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Francisco Paredes - The Clinic

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24 de Abril de 2026

Ana María Maza analiza los grandes romances en la literatura: “La obra que representa una perfecta combinación de pasión y razón es Orgullo y Prejuicio”

La académica Ana María Maza aborda en su libro El amor en la literatura cómo los grandes romances han marcado la historia y la cultura. Entre ellos, destaca Orgullo y Prejuicio como una de las obras que mejor equilibra pasión y razón o la visión de Tolstoi en Ana Karenina y Resurrección.

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La profesora Ana María Maza está en su casa, esperando el inicio de esta entrevista, cuando es alertada por su gato Pompeyo, un felino imponente de color blanco con una mancha negra en su cara, que hay alguien esperando tras su puerta. Tras eso, el gato se esconde y decide vigilar la situación desde lejos. Pompeyo Magno fue uno de los hombres más influyentes de Roma, general estadista y clave en la historia. Ahora, el gato de mismo nombre es el encargado de vigilar a su dama, así como los caballeros siempre estaban atentos a sus señoras.

En su libro “El amor en la literatura“, en un poco más de 250 páginas, Ana María Maza explica cómo el amor transformó civilizaciones, inició guerras y hasta creó un lenguaje que continúa imperante hasta los tiempos de hoy. Desde los conflictos de los dioses, pasando por las tragedias de Shakespeare y las teorías de Tolstói.

Su biblioteca está llena de clásicos, y al entrar en su estudio advierte que está todo desordenado. Fue la misma advertencia que realizó el profesor José Maza meses antes en una entrevista también para The Clinic. Ambos son profesores y hermanos. Ana María, en medio de risas, advierte que todos en la familia son buenos para hablar, sobre todo en los temas que los apasionan. Y si hay algo que apasiona a Ana María Maza es la literatura.

La profesora Maza

Ana María Maza es profesora de Castellano y magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Tiene estudios en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Junto con eso, es profesora de literatura española y comparada en la Escuela de Literatura de la Universidad Finis Terrae. Fue coordinadora de Relaciones Internacionales de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos y secretaria ejecutiva adjunta, de la Comisión de Cooperación con Unesco, del Ministerio de Educación de Chile.

“Tengo como una especie de alma docente, alma de profesora. Las satisfacciones mayores de mi vida han sido siempre eso, de compartir lo que voy aprendiendo con otros. Tuve una vida azarosa en términos académicos, porque tuve el golpe de Estado y cerraron la universidad. Me concentré en el trabajo de profesora a nivel de secundaria, fui profesora de la escuela italiana. Después, en los años 90, estuve en el ministerio de Educación, en Relaciones Internacionales. De ahí de nuevo la pasión de la docencia para traspasar esto, las políticas públicas”, recuerda en conversación con The Clinic.

Sobre la visión actual del amor, es crítica y afirma que los jóvenes ven el amor de una manera frívola. “En los últimos 20 años, tantos jóvenes que se casan y a los dos o tres años se están divorciando. Bueno, se entiende, es una época que está dominada por los cambios, por el mercado. Es como decir, este par de zapatos no me gusta y lo cambio por otro”.

Ana María Maza en una de las manos de su padre y José Maza abrazado a su cuello

El hombre como sirviente de la mujer

—Dentro de todas las investigaciones que realizó para este libro ¿Hubo alguna historia de amor que la sorprendió?

—En la Edad Media se desarrolló una teoría sobre el amor, que hicieron los franceses. Se llama el amor cortés. Descubrí todo lo que significó esta teoría sobre el amor, la valoración que se le otorga a la mujer. Antes de esa teoría la mujer era marginal a la estructura feudal. Se desarrolló una especie de política pública de enaltecimiento del amor. Todos tenían que vivir en función del amor porque fue una teoría de la aristocracia francesa donde se desarrolló este código del amor. Se hicieron leyes donde todos tenían que comportarse de la manera como se habían establecido, que lo hicieron mujeres. Es una especie de creación voluntaria, donde la mujer alcanza su absoluta dignidad y su poder, porque es la mujer la que decide las relaciones amorosas.

