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Ilustración: Sandro Baeza, The Clinic

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11 de Agosto de 2026

El arte de saber cuándo y cómo decir adiós: psicóloga explica cómo terminar una relación con madurez y respeto

Terminar una relación puede convertirse en una conversación incómoda y dolorosa, especialmente cuando existen dudas sobre si se trata de una crisis pasajera o de un vínculo que ya no tiene futuro.

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Carolina tenía 19 años recién cumplidos cuando decidió que era el momento de terminar su primer pololeo, el que solo alcanzó a tener la tierna duración de seis meses. Sin embargo, pasaron cosas que la hicieron darse cuenta que esa relación no tenía más futuro que una hoja aferrándose a una rama en pleno otoño y esa relación debería llegar a su fin.

Si bien la decisión de tomar esa relación fue madura, vinieron una serie de acontecimientos que no lo fueron tanto. Como terminar esa relación por un mensaje de WhatsApp y no volver a hablar hasta que nuevamente se encontraron en la universidad. El siguiente paso que no fue muy maduro fue seguir encontrándose como pareja, pero sin serlo. Todo eso de manera esporádica, pero durante un año.

Esos son precisamente todas las cosas que expertos recomiendan no hacer cuando se quiere dar un término sano a una relación de pareja. La psicóloga y académica de la Universidad Central, María José Lizana, advierte que si bien no hay una forma correcta de poner fin a una relación de pareja, “siempre es mucho mejor ser honesto en la toma de decisión o en lo que uno está sintiendo y, al ser honesto, la otra persona siempre lo va a tomar de mejor manera”.

¿Cuándo es momento de terminar una relación de pareja?

En conversación con The Clinic, Lizana explicó que “tenemos que pensar en tres elementos importantes: el bienestar que tengo con mi pareja, el reconocimiento que tengo en la relación y una posibilidad real de separación. Esto, porque cuando pensamos o pasamos por alguna crisis tenemos que ver si esto es una crisis que se puede resolver o si es una crisis que ya lleva arrastrando otras crisis, como tipo bola de nieve, y que realmente entra la posibilidad real de una separación“.

“Algunas señales pueden ser la indiferencia que se empieza a sentir por la otra persona, donde ya no tengo el interés de saber cómo está, ya no tengo el interés de salir con esta persona. Cuando también se vulneran los límites dentro de la relación, cuando se pierde la confianza hacia la otra persona y también cuando ya no se encuentra o no se siente el mismo proyecto a futuro”, añade.

También suma otra señal a la que estar atentos: “Es cuando estamos en situaciones de violencia o de agresividad, en donde claramente el límite, a nivel de maltrato, ya pasa a primer plano y tenemos que aplicar la posibilidad real de una separación porque la reparación como tal no puede ser viable”.

¿No eres tu, soy yo?”

Sobre el uso de las trilladas frases “no eres tú el problema, soy yo”, la académica sostiene que “suelen causar más daño porque son incertidumbres, porque son ambiguas. No hay una relación ni una explicación clara acerca de qué es lo que está pasando en la relación. La gente siempre prefiere algo concreto, algo empírico, qué fue lo que pasó, qué fue lo que estás sintiendo. Se necesita una respuesta clara. Entonces, cuando hay estas frases más de incertidumbre, la persona se hace mil 500 preguntas más”.

“Por ejemplo ‘Necesito un tiempo’, ese tiempo ¿es para estar con otra persona? ¿es porque todavía me quiere, pero necesita pensarlo bien? Entonces son mucho más masoquista y eso dificulta la entrada al duelo de estar perdiendo una relación amorosa. La verdad y la honestidad suelen ser mucho mejor en estos términos“, detalla.

Terminar sin culpa

Con respecto a la culpa que pueden sentir algunas personas al momento de decidir poner el término a una relación, Lizana destaca que “es súper importante diferenciar la culpa de la responsabilidad porque yo tengo una responsabilidad conmigo mismo de saber si estoy en una relación que me beneficia, que me brinda tranquilidad, seguridad, un ambiente seguro dentro del cual puede desenvolverme y cuando termino una relación de esto claramente le voy a provocar dolor a la otra persona y voy a sentir culpa y muchas veces esa culpa gana”.

“Hay que tener mucho ojo y saber cuál es el límite en el cual voy a tranzar, en decir ‘chuta, sé que te voy a hacer mucho daño’ o voy a saber que la otra persona va a sufrir, pero yo no puedo manejar con eso. Muchas veces cuando la otra persona llora, se siente muy mal o hay estas manipulaciones, se mantiene el contacto o las relaciones sexuales sin tener un vínculo a moroso claro. Se siguen escribiendo para hacer esto menos doloroso y ahí claramente la culpa y el dolor van a seguir existiendo y va a ser mucho peor”, acota.

La académica también indica que “para manejar la culpa es tener muy claro lo que quiere, muy claro el por qué del término y sostener del límite de lo que vas a aceptar en este término y qué no vas a aceptar. Si tengo la responsabilidad afectiva con esta persona, donde ya no siento el amor, la misma confianza o la misma conexión, tengo que poder tener la responsabilidad de alejarme sin que la culpa me coma”.

La técnica del contacto cero

Consultada por la técnica del ‘Contacto cero’, la psicóloga afirmó que cuando se aplica aquello “es para poder realmente alejarme de todo aquello que me pueda recordar a esta persona”.

“El contacto cero lo que busca es poder alejarme 100% de esta otra persona, de no saber de su vida, de no saber de su mundo, pero también tenemos que entender que el contacto cero, no en todas las parejas, va a servir porque no es conveniente cuando tenemos parejas con hijos, responsabilidades económicas compartidas, un trabajo en común u obligaciones donde se tengan que ver sí o sí”, puntualiza.

También apunta a que “el contacto cero no es un castigo hacia la otra persona, sino que es un método para poder manejar la ruptura”.

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