El “Síndrome del Tupper”: la sensación de vivir atrapado en el trabajo, el cansancio y la falta de tiempo propio fuera de la jornada laboral
En España se viralizó el concepto de "Síndrome del tupper", que describe la sensación de una rutina repetitiva y de agotamiento experimentado por muchos trabajadores, que no logran separar la vida laboral de la personal. Entre largas jornadas, traslados y la preparación diaria de comida para el día siguiente, testimonios y especialistas hablan con The Clinic sobre un malestar más profundo ligado al desgaste por la falta de tiempo propio, así como a la necesidad de replantear cuál es el lugar del trabajo en la vida. A punto del retorno masivo a la rutina, reflexionan si se vive para trabajar, o se trabaja para vivir.
Por Agustina Carroza y Alejandra López Díaz 28 de Febrero de 2026
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Constanza tiene 26 años, vive sola y trabaja en seguridad ciudadana. Respondiendo a las exigencias de su jornada laboral, parte todos los días a las 8:30 de la mañana y no tiene horario fijo de salida; suele llegar cerca de las 10 de la noche a su casa y, a veces, trabaja algunos fines de semana.
Una rutina laboral que parece no terminar, aunque haya vuelto al hogar, momento en el que tiene que planificarse para rendir al día siguiente, lo que incluye pensar en el almuerzo. “Es una sensación a veces hasta angustiante el saber que tengo que llegar a la casa y saber que tengo que pensar en qué cocino para llevar al otro día”, menciona Constanza.
Y es justamente dentro de esa simple acción de prepararse comida para llevar al trabajo, donde algunos han encontrado todo un concepto: el llamado “síndrome del tupper”.
El tema se hizo viral en España, con una carta al director del diario El País, donde una mujer reflexiona: “¿Esto era todo lo que podíamos esperar de la vida?: madrugar, hacinarnos en el bus para llegar a trabajar, pasar ocho horas frente al ordenador y volver a casa a preparar el tupper del día siguiente”.

Así, esta discusión va encontrando una explicación más profunda: actualmente, las personas se sienten agobiadas por el impacto de la jornada laboral en su vida y la dificultad de contar con tiempos de ocio. Una acumulación que alcanza a rebasar a algunos con la pequeña decisión diaria de o gastar dinero de los ingresos propios para poder almorzar cerca de la oficina, o simplemente usar tiempo del hogar en armar un pote hermético.
Como respuesta, varias oficinistas han optado por planificar y montar los tuppers de la semana durante el domingo, siendo una organización denominada en redes sociales como “batch cooking” o “meal prep”. Y aunque supone un descanso entre los días de semana, algunas siguen elevando que no supone un “hack”, sino que es “tener medio día menos de fin de semana”.
“Tengo muy pocas horas para hacer mis cosas y el cansancio muchas veces me la gana”, relata la Constanza. “A veces ni siquiera soy capaz de prepararme el almuerzo, por ende al otro día o me como alguna ensalada o algo rápido, o de plano no como hasta la noche”.
Fue parte también en Chile durante el debate de la ley de las 40 horas. Una asfixia de la rutina laboral moderna, empujada por el alza del costo de la vida, por el cambio de expectativas frente al mundo laboral y, simplemente, el cansancio de vivir para trabajar, y no trabajar para vivir, como lo ven algunos.
El problema de sentir que se “vive para trabajar, en vez de trabajar para vivir”
Clemente (27) es psicólogo escolar y coincide con el sentimiento de asfixia por la falta de tiempo para su vida personal. En su caso, además de pensar en la preparación del almuerzo, tiene que considerar los tiempos de traslado a la oficina, que para él suponen casi una hora a la ida y a la vuelta.
El psicólogo cuenta que en algún minuto tuvo “un desgaste emocional muy grande. Era un contexto muy estresante y terminaba muy cansado”. Un sentimiento de agotamiento que considera como una extensión de la jornada laboral, imposibilitándole desconectar de ella. “Generalmente uno termina sacrificando su vida por el trabajo. Es un desafío el organizarse, uno deja de ver tanto a los amigos y cuando lo hacemos, estamos todos cansados”, añade.
