Opinión
18 de Julio de 2026
Columna de Danilo Herrera: Política pirata
Por Danilo Herrera
El columnista Danilo Herrera escribe sobre quienes reivindican la política de los acuerdos de la Concertación en medio de la aprobación de la Megarreforma y asegura que lo que se vivió en las últimas semanas es muy distinto a eso. "Esa es la política de los mercenarios, donde cada uno cobra su artículo, su exención, su ley espejo. No hay visión de país detrás, hay casuística. Si no le pasa a alguien cercano, no se legisla. Si no hay pago, no hay voto", analiza.
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Nací en 1989, no vengo de un lugar privilegiado, estudié en un colegio subvencionado y entré a la universidad por el esfuerzo de mis padres y por la existencia del CAE. Soy un hijo de la Concertación. Crecí junto a un país donde la pobreza bajó de casi el 40% a menos del 15%, donde apareció la Jornada Escolar Completa y el AUGE cuando alguien de la familia se enfermaba. No sería profesional sin esas políticas y estoy seguro que millones de chilenos pueden contar una historia parecida.
Todo eso se construyó con acuerdos, pero acuerdos de verdad, con un método al servicio de un proyecto de país, con resultados que se pueden medir en biografías como la mía. Por eso llama la atención el fanatismo de la derecha por la Concertación. Le dan a Eduardo Frei el rol de embajador, escriben cartas al director reivindicando los acuerdos, aplauden cuando el senador Matías Walker (exdemócratacristiano) pide en la Sala “volver a la Concertación”. Todo muy emotivo, pero con un solo detalle… nunca votaron por ella. El senador socialista Juan Luis Castro se lo recordó a Walker en su cara: para invocar a la Concertación hay que haber estado y estar, no haber saltado a otra vertiente para hacer ruta con la derecha que hoy gobierna.
En 1990, con la democracia recién estrenada, Aylwin negoció su reforma tributaria con Renovación Nacional. La derecha estaba en la oposición y aún así hubo acuerdo, porque había un objetivo compartido que era financiar el gasto social de la transición. La Concertación se sentó a la mesa, negoció con las derechas y retrocedió en sus propias pretensiones por el bien común. El AUGE no salió como Lagos lo diseñó, Matthei se opuso al subsidio cruzado con las isapres y el gobierno cedió para sacar la reforma adelante. Esa era la política de los acuerdos, tragarse una derrota parcial a cambio de un país mejor.
Esta semana la megarreforma pasó el Senado por el mínimo, 26 votos contra 24. Ese es el tamaño real de los “acuerdos” del gobierno. Y el detalle de cómo se consiguieron esos votos es aún peor. ¿Qué practican los que hoy se declaran herederos de los acuerdos? Otra cosa. El senador Rodolfo Carter (IND REP) consiguió ingresar un artículo respecto a un crédito tributario para empleadores que apoyen a trabajadores con enfermedades catastróficas. Walker respaldó un acuerdo con alcaldes de derecha por las contribuciones, que ni siquiera se votó porque el ministro Quiroz llegó con la propuesta a última hora a la Sala. El PDG entregó sus votos en el primer trámite a cambio de una ley de devolución del IVA en pañales y medicamentos que el gobierno, hasta hoy, no ha discutido en el Congreso. Hasta el cobro les salió pirata.
Esa es la política de los mercenarios, donde cada uno cobra su artículo, su exención, su ley espejo. No hay visión de país detrás, hay casuística. Si no le pasa a alguien cercano, no se legisla. Si no hay pago, no hay voto.
Hernán Larraín Matte escribió esta semana que los buenos acuerdos no pueden ser un principio que se invoque sólo cuando se está en minoría. Tiene razón, pero tampoco se pueden invocar los acuerdos cuando no hay disposición a dialogar ni a escuchar a los expertos transversales que han advertido errores profundos en la megarreforma.
La política pirata lo es porque se basa en una falsa imitación de la Concertación, hecha por quienes jamás votaron por ella. Los originales construyeron un país y las copias están rematando el que heredaron.



