14 carabineros asesinados desde 2022: las cifras tras el inédito aumento de homicidios y una delincuencia que perdió el miedo a disparar
Desde 2022 mueren menos carabineros en servicio que antes, pero seis de cada diez mueren asesinados. Las fichas del memorial institucional muestran algo más que un cambio de cifras: quienes disparan parecen haber perdido el miedo a matar a un carabinero, incluso en un control de rutina.
Por Catalina Riquelme y Sebastián Palma 30 de Septiembre de 2026
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El cabo segundo Cristopher Aguilera hacía una fiscalización de rutina la tarde del 27 de septiembre en la población Las Dunas, en Lo Espejo. Tenía 30 años, era padre de un niño de nueve meses y pertenecía a la 42ª Comisaría de Radiopatrullas. Junto a otro funcionario se acercó a controlar a un grupo de personas en la vía pública. Entonces, uno de los sujetos sacó un arma y abrió fuego. Disparó cerca de 20 veces. Una de las balas alcanzó a Aguilera en la cabeza.
El autor del homicidio fue Brayan Farías Díaz, un ciudadano venezolano de 28 años en situación migratoria irregular. Posteriormente el compañero del uniformado respondió al ataque y lo abatió. El arma del delincuente, que quedó en el lugar, tenía un cargador extendido.
Aguilera fue estabilizado en un centro asistencial cercano y trasladado en helicóptero hasta la Clínica Las Condes. Murió esa noche, a las 21.48 horas. En el sitio del suceso, los investigadores levantaron cerca de 30 evidencias balísticas.
Fue el cuarto carabinero asesinado en 2026. Con su muerte, este año iguala a 2024 como el segundo con más homicidios de funcionarios desde 2006, solo detrás de 2015.
Pero hay algo contraintuitivo en esas cifras. El número total de mártires no está aumentando. Entre 2006 y 2021 murieron en promedio 7,1 carabineros por año. Desde 2022, el promedio bajó a 4,9.
Lo que cambió es cómo mueren.

De accidentes a homicios
Durante quince años decenas de carabineros murieron en caminos, en ríos o en accidentes de servicio. De las 113 muertes que el memorial registra entre 2006 y 2021, 29 fueron homicidios.
Desde 2022 la proporción se dio vuelta: de 23 mártires, 14 fueron asesinados.
“Estamos viendo otra criminalidad, una criminalidad que es más violenta, que no trepida en dispararle a los carabineros e incluso causar daños a terceros”, señaló el General Director de Carabineros Marcelo Araya.
En julio de 2006, el cabo Antonio Llancafil, de Curicó, se metió al río Teno a buscar a Marcial Gutiérrez, un compañero al que se había llevado la corriente durante un temporal. Murieron los dos. En mayo de 2008, el general director José Bernales murió en un accidente aéreo en Panamá junto a tres oficiales de su comitiva.
En febrero de 2011, los aspirantes Julio Ulloa y Sebastián Pinuer murieron por un golpe de calor durante un ejercicio de instrucción en la Escuela de Carabineros. Posteriormente se condenó por cuasidelito de homicidio a los responsables: cuatro tenientes de carabineros.
En enero de 2017, Mauricio Roca y Freddy Fernández quedaron rodeados por el fuego en Constitución mientras intentaban evacuar a una familia.
Las fichas recientes cuentan otras historias. En mayo de 2022, en Chillán, el cabo Breant Rivas, de 23 años, persiguió a pie a los dos ocupantes de un auto que habían huido de un control; alcanzó a reducir a uno y recibió un disparo.
Un mes después, David Florido entró a una barbería en Pedro Aguirre Cerda durante un procedimiento y le dispararon en la cabeza. En octubre, en San Antonio, Carlos Retamal fue golpeado con un fierro mientras fiscalizaba carreras clandestinas.
En marzo de 2023, Rita Olivares llegó con su patrulla a un robo en una casa de Quilpué y los recibieron a balazos. Dos semanas después, Daniel Palma recibió disparos en la cabeza durante una fiscalización vehicular en avenida Matta, en Santiago.

