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Opinión

27 de Septiembre de 2026

Perfil de Kike Mujica: ¿Qué te pasa Bassa?

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

El diputado y exconvencional revivió el debate sobre Plaza Dignidad o Plaza Baquedano. Una parte importante de la izquierda lo aplaudió, otra lo encontró extemporáneo. Bassa cree que el 18-0 es un hito viviente y considera que la propuesta constitucional tiene plena vigencia. “¿No será que ese tipo de violencia, la del estallido, fue la que nos permitió ver una dimensión de la vida de nuestro país que nadie quiere ver?”, dice.

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“Los triunfos y las derrotas nunca son definitivos en política. Por eso es tan importante que incorporemos de una manera menos dicotómica esta idea de que hay flujos y reflujos. Es como la cita al poema de Gabriela Mistral: la fuerza de las olas para volver a emerger una vez que esa ola ha retrocedido”.

Jaime Bassa. 2024.

Mejor no hablar de ciertas cosas. El estallido y la Convención Constituyente -el Apruebo- son inolvidables para cierta izquierda. Inolvidables por poco gratos. Desmesurados, en versión autocomplaciente. Enajenados, en autoflagelante.

Para Jaime Bassa es mejor hablar de esas cosas.

Esta semana tocó la tecla del recuerdo poco grato.

Extemporáneo 

Plaza Italia. Baquedano. O Dignidad. La geografía –“la madre de la historia”, dijo Octavio Paz- se convirtió en una disputa urbana-ideológica.

Bassa dijo esta semana: “Pongan el monumento que quieran, esa plaza es, y seguirá siendo, Plaza Dignidad”.

Gael Yeomans, presidenta del FA, el partido de Bassa, optó por no hacerse cargo de los dichos del diputado: “Si quieren hacerle una pregunta sobre sus propios dichos, él lo puede responder”, manifestó distante.

Frenteamplistas me dicen que la opinión de Bassa probablemente es mayoritaria dentro del partido. “El punto es que hoy es un debate extemporáneo. Las personas no están preocupadas de la plaza: están preocupadas por la mala gestión económica de Kast”, me dicen.

“Bassa es de lo que están en la primera línea de los nostálgicos del estallido, al cateo si se da otra revuelta. No quiere que le digan “no lo vimos venir”, me dice un dirigente del PS.

Otros hablan de un posicionamiento político dentro de un partido que pretende llegar por segunda vez a La Moneda.

Bassa y el estallido

Esta semana entreviste a Bassa.

–“Pongan el monumento que quieran, esa plaza es y seguirá siendo Plaza Dignidad”. ¿Por qué la frase, diputado?

–La frase es bastante sencilla. No sé por qué molesta tanto el uso de la palabra dignidad en clave política. Todos sabemos, supongo, que lo realmente relevante en esta polémica que se abrió no es Baquedano, no es el monumento; es lo que la plaza representa, es lo que ahí ocurrió hace siete años.

Ese malestar social, esa forma en la que la ciudadanía muy masivamente se movilizó, sigue latente. Hay demandas sociales que siguen esperando, que siguen pendientes. He escuchado a varios decir que hay que superar la añoranza del octubrismo. Pero pensemos desde el presente. Pensemos que el desempleo bordea el 10% o lo supera en varias regiones del país, como la mía, en Valparaíso.

Entonces, si el monumento es tan importante -más importante que las condiciones de vida de la población- yo les preguntaría a quienes han reaccionado tan virulentamente por qué les molesta tanto que sectores de la sociedad hablen de la necesidad de una vida digna.

-Voy a obviar las críticas de la derecha, que son más o menos predecibles, pero cito acá a César Valenzuela, socialista. Fue colega suyo en la Convención, también en la Cámara. Dijo: “Me da exactamente lo mismo si le dicen Plaza Baquedano, Plaza Dignidad, la Telepizza que le decían en algún momento cuando existía, me importa poco… hoy es más dura la pobreza para estar discutiendo por cómo se llama la plaza”.

-Lo que dice César me da el punto. Lo relevante en este momento no es ni el nombre de la plaza ni el lugar del monumento a Baquedano. No es tampoco la trascendencia o la relevancia histórica de Baquedano. Lo relevante es hablar de las condiciones materiales de existencia de la población. Esta plaza siempre representará, para un sector muy importante de la población, un momento histórico que nadie podrá borrar, a pesar del esfuerzo que han hecho los sectores reaccionarios del país. El malestar seguirá estando ahí.

