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Opinión

26 de Septiembre de 2026
Sandro Baeza

Columna de Rita Cox: El general Baquedano, la Región Metropolitana y un antojo a destiempo

Foto autor Rita Cox F. Por Rita Cox F.

A cinco años del retiro del monumento y tras su reciente regreso a Plaza Baquedano, Rita Cox cuestiona el proyecto para rebautizar la Región Metropolitana en honor al general. Entre disputas simbólicas, la columnista advierte sobre los costos de iniciativas que profundizan las divisiones y alejan a la política de las preocupaciones ciudadanas. "El general ya está en todas partes: la plaza, la estación de Metro, calles, el monumento. ¿No basta?", escribe.

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El 16 de septiembre, en la antesala de Fiestas Patrias y con el monumento a Baquedano todavía agazapado tras los muros de su restauración, la diputada RN Ximena Ossandón, segunda vicepresidenta de la Cámara, anunció en Radio Infinita un proyecto que ella misma calificó de “bien ambicioso”: rebautizar la RM como Región Metropolitana del General Baquedano. “Como tenemos la de O’Higgins, como tenemos la de Ibáñez del Campo”, explicó. Baquedano “lo merece” y el nombre actual “es como nada”, dijo. Metropolitana, agregó, “no significa nada”.

Admitió que el texto estaba redactado hace tiempo, pero que esperaban ver qué pasaba con el regreso del general “en gloria y majestad”. Y confesó: “Tal vez a mí no se me hubiera ocurrido si no hubiera sido vandalizada su estatua”.

Al día siguiente, cuando el general amaneció sin muros, a la vista de todos, Ossandón ingresó el proyecto junto al republicano Felipe Ross. Recordó que “era muy doloroso ver cómo este símbolo era destruido” y habló de “un acto de reparación”.

La idea no es nueva. En septiembre de 2024, la bancada RN la incluyó en su “Fast Track del Rechazo”. No es una ocurrencia al calor de la reinstalación: es una propuesta que esperaba su ocasión. Y eligió esta. ¿Era el momento?

Cada vez que paso por Plaza Baquedano me hago la misma pregunta: ¿cuánto irá a durar este remozado monumento? ¿Cuánto hasta el primer tag, el primer manchón de pintura, el primer huevo reventado contra el bronce recién limpio? ¿Cuánto hasta el primer rayado sobre el plinto de piedra recién restaurado? “Esperemos que dure”, decían los transeúntes el día de su regreso, y el alcalde de Providencia, Jaime Bellolio, explicó que el monumento tiene pintura antigrafiti.

Pocos objetos han concentrado tanta tensión en tan poco tiempo. El 12 de marzo de 2021, tras meses de rayados, fuego e intentos de derribo, el general fue retirado. El 10 de marzo de este año volvió a su plinto, de madrugada, en las últimas horas del gobierno de Boric. Siguieron meses de restauración, hasta que el 17 de septiembre se retiraron los muros y, el 19, tras la Parada Militar, el general recibió honores en una ceremonia encabezada por Bellolio. Cinco años de disputa por un monumento. Y todo a menos de un mes del séptimo 18 de octubre, “estallido social” para algunos, “asonada” para Lucy Oporto, cuando la plaza vuelve a tomarle la temperatura a un país que no termina de ponerse de acuerdo sobre lo que le pasó.

Mientras, hay una escena que me fascina y me emociona. Si se mira de poniente a oriente, aparece el general, a quien confieso haber conocido de verdad recién cuando se convirtió en un punching bag ideológico, y detrás, el rostro de Gabriela Mistral en su monumento, algo desmejorado por su calidad constructiva y ya rayado varias veces. Todo rodeado de verde en crecimiento, el cielo primaveral inestable, la cordillera, la demodé Torre de la Telefónica. Un conjunto precioso, imperfecto, significativo. No será el Arco de Triunfo, pero es nuestro. Cada elemento tiene su propia narrativa.

Volvamos a las ocurrencias de Ximena Ossandón. Vale detenerse en eso de que Metropolitana no significa nada. La región nació así en el Decreto Ley 575 de 1974, cuando el país se ordenó en regiones que, en su mayoría, llevaban números. No homenajea a nadie, es cierto, pero describe algo: un territorio que funciona como capital, que concentra población, trabajo y poder. Un nombre neutro y, quizás por eso, de todos.

Además, el general ya está en todas partes: la plaza, la estación de Metro, calles, el monumento. ¿No basta? ¿Por qué extender el homenaje a 52 comunas y más de siete millones de personas a las que nadie ha consultado?

La iniciativa llega a destiempo y divide lo que ya está suficientemente dividido. Si en algo coincidimos hoy los chilenos es en la urgencia de que el Ejecutivo, el Congreso y la clase política aúnen fuerzas, con grandes acuerdos, contra lo que nos está golpeando ferozmente: la corrupción, la inseguridad y la violencia, el desplome de la natalidad y, lo dejo para el final, el desempleo.

Casi un millón de personas sin trabajo, y el resto con los nervios de punta, temiendo ser el próximo en engrosar esa cifra.

Ossandón no es la única que se desvela por un nombre. En la otra vereda, el diputado frenteamplista Jaime Bassa, exvicepresidente de la Convención, declaró a El Mercurio: “Pongan el monumento que quieran, esa plaza es y seguirá siendo Plaza Dignidad”. Jaime Bellolio le respondió que “es hora de superar la nostalgia octubrista”. Ossandón, en tanto, acusó a Bassa de confundir “la expresión dignidad con la furia de un sector” y lo invitó a sumarse a su proyecto: “Me encantaría que el diputado Bassa reconociera la figura del General Baquedano y que nos apoyara en que nuestra región se llame ‘Región Metropolitana del General Manuel Baquedano’”.

Lo cierto, en todo caso, es que en Waze aparecen los nombres Plaza Baquedano y Plaza Italia. Y si se busca Plaza Dignidad, la primera opción que arroja es Plaza Baquedano. ¿Y si cada uno la nombra como quiera? ¿No basta con eso y, de paso, evitar la tentación de imponer un nombre adosado a una posición ideológica, legítima en todos los casos?

No se trata de negar la importancia de la memoria ni de los símbolos. Se trata de prioridades. Se agradecería que la clase política se conectara con ellas, en lugar de ocupar la agenda en rebautizar regiones o reclamar plazas. Y que no tentara a la suerte: lo que desde un escaño parece una iniciativa brillante puede terminar alejando aún más a los ciudadanos de sus representantes y agrietando una sociedad que ya está bastante fragmentada.

Hay gustitos que salen caros.

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