Sebastián Lelio también fue un poeta chileno: los últimos días del director ganador del Oscar filmando la novela de Alejandro Zambra
Durante sus últimas semanas, Sebastián Lelio estuvo dedicado al rodaje de "Poeta chileno", la adaptación de la novela de Alejandro Zambra, un proyecto que lo devolvió a su primera pasión: la poesía chilena, pero que también suponía nuevas exigencias y presiones tras la recepción dividida de "La ola". En conversación con The Clinic, Mauricio Redolés recuerda al joven que pasó por su taller y llegó a influir en su escritura: “Era un poeta joven que llevó una voz muy poderosa al taller”. Claudio Bertoni, cuyos versos aparecieron en "Gloria", también lo recuerda: “Perfectamente yo lo podría considerar un poeta”.
Por Sebastián Palma y Felipe Betancour 7 de Noviembre de 2026
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El sábado 24 de octubre, la librería Metales Pesados, en pleno barrio Bellas Artes, dejó por unas horas de ser un lugar para comprar libros y retomó el peso simbólico que le han dado sus ilustres clientes y también la novela “Poeta chileno”, que usó al lugar como una de sus locaciones principales.
Entre sus estanterías se instalaron cámaras, focos y equipos de filmación para plasmar la versión fílmica del libro de Alejandro Zambra. Afuera, parte del equipo técnico preparaba la fachada del establecimiento, mientras que en su interior se desarrollaba una de las jornadas de rodaje de la nueva cinta que filmaría Sebastián Lelio, el cineasta que falleció ayer en su casa de Las Condes.
Las imágenes fueron compartidas por Sergio Parra, poeta y fundador de la librería. Había algo significativo en aquella elección: Metales Pesados no era una locación cualquiera. En la novela, publicada en 2020, es el lugar donde trabaja Vicente, uno de sus protagonistas. Y el propio Parra forma parte del universo literario que el escritor construyó mezclando personajes ficticios con figuras reales de la poesía chilena.
Lelio estaba llevando al cine un mundo que existía mucho antes de que se encendieran las cámaras. Uno que también había marcado su propia vida.
A los ocho años, Sebastián Lelio pasó a llamarse Sebastián Campos. Su familia había decidido darle el apellido de su padrastro, una identidad que mantendría durante parte importante de su juventud antes de recuperar el apellido con el que alcanzaría reconocimiento internacional.
“Pero hay que usar las palabras. Aunque no nos gusten. La palabra padrastro suena fea, pero es la palabra que tenemos”, reza la propia novela de Zambra.
En su adolescencia, mientras estudiaba en el Colegio Concepción de Chillán, Lelio descubrió la poesía de Vicente Huidobro y Nicanor Parra. También le sorprendía vivir en la misma ciudad que Gonzalo Rojas, una de las figuras más importantes de la literatura chilena, todos ellos mencionados en el libro de Zambra.

Cuando llegó a Santiago, Lelio se acerco a un taller de poesía de Mauricio Redolés.
“Entré al taller de Mauricio. Mi primer amor fue la poesía, específicamente la poesía chilena, y mis primeros ídolos fueron los poetas chilenos. Yo, siendo bastante chico, escribí y pensé que podía hacer un camino. El taller con Mauricio fue importante también para darme cuenta de que probablemente no era mi medio”, dijo en el canal de la Universidad de Chile.
“La poesía fue lo que me abrió la puerta a esa idea, que al principio me parecía completamente distante, de poder dedicar mi vida a lo creativo. Esa fue mi vía de acceso. Ahí está mi fundación”, añadió en el espacio televisivo.
Treinta años después, Redolés todavía recuerda a aquel joven que asistía a su taller. El músico y poeta cuenta que conoció a Lelio cuando este tenía poco más de veinte años y que, incluso antes de que se convirtiera en un director reconocido internacionalmente, acostumbraba mencionarlo como ejemplo de una voz literaria que había dejado huella en su propia escritura.