Se fueron todos a Las Cruzadas y dejaron en los castillos a sus esposas. Entonces, las mujeres organizaron, desde María de Champaña, el establecer la importancia de la mujer como un objeto de adoración. Es decir, se hizo casi una relación entre la importancia de la Virgen María, que también la Iglesia católica para eliminar la forma tosca de trato que tenían estos guerreros, enalteció la idea de la Virgen María. Antes del 1200 no había ni siquiera pinturas sobre la Virgen María en Europa, pero de ahí aparece la Virgen María, que es el amor absoluto. Pero la dama aristócrata es la que tiene la adoración de todos.

El hombre se entiende y lo vivió como un sirviente de la mujer. De ahí que se hablaba del servicio de amor, el ‘yo estoy de rodillas ante vos, señora, para lo que me pidáis’. Que es la fantasía femenina. Eso lo crearon las mujeres en el siglo XII y de ahí viene por ejemplo, palabras que han quedado desfasadas como ‘dama’ o cuando otros dicen ‘caballero’ que representa el ideal del caballero feudal que estaba al servicio de la dama. En Chile se acostumbra a decir ‘Mi señora’ y eso es otorgarle la dignidad total. Es que ella tiene dominio sobre mí.

Para mí, de todo lo que se ha hecho sobre el amor, lo más importante es esa gran revolución del siglo II en Francia, y que tiene nombre y apellido: María de Champagne, hija de Leonor de Aquitania y del rey de Francia. En su condado invitó a los mejores poetas franceses de la época, y les dijo que quería que escribieran novelas según ella plantea el tema y cómo tenían que desarrollar la idea del amor.
Las historias de Lancelot con la esposa del rey Arturo, todo eso es el invento que hizo un gran poeta a petición de María de Champagne. Pero como ella era bastante libre, porque este amor cortés no estaba asociado con el matrimonio, Chrétien de Troye renunció. Ella lo tenía contratado, estaba en excelentes términos, pero él entró en conflicto moral y la abandonó.

Francisco Paredes, The Clinic

Los imperdibles de Ana María Maza

—Si tuviera que elegir tres libros para describir el amor en la literatura ¿Cuáles escogería?

—Elegiría “El señor de la carreta” de Cretien de Troyes porque ahí aparece la idea del amor cortés. El caballero tiene que vivir pruebas para llegar a salvar a la señora, que puede que lo mire o no. Entre una de esas pruebas, tiene que pasar por un puente que es una espada y nadie podía pasar el puente. Todos se caen al río, él se saca hasta los calcetines y va sujetándose en la espada, le van sangrando los pies y las manos. Llega y encuentra a la dama en un sacrificio total.

Tal vez “El caballero de la carreta” no es tan fácil encontrar, pero Medea de Eurípides es una obra extraordinaria y es una obra de actualidad completa. A tal punto que se habla hasta del síndrome de Medea. Eurípides, además del mito, le incorpora una interpretación política de la Grecia de ese momento, que estaba sumida en la guerra del Peloponeso. Estaban muriendo todos los jóvenes, entonces el sentido de la muerte y la muerte de los hijos.

También está cómo se desarrolla el tema de la justicia en Medea, porque hoy día tenemos tribunales, pero en la época griega, una extranjera que hubiera dejado todo por seguir a su amado y que el amado a los pocos años le dice ahí te quedas, que hay otra mejor. Medea no puede volver porque traicionó a su familia. El destierro era la muerte. Toda esa reflexión de Medea es extraordinaria, es absolutamente extraordinaria.

Otra obra que representa una perfecta relación de la combinación de pasión y razón es “Orgullo y prejuicio”, porque ahí el sentido del amor es resultado de la razón. No de las emociones pasionales como sería Romeo y Julieta. Jane Austen es muy racionalista y ahí se destaca la importancia que tiene la inteligencia de la mujer y que la inteligencia es el centro de la seducción. Es decir, la seducción de la mujer viene más de su inteligencia que de su belleza o de su comportamiento social. Para eso ella establece todas estas combinaciones posibles y va demostrando por contraste lo que es valioso y lo que puede perdurar en una relación de amor, que sería la admiración más bien intelectual que se pudiera tener al otro pasado el periodo de la pasión.

