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Justo Pastor Mellado, crítico de arte y curador: “Matta siempre estuvo en el lado correcto de la historia y eso me parece un poquito sospechoso”

Es el curador de las exposiciones de Matta que estarán en el Palacio Pereira y en el Parque Cultural Valparaíso. Para Justo Pastor Mellado, el artista chileno es mucho más que surrealista y propone una lectura que lo conecta con el hombre enfrentado a su mortalidad. En entrevista con The Clinic, Mellado habla de cómo Matta ya pasó a ser parte del cánon clásico, a quién le pertenece su legado y repasa su propia vida, la de un polemista del arte.

Por 7 de Noviembre de 2026
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Resúmenes generados por Intelgencia Artificial Resúmenes inteligentes

Justo Pastor Mellado, curador de dos grandes exposiciones de Roberto Matta, sostiene que el artista “es mucho más que surrealista” y que su eje es “la guerra, sacrificio y el combate”. En la entrevista, afirma que Matta “siempre estuvo en el lado correcto de la historia” y que hoy “pasó a ser un clásico”, aunque su legado sigue disputado.

  • Mellado curará muestras de Matta en el Palacio Pereira y el Parque Cultural Valparaíso.
  • Dice que Matta “es mucho más que surrealista” y que su tesoro es “el trazo original”.
  • Plantea que el eje de su obra es “la guerra, sacrificio y el combate”.
  • Afirma que Matta “pasó a ser un clásico” y que su legado “se disputa” en Chile.

El artículo presenta la mirada de Justo Pastor Mellado sobre Roberto Matta, a propósito de dos exposiciones dedicadas al artista. El curador cuestiona la etiqueta de surrealista, destaca el valor del dibujo y vincula su obra con la guerra, la muerte y el ocre. También reflexiona sobre quién se apropia de su legado y su lugar en la historia del arte.

Estos resúmenes son generados por inteligencia artificial y chequeados por el periodista a cargo.

“No polemicé, ¿viste?”, dice Justo Pastor Mellado (77), crítico de arte, curador de las dos grandes exposiciones de Roberto Matta que estarán en el Palacio Pereira y en el Parque Cultural Valparaíso, con motivo de los 115 años desde su natalicio.

En las conversaciones que precedieron a sentarse en el living del departamento de Mellado, se discutió si quería hablar también de la cultura y el país y la respuesta fue negativa. Que hablar de sus posiciones políticas desvía la atención de su trabajo, dijo. No tiene ganas de polemizar, solo quiere hablar de fondos ocre.

Y ya hablará, en extenso, del ocre.

Pero, claro, muchas veces antes ha sido definido en notas de prensa como “polemista”. No solo por sus reputadas críticas y textos del mundo del arte, sino por su biografía: el exMAPU que se aburrió de la izquierda, que cuenta que ni siquiera votó en el plebiscito del Sí y el No, que tiró dardos contra las políticas culturales de la Concertación -porque, según él, de izquierdas o derechas estas son herramientas de control social-, y que terminó siendo agregado cultural en París durante el gobierno de Sebastián Piñera. Lo acusaron, públicamente, de traición.

Este año ha sido uno ocupado para él. Muestra un texto de mil páginas, escrito a máquina y con meticulosas correcciones y destacados, que se llamará “Informe de Avance” y es un libro al que dedica “el tiempo que me queda”. ¿Quién lo traspasará digitalmente? “Será un cacho para mis hijas”, dice riendo.

Pero, además, ha tenido bastante agenda: en marzo fue el curador de la primera exposición individual de Eugenio Dittborn en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, lanzó un libro de ficción, “Argel”, donde Enrique Correa es un protagonista, y ahora vienen las dos exposiciones de Matta.

Y aunque no quiera polemizar, Justo Pastor Mellado es siempre una voz disonante: partiendo, por ejemplo, por asegurar que Matta no era un pintor surrealista, que es como se la ha definido infinitamente. Que tampoco la pintura era su máxima expresión, sino que el trazo original, es el real tesoro, que también se puede apreciar en grabados.

O que, incluso, aunque Matta es enorme, hoy está más en boga Gordon, que Roberto.

Matta y la conjura de la angustia por la muerte

No es primera vez que Mellado cura una exposición de Matta; la primera fue en 1998, para la Bienal de Sao Paulo. El tema era antropofagia e historias de canibalismo, y el organizador el pidió al curador chileno que armara un gabinete de Roberto Matta.

“Y ahí me consiguió los mejores dibujos que he visto de Matta en mi vida, que son los que él hizo en el año 89, sobre papel escolar francés con lápiz de colores”, recuerda Mellado, y se anima: “¿Tú te imaginas ver un Matta en lápiz de color? Es la esencia de un gran artista, que no necesita más que esta cosa, un pedacito de papel, unos lapicitos”.

