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Opinión

28 de Diciembre de 2025
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Presidente Gabriel Boric Font, republicano

Foto autor Ignacio Bazán Por Ignacio Bazán

“El tono de lo republicano sigue siendo inconfundible y es algo que, nos guste o no, habita justo debajo de la gran idea de patria”, escribe Ignacio Bazán, en esta columna sobre las razones por las que Gabriel Boric es un Presidente cercano a esos valores.

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Hubo un tiempo no muy lejano en que la palabra republicano significaba otra cosa, que no era ser partidario de un partido de derecha, como el del recientemente elegido presidente, José Antonio Kast

Ser republicano hoy se comió todo lo que representaba ser republicano antes: Trump y su partido en Estados Unidos, el escudo de súper héroe con la estrella blanca de su símil chilenoel mundo conservador que apareció a la derecha de la UDI y que se consolida llegando a La Moneda. 

Pero de vez en cuando cambia la figura y volvemos al republicanismo que todos conocimos y que era bien nítido antes del estallido y antes del partido de Kast. Porque en política ser republicano significaba actuar por y para la República, anteponiendo intereses personales e incluso partidarios, en favor de una idea de patria que une al común de los ciudadanos.

Mucho de eso tiene que ver con el actuar del Presidente Gabriel Boric apenas supo que el triunfo de José Antonio Kast estaba oleado y sacramentado, incluso un par de horas antes de que se hiciera de noche ese domingo 14 de diciembre. 

Elegir un teléfono fijo, anacrónico, obsoleto, sacado de otra época, para llamar al presidente recientemente electo ya era una señal, una manera subliminal de decir, ‘volvamos a las formas, volvamos a los tiempos en que nos escuchábamos un poco más’. 

Al menos eso quiero creer. 

Detrás de esa elección está el mismo espíritu de que los presidentes de Chile sigan ocupando un Galaxie 500 de los 60 para ir a rendir una cuenta pública. Es proyectar que la historia y las tradiciones importan, que a pesar de que arriba de ese auto han estado todo tipo de presidentes representando a sus respectivas tendencias políticas, el espacio desde donde saludan a la gente es el mismo.

Algo similar pasa a nivel país y los objetos que nos unen. Un Barros Luco es republicano. Una borgoña, también. La cueca, rural y urbana. Fiestas patrias, fondas y hasta parada militar. Cada elección sin que nadie dude de los resultados, gracias al Servel. 

Juan Carlos Bodoque, republicano. Don Francisco, republicano. Cecilia la incomparable, republicana. Carlos Caszely, republicano. Carabineros de tránsito insobornables, republicano. Ser abuelo y jugar dominó con los amigos, republicano. 

Y así. 

Hay tradiciones y personas que son intrínsecamente republicanas. Seguramente, cada persona puede ampliar esta lista (o estar en desacuerdo con algunos personajes), pero el tono de lo republicano sigue siendo inconfundible y es algo que, nos guste o no, habita justo debajo de la gran idea de patria.

Un Presidente republicano

No hay que ir muy lejos para encontrar un uso de la palabra republicano distinto al de hoy. En 2012, después de una cuenta pública, Camilo Escalona, presidente del senado en ese momento, decía del comportamiento de los asistentes al Congreso que fueron a escuchar al Presidente Piñera: “Prevaleció el espíritu republicano”.

¿Qué significa eso? Que hubo respeto durante el acto, a pesar de que no todos estaban necesariamente de acuerdo con los planteamientos del en ese entonces presidente. 

El Presidente Gabriel Boric ha vivido varias vidas dentro de sus casi cuarenta años y muchas veces ha estado alejado de lo que ya explicamos como republicanismo. 

Ejemplo: su complicidad cuando le presentaron una polera de Jaime Guzmán baleado cuando aún era diputado. O más recientemente, cuando se negó a pararse a saludar al presidente argentino, Javier Milei. No quiero contar las recientes denuncias de amarre de cargos, porque aún queda esperar a que la situación decante, pero si toma el rumbo que se anticipa, mal por la república, mal por el Presidente también. 

Aún así, hay algo no menos cierto: es muy difícil encontrar una figura presidencial que no tenga exabruptos, que esté totalmente libre de la política pequeña y que, además, sea totalmente infalible ante los filtros morales de cada uno de sus ciudadanos. 

Pero hay algo que no se le puede quitar a Boric: en los momentos en que ha tenido que demostrar estatura republicana, en los momentos más límites de nuestra historia reciente, ha estado para demostrar que el país va antes que él y su pensamiento político.

Lo hizo el 11 de noviembre cuando, firmando un acuerdo de nueva constitución, yendo a contrapelo de su propio partido, le dio una salida institucional a un gobierno contrario al suyo que estaba en las cuerdas. Muchos en su sector lo tildaron de amarillo, un mote que venía de mucho antes, pero ese gesto fue fundamental para que un par de años después ganara la elección que lo llevó a la Moneda. Más allá de si hubo cálculo o no, eso es hacer política. 

Luego, ya siendo Presidente, le tocó armar el funeral de Estado del expresidente Piñera. Una muerte sorpresiva, fuera de libreto. No solo siguió los protocolos para los duelos nacionales de este tipo, sino que también fue empático y acogedor con la familia de Sebastián Piñera. De paso, reconoció lo particularmente duro, e incluso injusto, que fue a momentos como oposición a ese gobierno.

El último gran episodio ocurrió hace menos de dos semanas. Jeannette Jara, su candidata, perdió por poco más de 16 puntos a manos de uno de los opositores más grandes de su propio gobierno: el paradójicamente republicano José Antonio Kast. Una derrota dura, que para muchos es el reflejo de la gestión de su administración. 

Nada de eso importó -en esa amarga tarde para el oficialismo-, a la hora de agarrar el teléfono de línea fija, entregar genuinas felicitaciones e invitar al presidente electo “junto a quienes estime conveniente” a una reunión a La Moneda para iniciar la coordinación del traspaso de mando. 

Esos gestos, esos diálogos, no son normales en otras naciones. La gracia es que esta vez se dieron entre dos sectores diametralmente opuestos: una izquierda encabezada por el PC y una derecha más dura, por afuera de la derecha tradicional que alguna vez conocimos. 

No es menor el republicanismo de Gabriel Boric. Solo queda esperar que en los meses que quedan, esas palabras en que por el bien de Chile le deseaba lo mejor al presidente electo, sean respaldadas con un traspaso impecable

Y que nunca le falte ni borgoña ni Barros Luco. 

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