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Correo 28 de Septiembre de 2026

Carta a la directora: Omitir es dañar

Por Manuela Badilla y Marcela Cornejo, Investigadoras VioDemos y Académicas Escuela de Psicología UC
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Por primera vez desde el retorno a la democracia, el Estado chileno no realizó un acto oficial para conmemorar el 11 de septiembre como una fecha que marca una fractura democrática y el inicio de un período de graves violaciones a los derechos humanos en Chile. La decisión constituye una forma de daño.

Hoy sabemos, gracias a décadas de investigación en trauma psicosocial, que el reconocimiento público es una condición básica para la reparación. Las sociedades que han sufrido violencia por parte del Estado requieren memoria, verdad, justicia y reconocimiento para procesar colectivamente sus heridas. La omisión y el silencio, en cambio, prolongan el trauma. Chile ha suscrito compromisos internacionales que obligan al reconocimiento y la reparación de las violaciones a los derechos humanos. Omitir esa responsabilidad debilita no solo la memoria de las víctimas y sus familias, sino también los estándares democráticos que el país se comprometió a resguardar. Conmemorar permite reflexionar sobre el valor de la democracia y la importancia de la convivencia en paz, descartando la violencia como medio para resolver conflictos. Omitir deteriora las necesarias condiciones para la no repetición de lo sucedido, aprender del pasado y seguir comprometidos con elaborar los legados de las violaciones a los derechos humanos.

Nos parece clave relevar que la omisión no es un concepto ajeno a nuestras políticas públicas. En materia de infancia, por ejemplo, hemos asumido que el silencio, la indiferencia o la falta de reconocimiento pueden constituir formas de vulneración. Si esto es válido para el cuidado de niños y niñas, resulta difícil sostener que el principio desaparece cuando se trata de las heridas que dejó la violencia política y las violaciones a los derechos humanos. Resulta preocupante que un principio tan básico sea ignorado precisamente cuando se trata del daño histórico más profundo de nuestra historia reciente.

Al cerrar este septiembre, inquieta la legitimación del silencio y la omisión. La historia muestra que callar nunca ha sido una vía para sanar, sino una forma persistente de dañar a la sociedad.

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