El hombre que activó las alarmas: la historia del funcionario de la DGAC que advirtió los vuelos de niños haitianos y destapó el caso que hoy investiga la Contraloría
Durante más de una década un funcionario de la DGAC observó la llegada de niños haitianos al Aeropuerto Arturo Merino Benítez acompañados por adultos que no eran sus padres. Sus advertencias llegaron al entonces diputado Rubén Oyarzo y derivaron en fiscalizaciones que, con el tiempo, desembocaron en el preinforme de Contraloría que detectó graves falencias en los controles migratorios y abrió interrogantes sobre el paradero de decenas de menores que ingresaron al país.
Por Sebastián Palma 18 de Junio de 2026
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–Yo soy amigo.
Lo repetía un ciudadano haitiano con cédula chilena en el Aeropuerto Arturo Merino Benítez, fuera del vuelo WAL-801 del 15 de octubre de 2025 operado por Caribbean Sun.
–Yo soy amigo– insistía frente a los funcionarios que lo interceptaron y le preguntaron cuál era su vínculo con los niños que viajaban junto a él. El vuelo había partido en Miami, hizo escalas en Puerto Príncipe y Lima, y llegó a Santiago con más de doce horas de retraso.
–Yo los cuido.
Mientras hablaba, sostenía un fajo de documentos con fotografías de los menores mirando fijamente a una cámara adheridas a las hojas con un corchete. Los niños no eran sus hijos. Tampoco tenía parentesco con ellos. Sin embargo, contaba con documentación que fue necesaria para retirarlos y abandonar el aeropuerto en su compañía.
El hombre haitiano respondía con amabilidad. No sabía muy bien quién era quien lo interpelaba. No se trataba de un funcionario de Migraciones, un policía aeroportuario ni un inspector del SAG. Era el entonces diputado Rubén Oyarzo, que llevaba varias horas esperando el arribo del vuelo.
Oyarzo no estaba allí por casualidad. Había recibido antecedentes sobre vuelos que llegaban desde Haití con menores de edad acompañados por adultos que no eran sus padres. La información provenía de una persona que conocía el aeropuerto desde dentro y que llevaba años viendo escenas que le parecían difíciles de explicar.
Antes de llegar a él había tocado varias puertas. Había llamado a periodistas, contactado a parlamentarios y relatado una y otra vez la misma inquietud. Quería entender por qué tantos niños haitianos aterrizaban en Chile acompañados por adultos que no eran sus padres y luego abandonaban el aeropuerto sin mayores contratiempos. No encontró demasiada atención.
Hasta que dio con Oyarzo. El entonces diputado escuchó la historia y se obsesionó con la misma pregunta. ¿Qué estaba pasando con esos niños? La duda comenzó a perseguirlo. Tanto, que esa noche decidió esperar durante horas la llegada del vuelo WAL-801 para ver con sus propios ojos aquello que el funcionario llevaba años observando.
Lo que presenció esa noche terminaría convirtiéndose en una de las primeras alertas formales sobre un fenómeno que hasta entonces avanzaba lejos de la atención pública. La fiscalización realizada por Oyarzo en el aeropuerto —que por entonces formaba parte de su distrito parlamentario— derivó en denuncias, oficios y una serie de gestiones que terminaron llegando a la Contraloría General de la República, a través de una reunión con Dorothy Pérez.
Meses después, esas gestiones desembocarían en el preinforme de Contraloría que detectó graves falencias en los controles sobre el ingreso de menores haitianos al país. Un documento que hoy mantiene bajo escrutinio a distintas instituciones del Estado y que abrió una pregunta más inquietante: dónde están algunos de los niños que ingresaron a Chile y cuyo paradero las autoridades no han logrado establecer.
El funcionario de la DGAC que –pidió reserva reserva de su nombre– para entonces llevaba más de una década observando la llegada de niños haitianos al aeropuerto. Era una inquietud que lo acompañaba desde hacía años: durante sus turnos nocturnos en el terminal aéreo, cuando volvía a su casa y hacía dormir a su hijo.

Una tragedia que los unió
El dirigente de la DGAC conoció a Oyarzo a raíz de una tragedia.
El 8 de marzo de 2023, Claudio Villar, funcionario de la DGAC y compañero de trabajo murió asesinado durante el intento de robo de más de $26 mil millones en la losa del Aeropuerto Arturo Merino Benítez. El caso conmocionó a los trabajadores aeroportuarios, que denunciaron falencias de seguridad y comenzaron una serie de gestiones para exigir cambios a las autoridades.
