La historia de Los Pincheira, la clásica picada de Villa Frei que nació con un carro en Avenida Grecia y lleva más de 25 años preparando completos en Ñuñoa
Hace más de 25 años, Jerónimo Pincheira llegó desde Carahue a Santiago en busca de nuevas oportunidades. Lo que comenzó como un carro de completos en Avenida Grecia terminó convertido en una de las picadas más reconocidas de Ñuñoa, donde los sabores, las historias de clientes y el sueño de volver algún día al sur siguen siendo parte de su identidad.
Sigue a The Clinic en Google News Por Felipe Betancour 2 de Agosto de 2026
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A comienzos de la década de los 70, encontrar un completo en Carahue o en la zona costera de Puerto Saavedra, en la Región de La Araucanía, era prácticamente imposible. La comida al paso de la época estaba dominada principalmente por la sopaipilla. Hoy el panorama es muy distinto: los locales de completos abundan en Santiago, Temuco y gran parte del sur del país. Uno de ellos es Los Pincheira, la clásica picada de la Villa Frei que lleva más de 25 años alimentando a los vecinos de Ñuñoa.
Sin embargo, la historia del local comenzó mucho antes y a cientos de kilómetros de distancia. A comienzos de los años 90, Jerónimo Pincheira dejó Carahue para instalarse en Santiago en busca de nuevas oportunidades. Su primer trabajo en la capital fue en el emblemático Tío Manolo de calle Maratón, donde aprendió el oficio desde dentro.
“Ahí fue mi escuela. Trabajaba como cajero y en administración. Uno veía todos los flujos del negocio y ahí nació la inquietud de preguntarse por qué uno no podía hacer lo mismo”, recuerda.
De Carahue a Avenida Grecia: el origen de El Carro
Jerónimo no fue el único de los nueve hermanos que emigró a la capital. También lo hizo Victorino Pincheira, quien se dedicaba a la construcción. Los domingos eran sagrados: se reunían a almorzar y, entre conversaciones familiares, comenzó a tomar forma la idea de independizarse.
Como Victorino era maestro y tenía experiencia en construcción, él mismo fabricó el carro de arrastre con el que ambos iniciaron el negocio. Después lo pintaron entre los dos y lo instalaron en Avenida Grecia con Jorge Monckeberg, un sector que, según Jerónimo, siempre ha tenido un importante movimiento comercial. Le pusieron simplemente “El Carro”.
Rápidamente se convirtió en un éxito, pero esa primera etapa del emprendimiento duró apenas tres años. En el año 2000, una ordenanza municipal prohibió la venta de comida en carros en la vía pública de Ñuñoa y obligó a los hermanos a cerrar.
Lejos de desanimarse, comenzaron de inmediato a recorrer distintos sectores en busca de un local establecido. Para entonces ya tenían claro que ese era su futuro y que no podían dejar morir el negocio que habían construido.
“Salimos a buscar todos los días por distintos lados, pero siempre quisimos mantenernos cerca de Avenida Grecia. Cuando encontramos este local dijimos que era el lugar indicado. Siempre nos gustó el barrio porque era tranquilo y Avenida Grecia, comercialmente, siempre ha sido muy buena. Además, hay pocos locales en la avenida, así que decidimos instalarnos acá”, recuerda Jerónimo.

Una picada que mantiene vivo el espíritu de barrio
El pasaje elegido resiste el paso del tiempo, al igual que la Villa Frei. En su interior, unas mesas de plástico, una peluquería, una barbería, otro local de pollo frito y hasta una farmacia forman parte de los pequeños comercios que aún mantienen vivo el espíritu de barrio de la comuna.
En ese espacio, Los Pincheira se ha mantenido hasta hoy y se consolidó como una parada obligada de Ñuñoa. Su historia incluso ha traspasado las fronteras del barrio: el alcalde Sebastián Sichel compartió un video en sus redes sociales recomendando el local en el marco del Día del Completo.
Con el local ya instalado en el pasaje que tiene como telón de fondo la Villa Frei, Los Pincheira comenzó a consolidarse como un punto de encuentro para vecinos, trabajadores y jóvenes que terminaban la jornada —o la noche— con un completo. Durante años, una de las principales características del negocio fue su extenso horario: los viernes y sábados atendían hasta las seis de la mañana.