Lo que realmente molesta es que se subieran a ese monumento, ciudadanos y ciudadanas que estaban protestando en contra del orden social vigente, el que consideran injusto, desigual, abusador. Eso es lo que realmente está en juego. Ese orden social sigue vigente. Las cosas no han cambiado. Tratamos de cambiarlas y no nos fue bien, es cierto. Cuando hay un alcalde -Jaime Bellolio- que se gasta 150 millones de pesos en un desfile militar en contexto de crisis, es porque efectivamente esa crisis social de octubre sigue vigente.

-No estaríamos hablando de esto si no fuera porque un grupo de manifestantes, no todos, algunos, pero no pocos, arrasaron con Plaza Italia. Quemaron iglesias, museos, universidades, quemaron negocios de gente común y corriente. Tenían cercada, privatizada la zona. Algunos podían entrar, otros no. Pregúntele a Gabriel Boric, Beatriz Sánchez, el propio Daniel Jadue que fueron correteados.

–Planteemos la pregunta desde otra perspectiva:

Si nada de esto hubiera pasado, ¿estaríamos realmente preocupados de las miserables condiciones de vida que parte muy importante de la población sufre?…

-¿”Si nada hubiera pasado” se refiere a la violencia?

-Claro, es el marco de la pregunta que tú instalas.

Piensa que, pocos meses después de esto, el ministro de Salud del presidente Piñera, Jaime Mañalich, en contexto de la aplicación de las medidas contra la pandemia, dijo: “No teníamos idea de las condiciones de hacinamiento en las cuales vive la población”. Existe un sector de la sociedad que gobierna, que no conoce el país al que gobierna.

Es muy lamentable lo que tú describes, pero preguntémonos: ¿no será que ese tipo de violencia fue la que nos permitió ver una dimensión de la vida de nuestro país que nadie quiere ver?

Porque yo te digo: junto a eso hubo manifestaciones pacíficas muy masivas. No nos quedemos solo con la caricatura de la violencia, que la hubo. La violencia que tú señalas nos obligó a hablar de todo esto. ¿Por qué hay que llegar a ese punto? ¿Por qué la discusión gira en torno a si condenamos o no condenamos la violencia, y no nos preguntamos nunca por cuáles son las causas sociales que están detrás de esa violencia?

¿Por qué no somos capaces de prevenir los conflictos sociales, en vez de esconderlos debajo de la alfombra hasta que nos revienten en la cara?

-Esta reflexión no es volver a ese discurso tan criticado de Fernado Atria en la Convención: “La violencia de 2019 la podemos ver como algo que abrió la puerta a una oportunidad que hoy todos celebramos”. ¿Es resucitar que “la violencia es la partera de la historia”? Siguiendo la lógica hoy podría avalarse la violencia porque usted mismo dice que los problemas sociales no sólo persisten, sino que se han agravado.

-Esas son palabras tuyas. Lo que yo digo es que si sabemos que la gente que gana 500 o 600 lucas es el 50% de la población laboralmente activa. Si sabemos que ese sueldo no alcanza. Si sabemos que los hospitales están reventados. Si sabemos que la educación pública no permite ofrecer realmente un horizonte alternativo a la juventud, un horizonte que cualquiera de nosotros le ofrecería a nuestros propios hijos; ¿Por qué no hacemos algo antes? Ese es mi punto. No estoy diciendo que necesitamos la violencia para que esto se vea. Todos sabemos lo que ocurre, ¿verdad? Y hacemos nada.

-¿Por qué después de su gobierno, el del Frente Amplio, del PC, del Partido Socialista, los problemas, según usted, continúan igual?

-La gran respuesta a esa pregunta la encontramos en la votación de la reforma tributaria del gobierno de Gabriel Boric. Cuando asumimos, sabíamos perfectamente cuáles eran los problemas y cuáles eran los mecanismos que había que movilizar.

Esos mecanismos requerían tomarse en serio la necesidad de que la riqueza que generamos entre todas y todos pueda ser distribuida equitativamente en el país. Y eso requería un sistema impositivo redistributivo, con justicia tributaria. Y esa reforma tributaria la perdimos. La perdimos, entre otras cosas, por culpa de Pamela Jiles. Esa es la respuesta.

–Usted dijo que el triunfo del Rechazo es una derrota, pero no definitiva.

-Yo no sé cómo se viene el futuro, pero tengo la impresión de que hay bastantes señales que demuestran que ese conflicto del ciclo 2019-2022 sigue presente hoy.

Bassa y la Convención

El 4 de julio de 2021, cuando se instaló la Convención, Elisa Loncon fue elegida presidenta y Bassa vicepresidente. Bassa ocupó el cargo hasta el 5 de enero de 2022.