Me parece maravilloso que se siga leyendo Jane Austen, a ver si se aplica. El problema es que están todos entre el chat, que este, que el otro, que esta me mira, que la otra. No hay ninguna contención y eso es el problema en las relaciones actuales que son desechables no todas.

—Quiero creer que soy una persona romántica, pero soy más de esas historias de amor que terminan mal

—Ahí tienes a Ana Karenina. Ese es otro libro fundamental.

—Sobre eso mismo, suelo decir que veo algo romántico en el suicidio ¿Qué opina de lo que ocurre con ese personaje?

—El suicidio es la imposibilidad de la voluntad de superar los propios conflictos. El sentido que hemos desarrollado es el de la intensidad y eso no puede mantenerse siempre. Si se quiere vivir en la intensidad, eso tiene que estar asociado con un conflicto, porque si no, no hay intensidad. Por eso, el conflicto puede llegar a ser imposible de resolver y termina en la muerte, que sería la única solución. El caso más claro es el de Romeo y Julieta. Porque ahí es cuando lo que yo quiero es tan absoluto, que no me lo puede dar ni siquiera el hombre que yo amo que es lo que le pasa a Ana Karenina.

Las personas obsesivas siempre son trágicas, porque no pueden resolver el mundo en la medida que ellos quieren obtener y la solución es que ellos tienen que desaparecer. Anna Karenina no puede destruir la sociedad, ni la madre de Vronsky, ni a su familia, ni nada, Entonces frente a eso, se destruye a ella misma.

—¿Cuál es su libro favorito?

—Al que le he dedicado años, años de estudio es al Quijote porque ahí está todo. Está la suma de la literatura, de las teorías filosóficas, de los conceptos políticos, creación de personajes y con una apertura que tiene Cervantes extraordinaria para la época, casi un escritor feminista. Hay una serie de personajes en El Quijote, fuera de las Novelas ejemplares, que son personajes que en las crisis está siempre la idea de que tienen que ejercer la libertad en tanto son iguales a los hombres.

El amor de Tolstoi

Es casi al final de la conversación cuando Ana María Maza añade que una de las teorías que le gustan y que no muchos conocen es la de Tolstoi. “Él tiene una teoría sobre el amor que justamente la manifiesta en Anna Karenina. El personaje es el ejemplo de la alteración o una especie de perversión egocéntrica que le impide a ella darse cuenta de cómo está destruyendo al mundo. Porque no le importan los hijos, no le importa el sufrimiento del marido, ex marido, que no le importa su mismo amante, porque ella está dispuesta a destruirlo con su muerte y lo destruye”.

“Frente a esa línea de ese amor obsesivo, plantea en la misma novela a otra pareja que es la de Levine. Que no es tan estupendo como Vronsky, no sabe bailar ni tiene ninguno de los atributos de seducción. Pero él tiene una profunda reflexión sobre cómo se puede llegar a tener una vida que sea una vida con sentido. Donde el amor que él siente por la esposa sea también un amor hacia los otros, que es un sentido cristiano que plantea Tolstoy. Entonces ese matrimonio resulta justamente por el sufrimiento, por la búsqueda de comunicación, por el entender y apoyar al otro. No lo dice así, pero es el sentido donde el amor deja de estar centrado en el erotismo o el eros, que sería la primera etapa en la que sólo está Ana Karenina”, añade.

Junto con eso, recuerda en en la última novela de Tolstoi llamada “Resurrección” está basada en un hecho biográfico “de un amor que tuvo él con una sirvienta. Él era un conde millonario muy joven, y la sirvienta fue expulsada de la hacienda. Esto no le pasó a él, pero de ahí saca la idea de el personaje, donde está en un juego y hay una mujer acusada de asesinato, y esa mujer era la sirvienta que fue su primer y gran amor, que por haberla abandonado termina prostituida en condiciones terribles”.

“Ahí viene toda la reflexión del personaje cuando dice que es él el responsable, no es ella. Lo que a ella le ha pasado es consecuencia de cómo él se comportó con él. Entonces él decide no casarse, porque se va a casarse, y además los dos, de una manera maravillosa”, afirma la autora.

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