Aunque reconoce que el trabajo “dignifica”, “aporta” y es tan necesario como gratificante, en ciertas ocasiones llega a desviar el foco de porqué se vive. “No es el único sentido, no es la única esfera importante”. Sobre esa idea reconoce que al dar mucha energía de ti y muchas horas de tu día, es terminar entregando tu vida. “Yo creo que eso es una realidad del mundo laboral actual, un poquito se torna como si uno viviera para trabajar en vez de trabajar para vivir”, señala Clemente.
Desde una mirada profesional, la psicóloga y académica de la Universidad Central, Carol Morago, explica que “se empieza a acumular esta sensación de malestar. Si a eso se le suma que no tienes el control frente a las situaciones que estás viviendo, se va generando una cuota de insatisfacción”.
Todo ello, explica, va provocando un círculo vicioso que va pesando en la salud personal con el aumento del cortisol, que en grandes cantidades hace aparecer todas las sintomatologías asociadas al estrés y va enfermando no solo mentalmente, sino que también físicamente.
“La gente ya no tiene ánimo”, resume Morago. “Después empiezan con malestar, que la jaqueca, que el colon y tantas otras lesiones. Uno dice como psicólogo que el cuerpo habla. Entonces sí va afectando tu calidad de vida y se vuelve un círculo vicioso en el que cada día es más pesado que el día anterior”.

Una conversación más profunda sobre las expectativas de vida
Silvana (31), por su parte, trabaja en el área de compras en una distribuidora alimentaria, donde cumple todos los días el horario de 9:00 a 17:30, con excepción de los viernes que termina antes. Sobre su rutina, comenta que tiene que tener todo organizado para que pueda aprovechar bien su tiempo fuera de la oficina.
“Si yo no me programo o si sale algo extra, como una junta social o algo que se me haya ido en mi calendario, me queda la embarrada”, comenta la funcionaria. Dice que si no ordena bien el tiempo para preparar el almuerzo o dormir lo necesario para descansar, no rinde igual en el trabajo.
Una dinámica que justamente termina por provocar un loop por la rutina, que aunque vista desde afuera resulta aburrida, entrega a Silvana una tranquilidad para funcionar acordemente en un trabajo que le apasiona, y que por lo mismo le facilita evitar el agobio.
Distinta es la situación cuando recuerda empleos anteriores que no la conformaban y donde el horario a cumplir suponía un peso. Sobre aquellas épocas, menciona que “era una lata saber que tenía que cocinar o lavar la ropa, por ejemplo. Entonces, al menos en este momento, que el trabajo sea algo positivo ayuda a poder hacer bien las otras aristas”, añade.
Ese mismo parecer es lo que la psicóloga destaca como un tema más profundo del “sindrome del tupper”: cómo te hace sentir tu trabajo. Morago señala que la conversación no solo es sobre separar el trabajo de la vida personal sino que también en cómo se vive la jornada laboral. Para quienes trabajan en algo que les apasiona o incluso que son “trabajólicos” y esa es su meta en la vida, se sienten plenos con su día a día.
La psicóloga cree que esta insatisfacción es parte de una discusión compleja y profunda, donde el descontento en el espacio laboral debería abrir una conversación en la que las personas reflexionen sobre qué es importante o significativo para ellas mismas.
La discusión no solo pasa por separar el trabajo de la vida personal, sostiene, sino por el sentido que este tiene para cada persona. En vías de solucionar la insatisfacción laboral, hay que comprender su origen. En ese sentido, la profesional advierte que muchas personas omiten detenerse a pensar qué es lo que realmente les importa o acongoja.
Finalmente, aunque reconoce que factores como las políticas públicas y las condiciones laborales influyen, enfatiza que estos cambios toman tiempo. Recomienda buscar apoyo e invita a la reflexión personal, entendiendo que, más allá de los cambios estructurales, “la mejor herramienta es partir por uno mismo, que es lo que uno puede controlar”.



