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30 de Septiembre de 2026Ketamina, chats de Snapchat y sanciones simbólicas: lo que se sabe del caso de violación grupal en la Universidad de Cornell
La presión del periódico universitario bajo el lema "Cornell no lo hará, nosotros sí" y la revelación de comprometedores chats grupales forzaron a la justicia de Nueva York a reabrir la investigación penal por agresión sexual en el campus.
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A dos años de la agresión sexual sufrida por una estudiante de 20 años en la fraternidad Chi Phi de la Universidad de Cornell, la fiscalía del estado de Nueva York (Estados Unidos) eabrió la causa penal para llevar el caso ante un gran jurado.
La decisión se produjo tras una demanda civil de más de 100 páginas interpuesta por la víctima —identificada como Jane Doe—, en la que acusa haber sido drogada con ketamina y agredida sexualmente por siete alumnos, conocidos como los “Siete de Cornell”. La indignación pública escaló luego que se conociera que la universidad cursó sanciones cuestionables en contra de los acusados, como la redacción de un ensayo.
Según información publicada por BBC, la agresión ocurrió la noche del 19 de octubre de 2024 cuando la víctima tenía 20 años de edad. Jane Doe afirmó que se encontraba intoxicada durante lo ocurrido y, por lo tanto, era incapaz de dar su consentimiento.
La denunciante explica que tras haber estado bebiendo alcohol, se separó de sus compañeras y caminó “tambaleándose y sola” hasta la casa de la fraternidad Chi Phi para ver a un amigo. La demanda fue presentada contra la universidad, la fraternidad, la hermandad de mujeres y los hombres involucrados en el presunto ataque.
El abogado de la joven aseguró que ella quedó “traumatizada, conmocionada e incapaz de desenvolverse o aceptar el horror de lo sucedido” en los días posteriores a la agresión, por lo que denunció lo ocurrido el 8 de noviembre de 2024 a la universidad. Sin embargo, la casa de estudios otorgó la oportunidad de mitigar su conducta mediante la entrega de ensayos.
Los mensajes de los acusados
En el marco de la investigación, se conocieron mensajes del grupo de Snapchat llamado “Chi Phi Actives”, contenido que se presentó como evidencia cuando se realizó la primera denuncia. En esas conversaciones, los integrantes discuten un “encuentro sexual gratuito” con Jane Doe.
CBS News tuvo acceso a esos mensajes, donde uno de los hombres se disculpa por cómo se dieron las cosas. También asegura que su memoria estaba “un poco borrosa” y que se sentía mal por estar tan intoxicado como para “frenar la situación y echar a la gente antes de que se saliera de control”.
La denunciante declaró que varios hombres entraron en la habitación y los abusos duraron por horas. “Una vez que estuvo emocionalmente lista, fue a la policía de la universidad y compartió valientemente lo que le había ocurrido. Fue a la policía porque creía que era víctima de un delito”, dijo su abogad a dicho medio. “Ninguno de estos tipos fue arrestado. Ni uno. Eso te lo puedo decir por un hecho“, dijo el abogado contando que su representada dejó la escuela después de lo ocurrido.
En su denuncia, la joven contó haber bebido alcohol además del consumo de drogas y que tenía lagunas en su memoria. La policía de la universidad le preguntó si estaba de acuerdo con el encuentro inicial afirmó: “Sí, tanto como puedo ser porque, de nuevo, estaba súper borracha cuando llegué allí… Pero estaba bastante bien con todo esto”.
Sobre lo que sucedió más tarde, dijo: “Puedo decir con 100% de confianza que fui violada“.
¿Qué dicen los acusados?
El abogado de uno de los acusados reconoció los mensajes, pero aseguró que no son evidencia de una agresión sexual. “Esta es una situación en la que hubo un mensaje de Snapchat desagradable… desagradable, y punto. (…) Pero eso no convierte a mi cliente en un violador, y ciertamente no convierte a nadie en un delincuente sexual”, afirmó.
“Ella no estaba incoherente, sino que de hecho estaba coherente y, reitero, él salió de esa habitación sin haberla tocado ni haber tenido interacción física alguna con ella”, sostuvo el abogado defensor.
En tanto, Andrew Miltenberg, abogado de Gillio Lopes —otro de los entonces miembros de la fraternidad demandados—, aseguró al medio que su cliente “niega de manera inequívoca las acusaciones en su contra. Cornell ya investigó estas acusaciones con anterioridad. Lo que ahora se sostiene públicamente difiere de lo que se denunció e investigó durante aquel proceso”.
“Son acusaciones graves, pero una acusación no es una prueba. El Sr. Lopes debe ser juzgado a partir de las evidencias, no prejuzgado por los alegatos de una demanda ni por lo que se repite en los medios. Abordaremos este asunto a través del proceso legal correspondiente”, recalcó.



