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“Llegué a tomarlas todos los días”: la generación de jóvenes chilenos atrapados en el consumo de bebidas energéticas

Una lata de bebida energética puede contener hasta 505 miligramos de cafeína, una dosis que supera el límite diario recomendado para adultos. Entre universitarios y escolares chilenos, su consumo se ha normalizado para estudiar, reemplazar el desayuno o prolongar los carretes mezclándolas con alcohol. Especialistas advierten sobre riesgos que van desde insomnio, ansiedad y taquicardias hasta arritmias, crisis hipertensivas y otras complicaciones cardiovasculares. Mientras crece la preocupación por sus efectos en adolescentes, un proyecto de ley busca prohibir su venta a menores de edad en Chile.

Por 7 de Noviembre de 2026
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Ilustración: Sandro Baeza - The Clinic
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Resúmenes generados por Intelgencia Artificial Resúmenes inteligentes

En colegios y universidades chilenas, las bebidas energéticas se han vuelto parte del paisaje cotidiano y su consumo se ha normalizado para estudiar o prolongar los carretes. Especialistas advierten riesgos como insomnio, ansiedad, taquicardias y crisis hipertensivas, mientras un proyecto de ley busca prohibir su venta a menores de edad en Chile.

  • Jóvenes chilenos usan energéticas para estudiar, reemplazar el desayuno o seguir de fiesta.
  • Especialistas alertan por insomnio, ansiedad, taquicardias y otras complicaciones cardiovasculares.
  • La mezcla con alcohol es descrita como una “borrachera despierta” y aumenta los riesgos.
  • Un proyecto de ley busca prohibir su venta, expendio u ofrecimiento a menores de edad.

El artículo aborda cómo las bebidas energéticas se han instalado en la rutina de escolares y universitarios en Chile. Explica que su consumo frecuente puede afectar la salud y que, al mezclarse con alcohol, los riesgos aumentan. También detalla iniciativas y advertencias para restringir su venta a menores.

Estos resúmenes son generados por inteligencia artificial y chequeados por el periodista a cargo.

Las latas vienen en distintos tamaños, pero todas tienen algo en común: caben perfectamente en una mano. En las calles, universidades y colegios chilenos, las bebidas energéticas se han vuelto parte del paisaje cotidiano. Algunos jóvenes las consumen mientras fuman un cigarro o utilizan un vaper de sabor frutal. Otros, todavía con el uniforme escolar puesto, las beben camino a clases o durante los recreos.

Detrás de su consumo está la promesa de tener más energía, mantenerse despierto y mejorar la concentración durante largas jornadas de estudio. Sin embargo, el efecto de estas bebidas es temporal y su consumo frecuente o excesivo puede traer consecuencias para la salud, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Lo que para muchos se ha convertido en un hábito cotidiano comienza a despertar preocupación entre los especialistas.

Tirar de esa anilla de aluminio, el sonido del gas y aquellas gotitas que saltan burbujeantes son solo el prefacio al consumo de una mezcla química, azucarada y potencialmente peligrosa si se consume en exceso: cafeína, taurina y otros ingredientes estimulantes que pueden alterar el ritmo cardíaco y provocar distintos efectos en el organismo.

Llegando al corazón de la bebida energética 

A diferencia de las bebidas isotónicas o deportivas, las bebidas energéticas no hidratan, sino que operan como un cóctel neuroestimulante donde más del 98% del volumen es vehículo líquido y azúcares, mientras que menos del 1% de su fórmula concentra una carga psicoactiva y cardiovascular de alta potencia.

A mediados de octubre de este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó que se debería aplicar impuestos especiales para estos productos para desincentivar su consumo.

Una investigación preliminar volvió a poner atención sobre las bebidas energéticas. El análisis de más de 28 mil reportes de posibles eventos adversos enviados a una base de datos de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) detectó una mayor presencia de estas sustancias en informes relacionados con eventos cardiovasculares graves, especialmente entre adultos jóvenes.