“Era un joven con mucha imaginación, con una imaginación muy poderosa. Yo siempre lo ponía de ejemplo, mucho antes de que fuera famoso, como un poeta que influyó en mi poesía”, recuerda.
Redolés asegura que esa influencia quedó plasmada en una de sus composiciones, “Historia del milenio XXV”, cuya escritura atribuye en parte al paso del entonces Sebastián Campos por su taller.
“Había sido un poeta joven que llevó una voz muy poderosa al taller, una voz poética muy poderosa, muy imaginativa, muy lúdica, muy llena de amor. Ese poema en particular es puro Lelio, es pura influencia de Sebastián Campos”, afirma.
El vínculo entre ambos tuvo un último capítulo hace aproximadamente un mes. Después de tres décadas sin reunirse a conversar, Lelio visitó la casa de Redolés para invitarlo a participar como actor en “Poeta chileno”. El músico recuerda con especial cariño aquel encuentro, que volvió a reunir al antiguo profesor con su alumno.
“Primera vez que nos juntábamos a conversar desde el año 95, que él estuvo en mi taller. Habían pasado 30 años. Vino a mi casa porque yo iba a actuar en la película”, relata.
Su participación en el rodaje estaba programada para el 9 de noviembre.
Lelio el poeta cineasta
La literatura ocupaba entonces un lugar importante en sus intereses. Aunque estudió Periodismo, pronto comprendió que su verdadera vocación estaba en el cine. Ingresó a la Escuela de Cine de Chile, atraído por una disciplina que, según explicaría, tenía la posibilidad de reunir todas las artes al mismo tiempo.
Décadas después, esa fascinación adolescente por la poesía encontraría un nuevo espacio en su filmografía.
“Poeta chileno” cuenta la historia de Gonzalo, un hombre que aspira a convertirse en poeta y que retoma su relación con Carla, una mujer que tiene un hijo llamado Vicente. Con el tiempo, Gonzalo asume un lugar en la crianza del niño, quien también termina acercándose a la poesía.
Es una novela sobre escritores, lecturas, encuentros y pequeñas rivalidades literarias. Pero, sobre todo, es una historia sobre las relaciones familiares y los vínculos que se construyen más allá de la sangre.
En una entrevista publicada por Latin American Literature Today en 2024, Zambra explicó que “Poeta chileno” era, antes que nada, una novela sobre la padrastría. La afirmación adquiere otra dimensión al revisar la biografía de Lelio, quien también creció llevando durante años el apellido de su padrastro.
El propio Lelio había entregado una pista sobre su interés por la obra. En agosto de 2025, durante una entrevista con The Clinic a propósito del estreno de “La ola”, definió “Poeta chileno” como “un gran libro sobre el dolor y la belleza de la masculinidad”.
El director que llevo a Chile a la cima del cine mundial
La adaptación había comenzado a tomar forma públicamente en 2025, cuando el proyecto fue seleccionado para participar en el Investors Circle del Marché du Film, en el Festival de Cannes. La instancia permitió presentar la película ante potenciales inversionistas internacionales.
Su producción quedó en manos de Fábula, con la participación de Amazon MGM Studios y otros socios internacionales. Para septiembre de 2026, el proyecto ya tenía definidos a dos de sus protagonistas: Felipe Zepeda y Clemente Rodríguez. También contemplaba la participación del director de fotografía Benjamín Echazarreta, colaborador habitual de Lelio, y de Amalia Kassai, su pareja, y Macarena Teke en el casting.
El rodaje comenzó a fines de septiembre. Un mes después, las cámaras llegaron a Metales Pesados.
La elección del lugar tenía un valor especial. Zambra había convertido la librería de Sergio Parra en parte de su ficción y en ese universo, los poetas no son figuras distantes ni monumentos culturales. Son personas que trabajan, conversan, discuten, se enamoran y envejecen. La poesía aparece integrada a la vida cotidiana, con sus grandezas y también con sus pequeñas miserias.

