La niebla que no despeja en Curilemu: la cruzada de siete años del videojuego chileno que busca convertir la mitología de Chiloé en una aventura
Entre el crujido del mazo en la mesa y el brillo de una pantalla sin terminar, Curilemu busca transformar los mitos del archipiélago en una experiencia viva. A puro pulso y contra la burocracia estatal, sus autores dan la pelea por rescatar un relato que la política cultural insiste en ignorar.
Por Carolina Mardones L. 5 de Septiembre de 2026
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Curilemu es el videojuego chileno que busca convertir la mitología de Chiloé en una aventura, pero lleva siete años sin poder publicarse. Jaime Cid cuenta que postularon al Fondart, ganaron fondos para trailers y una coproducción, pero el proyecto sigue sin financiamiento suficiente y quedó en un “limbo”.
- Curilemu busca llevar los mitos de Chiloé a un videojuego y también a un juego de cartas.
- Jaime Cid dice que el proyecto comenzó en 2019 y aún no logra financiamiento para terminarse.
- El equipo ganó fondos para trailers y para llevar el juego al Tokyo Game Show.
- Ante el costo, el proyecto derivó en un juego de cartas que fue financiado y lanzado rápido.
- También trabajan en un libro de Curilemu, ya en proceso de impresión.
El artículo cuenta la historia de Curilemu, un videojuego chileno inspirado en la brujería y los mitos de Chiloé. Sus creadores relatan una larga búsqueda de fondos, avances parciales y cambios de formato, como un juego de cartas y un libro, mientras el proyecto sigue sin llegar a su versión final.
Un frío denso y salobre se cuela entre los palafitos, impregnando el aire con ese olor inconfundible a humo de leña, tierra mojada y marisma que solo pertenece a Chiloé. En este rincón del sur, donde la niebla se arrastra lenta entre los bosques nativos, la tradición oral jamás ha sido un simple pasatiempo, sino una presencia física que se siente en la piel. Ese misterio fue el que dio origen a Curilemu, el videojuego que da la pelea año a año para ser publicado.
También está el juego de cartas de Curilemu, que consigue que la geografía de la isla se vuelva palpable para el jugador. La madera cruje, la niebla cobija la mesa y la mitología chilota deja de ser una leyenda contemplativa. Todo, para convertirse en una fuerza viva, táctil y peligrosa que se despliega decisión a decisión.
La idea del videojuego chileno es que el jugador encarne a una persona que se cree totalmente normal y hasta aburrida. Sin embargo, no es hasta un gran terremoto, que se entera que tiene poderes. Es un brujo, según le cuenta su abuelo en una carta. Todo esto transcurre en la isla de Curilemu.
El nacimiento de Curilemu
Jaime Cid comenta a The Clinic que comenzó a trenzar la narrativa de este juego por su hermano Benjamín: “Me comentó que los derechos de las historias de HP. Lovecraft se habían disuelto porque habían pasado 70 años desde su muerte, o algo así. Ahí me dijo que tenía ganas de armar un videojuego”.
“A nosotros siempre nos habían gustado los videojuegos y la verdad es que sabía programar un poco o casi nada. Le dije que era un poco complicado y que quizás era mejor hacer otra historia, que era algo que yo había escrito que estaba basada en la brujería de Chiloé”, recuerda.
Explica que son de Santiago, pero tienen familia en el sur de Chile. “Para nosotros el sur es parte de nuestra identidad. En algún punto tuvimos la oportunidad de ir a Chiloé y le había estado dando vuelta a la idea de escribir algo. Me interesaba harto esta relación extraña entre Lovecraft con los mitos chilotes, porque resulta que cuando uno se pone a leer mucho de estas cosas, pareciera que casi como si Lovecraft hubiese plagiado ciertos mitos del sur y no es tan tirado de las mechas porque él leía mucho y de más que algún escrito le llegó”.
“Hicimos un viaje de vacaciones familiares, común y corriente. En este viaje pasa una especie de momento canónico donde un señor en Isla Lemuy se acerca a nosotros y nos dice ‘¿De dónde son?’, le digo que somos de Santiago y nos dice ‘ustedes no tienen idea de nada. Acá pasan cosas y ustedes no tienen idea’. Me empieza a contar historias donde él había visto el Caleuche cuando era joven, que unas luces salieron del agua. Me asegura que los brujos eran reales. Esa fue la conversación y se fue. Fue todo un momento, después pensaba en eso y con los meses escribí esta historia”, narra uno de los creadores de Curilemu.