Cerca del 45% de los casos que vinculaban cafeína o estimulantes con problemas cardiovasculares correspondían a personas de entre 18 y 34 años. Los autores advierten, sin embargo, que los resultados muestran una asociación y no permiten establecer que estas sustancias hayan causado directamente los episodios reportados.

Al respecto, la Dra. Claudia Rodríguez, jefa del Departamento de Salud Pública y Epidemiología de la Universidad de los Andes, afirmó que “este estudio abre una discusión para la salud pública respecto a si estamos dimensionando los riesgos asociados al consumo de bebidas energéticas en población joven”.

“Lo más preocupante es la normalización del consumo, sobre todo en contexto de mayor exigencia académica o laboral. Acá se devela que se está normalizando el uso de estimulantes ante alta carga o estrés cotidiano”, añade.  

Desde el Tropical Gin al Tropical Shock

“Tropical Gin”, “Dragon gin”, “Thunder Mule”, “Tropical Shock”, “Hada verde” son solo algunos de los nombres de fantasía de algunos tragos que mezclan distintas variedades de sabores de bebidas energéticas con alcohol. Esto, sin dejar de lado el “clásico” pisco con Red Bull donde el valor de los dos vasos suelen no alcanzar los $10.000.

Jorge (21) es universitario y confiesa que primero comenzó a tomar energéticas porque veía a sus compañeros hacerlo y no quería quedar fuera. “Pensaba en pertenecer, fue casi como un rito de iniciación. Primero era esporádico para algún examen final y después llegué a tomarlas todos los días. Me decía que era lo único con lo que podía dar aguante. Cuando sale un carrete igual mezclo, pero solo la Red Bull original con pisco porque no me gustan las cosas muy dulces”. 

“La energética me deja prendido un buen rato y así me da más para cerrar por fuera el carrete. En las previas es casi el estándar porque rinde, es barato de armar entre varios y te asegura que la noche no muera temprano”, dice casi entre risas.

Su reflexión es que “el alcohol por sí solo te desinhibe pero te aletarga, te apaga de a poco. Con la energética pasa lo contrario”.

Una opinión diferente tiene Sofía (35). Ella comenta que se convirtió en una bebedora social tardía cuando tenía alrededor de 27 años. “Recuerdo que me encantaban los Tropical Gin porque no eran muy dulces, pero tampoco amargos. Una amiga me lo recomendó en una salida y nunca más los solté, era mi copete seguro hasta que fui a la Yein Fonda hace un par de años. Pedí uno y me lo prepararon ahí mismo, fue ahí cuando caché que los hacen con energética y quedé para dentro porque no tenía idea. Siempre me llegaban listos a mi mesa”. 

“Desde ahí les agarré rechazo, no los pedí más porque sé que las energéticas de por sí son malas. Y tengo una experiencia cercana, una ex pareja que tuve era adicto a estas bebidas, tomaba todos los días y hasta incluso las mezclaba con otras bebidas. Todo hasta que un día lo tuve que llevar a urgencias con un dolor en un brazo y taquicardia. Recuerdo que pasamos tremendo susto, yo juraba que era un infarto o algo así, le salió alterado el electro pero no llegó a nada grave. Desde ahí les hice la cruz”, rememora. 

Los peligros de usarlas como desayuno o mezclarlas con alcohol 

El académico de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Mayor, Franklin Vidal, detalló a The Clinic que “el uso sistemático de bebidas energéticas entre estudiantes de Enseñanza Media y Universidad responde al mito de un rendimiento superior, pero se apoya sobre un riesgoso espejismo fisiológico. Con concentraciones de cafeína que varían entre 50 y 505 mg por envase junto a otros estimulantes, estas bebidas actúan bloqueando los receptores de adenosina en el cerebro, lo que enmascara temporalmente la señal biológica del cansancio sin eliminar la falta de sueño acumulado”. 

