Germán Garmendia, sus 20 años en YouTube y las claves para separar su vida personal del ícono de internet: “Si no veo el sol afuera, me deprimo”
El creador chileno repasa el momento en que su éxito en YouTube se volvió masivo, la incomodidad que le provocó ser definido por sus números y la decisión que tomó para proteger su creatividad y mantenerse enfocado en hacer videos.
Sigue a The Clinic en Google News Por Felipe Betancour 11 de Abril de 2026
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Germán Garmendia (35) se suma a un Zoom desde Nashville, Estados Unidos. “Estoy modo vaquero. Ahora estoy en la ciudad, pero en las afueras hay muchas vacas”, dice como si fuera un chiste de los que lanzaba en el canal HolaSoyGerman.
Su personaje en redes y su día a día no se diferencian mucho durante la entrevista: tira chistes, cambia los tonos de voz según cuenta historias, habla rápido y su acento es una mezcla entre chileno, mexicano y un español gringo. Como el de un dibujo animado.
La elección de su nueva ciudad también se relaciona con otra de sus facetas creativas, más allá de los videos de YouTube. Actualmente está enfocado en su carrera como músico. Viaja seguido a Los Ángeles para reunirse con su equipo de trabajo y también necesita estar cerca de Ciudad de México. Estar en la zona central de Estados Unidos le permite mantener esa conectividad.
Su búsqueda en la música camina en paralelo a un circuito que ya domina. En mayo de 2024, JuegaGerman se convirtió en el primer canal de habla hispana en superar los 50 millones de suscriptores, recibiendo el legendario “Botón de Rubí”. Además, es el único creador en el mundo en tener dos canales —HolaSoyGerman y JuegaGerman— que superan los 40 millones de suscriptores cada uno.
Otro logro: ostenta el récord del canal de videojuegos no virtual y de habla no inglesa con más suscriptores del planeta. Hoy, quienes comenzaron viéndolo hace más de una década ya han crecido y, en muchos casos, son incluso sus hijos quienes lo vuelven a traer a las pantallas de la casa.
Este éxito lo llevó a que YouTube lo seleccionara para ser el primer invitado de la serie “Channelling”. Este es un homenaje de la plataforma al creador de contenido chileno, que suma más 23.000 millones de visitas en la plataforma. El episodio recorre el ascenso de Garmendia en el ecosistema digital, desde la comedia con guion de HolaSoyGerman hasta el formato más espontáneo de JuegaGerman, con el vínculo con su comunidad como hilo conductor.
Pero los récords no son lo que mueve al creador de contenido. “Me ha costado celebrar públicamente las grandes cosas, porque no las pongo como prioridad. En el día a día estoy muy enfocado en crear. Me levanto y me dedico cien por ciento a YouTube, pero siempre con la cabeza puesta en el proceso creativo”, explica.
Por eso, dice, instancias como el reconocimiento de la plataforma han sido una oportunidad para detenerse un momento. “Que YouTube me haya dado la posibilidad de celebrar esto se me hace muy bonito, porque últimamente no es que lo haya olvidado, pero sí lo he dejado un poco de lado: celebrar con mi audiencia”, comenta.
“No estoy pensando todo el tiempo en estos logros, pero ahora, por ejemplo, con el premio de los cincuenta millones, lo tengo en mi casa y me ayuda a recordar que lo que he hecho está bien. Son formas bonitas de celebrar, aunque no es algo que tenga constantemente en la cabeza”, dice el creador de contenido.

El método de Germán
Al hablar de su rutina diaria, Germán Garmendia explica que, a diferencia de muchos creadores de contenido que trabajan de madrugada, él se considera completamente mañanero. Dice que suele levantarse entre las cinco y cinco y media de la mañana, comienza el día con un café y luego va al gimnasio. Cerca de las siete ya está sentado planificando el contenido que producirá durante la jornada.
La primera parte de su día está dedicada exclusivamente a YouTube. Durante esas horas desarrolla ideas, se reúne con su equipo creativo, graba videos y revisa detalles de producción. “Toda la mañana es creación de contenido, full creatividad”, explica.
Por la tarde, en cambio, cambia completamente de foco. “Cambio el switch del cerebro”, dice. En ese momento deja de lado todo lo relacionado con YouTube y se concentra en su otra prioridad actual: la música.
—Debes saber que esa hora es la que mejor te funciona para crear, ¿no?
—Me di cuenta de que, más que existir una hora correcta para ser creativo, en mi caso pasaba lo contrario: después de las seis o siete de la tarde ya no hacía nada productivo. Tampoco estaba pasando tiempo de calidad con mi novia ni creando nada; simplemente estaba perdiendo el tiempo sentado en el sillón viendo tele. Entonces pensé: no, esto no es así. Prefiero mover todo mi día más temprano, porque yo funciono con el sol.