Para Lelio, que había descubierto a Huidobro y Parra durante sus años escolares, la adaptación suponía reencontrarse con una parte de su formación cultural. Pero también explorar un territorio familiar en su cine: el de los personajes que intentan encontrar un lugar propio en el mundo.
El proyecto llegaba, además, en un momento particular de su trayectoria. Su película anterior, “La ola”, había sido una de las apuestas más ambiciosas de su carrera. Inspirada en las movilizaciones feministas de 2018, combinaba música, coreografías, humor y una producción de una escala poco habitual para el cine chileno.
Estrenada en el Festival de Cannes en 2025, la cinta generó opiniones divididas entre los críticos. Mientras algunos destacaron su propuesta musical y la complejidad de su puesta en escena, otros cuestionaron aspectos del guion y la manera en que abordaba sus conflictos.
Frente a ese antecedente, “Poeta chileno” representaba un cambio. No significaba necesariamente una película más sencilla. Adaptar una novela tan reconocida como la de Zambra suponía trasladar al lenguaje cinematográfico una obra cuyo humor, ritmo y particular relación con las palabras constituyen buena parte de su identidad. El desafío según cercanos al proyecto tenía a Lelio inquieto y bajo presión.
El rodaje de “Poeta chileno” se extendió incluso hasta los días previos a su muerte, cerrando una trayectoria en la que el cine fue tanto una pasión como un oficio atravesado por las exigencias de cada nueva película.
Sobre esas presiones había reflexionado en 2022, durante una entrevista con The Clinic. Para entonces, el reconocimiento internacional ya era parte de su carrera, pero el director aseguraba que las dificultades de hacer cine lo habían acompañado desde sus primeros trabajos. También reconocía que cada nuevo desafío traía consigo mayores posibilidades creativas.
“No, es que siempre he sentido harta presión, incluso desde mi primera película. Hacer películas es un dilema sobre resistir o enfrentar diversos tipos de presión todo el tiempo. Entonces, esta presión nueva sí tenía un sabor nuevo, pero tampoco desconocido”, dijo el director.
Bertoni sobre Lelio
En “Gloria” (2013), Lelio incorporó un poema de Claudio Bertoni, “Poema para una amiga que intentó quitarse la vida“, que Rodolfo, el personaje interpretado por Sergio Hernández, le recitaba al inolvidable personaje de Paulina García. Años después, cuando realizó la versión estadounidense de la película, “Gloria Bell”, decidió conservarlo, esta vez en la voz de John Turturro.
Para hacerlo, Lelio se comunicó personalmente con Bertoni. El poeta recuerda que conversaron por teléfono en dos o tres oportunidades y que el trato del director fue especialmente cercano.
“Fue una relación súper bonita. Hablamos como dos o tres veces. Fue un tipo muy amable”, cuenta Bertoni.
Aunque no vio la versión chilena de “Gloria”, sí pudo ver la adaptación estadounidense, protagonizada por Julianne Moore. Recuerda especialmente la escena en que Turturro recita sus versos y asegura que quedó satisfecho con la manera en que Lelio incorporó su escritura a la película.
“Me pareció que estuvo bien contado, que estaba bien puesto el poema. Me pareció todo bien”, afirma.
Consultado sobre si consideraba que Lelio tenía algo de poeta, Bertoni no duda en reconocer esa cualidad: “Era un tipo sensible, absolutamente. Perfectamente yo lo podría considerar un poeta”.
El poema que Lelio eligió llevar dos veces al cine hablaba, pese a la dureza de su título, del amor, del cuidado y del deseo de permanecer junto a otra persona. En sus versos finales, Bertoni imaginaba convertirse en la sangre de alguien amado:
tú serías mantequilla o mermelada
y si tú fueras mermelada
yo sería el durazno de la mermelada
y si yo fuera un durazno
tú serías un árbol
y si tú fueras un árbol
yo sería tu savia y correría
por tus brazos como sangre
y si yo fuera sangre
viviría en tu corazón.