“Tras alcanzar su concentración máxima en la sangre entre los 30 y 120 minutos, la metabolización de las sustancias provoca un severo ‘bajón’ o efecto rebote de fatiga e irritabilidad que empuja al joven a consumir de forma reiterativa dosis más altas”, advierte.

En ese sentido, Vidal recalca que “ingerir estas bebidas como primera comida del día representa un choque metabólico violento”.

El académico también indica que “la evidencia científica demuestra que los consumidores habituales presentan un deterioro significativo en las funciones ejecutivas, menor duración del descanso y una sólida asociación con el bajo rendimiento escolar e incluso la reprobación”.

“La hiperestimulación del sistema nervioso explica por qué un número creciente de adolescentes y jóvenes sin patologías previas ingresan a urgencias con palpitaciones intensas, taquicardias, dolor torácico o crisis hipertensivas”, comenta. 

Vidal también apunta que la ingesta reiterada puede traer además consecuencias que van desde la erosión del esmalte dental, a pancreatitis aguda o que incluso puede acelerar la aparición de hígado graso, obesidad y diabetes tipo 2.  

“No obstante, el punto de mayor letalidad ocurre al mezclar estas bebidas con alcohol: los estimulantes neutralizan la somnolencia y la sedación propia del etanol, creando una falsa percepción de sobriedad conocida como “borrachera despierta”. Al no percibir el nivel real de ebriedad ni el deterioro motriz, los jóvenes beben a un ritmo mucho más acelerado y en cantidades significativamente mayores, multiplicando las probabilidades de intoxicación alcohólica severa, conductas de alto riesgo, comas etílicos y daños irreversibles en la plasticidad del hipocampo y la corteza cerebral”, enumera.

El consumo en estudiantes secundarios

Son varios los colegios y/o liceos los que han enviado circulares o comunicaciones a los padres alertándolos por el incremento en el consumo de este tipo de productos. Una madre (que prefiere mantener su nombre en anonimato) explica que durante el primer trimestre la profesora jefe de su hijo —en primero medio— contó muy preocupada en una reunión que algunos niños llegaban a la primera clase ya con una lata a medio tomar y sin haber tomado desayuno. 

Otros colegios optaron por medidas más abruptas y decidieron prohibir su venta y algunos profesores fueron ordenados a botar cada una de las latas si las veían dentro del territorio escolar. “Tomo Monster y Red Bull, día por medio. Por el cansancio, para estar más despierto para las pruebas, para estudiar. Me la tomo más en la mañana que en la noche, la verdad. Antes de clases”, comenta un estudiante secundario.

Karla (31) recuerda que “siempre quise tomar energéticas cuando estaba en el liceo, porque veía que mis compañeros andaban animados y dicharacheros, pero mis papás no me dejaban. No tenía permiso y siempre les hacía caso. Ya en la U las tomaba en situaciones bien puntuales. Si uno las toma de manera responsable no veo el problema. No sé si la solución es prohibirlas, a mi juicio se debe hacer un trabajo casi de manejo en familia porque pasaba que muchos de mis compañeros ni hablaban con los papás, en las familias no se conversaba nada y era que cada uno andaba por su lado no más”. 

¿Qué dice la legislación internacional?

Fue en junio de este año cuando se anunció que Quebec se convertía en la primera provincia de Canadá en prohibir la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años. También será ilegal que una persona de 16 o más compre este tipo de productos para alguien menor. Esta nueva ley entrará en vigencia dentro de seis meses. 

De esta forma, quienes deseen comprar deben sí o sí mostrar su documento de identidad tal como se hace en Chile al adquirir cualquier tipo de alcohol. Un menor de 16 años que infrinja la ley deberá pagar una multa equivalente a $70.000 mil pesos chilenos mientras que para un adulto ésta puede llegar al millón de pesos. 

Por otro lado, los locales que no sigan la ley podrán ser condenados a pagar más de 43 millones de pesos chilenos y las penas podrían duplicarse en caso de ser delitos reiterados. La iniciativa es conocida como “Ley Zachary Miron”, en memoria de un adolescente de 15 años que murió tras beber una lata de Red Bull combinada con medicamentos para el TDAH en 2024.

