Buscar
Entender es todo
cerrar
Agencia Uno - Referencial

Tendencias

21 de Septiembre de 2026

Ni confrontar ni corregir: las claves para no angustiar a un paciente con Alzheimer y por qué los cuidados no deben recaer en una sola persona

En Chile, cerca de 200 mil personas viven con algún tipo de demencia, y la enfermedad de Alzheimer ya se ubica como la cuarta causa específica de muerte en el país, según el Plan Nacional de Demencia 2025-2035 del Ministerio de Salud. La prevalencia supera el 7% en mayores de 60 años y, en la gran mayoría de los casos, la responsabilidad recae de manera exclusiva en un familiar directo.

Por
Compartir

En el marco del Día Mundial del Alzheimer, especialistas advierten sobre el rápido colapso físico y mental del cuidador principal y dan consejos sobre cómo cuidar a las personas que padecen dicha enfermedad o algún tipo de demencia.

El diagnóstico lo recibe una persona, pero impacta la rutina de toda la dinámica familiar. Lo habitual es que el cuidado quede concentrado en una sola persona, quien además debe seguir trabajando y sosteniendo su propia vida cumpliendo con otros roles. Es un esquema que resiste un par de meses, pero luego colapsa”, explica Nicole Chehade, jefa de Equipos de Cuidados de Acalis.

Frente a este escenario, la especialista señala que el manejo diario exige rutinas predecibles —en alimentación, descanso y actividades— que promuevan una mayor orientación complementando con actividades estimulación cognitiva y funcional. Asimismo, en la comunicación diaria recomienda usar frases breves, lenguaje claro y evitar la confrontación o corregir relatos distorsionados, ya que discutir la realidad solo genera angustia y no frena el avance del deterioro cognitivo.

Respecto al entorno físico, Chehade subraya que medidas simples como promover la iluminación natural, uso de señaléticas utilizando contrastes de colores definidos entre figura y fondo. También la simplificación de mobiliario e información visual al realizar alguna actividad, pisos antideslizantes y espacios despejados disminuyen el riesgo de caídas y desorientación. A esto se suma la mantención de la vida social, pues el aislamiento acelera la pérdida de autonomía, independencia e incrementa el avance del deterioro cognitivo.

Un aspecto crítico que suele pasar inadvertido son los cambios repentinos de conducta o apetito. “Muchas veces se asumen como un avance propio del Alzheimer, cuando en realidad responden a cuadros tratables, como infecciones urinariasc, dolor físico no verbalizado o desajustes farmacológicos. Son alertas clínicas que ameritan consulta inmediata”, advierte.

La especialista añade que reconocer el límite del cuidado en el hogar no constituye un abandono, sino una decisión de salud: “Llega un momento en que la complejidad de la patología sobrepasa los recursos familiares, no por falta de cariño, sino porque se requiere asistencia interdisciplinaria las 24 horas. Asumir ese punto a tiempo protege tanto la calidad de vida de la persona como la salud mental y física del cuidador”.

Notas relacionadas

Salir de la versión móvil