En 2024, dijo sobre el triunfo del Rechazo:

“Aún hay demandas sociales insatisfechas y los procesos de cambio cultural tienen momentos de flujo y de reflujo. Y la revisión de las estructuras sociales vigentes son un proceso que sigue abierto. Esto hay que analizarlo como un ciclo más largo. El plebiscito de 2022 tiene una centralidad importante, pero forma parte de un proceso que parte el año 2018. O sea, llevamos cinco o seis años en un momento de reorganización política y social. En mi opinión, esas demandas no murieron con el plebiscito.”.

Bassa ha reconocido, con el tiempo, que hubo excesos performáticos que perjudicaron al Apruebo, pero que ahí no está el meollo del Rechazo. “Si fuese por eso, el segundo proceso constituyente no habría fracasado tal como el primero”, sostiene.

En una entrevista a La Tercera, le preguntaron:

–¿Algún mea culpa por hacer? ¿Será que hubo un poco de euforia en una parte de la izquierda al sentir que podían cambiarlo todo?

-No sé si euforia es la palabra. Probablemente, no leímos correctamente que había intereses que se sintieron amenazados con motivo de la revuelta y de la Constituyente. Ellos tuvieron la fuerza suficiente para organizarse, resistir y reaccionar.

–¿Y ustedes no?

-Creo que todavía nos falta aquilatar cómo impacta la concentración del poder económico, del capital, en el funcionamiento de una democracia liberal como la nuestra. El ejercicio del poder político en Chile responde mucho a los modos de concentración del poder económico. Eso es algo que nosotros como Convención no aquilatamos y nos podría haber ayudado a moderar ese entusiasmo inicial.

“Existe un discurso de varios ex convencionales que en una especie de negación de la realidad. Apuntan a factores externos, como el empresariado, las fakenews, la manipulación de los medios de comunicación, que juegan, según ellos, para la derecha. Pero si se sigue esa lógica, Boric nunca hubiera sido presidente”, me dice una parlamentaria de centro-izquierda.

A Bassa le preguntaron por qué la mayoría de la gente voto Apruebo, no sólo “la oligarquía”.

Respondió: “Exactamente, y por eso es tan importante evaluar cómo el poder económico incide en la construcción de la opinión pública y en cómo se expresa la voluntad soberana”.

Atria, Baradit, Stingo y Bassa son del grupo, mayoritario en la izquierda, que reivindica el texto.

“Parcialmente tuvimos éxito porque logramos redactar una Constitución, pero fracasamos en el objeto político de que se aprobara y se implementara”, dijo.

“¿Perdimos? Sí, pero perdimos con mucho respaldo popular”, agregó.

El resultado fue: por el Rechazo 61,86% (7.882.958 votos); por el Apruebo 38,14% (4.860.093)

La refundación

“Bassa es un tipo con mucho ego. La historia lo puso en una posición y él se emborrachó con el primer trago de cerveza”, me dice un exconvencional de derecha.

Otro sitúa a Bassa en el nutrido grupo de convencionales que llegaron convencidos y entusiasmados con “refundar Chile”.

“Andaban en onda mesiánica, recalcando que el poder constituido debía tener cero injerencia en el proceso. Se encerraron en el edificio a construir el “Nuevo Chile”, me dice una exconvencional de derecha.

“Como Stingo y Baradit, quien se consiguió la pluma de Salvador Allende para firmar como convencional”, agregan.

En el agitado y performático (Rojas Vade a pie descalzo) primer día de la Convención, Bassa fue elegido vicepresidente. La sobreexcitación de algunos convencionales de izquierda incluyó consignas, berrinches, bailes e incluso una salida a terrenos para “salvar” a dos constituyentes detenidos en las manifestaciones que se desarrollaban afuera del ExCongreso.

Para muchos convencionales, críticos de Bassa ese fue el primer capítulo de la historia mediática de Bassa en la CC.

Ese día Bassa tomó un rol protagónico cuando increpó a un carabinero en la Tercera Comisaría, cuartel donde estaban detenidos los convencionales. 

La situación se viralizó por redes sociales.

El policía no lo dejó entrar.

-“¿Puede esperar un momento allá por favor?”-, le preguntó a Bassa.

“No”, respondió tajante el convencional

-“¿Por qué no?”-, contrapreguntó el carabinero.

Bassa respondió: “Primero porque tengo autoridad para estar acá, yo soy el vicepresidente de la Convención Constitucional y estoy exigiendo la libertad inmediata de los constituyentes que han sido arrestados. Quiero explicaciones ahora”.

La reacción de Bassa fue criticada: “Fue el segundo asomo de la autopercepción de superioridad moral de algunos convencionales. La primera fue cuando ellos determinaron quienes podían estar y quienes no en la ceremonia de inicio del proceso”, me dice un exconvencional de centroizquierda.

Cuatro convencionales -dos de izquierda y dos derecha- me dicen que Bassa ofició en la práctica como timonel de la CC. “Fue el brazo ejecutivo y político. Loncón era una figura más simbólica”.