—¿Qué significa eso en la práctica para tu rutina?
—Si no veo el sol afuera, me deprimo. Digo: no quiero hacer nada, no me importa nada, no quiero ser creador de contenido. Entonces me levanto antes de que salga el sol para verlo aparecer, y después la tarde me da tiempo para terminar todo lo que tengo que hacer.
—¿Y también te permite tener tiempo fuera del trabajo?
—Sí, porque además quedan horas en el día para hacer algo con mi novia: salir, quizás ir a tomar algo por ahí, dar una vuelta, pasarla bien. Luego me voy a dormir temprano, porque sinceramente me empezó a pasar que en la noche me entraban estas crisis existenciales de “¿para dónde voy?, ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?”. Cuando ya está hecho todo lo del día, para mí ya está.
—¿Entonces trasnochar dejó de tener sentido para ti?
—Exacto. Me di cuenta de que, para mí, estar despierto a las doce de la noche no tiene ningún sentido. No me aportaba nada productivo.
—Después de tantos años en YouTube, ¿sientes que ya tienes la tranquilidad de saber que lo que publicas va a funcionar?
—Al contrario. Cuando hago contenido siempre lo miro pensando que puede fracasar, una y otra vez. Lo veo como algo totalmente posible. Nunca trato de dar por asumido que algo me va a ir bien. Al menos, así siempre lo he sentido yo, y es la forma en la que me mantengo con esa adrenalina.
—¿Todavía te pasa eso después de tanto tiempo?
—Sí. Antes me pasaba incluso más, pero hasta el día de hoy publico un video y me quedo mirando los comentarios, revisando todo, muy pendiente. Y alguien podría decir: “Pero Germán, después de tanto tiempo ya estás acostumbrado”. Pero no tanto. Es raro, porque creo que el día en que me acostumbre voy a dejar de ponerle atención y voy a dejar de hacerlo de la forma obsesiva en que lo hago.
—¿Sientes que esa obsesión sigue siendo parte de tu forma de crear?
—Sí, totalmente. Todavía lo veo como si fuera un creador que está recién empezando, si tiene sentido. Creo que eso es lo que me mantiene motivado.
Los orígenes youtuber
Han pasado 13 años desde que la prensa local comenzó a replicar el contenido de Hola Soy German, en una época en que aún otras plataformas como Instagram o Facebook no se volcaban a los videos, la caja de resonancia de la plataforma del botón rojo era aún mayor.
—¿Cómo miras hoy esos primeros años, comparados con el momento en que estás ahora? ¿Qué recuerdas de cuando empezaste, hace más de una década?
—Me acuerdo de la primera entrevista que me hicieron. Fue frente a La Moneda, aunque en realidad fue más bien algo casual en la calle. Y recuerdo que me hacían preguntas y yo no sabía cómo responder. No tenía idea. En ese tiempo todo era muy nuevo para mí. Yo todavía era un tipo que hacía videos en su casa, los subía a internet y listo, me desconectaba del mundo.
—¿Te sentías preparado para ese nivel de exposición?
—No, para nada. En esa época todo lo vivía como si fuera la primera vez. Había una pregunta constante de quién era yo públicamente. Porque, claro, en mis videos yo tengo el control total: edito, corto obsesivamente hasta que queda como quiero. Pero una entrevista es totalmente al azar. Ahora es distinto. Estoy mucho más tranquilo. Ya estoy más acostumbrado a las entrevistas y me lo paso bien, disfruto estas instancias. Antes estaba demasiado estresado.
—¿Esa exigencia también estaba en tus videos?
—Sí, totalmente. En la creación de contenido siempre fui muy obsesivo con que el video quedara perfecto. Borré muchas escenas porque sentía que no eran lo suficientemente buenas.
—¿Hoy harías lo mismo?
—No lo sé. Ahora que lo pienso, probablemente a la gente le habrían encantado igual. Pero en ese momento yo estaba muy enfocado en que todo quedara perfecto. Creo que esa obsesión también fue parte de lo que hizo que a la gente le gustara tanto.
—¿En algún momento sentiste que perdiste el control de las cosas por la fama o por volverte tan conocido?
—Sí. Como te decía, soy una persona que piensa demasiado, y cuando digo demasiado es porque a veces cruzo la línea. Cuando empecé a ganar seguidores y a ver comentarios desde Argentina o de otros países, y todo empezó a crecer, también empezó a aparecer mucho la prensa en Chile. Me llamaban de todos lados, prendía la tele y hablaban de mí.
