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Opinión

19 de Septiembre de 2026
Sandro Baeza

Columna de Isabel Plant: Queremos más ministras, pero de las buenas

La salida de tres ministras del gabinete de José Antonio Kast vuelve a poner sobre la mesa una vieja paradoja: las mujeres que llegan a puestos de poder suelen tener que demostrar el doble, pero eso no significa que debamos defenderlas solo por ser mujeres. El verdadero desafío, plantea esta columna de Isabel Plant, está en que los partidos incorporen, formen y preparen a más mujeres para ejercer cargos de liderazgo. Porque sí: queremos más ministras, pero también queremos que estén a la altura de las carteras que encabezan.

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Hace unos años entrevistaba a una destacada abogada, una de las que abrió camino en un espacio masculinizado, sobre su trabajo. Y cuando le pregunté qué faltaba para que hubiera más igualdad, me dijo con mucha risa: “El día que haya la misma cantidad de mujeres mediocres que de hombres mediocres en las oficinas”.

Era una manera de reírse de la desgracia: está estudiado que, para llegar a puestos de liderazgo, las mujeres deben esforzarse más que los hombres, ser más mateas, demostrar el doble. Si un hombre hace mal su trabajo es culpa de él, si ella hace mal su trabajo, es culpa de todas.

He vuelto a pensar en esa entrevista en estos seis meses del gobierno de José Antonio Kast, sobre todo cuando la presencia femenina en el gabinete se ha jibarizando tras los cambios en Seguridad, Deporte y Vocería.

¿Alguna de esas tres exministras -Steinert, Duco y Sedini- era idónea para el cargo? Por supuesto que no, y sus desempeños de conflictivos a erráticos lo demostraron. Tampoco debería importar su género al momento de hacerlo mal, pero sabemos que tuvieron que lidiar no solo con las críticas legítimas, sino también con las que repasaban lo que vestían, calzaban y sus vidas personales.

Las tres demostraron saber poco de cómo funciona el estado y perdieron sus puestos en consecuencia.

Ahora, en las últimas semanas, las críticas apuntan a otros miembros del gabinete: al ministro Barros, por sus salidas de libreto, al ministro Pérez Mackenna, por su desempeño en las relaciones tanto con Estados Unidos como con Argentina. Poco importa cómo se visten, ni tampoco se cuestiona sus credenciales previas: por qué un ingeniero comercial y director de empresas sería buen encargado de relaciones diplomáticas (en momentos de algidez global y líderes furiosos), o por qué un abogado tributarista sería el mejor elegido para Defensa. ¿Hay quienes pidan sus cabezas al mismo nivel del que lo hicieron con las tres exministras?

El problema no es realmente de la administración Kast en sí misma, claro. Tiene que ver, en primera instancia, con los partidos políticos chilenos y su casi nula capacidad de incorporar a mujeres y prepararlas para este tipo de cargos desafiantes.

No es coincidencia que las tres a quienes se les solicitó la renuncia no pertenezcan oficialmente a partidos; su independencia y falta de bases políticas, alimentaron sus traspiés. Así, las ministras “políticas” -como Rincón, como Parot, como Wulf- denotan más dominio de la esfera política y, por consecuencia, de su cartera.

Pero son excepciones: la ley de cuotas, que regirá hasta las elecciones de 2029, ha abierto puertas al levantar el mínimo de candidatas a un 40%. Pero, cada vez, vemos a los partidos cerrando las listas a último minuto, arreando a mujeres solo para cumplir con la norma.

Hace unos meses, La Tercera publicó que el Servel rechazó los gastos a incentivos a mujeres en política, instaurado en la Ley Orgánica Constitucional de los Partidos. Un diez por ciento de los dineros deben ir a participación femenina: la mayoría de los partidos quedó al debe, entre rechazos totales o parciales de sus gastos por parte del Servel. Solo la UDI, RN y el PS pasaron la prueba.

Entonces: la ley de cuotas a veces se cumple como se puede, el fomento de mujeres en partidos queda en deuda. Pero si esto no se soluciona, si los partidos no logran interesar e invitar a participar a más mujeres en política, seguiremos sin referentes aptas, del color político que sea, para los cargos de liderazgo.

Y un gabinete menos diverso -lo mismo que cualquier organización, empresa o institución- se pierde de algo muy valioso: la multiplicidad de miradas y experiencias, que llevan a una mejor toma de decisiones. Así que sí, queremos más ministras, por favor, pero que sean de las que son capaces de liderar carteras.

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