En el caso de Noruega, la prohibición de venta a menores de 16 años comenzó en enero de este año. Cuando se aprobó la ley, el ministro de Salud, Jan Christian Vestre, comentó que “el consumo excesivo de bebidas energéticas provoca inquietud, problemas para dormir y dificultad para concentrarse.También puede ocasionar daños en los sistemas cardiovascular y nervioso central”. 

La misma decisión se tomó en Inglaterra, que en abril de 2027 comenzará con la prohibición para menores de 16 años debido a su alto contenido de cafeína, dado que contienen más de 150 mg por litro. Las multas pueden superar los 3 millones de pesos chilenos. 

Pero, ¿Qué pasa en Chile?

Un intento de prohibición en Chile 

Existe preocupación entre las autoridades por este aumento en el consumo. La seremi de Salud de la región de Coquimbo, Karen Irribarra, también advirtió sobre los peligros de este tipo de bebidas. Fue en marzo de este año cuando llamo a los padres y a las familias a “supervisar el consumo de estas bebidas por parte de sus hijos, además en espacios como comunidades educativas donde es clave proteger a niños, niñas y adolescentes, promoviendo la prevención y la educación para proteger la salud de la población”.

También recalcó la importancia de no mezclar bebidas energéticas con alcohol, dado que esa combinación puede generar una falsa sensación de control. Esto, porque la cafeína enmascara los efectos del alcohol, lo que lleva a aumentar el riesgo de consumir mayores cantidades y exponerse a situaciones peligrosas, como la conducción bajo sus efectos.

Y, hay un intento por frenar su venta a los más jóvenes. El senador Karim Bianchi (independiente) junto con María José Gatica (RN), Alejandra Sepúlveda (FRVS) y Juan Luis Castro (PS) firmaron un proyecto de ley que busca regular el consumo y la venta de bebidas energéticas “que contienen sustancias aditivas o estimulantes y que por su concentración importen un riesgo para la salud”. 

La iniciativa afirma que “en Chile, las bebidas energéticas están reguladas de manera superficial en el Decreto Supremo 997 de 1996 del Ministerio de Salud. En su Art. N°534 se establece una definición amplia de los “productos elaborados o preparados especialmente para suplementar la dieta con fines saludables y contribuir a mantener o proteger estados fisiológicos característicos tales como adolescencia, adultez o vejez”.

“Sin embargo, la normativa no dispone un adecuado resguardo en el consumo, comercialización y expendio de estos productos a menores de edad, por lo que nos encontramos frente a un consumo desmedido de productos que contienen aditivos y estimulantes, lo que representa riesgos para la salud de los menores, tal como lo demuestran diversos estudios internacionales y nacionales”, agrega el documento.

Es por eso, que el proyecto propone una modificación con un artículo único que señale: “Se prohíbe la venta, expendio, ofrecimiento o entrega a menores de edad, a cualquier título, de bebestibles que contengan sustancias aditivas o estimulantes y que por su concentración importen un riesgo para su salud, tales como bebidas no alcohólicas energéticas que incorporan aditivos como cafeína, taurina, tiamina o cualquier otra sustancia similar”.

Bianchi, quien impulsó el proyecto, contó a The Clinic que hace un tiempo atrás vio que este tipo de bebidas tenían prohibición de venta a menores o bien tenían un rotulado especial advirtiendo el daño que causan. “Vi que había un vacío acá en Chile y presentamos este proyecto que tiene que ver con la prohibición de venta a menores de edad”. 

“Trae asociados bastantes temas de riesgo y más que una bebida, se ha transformado en una moda combinada con otras bebidas como alcohólicas. El consumo es alto, no hay ninguna prohibición, no hay ninguna advertencia y, sobre todo, esto se da en jóvenes. Además ha habido un aumento en problemas cardíacos en jóvenes. Esto motiva otras dificultades de salud, por tanto, espero que esto avance”.

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