La larga batalla por el financiamiento
Cid comenta que por el 2019 postuló al Fondart con una demo muy básica y desde entonces no han logrado financiamiento para terminar el juego. “Con mis dos hermanos comenzamos a trabajar en el videojuego. Formamos una empresa de manera formal entre Benjamín, Christofer y yo. Se unieron otras personas a trabajar con nosotros como Daniel Tapia, que es escritor y Alonso Vergara es el director de todos los aspectos visuales. Ese era básicamente el equipo”.
“Pasó un buen tiempo hasta que pudimos avanzar un poco más profesionalmente cuando ganamos un primer fondo. Nosotros siempre estuvimos buscando que Curilemu pudiera completarse porque era un proceso muy caro. Vi que a un juego chileno le había ido muy bien, que se llamaba Tormented Souls y ahí supe que había una transmisión que se hacía en Twitch que era de los creadores. Lo empecé a ver y a comentar, les conté que estaba haciendo un juego, llegamos a tener una reunión y decidimos que íbamos a ser una coproducción, que ellos nos podían ayudar a llevar el videojuego a ferias internacionales para conseguir el resto del capital que necesitábamos para terminarlo”, afirma.
En ese sentido, explicó que estudió música, por lo que “me interesaba hacer la música y también los ambientes. El Benja hacía los personajes y también las animaciones mientras que Christofer hace cosas más técnicas, tiene que ver con programación pero con generación programática de objetos 3D. Éramos los tres que trabajamos directamente en el motor porque Daniel solo escribe la historia en base a lo que le voy dando y Alonso genera los conceptos de arte“.
“Nos ganamos otro fondo, pero fue solamente para hacer un trailer, el primer fondo igual fue para hacer una pequeña cosa muy acotada. Tenemos como tres trailers y el año pasado nos ganamos otro fondo para poder llevar el videojuego al Tokyo Game Show. Me fui a Japón. Allá estuve como representante oficial de Chile junto con otros dos desarrolladores, tuvimos reuniones con gente del medio, pero nos dimos cuenta que ya no se está invirtiendo plata de la misma forma como se hacía en años anteriores“, detalla.
Sin embargo, Curilemu sigue sin el financiamiento adecuado. En ese sentido, critica que “ahora esperan que el juego esté terminado y solo te ofrecen la traducción, la publicidad al final del camino porque la industria de los videojuegos ha ido mutando con el tiempo y cada vez la inversión es menos arriesgada”.

Del videojuego al mazo de cartas
¿Y en qué se encuentra Curilemu? Cid relata que “cuando ganamos el primer fondo el juego debe haber estado a la mitad más o menos. De ahí en adelante debe haber avanzado máximo un 15% hasta ahora. El costo es demasiado alto como para asumirlo”.
“El año pasado postulamos a otro fondo que era sobre transformar el videojuego. Me di cuenta, en cierto punto, que el videojuego tal como había concebido era muy difícil de lograr, principalmente por una cuestión de recursos. Empezamos a pensar en otras formas de transformar el videojuego y salió la idea de convertirlo en un juego de cartas“, comenta.
Sobre eso, agrega que “se financió muy rápido y lo lanzamos. En general, el proceso era más de diseño gráfico, de repensar las reglas del videojuego y aplicarlas como mecánica de juego a las cartas”.
“Ha sido complejo, porque como no existe realmente inversión, el juego está en una especie de limbo“, admite.
La maldición del financiamiento
Pero eso no es todo, Cid reveló que “hace varios meses estamos trabajando en un libro de Curilemu, ya está en el inicio del proceso de impresión. Los videojuegos generalmente tienen un libro de arte, lo peculiar es que el juego aún no sale e hicimos el libro de arte que simultáneamente es un libro de ficción, que se hace pasar por no ficción. Y al mismo tiempo es un poemario porque salen poemas de un personaje. Se llama el Libro de Artes y calza perfecto con el libro de artes de la Recta Provincia”.



