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25 de Septiembre de 2026

Fernanda Castillo, directora del Teatro Biobío: “La cultura es inherente al ser humano, por mucha inteligencia artificial que exista”

La directora ejecutiva del Teatro Biobío, Fernanda Castillo, llega a una institución concebida como política de Estado con el desafío de seguir descentralizando la cultura y fortaleciendo la creación regional. En conversación con The Clinic, aborda las dificultades de gestionar desde regiones, la necesidad de formar públicos y medir el impacto de la cultura, y defiende el lugar de las experiencias humanas en tiempos de inteligencia artificial: “Estamos en un momento álgido, pero también muy interesante de volver a lo único y a lo intransferible”, dice.

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A la orilla del río más ancho de Chile se emplaza hace ocho años el Teatro Biobío. Diez mil metros cuadrados, donde se ha propuesto como política de Estado generar un polo cultural regional, con espíritu local e internacional. Este año, su imponente edificio ha sido objeto de peregrinaciones y miradas, gracias al Pritzker del arquitecto Smiljan Radic -quien lo diseñó junto a Gabriela Medrano y Eduardo Castillo-.

Además, este 2026 la institución recibió en mayo a su nueva directora ejecutiva, elegida por concurso público: la gestora cultural Fernanda Castillo. Tras más de una década trabajando en instituciones como el Teatro Municipal de Las Condes o Corpartes, ahora aterriza con el desafío de manejar este gran buque, que no solo hace programación, sino que producciones, creación y circulación artística; con la misión además de seguir descentralizando la cultura.

“La descentralización es un desafío importante, porque seguimos mirando el centro como el foco principal de gestión, no solamente en la cultura, sino que en muchos otros ámbitos de la vida diaria”, dice, en los estudios de The Clinic, para hablar sobre sus labores. “El nacimiento de este espacio no es contraposición a lo que ocurre en Santiago, sino que nace como un aporte cultural patrimonial a Chile y a nivel internacional también”.

Castillo enumera así los principales retos al momento de trabajar desde Concepción: ser aporte, primero, para los y las creadores locales, para impulsarlos fuera de los límites regionales.

Luego está el factor económico, ya que se aumentan los costos de mover compañías o grupos musicales hasta la región en vez que a Santiago. Además, las complejidades de administrar una infraestructura de gran tamaño, sumado a la gestión de recursos públicos. En el caso del Teatro Biobío, cerca del 50% de los recursos vienen del Estado, y la otra mitad de ingresos propios. Lo que incluye “invitar a que las empresas, los privados, las personas, se puedan interesar en apoyar la cultura, pero de regiones y no del centro”, dice Castillo.

Y agrega: “El otro día escuchaba a un importante gestor cultural argentino que decía que la cultura es prevención: de delito, prevención en cuanto a la seguridad, prevención en cuanto cuanto al desarrollo social, prevención en cuanto a la mejora y la calidad de vida. Y me gustó ese término”.

El Teatro Biobío. Foto: Premios Pritzker.



—Algo que está muy en boga, ya que también estamos hablando en seguridad de temas como prevención. Nunca se ve que la cultura también quizás tiene algo que aportar ahí.

—Yo creo que se ve que la cultura tiene algo que aportar, cada vez se ve más, pero es un diálogo que tenemos que abrir, que no solamente tiene que quedar en los que somos de la cultura. Tenemos que abrirnos a compartir estas experiencias, a compartir estas gestiones desde los espacios culturales con personas que vienen de mundos distintos, donde podamos mostrar situaciones concretas, donde hemos visto que las personas han tenido algún cambio positivo.

—La tangibilidad es difícil de traspasar para la gente desde el mundo cultural: uno dice oye, la cultura importa, ¿ya, pero cómo?

—Hay algo muy interesante que nosotros desde el sector cultural estamos empezando a desarrollar, todavía nos queda un largo camino, y tiene que ver con la medición de los impactos que puede causar la cultura y el patrimonio también en las personas.

Desde el Teatro Biobío yo quiero destacar el trabajo que ha hecho el equipo durante este tiempo. Y cada vez más instituciones lo estamos haciendo: medir, medir, focalizar, ampliar nuestra mirada.

Cultura de espacio público

Entre la programación que viene del Teatro Biobío, Castillo destaca flamenco, la primera presentación de la Orquesta de Cámara de Chile en el escenario regional, el Festival de teatro Fio Fío, Festival de Arpas, Festival de danza Loft, Festival de Teatro de Biobío. Para el próximo año, en enero estará “El Cascanueces” del Teatro Municipal de Santiago en una alianza estratégica entre ambas instituciones; luego vendrán todo tipo de eventos, y un gran encuentro de arquitectura, además sus mediaciones con niños y jóvenes, club de cine y más.

Castillo destaca uno de los proyectos recién lanzados desde el Teatro Biobío, como emblema de su misión pública: un libro sobre las mujeres de la emblemática población penquista Aurora de Chile, vecinas de la institución. Si en un principio pueden haber visto el nuevo proyecto con curiosidad o desconfianza, se organizó un trabajo conjunto, que decantó en parte en “Memorias vivas de las mujeres aurorinas”.

“Ellas rescatan su historia en este libro y la historia de su familia, de sus madres, de sus abuelas, de cómo se llegó a construir este espacio y este campamento, cómo se construyó desde la llegada hasta lo que es ahora”, resume la directora ejecutiva, sobre el volumen hecho en conjunto con el Teatro y la Universidad de Concepción.