“Antes los viernes y sábados trabajábamos hasta las seis de la mañana. Después fuimos cerrando a las tres y, tras la pandemia, hasta la medianoche. La gente se acostumbró a esos horarios. Antes pasaba mucha gente después del carrete, había movimiento toda la noche. Ahora ya no es igual”, cuenta.
Aun así, el local nunca dejó de funcionar. Mantener el negocio abierto durante más de dos décadas ha significado largas jornadas de trabajo y una rutina que comienza mucho antes de levantar la cortina.
“No ha sido nada de fácil. Uno tiene que abastecer el negocio, salir a comprar, mantener todo funcionando y después atender. Cuando la gente llega y ve el local lleno se ve bonito, pero detrás hay mucho trabajo”, concluye.
Clientes que vuelven por un sabor que no cambia
Entre las historias que guarda de sus clientes hay una que recuerda especialmente: la de una persona que, después de varios años viviendo en Arabia Saudita, volvió a Chile y lo primero que hizo fue pasar por el local. Apenas llegó al país, antes incluso de reencontrarse con otros lugares, quiso volver a probar el completo que recordaba antes de partir.
“Llegó acá y se notaba que el hombre había estado en Arabia Saudita”, recuerda entre risas. El cliente le contó detalles de su vida en el extranjero y de cómo, pese a la distancia, seguía teniendo presente ese sabor. Lo que más le llamó la atención fue que, después de tantos años fuera, encontró el mismo producto que había dejado atrás.
Para Jerónimo, esa visita fue una muestra de que el vínculo con el local va más allá de la comida. “Lo bueno es que el sabor no cambia”, le dijo el cliente, una frase que resume la importancia de mantener una tradición que ha acompañado a varias generaciones y que sigue siendo un punto de encuentro para quienes regresan a la ciudad.

El completo como símbolo del negocio
Los completos siguen siendo el producto más vendido del local y el sello que ha marcado su historia desde los primeros años. Aunque con el tiempo la oferta se amplió, esta preparación continúa concentrando la mayor cantidad de pedidos y es el principal motivo por el que muchos clientes vuelven. Para varios de ellos, llegar hasta Los Pincheira significa reencontrarse con un sabor que permanece intacto pese al paso de los años.
El As Queso Italiano y el As Queso también se han convertido en protagonistas de la carta y en otros de los favoritos de los clientes. Ambos están disponibles en formato normal y gigante, una alternativa que mantiene activa la máquina del local durante gran parte de la jornada. A pesar de las filas que se forman para comprar, el ritmo de atención no se detiene y la preparación de cada pedido sigue funcionando como una tradición ya instalada entre quienes llegan hasta la picada.
El sueño pendiente de volver al sur
A pesar del éxito local de Los Pincheira, las ganas de volver a su ciudad natal siguen presentes para Jerónimo. Recuerda el lugar donde junto a sus nueve hermanos jugaban fútbol, con él como arquero y uno de sus hermanos como defensa central. Son recuerdos que permanecen ligados a una etapa de su vida que todavía mira con nostalgia.
Aunque reconoce que la capital le permitió construir un camino y levantar su propio negocio, la conexión con el lugar donde nació continúa siendo una parte importante de su historia.
El sur, dice, se extraña en los pequeños detalles: el aire, la tranquilidad y la posibilidad de encontrarse con personas conocidas en cualquier lugar. Esa forma de relacionarse, más cercana y cotidiana, es algo que intenta replicar en su local, donde muchos clientes no solo llegan por un completo, sino también por la conversación, los recuerdos y los vínculos construidos durante años.
Por eso, la posibilidad de regresar algún día aparece como un sueño pendiente. No como una decisión inmediata, sino como una meta que permanece en el horizonte después de haber cumplido el propósito que lo llevó a Santiago: buscar nuevas oportunidades y salir adelante. Volver al sur sería, en sus palabras, cerrar un ciclo y reencontrarse con la vida que dejó atrás.