La seguidilla empujó un paquete de leyes de seguridad, entre ellas la Ley Naín-Retamal, que lleva el nombre de dos carabineros asesinados.
En 2024 fueron cuatro, todos en abril. El 10 de abril, el teniente Emmanuel Sánchez iba de civil en su auto con su esposa y su hijo por Quinta Normal cuando un grupo armado intentó robarle y le disparó. Diecisiete días después vino la emboscada de Cañete.
La madrugada del 27 de abril un grupo de delincuentes le disparó a una patrulla en la que había tres funcionarios de carabineros. Tras quitarles la vida y robarles el armamento, los criminales incendiaron la camioneta con los cuerpos adentro. El sargento Carlos Cisterna Navarro y los cabos Sergio Arévalo Lobos y Misael Vidal Cid fueron calcinados en la Ruta P-72.
Luego, el año 2025 pasó sin un solo carabinero asesinado. El único mártir del año fue Ricardo Belmar, en su moto, en Talca.
Este 2026 ha habido 4 homicidios: Javier Figueroa en Puerto Varas, Marcos Cosme en Valdivia, Alejandro Ortiz en Renca y Christopher Aguilera en Lo Espejo.

Disparos en fiscalizaciones de rutina
Hasta hace algunos años, un carabinero asesinado solía haber muerto en un escenario que cualquiera reconocía como peligroso. En octubre de 2007, Luis Moyano cayó baleado en el tórax durante el asalto a una sucursal del banco Security.
En febrero de 2008, Job Burgos y Carlos Cuevas fueron baleados al acudir a un asalto a una empresa en Quilicura. Otros murieron en la calle en fechas marcadas: Cristián Vera, de un disparo en la cabeza en Pudahuel durante las protestas del 11 de septiembre de 2007; Cristián Martínez, en 2012, frente a un intento de saqueo a un supermercado en Quilicura, con una bala que entró por el costado del tórax, donde el chaleco no cubría. Y en la Macrozona Sur, Eugenio Naín fue baleado en 2020 cuando su patrulla llegó a una barricada en Metrenco, y Francisco Benavides, en 2021, mientras despejaba una ruta en Collipulli.
Desde 2022, en cambio, la mitad de los asesinados en servicio murió en controles de identidad y procedimientos rutinarios: pedir documentos, revisar un auto, controlar a un grupo en la calle. Es lo que hacían Breant Rivas en Chillán, David Florido en Pedro Aguirre Cerda, Carlos Retamal en San Antonio, Álex Salazar en Concepción, Daniel Palma en avenida Matta y Cristopher Aguilera en Lo Espejo.
Sobre el cambio de las circunstancias de los homicidios el experto en seguridad y ex carabinero Pablo Zeballos indica: “Una fiscalización de rutina está comenzando a tener un nivel de riesgo que antes asociábamos a procedimientos frente a delincuentes especialmente violentos. Eso sugiere que, para algunos actores criminales, el umbral para utilizar un arma contra un policía se ha reducido”.
Zeballos, quien fue oficial jefe en Carabineros de Chile durante 20 años, con 14 años de servicio en la Dirección de Inteligencia, afirma que este cambio no se puede explicar únicamente por la nacionalidad del delincuente. Según él, hay un fenómeno generalizado que debe ser observado con más cuidado: los delincuentes observan, aprenden y se adaptan a las conductas que le resultan funcionales.
“Estamos observando también en actores criminales locales una mayor disposición al uso de violencia extrema y a responder con armas frente a la intervención policial, porque las armas y su disposición a usarla, pero especialmente las municiones hoy significan no solo poseer un estatus criminal, sino también una capacidad económica”, agrega el experto en seguridad.
Hay una coincidencia en el mapa que gráfica bien las diferencias. En 2015, Alejandro Gálvez murió baleado en Clotario Blest, en Pedro Aguirre Cerda, cuando su contingente fue atacado durante los disturbios del Día del Joven Combatiente. Once años después, Christopher Aguilera cayó en la misma avenida, más al sur, en un control de rutina.
Base: 134 fichas del memorial virtual de Carabineros (marzo de 2006 a julio de 2026), transcritas a mano, más dos casos de 2026 que aún no figuraban: Alejandro Ortiz (asesinado de franco en Renca, 27 de agosto) y Cristopher Aguilera. Total: 136.