“Ese es el factor único que tiene la cultura: te acompaño a contar tu propia historia, difundo tu historia, la pongo en valor y la recuerdo también. Y eso hace que una comunidad, y en este caso un sector que son nuestros vecinos, también se sientan parte de un proyecto público”.

—Debe ser muy rico poder trabajar en una región como Biobío, donde hay una historia cultural que es demasiado potente. No es cualquier región en cuanto a cultura. ¿Cómo eso se cuela en el día a día?

—Sin duda la región del Biobío y la comuna de Concepción son intrínsecamente culturales y eso es muy interesante. Yo lo constato día a día, todos los días hay algo, hay un concierto, una obra de teatro. El presente es parte también del pasado, la región ha sido intrínsecamente una cuna del rock chileno, cuna de grandes artistas.

—Ciudad universitaria también.

—Bueno, es la región que después de Santiago tiene la mayor cantidad de universidades y la mayor cantidad de carreras. Todo está circulando en torno a la academia, a la juventud, a los chicos que van a estudiar para allá y también al teatro; el TUC fue súper importante para la región y para el país en un momento decisivo de la historia de las artes escénicas en Chile. Y así como partió con creadores de la región, también hubo creadores de Santiago que se fueron a vivir a Conce a desarrollar un proyecto, la Delfina Guzmán, Jaime Vadell y varios otros.

Justamente ahora el Gobierno Regional está desarrollando una estrategia 2050 de cómo imaginamos, y con cosas concretas, cómo queremos desarrollar la región. Y una de esas áreas es en las economías creativas.

Se le está dando toda una importancia a esto: a que la Región del Biobío es una región creativa, que intrínsecamente tiene la cultura como parte de su desarrollo diario.

—¿Los afectó en algo los recortes de cultura de este año? Y a partir de esa pregunta, ¿cómo es hoy día tener que gestionar presupuestos para todos estos desafíos, en tiempos económicos bastante constreñidos?

—El Teatro Biobío, así como el GAM, es una política de Estado. Es un anhelo que tenía la Región hace muchos años y que se logra concretar en distintos gobiernos y en distintas etapas políticas y sociales del país. Y eso es muy positivo y habla muy bien también del Estado.

Efectivamente más del 50% de los recursos son públicos. Este año tuvimos un pequeño recorte a las instituciones culturales, del 3% más o menos. Y valoro mucho que no haya sido tanto, porque hay que tener la visión de que las instituciones culturales son las que generan y dinamizan no solo el sector, sino que el empleo, la salud mental, el desarrollo social, los espacios públicos.

Los desafíos siempre son muy grandes, sobre todo entendiendo que es un espacio, con grandes desafíos de infraestructura, pero también con desafíos logísticos, como estar en una región. Estamos en una fuerte búsqueda de aliados estratégicos para poder desarrollar un plan o un trabajo a largo plazo que tenga que ver con esta mirada pública privada, que le hace bien a las instituciones.

—¿Y hay agua en la piscina para pedirle a los privados plata para cultura hoy en Chile? Uno tiene la impresión de que cuesta mucho que el mundo privado se interese por la cultura en nuestro país.

—Yo trabajé en un espacio privado 100% y conozco varias iniciativas que son privadas 100%. Quizás ahora el momento es más complejo, pero no imposible.

Nosotros en el teatro estamos trabajando ya con algunas alianzas estratégicas de privados, que ven y que se interesan en esta invitación, que no es; mira lo que yo hago, lo que te vengo a ofrecer, sino que es un trabajo en equipo.

Y creo que poco a poco va a ir resultando, en la medida en que los sectores nos vayamos conociendo. Finalmente, volvemos a lo mismo: quizás el desafío hoy para los espacios culturales, o las instituciones culturales, es medir, demostrar tangiblemente.

—Ahora, también es terrible que la conversación se transforme en un cierto mercantilismo de la cultura. Yo podría preguntar, ¿por qué importa la cultura hoy día? ¿De qué nos salva? ¿Qué alimenta? ¿Hay espacio en la época de la inteligencia artificial para expresiones culturales?

—Yo creo que precisamente este tipo de problemas hacen que la cultura esté más viva. La cultura es inherente al ser humano, por mucha inteligencia artificial que exista. La cultura es parte del ser humano y del diario y cotidiano vivir.

Voy a citar a Smiljan Radic, porque creo que es muy interesante lo que dijo, en un encuentro abierto a público en el Teatro Biobío, lo hicimos para el Día del Patrimonio. ‘Hay que volver a la inteligencia natural, procesar imágenes propias y poco transferible. Y el Teatro, con sus recorridos que te desorientan, te obligan a experimentar un poco el espacio de una forma única’.

Busca activar experiencias humanas intransferibles, y eso puede pasar y pasa en el Teatro Biobío, pero también puede pasar en otros espacios. Por mucha inteligencia artificial o por muchos procesos o mercantilización, como tú dices, la experiencia humana es única, es intransferible. Eso hace que los espacios culturales, que las artes escénicas, las artes musicales, las diversas disciplinas, hagan que las personas encuentren ese espacio único, intransferible, que no es de nadie más y que no se puede vivir de otra forma.

Entonces yo diría que estamos en un momento álgido, pero también muy interesante de volver a lo único y a lo intransferible.

*Una versión extendida de esta conversación está disponible en el canal de YouTube de The Clinic.

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