Fue en ese contexto que él y Oyarzo comenzaron a hablar. El entonces diputado escuchó las inquietudes del gremio y mantuvo contacto con sus dirigentes. Con el paso de los meses, las conversaciones derivaron hacia otros temas que inquietaban al funcionario: lo que a su juicio eran “avionetas narcos” y un eventual tráfico de niños haitianos en Santiago.
Le contó que la situación la empezó a alertar en 2016, Oyarzo le pidió que le avisara sobre la llegada de uno de estos vuelos chárter y así fue como ambos llegaron al WAL-801, el vuelo que levantó las alertas a la Contraloría sobre una situación que llevaba años ocurriendo.
Ese mismo día, como lo hacen la mayoría de los parlamentarios, Oyarzo escribió una minuta en la que señaló lo siguiente:
“Recibimos una denuncia de un chárter que venía desde Haití y que iba a llegar a las 02:30 de la madrugada con 150 pasajeros, de los cuales 124 eran niños. Sin embargo, ese vuelo se retrasó por 12 horas. Paró en Lima, siendo que no era su ruta, ya que el avión salió de Miami, pasó a Puerto Príncipe, después a Guayaquil y desde ahí llegaba a Santiago. Pero paró sospechosamente en Lima más de 12 horas y llegó hoy a las 11:00 de la mañana con alrededor de 60 niños, el resto eran todos pasajeros adultos”.
Sobre lo anterior, resaltó que “la misma PDI estaba sorprendida por la poca cantidad de niños en comparación a otros vuelos anteriores”.
Además, apuntó a otras irregularidades, como que “el chárter nunca salió en la pantalla, ni la hora de arribo ni nada. Fue como que se quería ocultar desde las pantallas del aeropuerto Nuevo Pudahuel”.
También expuso que “el avión que llegaba a las 02:30 am era el mismo avión que ha pasado por tres aerolíneas distintas. Sin embargo, en estas 12 horas, el avión que aterrizó hoy es distinto al que llegaba siempre y se presume que existió un cambio de avión en Lima”.
Hoy la denuncia es parte de la investigación penal liderada por la Fiscalía Centro Norte.

La punta del Iceberg sobre los niños haitianos
El preinforme elaborado por la Contraloría General de la República detectó una serie de falencias en el sistema de reunificación familiar y en la coordinación entre los organismos públicos encargados de resguardar a niños, niñas y adolescentes extranjeros que ingresaban al país.
Entre los hallazgos se identificaron casos en que el Servicio Nacional de Migraciones aceptó información entregada por los propios solicitantes sin verificar datos básicos, como direcciones o antecedentes de las personas que quedarían a cargo de los menores en Chile. También se detectaron expedientes que carecían de documentación suficiente para acreditar el vínculo familiar entre los niños y los adultos responsables.
La auditoría también describió problemas de coordinación entre Migraciones, la PDI y la Subsecretaría de la Niñez. En uno de los casos revisados, un ciudadano haitiano solicitó la reunificación familiar de sus hijos, pero falleció antes de que los menores llegaran al país. Pese a ello, no existieron mecanismos efectivos para compartir esa información entre las instituciones involucradas ni para adoptar medidas de protección.
Contraloría además detectó solicitudes aprobadas pese a que los patrocinantes no cumplían con requisitos exigidos por la normativa, como acreditar residencia definitiva en Chile. También observó que una misma persona podía participar en distintas etapas del proceso de evaluación, sin controles internos suficientes para evitar errores o arbitrariedades.
El informe también puso atención sobre el vuelo chárter WAL-801, el mismo que Oyarzo fiscalizó en octubre de 2025. A ello se sumó un reporte de la PDI que identificó a 12 extranjeros o chilenos nacionalizados que ingresaban habitualmente al país acompañados de menores de edad. Uno de ellos había entrado a Chile con 34 niños y adolescentes.
Pero uno de los antecedentes más delicados surgió cuando funcionarios de la Contraloría visitaron los domicilios registrados por los adultos responsables de los menores. De los casos revisados, decenas de niños no se encontraban en las direcciones informadas. Algunos ya no vivían allí, otros estaban bajo el cuidado de personas distintas a las registradas y en varios casos no fue posible establecer su ubicación.
The Clinic tuvo acceso a distintas nóminas de pasajeros haitianos correspondientes a vuelos que llegaron desde Haití durante los últimos años. Una de ellas corresponde al 30 de mayo de 2023 y fue operada por la aerolínea Aeroregional.
Solo en ese vuelo viajaban 84 ciudadanos haitianos. Treinta y ocho eran menores de edad. De ellos, 16 figuraban sin acompañante. Ni sus padres ni sus madres viajaban junto a ellos. Ingresaron solos a Chile.



