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Opinión

26 de Abril de 2026
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Columna de Kike Mujica: A dónde están que no se ven

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

El progresismo ha sido hasta ahora irrelevante en la negociación del megaproyecto del Gobierno de Kast. Franco Parisi y Pamela Jiles se convirtieron en los interlocutores de La Moneda. El NO al plan, rotundo y temprano —están por rechazar la idea de legislar—, no les ha permitido exhibir cuál es el plan alternativo de la izquierda frente a la propuesta del oficialismo. Pero, ¿hay plan?

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Pedro Sánchez, el aporreado presidente español, ofició de anfitrión en la cumbre de las izquierdas. Estuvieron Boric, Jackson, Vallejo, Lula y Sheinbaum. 

Sánchez arengó a los presentes: «Han intentado que nos avergoncemos de nuestras ideas e historia, pero eso se acabó. Hoy, en Barcelona, el 18 de abril de 2026, la vergüenza cambia de bando, y lo hará para siempre. A partir de ahora, la vergüenza, para ellos». 

«Ellos» son la ultraderecha: Kast clasifica en la lista. 

Sánchez sentenció que en el futuro se dirá que «en Barcelona empezó todo». 

Aplausos a rabiar. 

La cumbre del progresismo con el progresismo en la cumbre: avanzar en más igualdad, más regularización de inmigrantes, más feminismo, más ecologismo, más ONU. 

Pedro Sánchez y Gabriel Boric
Pedro Sánchez y Gabriel Boric

Mientras tanto

En Chile, el Gobierno de Kast logró un pacto táctico clave: conseguir los votos del PDG para una futura aprobación en la Cámara del «plan de reconstrucción». Con esos votos, pasa al Senado. Y ahí la sumatoria es, por ahora, favorable para La Moneda. 

El Gobierno celebra. Parisi celebra. 

Mientras tanto, la izquierda se ha cerrado completamente a la propuesta. Hasta ahora, un pacto pétreo. Quieren detener el proyecto en la partida: rechazar la idea de legislar o recurrir al Tribunal Constitucional. 

Ante un NO rotundo, el Gobierno los ha ignorado. Intentó con algunos DC y PPD, pero no resultó, aunque aún no descartan que haya díscolos. Con el PC, el FA y el PS, la línea no es que esté cortada: no existe y nunca existió. 

Por ello, la izquierda ha tenido escasa visibilidad y protagonismo. No vieron al turbo PDG que les pasó raudo por el lado y que los dejó en minoría. Jiles y Parisi olieron el vacío de poder y lo coparon —dejando también a Kaiser como actor secundario—. 

Quiroz, Parisi, Alvarado, García, Jiles: los protagonistas de la agenda. 

Del lado de la izquierda, los ruidos provienen de Manouchehri y Ciccardini, gracias al auspicio de dos almuerzos: el de la servicial primera dama en el casino y el de los amigos del presidente. 

Boric, bullente en el exterior pero silente adentro: así lo mandata el protocolo tácito de no entrar en el debate político —que en todo caso no indica el plazo del mutismo autoimpuesto—. Bachelet peleando la ONU: critica al gobierno no por la mega reforma, sino porque no la apoyaron. Tohá y Jara rearmándose después de la derrota y buscando un espacio. Tomás Vodanovic, centrado en Maipú.

¿Hay plan?

La gran crítica al progresismo opositor es que, fuera del NO temprano y rotundo a la reforma tributaria, no ha tenido una propuesta alternativa. En las primarias de la izquierda, todos los candidatos y candidatas —con más o menos entusiasmo— coincidieron en que el país se estancó económicamente. 

Republicanos, guste o no guste, propone una receta para salir del pantano de la mediocridad.

Pero, ¿cuál es la receta del progresismo? ¿Esa receta podría dar pie a una negociación con el Gobierno con el fin de lograr el «yo te doy si tú me das»? ¿Existe un plan? 

«Ok, no les gusta el proyecto. Pero si tienen otro, ¡que lo muestren!», interpela el diputado Guillermo Ramírez, presidente de la UDI. 

Carolina Tohá disiente: «Decimos NO porque es una reforma que baja los impuestos al grupo de más altos ingresos del país y no lo compensa con nada. Y sí tenemos propuesta: fueron los dos proyectos que presentó el ministro Marcel. Apuntaban a rebajar el impuesto corporativo —lo mismo que ahora— pero con compensaciones. Apostaba a compensarlo con un impuesto —creado en conjunto con la SOFOFA— que era una tasa al retiro de utilidades por parte de los dueños de las empresas. Con eso, buscábamos que las empresas tuvieran incentivos para invertir y que la rebaja del impuesto se recuperara de manera progresiva». 

Esos proyectos fueron rechazados. La principal promotora de la negativa fue la diputada Pamela Jiles. 

La realidad es que, salvo Tohá, casi nadie ha sugerido revivir el proyecto Boric-Marcel. Podría ser la propuesta para negociar y no perderlo todo si el gobierno consigue los votos en el parlamento. Y un plan propositivo que seguiría al mote que lograron instalar con éxito: que la reforma favorece a las grandes empresas y a los ricos. 

Jeannette Jara nadó contra la corriente y recibió su cachetada: se manifestó a favor de aprobar la idea de legislar. La excandidata está imbuida de los acuerdos que se lograron con la reforma de pensiones. 

En dicha reforma no participaron los protagonistas de esta: ni Kast ni Parisi, ni Republicanos ni el PDG.

¿La vía corta o la larga?

«Las izquierdas están en un profundo shock… me lo esperaba», dice Alfredo Joignant, cientista político y columnista del diario El País. 

Joignant recuerda que algo parecido ocurrió en 2010 con el triunfo de Piñera. «Pero en esta oportunidad el shock es de otra naturaleza: es más profundo, más doloroso, porque interviene en un estado del mundo muy hostil, muy diferente al mundo de 2010». Eso explicaría, dice Joignant, la dificultad del progresismo para incidir en el debate del mega proyecto. 

«Pienso que se enfrentarán dos tesis: la vía corta o la larga hacia la socialdemocracia. La corta es descansar en liderazgos como el de Boric o Tomás Vodanovic y coordinarse en el parlamento en modo reactivo. La larga es mucho más compleja y la que yo propugno: darse el tiempo para que cada partido haga su propia autocrítica». 

«Creo que las izquierdas debiesen, literalmente, refundarse», sentencia. 

«Las izquierdas nacieron en torno al concepto de igualdad, y la igualdad es un concepto impensable. Es más fácil constatar la desigualdad que imaginar la igualdad. El problema de las izquierdas es que están experimentando una crisis de la imaginación política, y eso es especialmente complejo. Por lo tanto, se tienen que dar el tiempo —dos años o dos años y medio— para establecer su propia ruta, y sólo después de eso converger en una única y misma fuerza», propone. 

Tohá cree que el camino es el proyecto, más que los nombres. «En el pasado nos esforzamos poco porque siempre estaba la presidenta Bachelet como opción. Hoy no tiene mucho sentido especular sobre quién será el o la candidata. Lo que tiene sentido ahora es empezar a imaginarse qué vamos a proponer en los próximos cuatro años».

FINAL

“En el natalicio de Vladimir I. LENIN, reafirmamos el carácter leninista del Partido Comunista de Chile”. Lautaro Carmona. 22/04/2026.

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