“Ahí empecé a trabajar sobre Matta. Pero siempre me había molestado esta especie de obsesión chilena por chilenizar a Matta, cuando lo único que Matta hace es detestar ser chileno”.

—¿A quién le pertenece Matta hoy día? ¿A los coleccionistas? ¿A Ramuntcho Matta? Todos parecieran querer tener un Matta en Chile…

—Todos se disputan a Matta. Y eso ya me parece muy dudoso, es interesante. Esta especie de obsesión enfermiza. ¿Por qué? Y eso es lo que trato de explicarme yo en unos textos larguísimos y que nadie va a leer. ¿A quién pertenece? Como todo gran artista, a todo el mundo. Al mundo”.

Ahora, la apuesta es en grande: empujado por el Ministerio de las Culturas y la Fundación Tarquinia, en Valparaíso habrá más de 200 obras, incluyendo dibujos y grabados, bajo el título “Memorias de guerra”, y en el Palacio Pereira estará “Roberto Matta: la línea del duelo”. Esto es parte del Circuito Matta de este año, expandido y ampliado, que incluirá a 18 instituciones con muestras o actividades en torno al artista, incluyendo al Malba de Buenos Aires con la obra “Los desastres del misticismo” y en el Palacio de La Moneda, visitas guiadas a la escultura “Tolomiro-Todomiro”.

12 dibujos inéditos que estarán en el Palacio Pereira.

“Siempre me ha preocupado Matta”, dice el curador, “porque es un artista difícil de entrar, entonces el medio se permite decir muchas generalidades”.

—Que es surrealista…

—Y yo digo no, no surrealista, punto. Es surrealista un tiempo y es oportunistamente surrealista. Si no se hace surrealista, no entra a París. Pero Matta es mucho más que eso. Matta es bastante único y por eso me interesa su carácter, como que aparentemente no tiene nada que ver con nada.

Pero eso no existe. Entonces, trato de explicarme por qué. Es un pituco chileno, dandy, bien vestido, que habla inglés, francés, y llega a París. Con un delirio que no es de cualquier manera, porque los que van a París, si sigo la textualidad de las novelas de Blest Gana, tendría que decir que son malos trasplantados. Este no lo es, pero se le hace difícil.

Entonces me encantó estudiar su dificultad, pero ya tampoco no es mi problema.

—Has dicho que “el” tema de la obra de Matta sería “la guerra, sacrificio y el combate”.

—Más que el tema, es el eje.

—¿Porque fue un habitante del siglo XX marcado por los conflictos?

—No, en el fondo es un artista paleolítico contemporáneo. Él reproduce el gesto más simple de las cuevas de Altamira.

—Dibujar en la pared…

—Ese trazo sobre el ocre. Y por eso me interesa hablar de la pintura ocre, porque es hablar de la vida y de la muerte. Matta confirma mi propio interés en la pintura ocre y los relatos de muerte.

Justo Pastor Mellado tiene mucho que hablar del ocre y en eso puede expandirse, hacer uniones entre textos, pinturas e historia; es finalmente, el sello de esa cabeza que hace conexiones para darle nuevas lecturas a las obras de arte. Con ocre habla de los polvos usados para hacer los primeros entierros funerarios, cuando el hombre prehistórico se da cuenta no solo de que muere, sino de lo que la muerte significa. Cita en extenso y emocionado un pasaje de “Adiós al Séptimo de Línea”, cita trabajos de Eugenio Dittborn y libros del filósofo Edgar Morin. Lo ve en todos lados, el ocre, y lo ve ahora en Matta, palpable. ¿Qué es el ocre, finalmente? “Para eso es el arte”, explica Justo Pastor Mellado, “para conjurar la angustia sobre la muerte”.

La obra First Time.

—A nivel internacional, ¿Matta sigue siendo considerado uno de los grandes del siglo XX?

—Es que eso es relativo, porque es, pero al mismo tiempo no es. Los americanos no están muy de acuerdo con eso, dicen Matta es un gran artista, pero datado. Matta les molestaba, lo tenían que joder, era demasiado. Y lo lograron.

Matta tiene que reexilarse, regresar a París en el 48. Lo interesante es que Matta es un tipo importante, muy importante, pero también es algo datado, y entre los años cincuenta, sesenta,se le hace muy difícil. Vive en un contexto y reacciona frente a él. Tiene que desmarcarse de la sombra terrible de Picasso. Y por otro lado tiene que desmarcarse también del arte que ya está apareciendo en Italia.

Entonces no hay que ponerle tanto, mucho menos de lo que le agregamos, pero Matta es grandísimo. Y por otro lado, hoy día Matta a nivel internacional no representa mucho, porque su problemática, entre comillas, fue desplazada.

Y si hay un Matta hoy día que ocupa la escena, no es Roberto, es Gordon Matta Clark. Y te diría que en términos universales, Gordon Matta está logrando ser casi más significativo que Matta padre.