Cuando el fenómeno de Germán Garmendia comenzó a crecer de manera inesperada, él mismo sintió la necesidad de detenerse a pensar qué estaba pasando. Lo que partió como videos hechos en su casa se transformó en un fenómeno masivo, y ante esa explosión empezó a buscar referentes que hubieran vivido algo similar. Como en Latinoamérica casi no existían casos comparables en el mundo digital, miró hacia Estados Unidos y Hollywood, observando a jóvenes que alcanzaron fama muy temprano para entender qué errores cometían y cómo enfrentaban esa exposición.
Al mismo tiempo, comenzó a notar algo que le incomodaba: la manera en que desde la prensa intentaban definir quién era él a partir de sus números. “Tienes tantos seguidores, entonces debes ser esto”, recuerda como una lógica frecuente. También aparecía constantemente la pregunta sobre cuánto dinero ganaba. Para Garmendia, esa conversación nunca fue lo importante. Asegura que nunca quiso ser famoso; le gusta que la gente vea lo que hace, pero esa no fue la razón por la que empezó.
Por eso tomó una decisión que marcaría su camino: alejarse por un tiempo del circuito mediático y volver a concentrarse en YouTube. Prefirió enfocarse en crear y seguir desarrollando su trabajo, lejos de las expectativas externas. “Tenía una misión”, explica. En ese momento, la prioridad era clara: seguir haciendo videos.
—¿Y cómo es hoy tu relación con Chile?
—Muy personal. Tengo a mi familia allá, mi mamá vive allá y nos visitamos constantemente. Mucha gente con la que trabajo también es chilena; mi equipo tiene chilenos, argentinos, venezolanos. Pero mi relación con Chile es más familiar, más íntima. Voy a ver a mi gente, a visitar a mi madre.
—En algún momento también se comentó que te habían invitado a participar en “El Club de la Comedia”.
—Sí, es verdad. Fue hace mucho tiempo, cuando recién estaba empezando. Me lo comentaron y era una oportunidad interesante, pero yo ya estaba creciendo en YouTube y sentía que todavía podía llegar mucho más lejos ahí. En ese tiempo tendría, no sé, un millón de suscriptores o quizás quinientos mil. Sentía que el techo todavía estaba lejos.
Entonces decidí seguir por ese camino. Además, siempre he sido muy fan de YouTube. Consumía muchísimo contenido de creadores y era un espacio que entendía bien. La televisión, en cambio, siempre me resultó más ajena.
—¿Nunca te atrajo ese mundo?
—La veía, claro, pero no entendía cómo funcionaba: los programas, los productores, toda esa estructura. YouTube, en cambio, es mi casa. Es el lugar que entiendo y donde tengo control.
—¿Y después te han ofrecido conducir programas o participar en televisión en Chile?
—Sí, ha habido ofrecimientos, pero no es lo mío. Creo que la gracia de lo que hago es justamente tener el control creativo: decidir hacia dónde va todo. Siento que eso podría perderse si lo llevo a otro lugar. Me gusta mantener esa visión un poco más cruda y personal de lo que hago, incluso ahora que YouTube se ha ido profesionalizando cada vez más.
—Con respecto al humor y sus límites. En algún momento varios youtubers también tuvieron que salir a pedir disculpas o a matizar ciertas bromas. ¿Sentiste que eso cambió? ¿Que hoy internet está más relajado y se pueden hacer chistes que antes estaban más cuestionados?
—No tengo idea, la verdad. Yo no lo he notado tanto, porque en mi caso el cambio vino más por crecimiento personal. Por ejemplo, cuando mi sobrinita empezó a ver mis videos se me activó otro chip. Pensé: “Ah, mi sobrina está viendo mis videos”. Empezó a verlos cuando tenía cinco años y ahí dije: ok, hay ciertas cosas que ya no puedo decir.
Antes uno podía pensar: “esto es solo una broma”. Pero cuando tienes un ejemplo real de alguien que te está viendo y que está absorbiendo lo que dices, ya no puedes hacer como que eso no existe. Entonces, poco a poco fui ajustando la forma en que me comunico.
—¿Fue una adaptación natural?
—Sí, totalmente. Para mí fue algo de adaptarme. Entendí que el humor se puede hacer de otra forma.
—¿Sentiste una responsabilidad mayor?
—Totalmente. Sobre todo cuando ves niños en la calle que te reconocen. Los que crecieron con Hola, Soy Germán me dicen: “Oye, Hola Soy Germán”. Y los más jóvenes o adolescentes me dicen: “Oye, Juega Germán”. Entonces hay un cruce generacional bien claro.
Yo lo siento también en lo personal. Tengo a mi sobrinita viéndome, y eso no sé si te obliga, pero sí te ayuda a madurar tu contenido sin perder la esencia. Sigo siendo un tipo al que le gusta jugar videojuegos, pero la forma en que hago las bromas hoy es distinta.



