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Opinión

21 de Diciembre de 2025
Rodrigo Álvarez, perfil al amigo de Kast
Rodrigo Álvarez, perfil al amigo de Kast
Sandro Baeza

Perfil a Rodrigo Álvarez: los mosqueteros de José Antonio Kast

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

El gremialismo, después de 60 años de su nacimiento, llega a La Moneda. La derecha en su quintaesencia. Los “Guzmán Boys” los llama Pablo Longueira, un coronel que constata cómo la tropa logró lo que ellos no alcanzaron. Rodrigo Álvarez, ex ministro y ex parlamentario, es miembro de esa cofradía que recorrió la ruta inevitable: Derecho en la UC, movimiento gremial, la Fundación Jaime Guzmán y la UDI. Hoy podría ser uno de los principales orejeros del nuevo mandatario.

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Al gremialismo no lo mató la Unidad Popular, ni los militares, ni el plebiscito de 1988, ni el asesinato de su fundador Jaime Guzmán, ni la transición o la derecha liberal. El gremialismo, después de casi 60 años de su fundación, logró lo que las derechas criollas no han podido: que llegue a La Moneda un nacido y criado en su mundo.

Piñera era un árbol gigante, pero con semilla DC.

JAK es de derecha a secas. Cual peregrino en Santiago de Compostela recorrió el viaje político-espiritual: Derecho en la UC, gremialista, Fundación Jaime Guzmán y UDI.

Cartón completo.

Y cuando rompió con la UDI, en 2017, fue para hacer otra UDI: la verdadera.

“Antes que todo, somos gremialistas. Lo fuimos antes de pertenecer a la UDI. Esa es nuestra cuna”, me dice un amigo de JAK.

El conservadurismo se instala en Palacio. Una paradoja del estallido. Y de la locura convencional. Son los parteros de los republicanos.

La hora de la tropa liderada por Kast

Hablé con Pablo Longueira: fue el primero en rotular al nuevo poder como los “Guzmán Boys”.

El fin de los coroneles.

Llegó la tropa.

Según Longueira la cohorte de JAK es de la misma cepa: formación común, UDI popular, afectos personales, chat grupales de WhatsApp. Guzmán siempre presente. La frontera que los separa hoy sería artificial, un minuto de desacuerdo dentro de una larga vida política en común, por el pasado -origen- y por el futuro -proyecto-.

Daniel Mansuy -ex UDI- cree que el tronco es el mismo, que se conocen al dedillo, que son afines más que enemigos íntimos, que hay complicidades de toda la vida. Habrá que verlo: esta puede ser la prueba de fuego. Entre la UDI y Republicanos, quiéranlo o no, siempre ha existido la pugna de quién es el verdadero heredero de “Jaime” y su doctrina y legado.

Y también la sospecha de quién fagocita al otro.

Le pregunte a JAK días antes de la primera vuelta sobre esto. Fue directo: “si Jaime estuviera vivo, yo estaría militando en la UDI”.

El constituyente del gremialismo, Rodrigo Álvarez, confía en que se puede llegar a acuerdos en la Convención Constitucional

El amigo magallánico de Kast

“A JAK no le gustan los que se andan mostrando en la prensa”, es la versión de un parlamentario republicano. “El que quiere ser ministro tiene que estar en mute”, agrega casi a modo de consejo.

Por estos días, el entorno más cercano al candidato ha sido muy cauto con la conformación del gabinete. “Tenemos disciplina leninista”, me dice un republicano, medio en broma, medio en serio. No le gustan las filtraciones, ni los mensajes por los medios, ni los llamados “para ver si me tienen en cuenta”.

Pero no pueden evitar que desfilen nombres. Por historias de vida, confianzas y capacidades.
Quiénes suenan de la cohorte: Darío Paya, Marcela Cubillos, Rodrigo Álvarez.

Todos forman parte de la generación -nacieron entre 1964 o 1966- que peleó la FEUC en los días finales de la dictadura, cuando la federación era un enclave de la DC principesca.

Álvarez -ex ministro, ex parlamentario, ex constituyente- es una de las personas más cercanas a JAK. Son amigos desde hace cuarenta años. Por eso, aparece indefectiblemente en las apuestas ministeriales que circulan en los mentideros de la prensa y de la política. Sea o no, nadie duda de que JAK lo escucha.

Se conocieron el segundo día de clases, cuando ambos ingresaron a Derecho en la UC. Fue en 1985 en la escalera del Campus Oriente. Hay una fotografía de esos días dando vueltas: Kast y Álvarez con cara de adolescentes, delgados, pelucones y sonrientes. “Más que el pelo echo de menos el peso”, ha bromeado Álvarez.

Álvarez llegó a la UC desde Punta Arenas. Nació, se crió y estudió la secundaria en esa zona. ¿Quiénes son sus vecinos? Los Boric. Literalmente: viven al lado. Conoce al actual presidente desde que era un niño y trabajó con su padre en la ENAP.

Álvarez ha contado esta anécdota: en un evento político que organizaron junto a Pablo Longueira en Punta Arenas, se acercó un adolescente para decirles que estaba totalmente en contra de lo que ellos habían hablado.

Y que en el futuro él les iba a ganar. Era Gabriel Boric.

Álvarez militó en la UDI y luego renunció al partido. “Era del delfín de Longuera”, me dice un ex UDI.

Anton

“Álvarez es como esos futbolistas polifuncionales. Tiene experiencia y sabe de política y economía”, me dice un Evopoli.

Un UDI histórico cree que Interior era su cartera, pero que “por la señales que ha dado José Antonio, creo que será Claudio Alvarado y no él”.

Álvarez tiene el perfil, me dicen, para ecualizar bien las diferencias entre los principios y el principismo. Habrá Pepe Grillo –los Kaiser podrían ser unos, no lo sabemos aún- que se erijan como guardianes de la doctrina de la “nueva derecha”. Y que le estarán recordando permanentemente a JAK, al oído, que la “derechita cobarde” perdió y que parecerse a Piñera no es la idea.

Lo sacarán al pizarrón.

“En ese escenario, Álvarez podría ser muy necesario para el gobierno. Ha estado en los dos mundos: trabajó con Piñera, pero siempre votó por Kast y fue cercano”, me dice un UDI. Álvarez conoce al equipo de Kast. Cristián Valenzuela -del círculo de hierro del nuevo presidente- trabajó seis años con él. JAK lo recomendó. También a Arturo Squella.

Final

Bailar de taco en el entorno de José Antonio Kast es mérito. Me dicen que Kast, como cualquier político con batallas en el cuerpo, requiere de un círculo de mucha confianza. “Los amigos de verdad le dicen Antón. Eso son los del círculo estrecho. Personal, no político. O ambos. El que le dice Anton forma parte de su núcleo“, me cuenta un republicano.

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