Luego de dejar el cargo de vicepresidente, su poder disminuyó claramente, me dicen desde la centroizquierda y la centroderecha. Eso fue en enero de 2022, cuando poselección presidencial, el mundo político comenzó a transpirar helado por lo que estaba ocurriendo en el exCongreso. 

Un exconvencional del PS me cuenta que en algún momento le pidieron que conversara con los grupos más ultrones de la CC, para articular acuerdos y calmar los ánimos. “Bassa me dijo que no podía hacer mucho, porque no lo pescaban”.

Lo mismo me comenta un exconvencional de centroderecha. Cuando la situación se puso fea hubo diálogos con distintos dirigentes de izquierda para conversar con los indomables. 

“Nos dijo: no hay nada que hacer”.

“Marcos Barraza era el que conversaba con esos grupos. Nadie más”, me dice una convencional de la derecha.

“Siempre fue muy mediático. Habla bien, tiene buena pinta, la tele lo seguía. Sin duda fue uno de los rostros más visibles de la Convención. Pero, en la interna, no era el que movía los hilos”, me dice un exconvencional del PS.

Carrera política

En la Escuela de Derecho de la UC Bassa vistió ropajes liberales. Fue ayudante de Óscar Godoy, uno de los baluartes de la derecha liberal chilena, ligado a RN. Algunos excompañeros dicen que en esos tiempos muchos lo asociaban a RN. 

Compitió en 1997 con el entonces DC, Sebastián Sichel, contra Ernesto Silva por el Centro de Alumnos. Perdieron por poco.

“Se fue izquierdizando”, me dice un frenteamplista. Influyó, agrega, su arribo como profesor a la Universidad de Valparaíso. “Un lugar en las antípodas de la UC: mucho más diverso socialmente, mucho más de izquierda”, agrega.

“Sus ayudantes en la universidad eran de posiciones muy de extrema izquierda”, me dice una profesora de derecho.

Su primera experiencia política en domicilio de izquierda fue liderar el activismo que evangelizaba por una Asamblea Constituyente. La famosa “marca AC en el voto”. Eso fue en 2013.

Un episodio fortuito lo hizo conocido a través de redes sociales. En 2018, fue invitado, en su calidad de académico, a la Comisión de Defensa de la Cámara. Bassa concurrió sin chaqueta ni corbata. Eso irritó a los diputados José Pérez (PRSD) y Osvaldo Urrutia (UDI). Lo consideraron una “falta de respeto”.

Bassa no se inmutó. Con calma les hizo ver su currículo académico. Salió jugando y con un apoyo masivo en redes sociales.

Ahí la opinión pública se enteró de la existencia del joven -tenía 41 años- y apuesto abogado Bassa.

Jaime Bassa, ex vicepresidente de la Convención Constituyente. Crédito: @periodistafurioso

Futuro

Según un PS, Bassa tiene un capital político importante: “Los que dieron por muertos a los convencionales de izquierda, ahí tienen a Bassa: fue electo diputado. Apuesto que será senador. Es muy carismático”.

Otro socialista dice que electoralmente tiene mucha potencia. En 2021, para la Convención Constitucional, obtuvo 43.507 votos, 13,12%: fue la primera mayoría del distrito. Dobló al segundo que fue Jorge Arancibia con 21.523 votos (6,49%). 

En 2025, en la elección de diputados, salió segundo.

La hipótesis de un exconvencional de derecha es que “más que un nostálgico del octubrismo, Bassa, con buen ojo, identificó un 20% de electorado de izquierda que le gusta el estallido y el proyecto constitucional. Es situarse a la izquierda de Boric y Tomás Vodanovic. Es algo así como la versión de izquierda de Kaiser”. 

Hay un punto ahí: en 2025, Criteria preguntó por el carácter 18-O. Ante la afirmación “El Estallido Social fue solo la expresión violenta y organizada de un grupo minoritario de extremistas”, un 46% declaró estar de acuerdo. Pero dentro de la izquierda apenas el 10% optó por esa opinión negativa..

También preguntó si apoyaban esta afirmación: “Las demandas que dieron origen al Estallido Social siguen sin ser resueltas”. El 72% de los encuestados estuvieron de acuerdo.

“Puede ser que intente posicionarse en el sector más de izquierda o el octubrismo, pero no es solo pragmatismo: él de verdad cree en el 18-O y del proceso constituyente”, refuta un PS.

Desde el Frente Amplio me dicen que si bien no forma parte del tronco y del ADN histórico del movimiento, es una figura pública con futuro político.

No participó en el gobierno y eso también lo libera de reproches partidarios sobre la capitulación de principios que el poder -y su moderación, sobre todo después del Rechazo- obligó a Boric.

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