—Un Matta obviamente cuesta millones de dólares, pero su contexto de guerra, de las corrientes donde pertenece o no perteneció, son siglo XX. Y uno ve la obra de Gordon Matta hoy día y sigue siendo rupturista.

—Ya Matta pasó a ser un clásico.

—Hablando por Whatsapp de política, me mencionaste que estabas cansado de que a Matta se lo apropie el socialismo. ¿Ha sido apropiado primero por la izquierda, hoy por la derecha?

—Bueno, es un secuestrado que se deja secuestrar, obviamente. Esto es terrible lo que voy a decir sobre Matta, pero siempre estuvo en el lado correcto de la historia, y eso también a mí me parece un poquito sospechoso.

Guerra Civil española: del lado bueno. Se va a Nueva York: del lado bueno. Vuelve a Europa: del lado bueno. Muy compañero de ruta del comunismo italiano, sobre todo, pero también al interior del movimiento socialista mundial es un crítico. Porque va a Cuba y inventa esa cosa de la guerrilla interior, y todavía el socialismo lo usa.

Matta se los está pistoleando. Cuando él va a Cuba y está en el Congreso Cultural de La Habana a fines de los 60, no es la misma posición del 63. Sabe que tiene que correrse. En el fondo es un gran antiimperialista y anticolonialista.

Un polemista apaciguado

Dice que no le gusta pelear. Que ya se agotó el tema de las polémicas culturales. Y explica el por qué de su mirada: “Es como que tú estás en una fila y eres cojo, entonces el cojo se sale de la línea y le ve la nuca y la oreja al otro, y se da vuelta para atrás y le ve de costado al otro. Es una condena, porque te pones a ver cosas que no deben ser vistas, porque te sales de la fila y a nadie le gusta”, dice.

El curador Justo Pastor Mellado. Foto: Francisco Paredes

—Te saliste de una fila grande, que era la izquierda socialista en una época y terminaste siendo agregado cultural de derecha.

—De Piñera.

—Para algunos va a ser siempre la gran traición de Justo Pastor Mellado.

—Argh. Me da exactamente lo mismo. Fue de Piñera, que votó por el No. Yo ni siquiera voté por el No, no me inscribí.

—Quizás eso no es motivo de orgullo.

—Pero espera, es que tú eres joven. ¿Tú sabes que en ese momento nadie me molestaba como hoy por no haber votado en el plebiscito? Porque creían que yo era frentista. Y en algún lugar había en toda esta oposición democrática un deseo frentista, pero que lo hiciera el otro y así yo no me mancho las manos.

Esa hipocresía de base. Y además conducidos por unos golpistas iniciales, que en la mitad se cambian y pasan a liderar la oposición.

—Aylwin y la Concertación no son tus favoritos.

—Nunca lo fue. Desde que entré a la universidad y él era presidente del partido. Si yo era demócratacristiano.

—¿Y ahí te pasaste al MAPU?

—Todos mis compañeros estaban en el MAPU, cómo no iba a entrar. Y además yo era de Concepción, y clase social mediano ascendente, familia de movilidad ascendente. Tenía que estar protegido por los pitucos (se ríe).

—Hoy, en este gobierno de derecha: ¿te interesa participar? ¿O crees que hay una oportunidad para hacer cultura?

—No, no, no. Nunca hay que ir a golpear puertas así.

—Falta aún un concurso público, pero ¿no te interesaría ser el director del Museo Nacional de Bellas Artes? El cargo por el momento está vacante.

—En lo absoluto, y tengo en secreto mi candidato, pero no lo voy a decir. Yo sé que pude haber sido director varias veces, pero no resultó, no funcionó, así son las cosas. No hay que insistir. Pasó la vieja, punto.

—¿Y qué opinas de la gestión de Varinia Brodsky y de su salida? ¿Crees que está bien que en el Museo Nacional de Bellas Artes no se le renueve a una directora por razones probablemente políticas?

—Me pones en una situación difícil, porque eso es una interpretación. Varinia es la continuidad de Fernando Pérez Oyarzún y de Roberto Farriol, o sea, hay una continuidad de Estado en relación al Museo.

Yo nunca he criticado al museo, nunca, nunca, nunca. ¿Por qué? Porque me parece que es un museo institucionalmente débil, que con su estatuto de fragilidad ha hecho algo extraordinario de sobrevivir dignamente.

Entonces, puede que cosas de directores me gusten o no, pero son decisiones particulares que no afectan. Todo lo que sea por contribuir al fortalecimiento del museo tendrá de mi parte todo el apoyo.

—Hoy día, después de todas las polémicas que has generado, ¿te consideras de derecha a izquierda, de centro?

—Uf, en una especie de amarillismo congénito.

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