrera política. A diferencia de otros candidatos presidenciales, como MEO, él fue mejorando campaña tras campaña hasta llegar a la Presidencia. No fue un fenómeno inmediato. Es una perseverancia germánica”, comenta.

Esa misma característica, asegura, estaba presente desde los años universitarios. “Cuando creía que algo era lo correcto, lo hacía, con mucha convicción. Eso se vio cuando enfrentó los conflictos dentro de la UDI, cuando formó el Partido Republicano y también en esta última candidatura presidencial. A comienzos de año, las encuestas y casi todo el mundo le decían que se bajara, y no lo hizo”, señala.

Para su excompañero, no hay una ruptura entre ese joven de 18 años que conoció en la universidad y el presidente que es hoy. “Es el mismo de siempre: perseverante y convencido de hacer lo que cree correcto cuando cree que hay que hacerlo”, concluye.

Notas relacionadas